Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


viernes, 14 de agosto de 2026

Ángel Rituerto... el cantero alpinista.

Ángel Rituerto Marrupe 1949-2026

Soy de mi pueblo el paisaje

no por lo hermoso, ni por más;
soy porque de él he nacido,
de él bebo y muero.
Todo lo que me rodea o rodeo
me forma y se forma de mi.
Por eso soy de mi pueblo el paisaje,
Pero no busques en mi paisaje laurel,
si lo encuentras será natural
por el color y el olor, no por el honor.

(Portada del poemario de Ángel Rituerto Marrupe)

También sirve alpinista cantero; el orden no altera la esencia. Ángel, su padre, y el padre de su padre fueron canteros... Maestros canteros. Ellos, los antiguos, estuvieron en la construcción del Camino Real y el Refugio del Rey, en Gredos. Y Ángel heredó el oficio de preparar piedra; manos curtidas y perseverancia sin fin.

- Y ¿cómo haces para tallar la bola?
- ¡Hombre! Quitas del cascote lo que sobra.

Recuerdo mis primeras visitas en su lugar de trabajo a poca distancia de Arenas de San Pedro, un pinar con cantos dispersos y Ángel allí, bajo un tenderete de palos y helechos, dando forma a un pedrusco, con esa maza tan peculiar de cantero y cincel bien "apañado". Recuerdo el cuenco con agua que utilizaba para refrescar manos y cara... y recuerdo que colocaba una ramita puenteando el borde.

- ¿Y esto, Ángel?
- Por si cae un bichillo... una hormiga, que pueda salir.

En el verano de 1970, con su padre al mando de una cuadrilla bien surtida, levantaron la cantería del refugio Elola en la Laguna Grande de Gredos; hicieron falta gran cantidad de viajes con caballerías para abastecer a los obreros, puesto que el pequeño helicóptero que les prometieron no pudo cumplir su cometido.

"El chapillas" nombre que dieron al aparato que no podía volar con algo de viento o carga colgando.

"Mi trabajo era como el de cualquier otro compañero: cortar piedra, preparar jambas, dinteles, esquinas y colocarlas en la pared y las subíamos a mano, por aquellos andamios que hoy consideraríamos tercermundistas, y desde los que tuvimos alguna caída, rodando con el compañero y con alguna esquina. También me encargaba de afilar y templar las herramientas que embotábamos en el granito serrano, en fragua que habíamos instalado entre los bloques de piedra que un día depositó el glaciar en los alrededores de la Laguna. Y atendía el puchero de las comidas para nuestra cuadrilla, donde no faltaban unas buenas migas para desayunar, que algunas mañanas compartíamos con compañeros de montaña que andaban esos días por el Circo".

Construcción refugio Elola en la Laguna Grande de Gredos

Algo parecido a ser alpinista, otro "trabajo" que Ángel dominó con un inmenso corazón, siempre regresando a su querido Gredos, de las visitas a otras cordilleras de la Tierra... que realizó unas cuantas:
 

Por el Pamir, con el Chetyre (6.400m.), Kenya con la Punta Lenana (4.985m.), Andes en el Huayna Potosí (6.090m.), Irán con el Damavend (5.610m.), Caucaso en el Elbrus (5.632m.), Himalaya... trasteando por el Island Peak, Noruega... cascadas de hielo de Rjukan, Marruecos, por el Atlas con el Toubkal (4.164m.). Y, por supuesto, los Alpes con los grandes clásicos Mont Blanc, Cervino, Aguja Dibona, Ecrins y un largo etc.

En Gredos su listado de escaladas resulta imposible de relatar; solo con las vías inauguradas en compañía de sus amigos... esos de los "de siempre", llenaríamos una ingente cantidad de folios; con los amigos "recientes" también habría trabajo.
De entre las escaladas con los "de siempre" cabe destacar aquella de la Cresta de la Catedral al Pequeño Galayo, con su magnífica Aguja Maravillosa, como un vigía, y que inauguró con Tomás Mesón un verano del 78; ruta clásica hoy en día y que requiere navegar bien en montaña.


Y por el resto de la península ¡ni hablamos!

Cervino

Pisó, por primera vez, la cumbre del Torreón (España-Gredos-Galayos) un 17 de agosto de 1969... y perdió la cuenta que excede del ciento que se colocó en lo alto.

Socio fundador y Presidente del Grupo Gredos de Montaña (Arenas de San Pedro) desde el año 1985 hasta el 2000.

Monitor de la Escuela Castellano Leonesa de Alta Montaña (ECLAM).

La RSEA (Real Sociedad Española de Alpinismo), club histórico fundado en Madrid, allá por 1913, le nombra Socio de Honor, a petición del GAM (Grupo de Alta Montaña).

Recibe el  Premio Nogal del Barranco, con el título de "Galayos Superación"... ¡merecido de largo!

Galardonado con el "Premio Trayectoria" en la VI Gala de los Deportes de Montaña de Castilla y León (2023).

En el 2024, el Ayuntamiento de Guisando... su segundo pueblo, le nombra pregonero de las Fiestas de San Miguel y allí está Ángel trasmitiendo pasión.

Y siempre... siempre, acudiendo allá donde le requieran para charlas, conferencias y encuentros... a cientos. Sus amigos son legión y, aunque tengo en el recuerdo a muchos de ellos - los más cercanos a sus andanzas que, a menudo, compartimos- no podría cerrar el listado; ellos saben quienes son y guardarán su memoria.
Todos ellos, todos, son su mejor legado.

Ángel pertenece a esa generación a la que nada se le ponía por delante; esfuerzo y determinación con equipamiento escaso. De "cuando los barcos eran de madera y los hombres de hierro".

Pirineos (Ordesa)

Por los años 80 colaboró con la CIGAM, la compañía de guías de montaña que creamos en el Circo de Gredos, con base en el refugio Elola. A Ángel le tocó manejar a los clientes interesados en la zona de Galayos.

Siempre fue generoso y sobrio; cuando había que apechugar ahí estaba, sin aspavientos. A su hermano Mariano, más joven, parece que le metió el "veneno" de la montaña y años más tarde inauguraron magníficas escaladas en Gredos, pero... mientras Mariano crecía, Ángel "tiraba":

¡Agárrate que ya queda poco, Mariano!

Nos "olvidamos" durante años y un día volvimos a encontrarnos escalando ¡sin piedad! fin de semana tras otro. Juntos renovamos material y ya se acabó la época del periodo humano del Pleistoceno.

Un buen puñado de vías inauguradas por Gredos y miles de metros escalados por cantidad de montañas españolas, forjaron una amistad que lo será... por siempre y por cualquier espacio que nos depare el destino. Roca, nieve, hielo y mixto furioso recibieron nuestro paso; Ángel me enseñó infinidad de lugares perdidos, allí donde seguramente nadie pisó... siempre fue el "Gredense Mayor del Reino" y sus manos acariciaron granito que nadie tocó.

-¡Joder, Ángel! ¿Estás seguro que vamos bien?
-Que sí, vamos bien.
-Por aquí no han pasado ni las cabras... no sé.
-Que sí, vamos bien.
-¡Joder, ya veo la aguja... tiene buena pinta!
-Ya te dije que íbamos bien.

Vivaques a pelo o a cubierto, tormentas, frío y calor... a partes iguales. Heridas las manos y cansinas las piernas pero siempre alegres al descubrir la poza escondida donde, en los tórridos veranos "gredenses", nos refrescábamos, con la única compañía de cabras curiosas.
Él sacaba queso y jamón, bien curados... y yo un sándwich de mortadela ¡menuda diferencia!

Se amontonan los recuerdos pero hay uno que, quizá, resulte el que más trabajo nos dio -sobre todo a Ángel- no tanto por la escalada en sí, que también, y mucho por lo escondido del lugar y los viajes que necesitó para comprobar si estaba en condiciones: Scorpio... un canalón de hielo salpicado de resaltes, allí donde la Garganta Tejea se estrella contra el Asperón; imposible de comprobar su estado si no estás debajo... y eso serán cuatro horas, bien echadas, de aproximación.
La libreta de Ángel, esa donde anotaba todo lo que veía a la espera de la ocasión, resultó eficaz.

-¡Joder, Ángel! Esto es una joya.
-Sí, llevo años esperando.


Le debo la vida, cuando junto con los GREIM de la Guardia Civil (Grupo de Rescate e Intervención en Montaña) y otros amigos, me arrancaron del "lado oscuro" tras un accidente en un invierno del 2005:
 La esfera      

Uno de mis salvadores escribió esto en los comentarios y por aquí lo repito porque me parece de valor:

"Bien dices Carlos que le debes la vida pues en esa ocasión, del 5 de marzo, en la que volviste a nacer, cuando nos internamos hacia el Cervunal, de noche cerrada y oscura como boca de lobo. Fue Ángel el que nos condujo hasta la base de la pared por un paso, que no olvidaré, ni a ida ni a vuelta, ya contigo, que llamó "el paso de la cabra": una repisa estrechísima sobre un bloque que nos metió a todos a por ti. Aún me emociona recordar a Ángel y lo mucho que aportó".

Yo... yo no he podido retenerte a mi lado.

Bibliografía

* Crónicas de Gredos. Magnífico libro realizado junto con Juan Andrés Feliú Suárez. 174 páginas en tapa dura.

Geología, fauna y flora, historia de las primeras exploraciones y el comienzo de la escalada moderna.
                                       
                        "A nuestras madres, Pilar y Cipriana, que han sabido sufrir en silencio
                                       nuestra, a veces peligrosa, vocación por las montañas".


* Soy de mi pueblo el paisaje. Poemario de pensamientos. 32 páginas en edición bolsillo.

                                     "A mis manos que a veces entienden lo que quiero decir".


* Tríptico/Catálogo de CIGAM (Compañía Internacional de Guias de Alta Montaña). Publicidad de los años 80.

* Publicaciones. Sobre la construcción del refugio Elola en la Laguna Grande de Gredos.

         "Pusimos la primera piedra en este refugio que se empezó a construir en el verano de 1970"

"Yo siento que el refugio es algo mío por haber sido uno de los que participó en su construcción"


Imágenes

* Tiempos heroicos:

Años 60 ¡equipamiento última generación!

Gredos (Torozo-Albujea) inaugurando en 1981, junto con su hermano
Mariano Rituerto, la vía "Ferrerías de Arenas".

Octubre de 1969, cuando con Manuel Burgos casi inauguran la que sería gran
clásica del Torozo: Gran Diedro.
En esta imagen abandonando.

Y aquí insistiendo.

En los 70 ya se recogía basura por Galayos

¡Con las gafas modelo "Hillary"!


 * Llegó el color.

Con Mariano, tras escalar la clásica norte de la Pique Longue (Pirineos-Vignemale)

Picos de Europa, contemplando el Urriellu.

Picos de Europa (Fuente Dé).

Gredos. Cresta de la Catedral con la Aguja Maravillosa al fondo.

Pirineos (Ordesa).

"Galayeando"

* Tiempos modernos.

Galayos. El Capuchino... en la vía Santiago-Rodolfo.

Gredos. Pico del Lanchón del Cuervo

Gredos. Torozo... Vía del Niño.

Gredos. Torozo... Vía del Gran Diedro.


Gredos.

Galayos... navegando entre nieblas.

Hielos "gredenses"...



Cumbre con Mariano. Pico Chetyre (6.400m.) en el Pamir

Y ya con equipamiento "profesional".


Y siempre con la casa a cuestas:

           

     
Ángel, querido amigo... echa un vistazo al otro lado donde, tarde o temprano, nos encontraremos.



* Fotos de la colección de Ángel Rituerto y otras tomadas "prestadas" de las redes sociales.           

miércoles, 18 de febrero de 2026

La esfera... el recuerdo

A eso del mediodía, del recién estrenado 2026, una cuña de grullas rompe el silencio de la dehesa, al igual que se rompe el cielo abriendo claros, según avanzan como un rompehielos, buscando el norte.
Lluvia, viento, heladas... todo a la vez y a la vez de todo, han devastado el campo que parece "un hospital robao" -así decían los viejos de antes, que los de ahora así recordamos-. Pasto ralo y falto de sol, caminos embarrados, praderas encharcadas, arroyos desbordados, techumbres de pajares descuidados, al suelo; encinas centenarias abatidas de raíz, fresnos tronchados y miles más de ramaje colgante; fauna escasa... y "ganao" triste, al igual que los perros y el amo, todo durante días, semanas y meses que parecen años.
Llega una noche despejada, un día de febrero y vuelven a brillar estrellas con la fuerza del frío. Aprovecho para dar trabajo a la motosierra y al mazo de rajar, que raja bien si el operario aguanta el tipo.

Va para 22 años que volé sin tener alas y por alguna razón se me permitió seguir viviendo.

Un mes de septiembre, del mismo año (2005) y tras meses de recuperación, quise recoger las energías que abarrotaron el lugar, aquel pequeño espacio donde me asediaron los fantasmas de un ejército salido de las llamas.


Trepo por el mismo canalón que fue hielo y ahora esquivo agua a raudales. Mantengo la vista en el paño donde se forma la cascada, ahora chorreando y lamiendo roca oscura, buscando la pequeña repisa donde me descolgó Gabi: el lugar del encuentro.

Late el corazón al punto de oír su ritmo ¡y eso que ando duro de oído desde el día de marras! Una fisura amable, de las de empotrar puños, me deja en el justo sitio... lo reconozco porque lo huelo, al igual que huele la nieve, el frío y el miedo. A un lado veo un tornillo "troncocónico", de esos con tacos que se metían en hielo a martillazos, está empotrado en la roca hasta la mitad y cuelga un cintajo... esto fue cosa de Gabi en su descenso a buscar ayuda; este no lo toco, pero sí me llevo otro clavo de roca tipo "lost arrow" que localizo más abajo... lo de "material abandonado, material recuperado" ¡aún me puede! 
Luego, ya en la repisa, encuentro entre piedras un mechero y restos de colillas -filtros- que solo pueden ser míos ¡a no ser que los jinetes que me atravesaron, fumaran de mi tabaco! No recuerdo haber podido encender el pitillo pero ahí queda eso.

He subido con una cerveza, un sándwich de mortadela y ya, desde el coche, en pies de gato.

Brilla el sol que da gusto y me gusta buscarle a la cara, mientras recuerdo recordar aquellas horas de lucha que ya quedan lejanas en el tiempo y frescas en la memoria. Bebo, como y fumo... sin prisa, recorriendo con la mirada el espinazo del Galayar, justo enfrente del Cervunal.
Estoy solo y no me visita el tipo ese que vigilaba mi sueño, tampoco regresa la caballería ni me cubre la nieve caída de arriba... mismo lugar y todo diferente. 


Poco antes de que el sol se esconda, destrepo lo subido y vuelvo a recorrer, esta vez por mis medios, el río Pelayos, repleto de bolos, pozas y raíces curtidas... el mismo río que arrastró mi sangre.
Estoy conforme y en paz.

En estas dos décadas han ocurrido muchas cosas... las más tristes siempre son por la pérdida de familiares, amigos y conocidos que, por accidentes o enfermedades, no pudieron aguantar el envite; para todos ellos mi pensamiento.

Entre las felices quedan escaladas, con o sin cumbre ¡de todo hay en la viña y uno es experto en bajarse de cualquier "lao"! Me llevó tres o cuatro años regresar al Himalaya y darle un tiento al Ama Dablam, así como Patagonia con su Cerro Torre. A pesar del dolor "llevadero", constante, de una espalda tocada pero en orden, también los Alpes me permitieron recorrer la más amable de las nortes: la Cassin del Piz Badile, con un primer abandono entre tormenta furiosa, para no perder la costumbre ¡perfecto para mis vértebras! Pirineos con su "clasicorra" Salenques/Tempestades... y Gredos que siempre me recibió con nuevos itinerarios en hielo y roca, unos cuantos.

De lo poco que sé, ya puedo confirmar que lo importante es perseverar, aguantar el tipo ¡sin piedad! y ofrecer a los demás, a pesar de los errores que se puedan dar: Pasión, voluntad y sufrimiento.

También están los que nunca olvido: los que, con su esfuerzo, me regresaron a la vida:

"Mi agradecimiento a los Guardias Civiles del EREIM (Arenas de San Pedro), Manuel González, Pedro Carvajal y Alberto Manuel Montero... a los del GREIM (Barco de Ávila), Fernando Rivero y Luis Cáceres... Y los amigos, Ángel Rituerto, Julio Blázquez, Pedro Rodriguez, Fernando Pinar, Juan Prieto, Javier Perandones y José María Mancebo.
Gracias a todos ellos sigo vivo.
Por supuesto, familia y amigos que siempre estuvieron cerca; principalmente a Esther... día y noche al tanto... que tiene lo suyo".

Sigue la vida, con más bagaje... a la espera de novedades, que llegarán ¡se ponga uno como se ponga!

domingo, 18 de enero de 2026

46 semana internacional montaña Gijón.

Tiene Gijón, entre otras muchas cosas, uno de los eventos más importantes sobre las montañas y las gentes que gustan de recorrer senderos, escalar rocas, navegar por nieve o picar hielo... por todas las cordilleras de la Tierra.

De la mano del club Ama Torrecerredo, fundado en 1947 con historia anterior de entidades montañeras que acaban en el nombre y agrupación actual, deciden organizar esta semana internacional de montaña.

Del libro Grupo de Montaña Torrecerredo... 180 páginas de historia.

Ésta sería la 46 edición ¡se dice pronto! que incluye lo que llaman la previa (más charlas sobre montañas, en la Escuela de Comercio de Gijón) y cuatro días de ponencias en el Teatro Jovellanos.

Este año, del 12 al 16 de enero, recibieron a Aymar Navarro, un "free rider" que se lanza a descender lugares imposibles donde no siempre abunda la nieve y, además, sube "a pata" sin utilizar helicóptero ni cosas volantes. Pau Costa y amigos que recorren en bici rutas por los Andes, siempre por encima de los 4.000 metros de altitud. Barbara Zangerl y Jacobo Larcher con escaladas en Yosemite, buscando el estilo libre y al "flash". Silvo Karo, una leyenda del alpinismo, con escaladas en multitud de cordilleras... estilo rápido y ligero.

Por aquí el programa

Agradezco a Diego Cienfuegos, escalador de corazón alpino, la invitación para ofrecer la proyección "Chacraraju... el pico imposible", así lo nombró Lionel Terray, el primero con su grupo, que pisó la nieve virgen de la cumbre Oeste, un lejano día de 1956.

El texto de presentación que encabeza esta expedición, que podemos enmarcar en el periodo humano del Pleistoceno ¡en breve serán 50 años! es el siguiente:

"Un 20 de agosto de 1978... a las dos y media de la tarde… alcanzamos la cumbre oeste del Chacraraju (6.113m.) en la Cordillera Blanca de los Andes. La ruta elegida fue la Bouchard/Meunier de la cara sur.

Hasta ese momento… solo 13 personas habían llegado a esa cima y a nosotros nos tocó romper el maleficio de un mal número.
Hicieron falta tres días… navegando por un océano helado puesto en pie.
Hubo lloros, risas y vómitos… y luego hubo que bajarse de allí”.

Entrevistas, fotos y firmas fueron protagonistas en periódicos y emisoras de radio; muchas gracias a "La Nueva España" y "El Comercio" por sus publicaciones.

La Nueva España

El Comercio

Las gentes del Club Ama Torrecerredo, no pudieron ser más cordiales y cercanos, siempre al tanto de lo que hiciese falta. Un abrazo para todos. 


sábado, 13 de diciembre de 2025

Canal del Pájaro Negro... La olvidada.

Una servilleta, algo manoseada, donde alguien nos dibujó la vía en el bar de abajo del Club Alpino Maliciosa -viejo Madrid de los 70-... el lugar donde, los jueves a la tarde, entre cervezas y torreznos, un grupo de gente variopinta, dicharachera, iconoclasta y valiente, se reunía para perpetrar las escaladas soñadas.

Dicho y hecho.

Peña Santa de Castilla (vertiente sur) - Foto: Diego Cienfuegos

Un roble que dicen "Roblón", una pedrera infinita que acaba en un collado que nombran "del Burro"... una planicie plagada de cuchillas y agujeros que llaman lapiaz, una escombrera que fue refugio y que dicen Vega Huerta.

Hasta aquí, unas cuantas horas con mochila de loneta, bávaros de pana, camisa de franela, a cuadros... por supuesto, y sudor. Botas gordas y medias de lana... curioso que en la mochila, invierno o verano. siempre entraba lo mismo: un saco de playa, funda de paracaídas  -"desgajado" y cosido en casa... adquirido en el Rastro madrileño-, cantimplora, tartera, jersey bonito y chaqueta de las que absorbían el agua de arriba y la circundante. También colgaba un casco que castigaba el cuello y una cuerda de 40 metros, para atarse al pecho, asegurar y rapelar... que ahora nos parece fina y corta. Un puñado de clavos. tacos de madera y empotradores de fortuna, todo para colgar de mosquetones, según posibles, entre hierros y aluminios. Una maza que quizá fue maceta albañil ¡que lo mismo mete que saca! Un plástico para el suelo y buena espalda para aguantar el terreno.

Enfrente, una muralla que nos espera, sin piedad.

En la primera tentativa, un verano caluroso, encontrar la entrada no fue posible y nos perdimos buscando una canal con algún "pájaro negro", así llamaron a esa ruta por encontrar restos de aves al comienzo. Total que cenamos, de la tartera esa que las madres rellenaban de tortilla, filetes empanados y algún pimiento; al amanecer, desayunamos la cena sobrante y retomamos el camino de vuelta; otro fracaso al que nos acostumbraríamos en las décadas venideras.

A la segunda, recuerdo la canal y atravesar hacia la "Losa" donde unos "tubos de órgano" permitían empotrar bien tanto bota dura como emplazar algún empotrador de plástico, grande, cuadrado y con cinta larga... larga ¡es lo que había! Un ligero rápel pendular a la canal y vuelta al muro.

Una chimenea que se nos vino encima cuando el compañero trincó un gendarme suelto y, a poco más, se va con él canal abajo.

Una salida a cumbre, algo rara. Y una trepada que anunciaba cima nocturna y descenso épico.

Resplandores lejanos indican tormenta y recordamos haber leído cuando un verano del 74, Hernán Llanos "Nani" fue mortalmente alcanzado por un rayo en este mismo lugar.

Bajar de allí no fue fácil... persiguiendo marcas amarillas, dispersas, escondidas y borrosas.

Aquel verano de los años 70, empecé a rellenar la tarjeta de fichar en el trabajo, con algún día más tarde... esto llegó a niveles impensables cuando, ya convertido en costumbre, no fueron solo días sino semanas... en algunos casos muchas. No logro comprender cómo el despido no resultó automático; he de agradecer al jefe J.L.Rego su comprensión hacia este alpinista tardío.

Entre las aventuras que no recuerdo recordar con precisión, se encuentran un par de ellas que, curiosamente, resultaban escaladas "clasicorras de nivel" y algo temidas, allá entre los años 70 y 80... del pasado siglo ¡claro!

Esta del "Pájaro Negro" en la Peña Santa de Castilla, para muchos la Torre Santa de Castilla... Y otra, seguramente más desconocida, en el Urriellu o Picu, para muchos el Naranjo de Bulnes, y de nombre inquietante: Nosferatu.... Ya contaré de esta cuando retome la medicación de las pastillas de la memoria.

La "Canal del Pájaro Negro", buen nombre para entrar en calor, tenía por aquellos años 70, casi... digo "casi", tanto prestigio como la clásica Rabadá/Navarro del Urriellu.

Alberga una historia repleta de contratiempos y esfuerzos. Nombres como Roberto Cuñat y Enrique Herreros, más tarde con Ángel Tresaco, inician la exploración de este muro, alto y ancho, de la Peña Santa; alcanzan incluso la famosa "Losa" y descienden ante lo que ven.

Otros muchos escaladores de la época, duros como el acero, se acompañan unos a otros en los intentos por recorrer aquella pared: Baldomero Sol, Silverio Ronda, Valeriano Ruiz, Juan Mato y el incombustible Herreros que, según vemos, no tenía bastante con deleitarnos con sus fantásticos dibujos y actuar de "manager" de nuestra Sara Montiel; gente así ya no resulta fácil encontrar.

Sería en 1956 cuando Pedro Udaondo y Ángel Landa, alcanzan la "chimenea", prácticamente ya finalizada la escalada, deciden abandonar por agotamiento. Un par de años más tarde (septiembre de 1958) insisten e inauguran el recorrido que se convertiría en una escalada de prestigio y que tanto esfuerzo ha costado. Hasta 1967, no se registra la primera repetición y entre los años 67/75 las repeticiones son escasas... Eso sí, ya se persigue la "invernal".

Un invierno del 74, Félix Bonales, Jaime Álvarez y el mismísimo Pedro Udaondo, se hacen con la primera invernal... la segunda les corresponde a Pablo Lavilla, Constantino Álvarez, Anselmo Menéndez y el "guardián del Urriellu" Claudio Sánchez "Tito", un febrero del 75.

Hoy en día ya no tiene ese halo de aventura que le correspondía por aquellos años... pero ¡amigo! no conviene infravalorar escaladas históricas que, tantas gentes valientes, asediaron con poderosa pasión.

En la parte que me toca, he de confesar que no recuerdo...y mirad que lo siento, quienes fueron mis compañeros de penurias ¡Ay, Señor!


NOTA: Recibo noticias del amigo Jesús Lafuente Ferrer, que me aclara quienes fueron los otros tres protagonistas de aquella aventura: el mismo Jesús, Rufino Gladiné y Francisco "Paco" Pavón.

Un placer, Jesús, saber de ti y refrescarme la memoria.


Echad un vistazo a una repetición del 2010 Alto, rápido y ligero. El blog de Diego Cienfuegos.


martes, 30 de septiembre de 2025

El cajón del serrín.

"Clanc"


"Clinc, clinc, clinc"



Apenas 15 años separan los sonidos del silencio.

Una tapa metálica protege la llave donde el funcionario abre el paso de agua para limpiar las calles del viejo Madrid de los años 60; calles adoquinadas que brillan como el acero cuando mangueras de tela apretada y boca de poderoso metal disparan un chorro disperso pero compacto... y la calle, aún iluminada por farolas de luz cansina, parece recobrar vida y llevarse el agua las miserias de la noche.
Entonces el barrendero corta el agua mientras charla con el sereno que maneja llaves y chuzo, patea la tapa que tapa la llave y ¡zas! suena el "clanc", sonido seco que rebota en eco de ciudad vacía. 
El muchacho, llegado al mundo hace pocos meses, y como todas las madrugadas en brazos de su madre que aprieta el paso hacia el metro del barrio de Tetuán, recuerda que sonidos y amaneceres le perseguirán el resto de la vida que le quede por quedar.

El gato se acomoda en el cajón, haciéndose hueco a su vera.
Una caja de tablas delgadas, bien engrasadas por aceites que le llegan por el trajín del lugar, queda bajo el mostrador de mármol... desgastado al centro por el paso del cuchillo romo; y allí, entre la viruta de serrín limpio, olor a madera... y el gato que no ceja en su empeño de arrimarse, allí... se adormila el muchacho que ya empieza a soñar, sin saberlo.

-Parece que llora un niño- Eso dice la señora que pide unas porras, calentitas y la del centro de la rosca, mientras su madre desgasta mármol y ensarta el género en juncos de charca.
-Es el gato, que ronronea en el cajón- Mentira piadosa de madre... de las de antes.
El padre sonríe mientras aprieta la churrera, antes se decía molde, sobre un aceite a punto de hervir.

El "clinc, clinc, clinc" llegaría años más tarde cuando, también de madrugada, el destartalado autocar que trajina entre Madrid y Manzanares el Real, descarga carga y viajeros. Así lo recuerdo:
 
"Entre dos luces, con un cielo rojizo que desgarra nubes largas, el destartalado autocar vertió frente a la Iglesia, por la única puerta de salida, un tropel de gente variopinta y dicharachera. El conductor, un tipo barrigudo y sudoroso, embutido en una camisa gris a todas luces escasa y masticando un puro a punto de abrasarle los labios, abrió el maletero.

Apremiados por una prisa invisible, desde luego no pretendida por el chófer que ya nos miraba socarronamente desde la puerta del bar cercano, copa de orujo en mano... Todo el mundo se lanzó a por sus pertenencias, y me tocó rebuscar entre las barras del maletero hasta encontrar la mía.
Una mochila de loneta gris, bien marcados sudores antiguos en la espalda y escasa para el contenido, como la camisa del conductor, con fondo de serraje a juego con las hombreras.

Recorremos la carretera polvorienta desde el pueblo hasta "Casa Julián", a un lado del río Manzanares, bajo un tempranero sol de justicia que anuncia tormenta. Luego, la vereda que las jaras pringosas se empeñan en devorar y ocultar de la vista un sendero bien marcado por el paso constante de montañeros, que hoy parecen ausentes.

Más allá se abre el paisaje conformando un circo repleto de nombres imposibles: el Cancho de los Muertos, el Pajarito, las Torres, la Esfinge, Peñalarco, los Fantasmas, la Maza, Peña Sirio... y en el centro, como presidiendo aquel roquedo desgastado por milenios de lluvias, el Risco del Pájaro".

El mosquetón de acero conecta el estribo de peldaños metálicos, de aluminio, con el clavo de hierro dulce que serpentea la grieta del granito "pedricero"... Y retumba, por el valle entero, un eco ligero del "clinc, clinc, clinc"... tantas veces como pasos avanzando por el muro.
Ese sábado tocaba navegar la vía Tino" en Cancho Amarillo... buen comienzo para clavos y estribos.

-¿Qué tal se ve?- Eso dice el compañero que aguanta reunión.
-Bien- Mentira piadosa de un amigo que no quiere preocupar.

Apenas 15 años separan los sonidos del silencio.

Continuará... o eso espero.


martes, 1 de abril de 2025

Carlos Suárez... la pasión.

" No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña, nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, 
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas".

(Poema apócrifo atribuido a Walt Whitman)


Han pasado catorce años desde que Carlos escribiera sentimientos y pasiones que le perseguían desde que llegó al mundo.
Hoy, recién estrenada la primavera, me llegan noticias sobre su partida de este mismo mundo... donde vivió con poderosa actitud.
Desde la dehesa castellana que habito, contemplo la línea de nieve, blanca en exceso, que divide la Sierra del Cabezo, a media altura... del valle del Tiétar; más allá queda el Gredos salvaje que también blanquea con fuerza. 
Entonces me alcanzan recuerdos.

Un invierno de los años 90 nevó por los Alpes "chamoniardos" lo que no está escrito. Una semana sin salir de la  casa/rodante, lo que vienen llamando "mobil home" en el camping de "les Rossières".
Por allí apareció Carlos, aburrido y tristorro, más solo que la una y al que invitamos unos cuantos días a comer, cenar e interminables partidas de parchís.
A duras penas pudimos llegar a Ginebra, para dejar en el aeropuerto a una parte de la familia que me acompañaba; y continuar, Carlos y yo, un viaje por carretera de los de recordar.

Una semana de encierro da para mucho y allí hablamos de pasiones, riesgos, materiales, revistas, deseos cumplidos y por cumplir.

En su libro, que amablemente me dedicó, desgrana la filosofía que imprimió a su vida... sus compañeros de viaje y aventuras, y los sueños que soñó soñar.


De su historial y recorrido por las montañas de la Tierra, hay poco que decir... bastará con teclear donde "no ha estado" y revisar su "carrerón" impresionante.

No tuvimos oportunidad de escalar juntos, así son las cosas cuando el azar así lo decide... Pero sí tuvimos oportunidad de reír y "gamberrear" por el Pirineo, cuando un amigo común, nos invitó a su boda en el Parador de Artíes y allí... allí disfrutamos de lo lindo ¡sin escalar!

Un fuerte abrazo, Carlos, allá donde te encuentres.



domingo, 9 de febrero de 2025

"Vapor barrier liner"... El poder del plástico.

Sería a finales de los años 70, quizá primeros de los 80, cuando leí por primera vez algo sobre los beneficios de la barrera de vapor... lo que viene siendo ¡plásticos al poder!

Presté la atención justa de alguien que desea aprender pero le viene grande lo que ve.

Años más tarde me llegó más información, seguramente de algún "Mountain" donde un tipo de esos que gustan del frío en estado puro, principalmente exploradores polares y demás rara avis, explicaba cómo colocar una bolsa de plástico... de esas del supermercado, en los pies.

!Qué bárbaro! La industria textil buscando tejidos impermeables/ transpirables y, los que van por libre, indagando sobre los plásticos.

Lo cierto es que éste truco tiene fundamento, aunque solo debe emplearse en condiciones de temperaturas muy bajas, constantes y continuadas en actividades de días, semanas o ¡que sea lo que tenga que ser!

Durante nuestra expedición del 82 al Monte Hunter (Alaska), mientras charlaba con Roger Mear -el que se partió las piernas-, ya me comento cosas sobre el asunto; no obstante, en 1986 realizó la travesía al Polo Sur, en compañía de Robert Swan y Gareth Wood... 1400 kms. y 70 días tirando de trineo. Realizaron la primera travesía polar sin ayuda y comunicación exterior. No contento con eso, estuvo a punto de conseguir ser la primera persona en cruzar la Antártida ¡más solo que la una! Tuvo que abandonar por problemas con su trineo.

Lo que éste no sepa de frío ¡no lo sabe nadie!

La primera regla es que el nailon, tanto en botas como sacos de dormir, ha de estar cerca del cuerpo -un calcetín o camiseta/pantalón/mono, como primera capa... tipo poliester, etc. y luego la barrera de vapor-.

Por supuesto que, en el caso de los pies, será necesario disponer de algún par más de calcetines, para cambiar cada día mientras seca el de uso. Puesto que el calcetín segunda capa y la bota, no recibirán humedad, la temperatura se mantendrá en un nivel más que aceptable... pero será necesario cambiar el primera capa de uso diario que estará ¡para tendedero!

Foto: RAB

En el caso de los sacos, hemos de suponer que siempre dormiremos en tienda o cueva/igloo. Y la regla ¡intocable! es que debemos meternos en el lugar, dejando en otro espacio -ábside tienda, etc.- todo aquello que esté húmedo, excepto lo imprescindible de primera capa- Nos metemos en el saco con la barrera de vapor como capa cercana al cuerpo -como una funda de vivac, pero por dentro-. El saco y ¡zas! a dormir... o no. 

Se hace necesario airear la tienda al despertar, retirar la escarcha interior del techo -bayeta microfibra o similar- e intentar no cocinar en el lugar donde se duerme.

 Foto: Unterwegs der outdoors

Todo esto es importante porque, ya hemos dejado claro las condiciones iniciales, en actividades de larga duración y temperaturas muy bajas y constantes, si no se logra mantener el saco seco... tendremos un problema muy serio. En el caso de sacos de fibra, aguantarán mejor la humedad, pero llegará un momento peligroso.

Foto:  Eric Philips

Nos dicen que, durante el descanso, el cuerpo se autorregula y transpira menos que en otras condiciones habituales; digo que "nos dicen" porque yo no lo he probado nunca.

La opinión generalizada, de los expertos en frío, habla de no utilizar la barrera de vapor en las manos.

En cuanto al tipo de tejido a utilizar: nailon con tratamiento impermeable y NO transpirable... sí ¡así como lo oyes! Alguno, como el de la foto, se ha agenciado una auténtica bolsa de plástico.

En cualquier caso ya tenemos en el mercado propuestas de todo tipo.

Las reclamaciones al maestro armero.

miércoles, 5 de febrero de 2025

Poeta "Pedrizero"... de Pedriza.

Posiblemente sea... posiblemente, uno de los grandes "milagros" que mejoran la Humanidad, con "H" mayúscula. Como todo lo "grande" también puede destruir, pero aplicando simplemente el deseo de aprender y mejorar... siempre mejorar, las llamadas "redes sociales" ofrecen oportunidades nunca vistas en el pasado.

Resulta que la Universidad Carlos III de Leganés (Madrid), a través de un viejo amigo, me ofrece la posibilidad de lanzar una charla/conferencia sobre esto de la montaña y ¡zas! por supuesto que acepto.

Así pues, entre estudiantes con deseos de aventuras y amigos, unos virtuales y otros ya añejos en persona, nos juntamos para soñar que soñamos y reírnos un rato de las heridas de guerra y otras cosas del querer.

Y, por allí aparece un tal Gárate -unas veces con tilde y otras no-; poeta escalador y amante del rock... tirando al "heavy". Me alegro mucho de ¡por fin! conocernos en persona.

... cuando joven y valiente...

Miguel Ángel Gárate se ha lanzado al ruedo y edita un pequeño libro -de formato, que no de contenido- de poesías, exclusivamente dedicadas a la Pedriza (Sierra de Guadarrama-España)... ciento cuarenta páginas donde cuenta sus emociones con los riscos, escaladores, lugares y recuerdos.

Le agradezco mucho su dedicatoria.


No es fácil -no es fácil- darle a la guitarra, escalar y escribir poesía... todo con pasión. Te pongas como te pongas éste Gárate tiene talento y por aquí os recomiendo su trabajo que, para esos días "malos" ayudará a digerir mejor una cervecita con tapa y ver todo diferente.

No os arrepentiréis ¡palabra de "clasicorro"!


miércoles, 8 de enero de 2025

Belén de cumbre.

 

... las "zetas" de Galayos (Gredos). Autopista al cielo...

Me alcanza un recuerdo de cuando la pandemia, conjunciones planetarias y cenizas al viento. Parece  lejano aquello, pero no lo es tanto...

"Dejamos a un lado el Nogal del Barranco y nos liamos a subir la cuesta que cuesta. Un camino empedrado que, la gente de montaña, llamamos "carril", sobre el que se deslizan gravas y pequeñas lajas sonoras; una música metálica que aumenta cuanto más soledad existe.

Atrás va quedando el pinar que, en nuestro caminar y con un par de "zetas" largas y amables, nos sitúa a cierta altura del río Pelayos, repleto de bolos viajeros que las tormentas se han encargado de moldear. Se empina el camino y se acortan las "zetas"; buen trabajo de obreros y maestros canteros, construido para que el rey Alfonso XIII alcanzara buen lugar de tiro a la cabra montés.

Cuando ya el terreno anuncia montaña, poco antes de las fuentes, me da por pensar que no estoy seguro de querer estar. Ángel y Juan, me han convencido para vivaquear en la cumbre de la Mira ¿vivaquear en la cumbre de la Mira? Pero si ya estamos hartos de ambas cosas: vivaquear y la Mira.

Es 25 de diciembre y no tendremos cena familiar "como es debido", pero ¿hay algo como es debido en éste año?

Va quedando el Pelayo allí abajo, mientras se alzan a la derecha las primeras agujas y paredes del Galayar. Aparecen parches de nieve sucia y encontramos la fuente del Amanecer y luego, más arriba, la de Macario "el guardián de Galayos"; gentes de Guisando, su pueblo, montañeros y escaladores, guardamos su memoria y sentimos la pérdida.

Hace rato que se escondió el sol por el Cervunal, una montaña que me respetó la vida cuando poco valía. Menudea la luz en nuestro camino, ya convertido en garganta pétrea y salvaje. Estos dicen que tenemos que arrear, hay que llegar a la Mira antes de que se esconda el sol por el horizonte, pero ¿qué traman estos dos? Me llevan a matacaballo y, en una de estas que puedo levantar la vista del suelo, distingo estrellas brillantes en un cielo azulón; bueno ya se sabe que cuanto más frío, más brillan las estrellas en un firmamento que llegará al añil.

Hace rato que sobrepasamos el refugio Victory, nido de amantes de los Galayos, montañeros y escaladores; así llamado en honor de Antonio Victory: pionero de raza.

Por fin, ya entre dos luces, enfilamos la loma que sustenta la Mira, coronada por una torre de buenos cantos y que sirvió de telégrafo óptico en tiempos pasados. También recibía, hace décadas, visitas de la muchachería de pueblos cercanos que, arropados con mantas desechadas por viejas, encendían chasca con piornos recogidos a la subida; todo para iluminar la noche por las alturas.

Suena la pisada con el crujir de la escarcha que espolvorea un suelo repleto de cascotes.

Llegamos a la cumbre justo cuando el sol se esconde y entonces, estos dos, desaparecen de mi vista: uno hacia el Sur y otro al Oeste.

Si no lo oigo, no lo creo. Ángel confiesa estar aquí para observar la conjunción planetaria de Júpiter y Saturno. Juan, fiel a la tradición clásica montañera, ha escondido un pequeño belén de barro, fabricado por sus nietos. Yo... Yo no sé que hago aquí, pero aprovecho el momento y cumplo con un rito personal: lanzo al viento cenizas de seres queridos; un pequeño bote que relleno en casa, siempre viaja en la mochila y reparto por las montañas de esta Tierra.

Me apresuro a buscar sitio y encender el hornillo para calentar una cena escasa.

Hace frío y, ya dentro del saco, mientras me adormila el ronroneo del infiernillo, llegan estos dos con una sonrisa que todo cura.

Misión cumplida: belén de cumbre, conjunción planetaria y cenizas al viento.

De cena: sopa de sobre.

Una Navidad distinta... El año de la pandemia".

lunes, 30 de diciembre de 2024

La rimaya.

Entre dos luces, a punto de que la tarde pase a noche por la dehesa castellana, cuarteo las últimas rodajas de la recién caída encina que no resistió el último viento de la temporada y entonces... entonces, me alcanza una brisa que me hiela el sudor de la espalda.

Me recuerda al frío de la rimaya: ese espacio que separa hielos del glaciar del muro rocoso donde comienza la pared, un lugar, a veces imposible de sortear, otras amable pero inquietante y casi siempre difícil de superar.

Suelto la maza y recojo los trastos: motosierras, gasolinas, aceites, limas, cepillos, embudos, trapos, botiquín, máscara y guantes; por cierto, esto de hacer leña tiene tantos bártulos como escalar... y también conviene ser cuidadoso para triunfar.

Se acerca el "ganao" del vecino, a ramonear, mientras los perros lo mantienen a cierta distancia; que no es que embistan... pero ¡y si sí!

¡Pim, pam, pim, pam! Nada hay como darle al hacha, para mejorar.
Ya lo dice el refrán: "Cuatro veces calienta la leña: cuando se corta, cuando se carga,
cuando se descarga... y cuando se enciende".

Toda la escena puede convertirse en el relato de una escalada alpina, incluyendo compañeros y cosas a recordar.

En casa, mientras suena la "italiana" y la noche ya es negra como la rimaya y el café que borbotea sin piedad, reviso los cuadernos de espiral, buscando recuerdos que recuerdo haber escrito:

"... andar y desandar, subir y bajar, trepar y destrepar... durante horas y días; perdido el sentido del tiempo, solo el cansancio como medida para descansar... calentar un té y continuar.

El valle, la morrena y el glaciar; la rimaya... y por fin la pared.
Luego - nunca es seguro - unos días más tarde la cumbre.
Y de nuevo la pared, la rimaya, la morrena, el glaciar... y el valle, que siempre se antoja más verde.
Igual que al comenzar, pero en sentido inverso... igual que siempre pero siempre diferente.
Soñaste que soñabas un sueño, como tantos otros sueños que sueñas soñar; no conseguirás todos los sueños que sueñas, pero lo importante es soñar que sueñas alcanzar un sueño - a estas alturas ya debes saber que lo importante no siempre es el final -... que no alcanzarás todos los sueños que sueñas... y que los sueños sueños son...".

La rimaya se traspasa entre dos luces, casi siempre; del glaciar a la roca, también puede ser a hielo o nieve dura que se resistió a despegar de la roca... pero vamos... que al final tendrás roca pulida y fría. Una zancada, en el mejor de los casos, y ¡zas! recibes el aliento procedente de la negrura; así como cuando recorres el pasillo de los yogures, en tu "súper" preferido.

...rimaya "amable" en la entrada a la vía Contamine de
las Petites Jorasses (Alpes)...

También ocurre que puedes tener más problemas si al huir de la pared, se ha de atravesar la rimaya al descenso, como nos ocurrió en la norte clásica del Cervino... un invierno:

"Todo fue perfecto hasta que, envueltos en la ventisca, traspasamos lo que creíamos era la rimaya, y empezamos a destrepar una pala de nieve que intuíamos nos llevaría dulcemente al glaciar.
Pero no fue así... la montaña es aprendizaje continuo y no todo es lo que parece.

Resultó que la vertical de las cuerdas nos llevó bastante más a la derecha de la entrada que iniciáramos en la madrugada, y ocurrió que nos encontramos con dos rimayas más, que no vimos ni se nos ocurrió pensar existieran; desde arriba no se mira igual... y se hace necesario escuchar las señales.
Todos atados, todos destrepando la pala de nieve, cara a la pared, y ¡zas! de repente coloqué un pie en el aire justo para ver, con el subidón de adrenalina y ya volando... la bóveda azul celeste que se abría ante mí.
Un tirón, un parón... y otro tirón que me llevó al suelo.
Luego llegaron los compañeros, que se estrellaban a mi lado, envueltos entre las cuerdas y espolvoreados de blanco.
El último, claro está, recorrió más metros... y jamás le preguntamos que sintió, solo que salió perjudicado y hubo que empezar a navegar, ya en noche cerrada, con ventisca y cuerpos acorazados de hielo... para encontrar el regreso al refugio Hornli".

Las rimayas son como la vida misma: nunca se sabe lo que te espera. Y pueden ser enormemente largas a lo ancho, anchas a lo largo, rectas o curvas... incluso caóticas, también invisibles... y hablan, a veces mucho.
Normalmente te esperan al principio de la pared, pero también habitan en los enormes seracs que taponan una ruta ¡y tocará atravesar otra rimaya, te pongas como te pongas!

... rimaya larga ¡de largo!

Las sensaciones de bajar a lo negro de una rimaya son exactamente iguales a las de descender a una grieta... así lo viví en el Pucaranra (Cordillera Blanca-Andes)

"... lanzo las cuerdas al fondo de la grieta, con un gesto de perezosa dulzura... suplicando, en silencio, que todo salga bien.
Me recibe el frío aliento de la negrura; pocos metros más abajo ya se pierde el nylon y penetraré en un reino que no logro ver.
Me coloco en el borde, como un reo pisaría la trampilla que cederá, y -al mismo ritmo que la fiebre me obliga a un lento parpadeo- cruzo la última mirada con Javier que, sentado en la nieve, afianza con su peso la única estaca de aluminio de la que colgaremos; no sé... veo cansancio en sus ojos y -si pudiera verme- miedo en los míos.
Solo unos pocos metros y ya estoy helado... solo unos segundos son suficientes para robarme el calor; oscuridad rota por los rayos de sol que luchan por entrar; arriba... cada metro más lejano... un agujero de esperanza que se hace más y más pequeño, mientras desciendo hacia un espacio desconocido.
Caen cristales de nieve cuando las cuerdas cortan el borde, como el acero caliente la mantequilla; me gusta y alzo la cara para  recibir aquello que cae de la luz.
La tarea será encontrar una posibilidad para alcanzar la otra orilla de esta grieta -en un glaciar colgado, cercano a los 6.000m., del Pucaranra- y habrá que bajar para volver a subir. No vemos alternativa distinta.
Va para tres días por aquí.
Tengo más miedo que vergüenza... y esto tampoco será suficiente; estoy en las tripas del glaciar, un lugar que no me pertenece.
La luz de la linterna frontal pierde fuerza, apenas ilumina mis botas que se recortan contra un pozo sin fondo.
Como si me hallara en una burbuja -de luz tenue- las cuerdas se pierden, arriba y abajo, en la oscuridad. 
Solo unos segundos antes de perder contacto con la pared, un estratificado horizontal que sobresale del muro helado -hielos prensados que indican milenios, sucios y repletos de aire apresado en burbujas-, roza con el descensor en "ocho" y se forma el temido nudo de alondra. Empiezo a girar como peonza y la mochila me vence la espalda.
Se pierde el final de la cuerda con un "alegre" balanceo que indica cabo libre y cercano; la grieta se traga sonidos ajenos, los míos suenan secos y huecos... como si fuesen de otro. 
Todo se pierde -todo- contra un abismo negro que parece respirar. 
No sé como será el infierno pero, en este al que desciendo, no me abrasarán otras llamas que no sean las que me encienden las sienes..."

...¡ahí estamos! atravesando la grieta que rompe el serac colgado...

Yo creo que por hoy tenemos bastante, lo mismo mañana o pasado... o así, tan pronto regrese al tajo que ya urge, pues me da otro frío y recuerdo más cosas.
Os deseo un bueno, buenorro, 2025... y que se cumplan sueños por doquier.