A eso del mediodía, del recién estrenado 2026, una cuña de grullas rompe el silencio de la dehesa, al igual que se rompe el cielo abriendo claros, según avanzan como un rompehielos, buscando el norte.
Lluvia, viento, heladas... todo a la vez y a la vez de todo, han devastado el campo que parece "un hospital robao" -así decían los viejos de antes, que los de ahora así recordamos-. Pasto ralo y falto de sol, caminos embarrados, praderas encharcadas, arroyos desbordados, techumbres de pajares descuidados, al suelo; encinas centenarias abatidas de raíz, fresnos tronchados y miles más de ramaje colgante; fauna escasa... y "ganao" triste, al igual que los perros y el amo, todo durante días, semanas y meses que parecen años.
Llega una noche despejada, un día de febrero y vuelven a brillar estrellas con la fuerza del frío. Aprovecho para dar trabajo a la motosierra y al mazo de rajar, que raja bien si el operario aguanta el tipo.
Va para 22 años que volé sin tener alas y por alguna razón se me permitió seguir viviendo.
Un mes de septiembre, del mismo año (2004) y tras meses de recuperación, quise recoger las energías que abarrotaron el lugar, aquel pequeño espacio donde me asediaron los fantasmas de un ejército salido de las llamas.
Trepo por el mismo canalón que fue hielo y ahora esquivo agua a raudales. Mantengo la vista en el paño donde se forma la cascada, ahora chorreando y lamiendo roca oscura, buscando la pequeña repisa donde me descolgó Gabi: el lugar del encuentro.
Late el corazón al punto de oír su ritmo ¡y eso que ando duro de oído desde el día de marras! Una fisura amable, de las de empotrar puños, me deja en el justo sitio... lo reconozco porque lo huelo, al igual que huele la nieve, el frío y el miedo. A un lado veo un tornillo "troncocónico", de esos con tacos que se metían en hielo a martillazos, está empotrado en la roca hasta la mitad y cuelga un cintajo... esto fue cosa de Gabi en su descenso a buscar ayuda; este no lo toco, pero sí me llevo otro clavo de roca tipo "lost arrow" que localizo más abajo... lo de "material abandonado, material recuperado" ¡aún me puede!
Luego, ya en la repisa, encuentro entre piedras un mechero y restos de colillas -filtros- que solo pueden ser míos ¡a no ser que los jinetes que me atravesaron, fumaran de mi tabaco! No recuerdo haber podido encender el pitillo pero ahí queda eso.
He subido con una cerveza, un sándwich de mortadela y ya, desde el coche, en pies de gato.
Brilla el sol que da gusto y me gusta buscarle a la cara, mientras recuerdo recordar aquellas horas de lucha que ya quedan lejanas en el tiempo y frescas en la memoria. Bebo, como y fumo... sin prisa, recorriendo con la mirada el espinazo del Galayar, justo enfrente del Cervunal.
Estoy solo y no me visita el tipo ese que vigilaba mi sueño, tampoco regresa la caballería ni me cubre la nieve caída de arriba... mismo lugar y todo diferente.
Poco antes de que el sol se esconda, destrepo lo subido y vuelvo a recorrer, esta vez por mis medios, el río Pelayos, repleto de bolos, pozas y raíces curtidas... el mismo río que arrastró mi sangre.
Estoy conforme y en paz.
En estas dos décadas han ocurrido muchas cosas... las más tristes siempre son por la pérdida de familiares, amigos y conocidos que, por accidentes o enfermedades, no pudieron aguantar el envite; para todos ellos mi pensamiento.
Entre las felices quedan escaladas, con o sin cumbre ¡de todo hay en la viña y uno es experto en bajarse de cualquier "lao"! Me llevó tres o cuatro años regresar al Himalaya y darle un tiento al Ama Dablam, así como Patagonia con su Cerro Torre. A pesar del dolor "llevadero", constante, de una espalda tocada pero en orden, también los Alpes me permitieron recorrer la más amable de las nortes: la Cassin del Piz Badile, con un primer abandono entre tormenta furiosa, para no perder la costumbre ¡perfecto para mis vértebras! Pirineos con su "clasicorra" Salenques/Tempestades... y Gredos que siempre me recibió con nuevos itinerarios en hielo y roca, unos cuantos.
De lo poco que sé, ya puedo confirmar que lo importante es perseverar, aguantar el tipo ¡sin piedad! y ofrecer a los demás, a pesar de los errores que se puedan dar: Pasión, voluntad y sufrimiento.
También están los que nunca olvido: los que, con su esfuerzo, me regresaron a la vida:
"Mi agradecimiento a los Guardias Civiles del EREIM (Arenas de San Pedro), Manuel González, Pedro Carvajal y Alberto Manuel Montero... a los del GREIM (Barco de Ávila), Fernando Rivero y Luis Cáceres... Y los amigos, Ángel Rituerto, Julio Blázquez, Pedro Rodriguez, Fernando Pinar, Juan Prieto, Javier Perandones y José María Mancebo.
Gracias a todos ellos sigo vivo.
Por supuesto, familia y amigos que siempre estuvieron cerca; principalmente a Esther... día y noche al tanto... que tiene lo suyo".
Gracias a todos ellos sigo vivo.
Por supuesto, familia y amigos que siempre estuvieron cerca; principalmente a Esther... día y noche al tanto... que tiene lo suyo".
Sigue la vida, con más bagaje... a la espera de novedades, que llegarán ¡se ponga uno como se ponga!

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