Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


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lunes, 24 de octubre de 2016

Mont Blanc du Tacul... Corredor Gervasutti



Desde que al gran Gaston Rébuffat -el guía del jersey bonito- se le ocurrió la idea de recopilar las 100 ascensiones más bellas del macizo del Mont Blanc, unas cuantas generaciones posteriores, entre las que me encuentro, colocaron en la mesilla de noche aquel fantástico libro que invitaba a soñar... constantemente.

Esa foto que se correspondía con algún sector y con la que se presentaba la ascensión, siempre obligaba a "verse" uno bregando en la ruta elegida.

Las "100 de Rébuffat" siguen manteniendo ese aire romántico de las escaladas alpinas... Y hoy en día, con graduaciones acordes a los tiempos modernos, supone el inicio para los alpinistas en ciernes; aquellos que buscan líneas elegantes y "naturales" a cumbres que siempre exigen un esfuerzo.

Hoy le toca el turno al "hermano pequeño" del Mont Blanc... el de Tacul.

... Mont Blanc du Tacul...

Su cumbre (4.248 m.) fue pisada, por primera vez, un 8 de agosto de 1855 por un grupo liderado por Charles Hudson y Edward Shirley Kennedy, entre los que también estaban Edward John Stevenson, Charles Ainslie, G.C. Joad, Chistopher y James Grenville Smith.

En el más puro estilo de la época, salen de Courmayeur el 7 de agosto... Alcanzan el Col du Géant, atraviesan el glaciar du Géant (todo ese balcón que parece sustentar la Tour Ronde y los pilares/corredores del Mont Blanc du Tacul) y vivaquean a los pies rocosos de la Aiguille du Midi (quizá en un lugar cercano al que ocupa el refugio/vivac Simond)
Queda, para los estudiosos, descubrir la posibilidad que "flota" en algunos escritos sobre que la cumbre pudo conseguirse, con anterioridad, por algunos guías de Courmayeur.

... Ruta normal al Mont Blanc du Tacul (cima a la izq.) Se adivinan las huellas y los últimos zigzagueos... 

La ruta que hoy nos ocupa, pertenece al grupo de los corredores en nieve/hielo... Seguramente algo monótonos y siempre muy largos... Hay unos cuantos itinerario así por los Alpes, ya iremos hablando sobre ellos.

El corredor Gervasutti fue inaugurado el 13 de agosto de 1934 con salida directa a la cumbre (la otra variante a la derecha, más repetida debido a la menor exposición bajo los seracs, pertenece a Louis Lachenal y Lionel Terray, en 1948)
Los artífices de esta gran clásica fueron Renato Chabod y Giusto Gervasutti.


Esta ruta fue mi primer itinerario alpino.
Ocurrió en el año 1977 y, de nuevo, he de subir a la troj para revisar los manoseados cuadernos donde escribí recuerdos.

"... apenas me asomo a la puerta del destartalado refugio de madera Simond y un inglés furioso me aparta de un manotazo, todo para entrar primero.
Me acuerdo de todos sus antepasados, en inglés claro... para eso estuve unos cuantos meses por sus tierras. Los amigos me sujetan antes de que le caliente la cara; más coloradas las mejillas de lo que yo se las hubiera puesto.
Nunca vi un suelo de tablas tan picoteado por crampones... Pero allí descansaremos unas horas hasta la media noche... La hora de escalar"

Nuestro viaje a los Alpes comenzó en Madrid, no recuerdo la estación de tren... pero recuerdo que fueron dos días bien completos y un no parar de transbordos, principalmente a partir de la frontera pirenaica (siempre corriendo, cargados de bultos con comida y mochilas con escaso material, a horas intempestivas)
Luego... aparecimos en la estación de Chamonix y tomamos un bus hasta el camping de Rosières.
En ese bus vertimos el precioso tesoro que cuidamos con esmero durante todo el infernal viaje: una botella de cristal que contenía un preciado litro de aceite de oliva virgen extra... Un litro que desapareció en la moqueta, por un descuido.

... camping les Rosières, nuestra tienda, la sempiterna grúa y siempre,
siempre rebuscando comida.
Diapositiva "digitalizada"

... ¡eternos macarrones con tomate!... Antonio Trabado en acción...
Diapositiva "digitalizada"

Aquel 1977 fue un buen año; en 21 días "chamoniardos" conseguimos este corredor Gervasutti, del que ahora hablamos; la norte clásica del Triolet y la Major al Mont Blanc.
También pensamos en la Platonov/Charlet de la vertiente Nant Blanc y nos bajamos del corredor Couturier, ambos itinerarios en la Aiguille Verte, aunque en orientaciones distintas... Pero no aplicamos buena logística y no pudo ser, por esta vez.

Durante aquellos días, pudimos ver como el "centinela" del valle: el Dru... mantenía su estampa sin los derrumbes que le esperaban años más tarde ¡seguramente los trabajos de grúa afianzaron pilares!

... foto en papel B/N "digitalizada"...

Por supuesto, esto siempre era norma, antes de liarnos con las rutas soñadas se visitaba el glaciar de Bossons... Allí, media Europa y parte del resto del mundo, picoteaba (con piolets), pisoteaba (con crampones) y agujereaba (con tornillos), un hielo vivo y milenario que se fundía año tras año.

... cercanos a la sucia morrena; con camisa de cuadros ¡por supuesto!...
Diapositiva "digitalizada"...

... soltando músculos...
Diapositiva "digitalizada"

*APROXIMACIÓN
Las dos opciones habituales pasan por Francia o Italia.
Por el lado francés nos espera el teleférico de la Aig. du Midi... Su magnífica y conocida aérea arista que nos deja en la cabecera del Valle Blanco, mientras contemplamos las imponentes Grandes Jorasses y esa cresta de nieves y rocas (Rochefort) que conecta con el Dent du Geant.

... Aig. du Midi...

... descenso por la arista hacia el glaciar...

... Grandes Jorasses... arista de Rochefort... Dent du Geant...

Una vez en las llanuras del glaciar, habrá que decidir si acampar (tienda) en el lugar donde acampa "casi todo el mundo" o dirigir los pasos hacia el refugio Cosmiques (reservas con mucha antelación).

En cualquier caso, la aproximación al inicio del corredor Gervasutti se realiza en algo menos de un par de horas.


Suele tener una huella bien marcada, tanto los montañeros/alpinistas que "viajan" del refugio Torino a la Aig. du Midi (o viceversa) como los que se dirigen, a mitad de camino, hacia la Punta Lachenal, o los pilares y corredores del Mont Blanc du Tacul, o la Tour Ronde, o el Grand Capucin, o la Pirámide du Tacul, o la arista Küffner, o el Mont Maudit, o la Brenva al Mont Blanc, o el Gran Pilar d´Angle, o a la arista de Peuterey, o al Frêney, o los que "tiran hacia abajo" al Valle Blanco (Vallée Blanche)... En fin, multitud de itinerarios para todos los gustos, que una multitud de montañeros/alpinistas se encargaran de conectar con una buena huella "principal".

... hacia el refugio Cosmiques (dcha.) o el "campamento" libre (izq.)...

La otra posibilidad de aproximación se encuentra en Italia: el refugio Torino, al que se accede desde Courmayeur, por un teleférico que nos deposita casi en la misma puerta.

... vistas desde la vertiente italiana...

En cualquier caso, la aproximación es similar en tiempo y recorrido... Y, en cualquier caso, resulta más que aconsejable navegar por el glaciar encordados y, por supuesto, conociendo las técnicas relativas al rescate en grietas.
¡Esto es muy importante y no debería tomarse a la ligera!

... ¡navegad con seguridad!...

Las vistas siempre acompañarán, desde Cosmiques o Torino... Y escudriñando bien, encontraremos escaladores en todas las paredes...

... espolón de los Cosmiques, y la gran clásica que recorre la arista del mismo nombre hasta la Aig. du Midi...

... más opciones cercanas, si se dispone de tiempo y ganas, antes de emprender nuestro objetivo principal...

*DESCENSO
Resultará evidente puesto que ese itinerario se corresponde con la ruta "normal", siempre con huella.
No obstante conviene informarse en la "Maison de la Montagne" (Chamonix) de las condiciones del momento; los seracs que se agolpan en la zona intermedia/alta de la pendiente de nieve, son inestables y ya han causado problemas.

Claro está que también existe la posibilidad de, una vez en la cumbre, encadenar una de las grandes travesías de los Alpes: la arista de los cuatromiles al Mont Blanc ¡solo para corazones alpinos y cuerpos serranos!

*LOGÍSTICA
Conviene ir ligero de equipaje, por lo tanto, habrá que decidir donde descansar las horas previas a la ascensión.
Claro está que, dependiendo de los días que tengamos pensado "vivir" por la zona, la primera opción más cómoda sería un refugio (bien calentitos y buena cena/desayuno) para partir, ligeros de equipaje, algo más allá de la media noche.
Si se opta por "acampar" ¡ni se os ocurra fundir nieves cercanas para beber! ¡Ni se os ocurra!... El "aguita amarilla" y otros "sólidos indescriptibles" pueden arruinar la estancia.
Aunque la nieve parezca blanca ¡ni se os ocurra!... El que avisa no es traidor.

Si nos hemos decidido por la temporada invernal... algo menos habrá que madrugar, que los inviernos alpinos ofrecen temperaturas bajas más constantes.
Por supuesto que también nos libraremos de las "multitudes" en aproximaciones y ascensiones clásicas... Aunque los refugios seguramente estarán igual de repletos que en verano (esquiadores, etc.)

*MATERIAL
*1 cuerda (sugerencia personal): Cuerda para uso en simple; acorde a normativa de diámetros actuales.         Llevar dos cuerdas -doble- para este tipo de itinerario significa arrastrar un peso excesivo.
*2 piolets (por persona)
*2/3 tornillos de hielo.
*2 estacas de nieve o "deadman" (incluso ambos sistemas, según condiciones)
*4 fisureros (tamaño medio)
*6 anillos+mosquetones.

*PELIGROS OBJETIVOS Y CONSIDERACIONES SOBRE LA RUTA
La "Espada de Damocles" que se mantiene, durante toda la ascensión, encima de nuestras cabezas, obliga a recorrer el corredor Gervasutti durante las horas más frías; esto tampoco nos ofrece 100% garantía de que los seracs que dominan las alturas, no puedan ponerse en movimiento... Pero así son las cosas y así se cuentan.
En cualquier caso sí sugiero una buena forma física para permanecer el menor tiempo posible bajo los seracs.

Esta es una de esas rutas en las que no abandonaremos la linterna frontal hasta la cumbre... incluso más allá.


Personalmente no aconsejaría intentar la escalada cuando el corredor brilla en exceso ("verglas", hielos negros, etc.).
En estas condiciones nunca disfrutaremos de tal ascensión; los tiempos se dilatarán al mismo paso que los gemelos y nada será igual a lo soñado.

Este sería mi recuerdo:

"... la rimaya nos obliga a luchar, son pocos metros pero exige. Luego, un estrecho canalón (como un medio tubo) pulido como el acero y barrido constantemente por cristales de nieve (creo que los franceses lo llaman "rigola") nos obliga a pelear, casi en chimenea, hasta salir a la pendiente de nieve.
¡Esto es vida! A partir de aquí el terreno cambia a nieve dura "punta de bota"... Seguramente es el largo de cuerda más largo que recuerdo ¡casi 800 metros sin reunión alguna!..."

En la antigua escala de dificultad, todavía en activo para este tipo de ascensiones, podemos catalogar el corredor Gervasutti como D inf. máx. 55º.

Serán unos 800 metros (rimaya/cumbre) y los tramos que ofrecen mayor inclinación se encuentran en el estrechamiento central y la salida directa... En algunos sectores puede existir la posibilidad de asegurarse en la roca.
La rimaya puede ser laboriosa.

El horario tiende a oscilar mucho, según condiciones y modo de emprender la escalada... Podríamos fijar un tiempo (rimaya/cumbre) entre 4 y 6 horas.



En definitiva, para los alpinistas en ciernes, el corredor Gervasutti del Mont Blanc du Tacul, nos mostrará un dato muy importante: aprender a "entender" los metros de una ascensión/escalada y valorar en su justa medida las dimensiones de una montaña.
Luego ya... Lo que tenga que ser.

En otra ocasión os contaré más viajes "ochenteros" por los Alpes, eso sí, algunos ya en vehículo propio ¡qué lujo!
Pero vamos, que los dos días, con vivac en algún "aire" (zona descanso, según los franceses) por Valence, hacia Chamonix... Y otro, en un "descampao", al regreso a casa ¡eran infalibles!



Foto Rifugio Torino

miércoles, 25 de mayo de 2016

Historias de Juan Lupión III

Más historias de aquellos años en los que todo era diferente.
(Texto y fotos de Juan Lupión)

También dejo por aquí el enlace a otra aventura que compartí, en la misma ruta, con un viejo amigo al que perdí la pista... Aiguille du Midi (Espolón Frendo)



Espolón Frendo Aiguille du Midi (Alpes)


El día es gris y cae un ligero chirimiri. Nuestras vacaciones están llegando a su fin. Pasamos por la "Casa de la Montaña" para ver la meteo.

La previsión de una pequeña mejoría en el tiempo nos ofrece una última esperanza. Esta tarde mejora el tiempo pero mañana, a medio día, está prevista la llegada de un nuevo frente y se esperan precipitaciones de nieve incluso en el valle. 
Nuestras vacaciones se acaban y no es cosa de desperdiciar esta última oportunidad.

El teleférico de la Aguille du Midi, recién reparado, nos sube hasta el Plan de l´Aiguille, desde donde se accede al espolón Frendo.


Cruzamos a la carrera el glaciar des Pèlerins y a eso de media tarde comenzamos por remontar unas pendientes de nieve dura que dan acceso a un terreno fácil de roca, por el que aprovechamos para avanzar hasta que anochece; ya a oscuras, instalamos el vivaque.
Tal y como dijo la previsión, hace una noche estupenda; madrugando un poco, antes de medio día estaremos fuera.

A diferencia de la mayoría de las vías largas, esta no tiene una bajada ni larga ni difícil; en cuanto llegas a la cima tomas el teleférico y ya está. 
Esta es otra de las razones en que se apoya nuestra estrategia.
Acomodados en nuestra repisa podemos ver a nuestros pies las luces de Chamonix y eso incluye el tráfico entre los pueblos del valle... Hasta que nos quedamos dormidos.

Después de un confortable vivaque, progresamos a buen ritmo y el primer teleférico del día, que pasa solo a unos pocos metros, nos sorprende en el paso clave de la vía.



Se trata de una chimenea que desaparece en unas placas de dificultad moderada. Después, una sucesión de pequeñas agujas nos lleva al inicio de la característica  cresta de nieve. 
Es un pasaje elegante y luminoso que contrasta con la oscuridad de la cara norte. 
Empezamos por una arista secundaria por la que accedemos a la principal, que va ascendiendo hasta fundirse con el resalte final del espolón.



Nosotros pensábamos que la arista era el final de la vía y por lo tanto de las dificultades. Pero no, al fundirse la cresta con la pared la nieve desaparece, dejando al descubierto unas placas de roca chapadas de hielo. 
También podemos bordear el espolón, pero la pendiente de hielo es considerable. Bueno por lo menos aquí podemos poner buenos seguros.

Algunos largos después, vemos una posibilidad por la roca.
Se trata de un diedro muy vertical interrumpido por un techo del que cuelgan unos chupones de hielo.
Aunque a primera vista es muy impresionante, estoy familiarizado con pasajes de este tipo en los Galayos.
Prefiero un diedro desplomado con buenas presas, que una placa compacta y poco inclinada con pequeños agarres  y tapizada de verglas.




Hay que tener en cuenta que estamos casi a cuatro mil metros de altitud y, aunque, con el esfuerzo la sensación térmica no sea de frío, la temperatura es baja.
De  todas formas un par de largos en este terreno nos hacen entrar en calor. Y de repente, pasamos sin transición del terreno vertical y abrupto de la cara norte, a la soleada explanada por la que se accede al teleférico, con el Gran Capuchino destacando del caos de agujas que forman los pilares del Mont Blanc du Tacul.

Y las omnipresentes Jorasses. 
Por supuesto, todas las agujas de Chamonix y al otro lado de la Mer du Glace... el Dru, recortado sobre la Aiguille Verte. 
A lo lejos, en el horizonte, podemos distinguir el Cervino, el Monte Rosa y el Gran Paradiso.

Ha compensado el esfuerzo y esta vez sí estamos satisfechos.

Hacemos muchas fotos del paisaje, incluso un alpinista francés curiosamente apellidado Rivas, nos hace una foto juntos a Ángel y a mí. 

Mientras, sin darnos cuenta, el cielo se ha ido nublando y tal como dijo la meteo, comienza a nevar. 



... Capítulo anterior... Historias de Juan Lupión II

Continuará....

lunes, 16 de mayo de 2016

Historias de Juan Lupión II

Lo prometido es deuda y aquí va el segundo capítulo con más historias de Juan Lupión... historias de cuando todo era diferente y las aventuras estaban garantizadas en cualquier montaña.

Bueno, todo era tan diferente que ¡hasta la gente pensaba diferente!.

(Texto y fotos Juan Lupión)



                                                                     
El mosquetón que me regaló Pedro.
Pilar Gervasutti del Mont Blanc de Tacul.

Terminado el curso y aprovechando que estoy en Chamonix intentaré organizarme para escalar alguna cosa más.

Cambio los confortables alojamientos de la ENSA por el camping libre en la zona de bosque que había entre el cementerio y la estación del trenecillo de Montenvers.
Como decía el Tenorio “ … yo , que a los palacios subí y a las cabañas bajé …”. 
Instalados aquí me encuentro con un montón de jóvenes diablillos que poco tiempo después llenaran las revistas especializadas de España y del mundo.

También me encuentro, instalado con familia y amigos, a mi querido amigo Pedro Gómez, vecino de mi barrio y compañero de club desde siempre, por el que siento un gran aprecio.
Monto mi tienda junto a la suya y paso a hacer la visita de cortesía.
Al poco rato estamos haciendo planes bajo la mirada incómoda de Merce, su mujer, que ve como en pocos instantes le robo su compañía en plenas vacaciones.
Pero bueno, por esta vez condesciende y me lo prestará por un día o dos.

Atraídos por el llamativo perfil que tantas veces hemos visto al salir del túnel de hielo de la Aguille du Midi, hemos decidido ir al Pilar Gervassutti, un recorrido largo e interesante, según dice la Guía Vallot, que lo cataloga como muy difícil, cotando numerosos pasajes con alta graduación.

Estamos en un tiempo de cambios, sobre todo en lo que a graduación se refiere, así pues pensamos que no será para tanto. Pero nada de carreras maratonianas ni vivacs espartanos con hambre y con frío.
Para escalar esta vía nos plantemos dos cuestiones importantes porque aquí, en el suelo, las condiciones las ponemos nosotros.
Luego, ya veremos lo que imponen las circunstancias.

En primer lugar pensamos ir sin prisa, a nuestro aire disfrutando de la escalada y del entorno. Esto no implica prescindir de la comodidad, o sea que tendremos que llevar buenas mochilas, dentro de un orden. Conviene no olvidar que esto es el macizo del Mont Blanc y que la guía Vallot nos ha avisado que esta es una vía respetable.
Lo de qué llevar en las mochilas lo dejamos a criterio de cada uno y quedamos esta tarde en la estación  de la Aguille du Midi para coger el último teleférico.

... pilares del Mont Blanc du Tacul...

Cuando salimos a la arista  por el túnel de hielo,  una tarde espléndida nos regala  una vez más el fastuoso espectáculo del macizo con todas sus cumbres y glaciares.
Siguiendo el ritual, nos equipamos y dirigimos al Valle Blanco, en busca de la base del pilar.
La idea es localizar la vía y empezar esta tarde, para vivaquear en alguna buena repisa. Así resolvemos hoy todos los prolegómenos, es decir la aproximación, localización y arranque de la vía. Mañana solo tirar para arriba.
Cuando llegamos a la base del pilar quedamos absortos en la contemplación.
Lo primero que impresiona son las dimensiones: desde los 2.900 m. hasta los 4.200 m. sin ninguna concesión en medio, de rampa o pendiente fácil hasta la salida. Son 1.300 metros de escalada pura acabando por encima de los cuatro mil metros de altitud.
Para un ojo habituado a buscar posibles itinerarios se ven diferentes posibilidades. Pero Pedro no está dispuesto a empezar haciendo concesiones. Sacando la guía de la mochila recita con la solemnidad de un notario : “ … tomar un corredor a la izquierda del espolón y seguirlo para salir por la roca en la parte superior “.
Bueno, pues vamos al corredor.

El corredor es corto y enseguida vemos el punto en que pasar a la roca. Le toca a Pedro. Por hablar. Concienzudamente elige el material que piensa utilizar y sin mediar palabra comienza a progresar paso a paso, hasta que lo pierdo de vista. 
Estoy totalmente solo. Disfrutando de una tranquilidad absoluta, en un entorno impresionante. Pero después de un rato inactivo, empiezo a preocuparme.
Está anocheciendo y la cuerda ha dejado de correr hace rato. Algo está pasando. Llamo a Pedro, sereno al principio, después con gritos desesperados.
No pudiendo resistir la incertidumbre, acorto en lo posible la cuerda que nos une y subo , acortándola más, periódicamente, según avanzo, por si alguno de los dos cae.
Al salir de un diedro la cuerda parte en travesía hacia la izquierda y al final de ella veo a Pedro colgado de un pitón, con la mochila abierta y como dormido. Antes de llegar a él intuyo posibilidades de alcanzar una repisa. Subo, la repisa es buena y amplia. Suerte, porque ya es de noche. Me quito la mochila, me pongo la linterna frontal, fijo la cuerda y bajo a buscar a Pedro.
Afortunadamente solo está dormido. Su falta de entrenamiento, la emoción y el esfuerzo le han provocado un mareo, según me cuenta ya en la repisa.

Después de escalar un largo con una mochila muy pesada, nervioso porque se hacía de noche y no encontraba el camino, se detuvo para sacar la guía de la mochila y consultarla. Afortunadamente puso un seguro. Es lo último que recordaba antes de perder el conocimiento por el sobre esfuerzo.
Bravo Pedro. Ha luchado hasta la extenuación.
Acomodados en una buena repisa, la recompensa es ver salir la luna sobre el Valle Blanco  mientras tomamos una sopa caliente metidos en los sacos.
Nada mas acabar de cenar Pedro se queda dormido. Yo sigo despierto admirando la luminosidad que es capaz de sacar de estos glaciares un cuarto creciente y me felicito por estar precisamente donde y como quería estar. No sé cuanto rato después, en algún momento, me quedo dormido también.
Madrugar no supone ningún problema. El pilar está orientado hacia el este, así es que tan pronto amanezca el sol nos dará de lleno.


Desayunamos como en la terraza de un exclusivo hotel de lujo. Después nos preparamos para continuar.
Hoy empiezo yo. Iré de primero hasta que me canse. Después seguirá Pedro. Y así sucesivamente.
El ciclo natural es lo mejor.
Después de un terreno indefinido, siguiendo siempre el filo del espolón, alcanzamos lo que la guía denomina la torre amarilla.
Es decir una parte en la que el espolón, definido y compacto, se vuelve más vertical y toma ese color.

Es media mañana, he descansado bien y  aquí estoy, bajo un sol radiante con un manojo de figureros y una mochila ligera en la que llevo todo lo que necesito. La cuerda cuelga larga bajo mis pies. A mi espalda el decorado es grandioso y, frente a mí,  la roca ofrece uno de los tramos mas delicados de toda la vía.
Si tuviera que decidir cual es el momento de  mayor plenitud en mi vida, tendría que elegir entre un pequeño ramillete del cual, esta sería sin duda una de las mejores flores.

La guía advierte de dificultades sobre el VIº. Nosotros confiados,  pensando que es una publicación antigua, no consultamos la fecha de edición. Pero la guía ha sido recientemente corregida y reeditada. Ahora donde dice sexto grado, es así.
Da igual, la graduación es una información subjetiva que depende del punto de vista de quien la interpreta. Pero  la torre amarilla ha quedado a nuestros pies y eso ya no nos preocupa.
Ahora pasamos a la cara sombría del pilar. Lo primero que se nota es un descenso drástico de la temperatura. Toda esta cara va surcada por un diedro ligeramente desplomado en el que el menor atisbo de humedad se traduce en pequeños carámbanos que cuelgan por doquier.
El frío me hace tiritar en las esperas de las reuniones. No así a Pedro, que se ha empeñado en no quitarse la mochila. Le escucho jadear mientras lucha con los pasajes mas  atléticos.
Unas lajas separadas en la pared desplomada del diedro han acumulado suficiente nieve para que algunos desesperados hayan tallado una repisa en la que vivaquear precisamente aquí. Debió ser hace algún tiempo, pero se ha quedado helado y duro y me parece  un buen sito para hacer la reunión. Esto es un auténtico nido de águilas.
Cómodos si que parece que han estado. Pero yo no habría podido pegar ojo.
Al fin Pedro se rinde ante un paso imposible, cuelga la mochila de un seguro y sigue. La moral es buena porque todavía le quedan ganas de bromear : “ aunque todavía no es tu  santo, aquí te dejo un regalo“. Cuando llego yo tengo que superar el paso con mi mochila puesta e ir liberando la otra de los seguros para que Pedro la pueda subir hasta la reunión con la cuerda auxiliar. 
Por fin llegamos al collado donde se junta nuestro pilar con el Tridente. Aquí  se forma un pequeño circo que es la salida de la vía del Supercouloir, desde donde tenemos una vista impresionante del Capuchino, gigantesco monolito, donde una cordada se esfuerza por alcanzar la cumbre antes de que les sorprenda la noche.

Se está levantando un vientecillo que no presagia nada bueno. El cielo esta empezando cubrirse y a estas horas es evidente que hoy no acabamos. Será cosa de ir buscando un emplazamiento de vivaque.
Una confortable repisa bajo unas lajas es el sitio perfecto. Aquí estaremos cómodos y a cubierto.

Desde hace rato vengo observando que, de vez en cuando, caen algunos copos, pero nada mas instalarnos en nuestro improvisado refugio comienza a nevar copiosamente.
Metidos en los sacos nosotros estamos bien y a cubierto. Pero frente a nosotros, en el Capuchino, del que tenemos una vista privilegiada a través del collado del Tridente, comienza a desencadenarse un drama.

Está oscureciendo, más por la tormenta que por la hora. La cordada que hemos visto, debe haber sufrido algún incidente y ha quedado atrapada en la pared a causa de la tormenta.
Oímos gritos nerviosos. Intuimos, mas que vemos, maniobras realizadas con premura. Es evidente que tienen problemas.

A pesar de la corta distancia que nos separa no podemos acudir en su ayuda. Las horas van pasando y los gritos que antes eran nerviosos, previendo  la catástrofe, ahora son desesperados ante la evidencia. 
Según va pasando la noche, los gritos han dado paso  a quejidos y lamentos. Después el silencio, roto a veces por el bufido previo y el estruendoso estampido de algún rayo en las proximidades, que enseguida amortigua el  manso caer de la nevada. 
La espesa nevada alterna con violentas granizadas y aunque no las vemos, el ruido de las avalanchas es constante. En un ambiente sobrecogedor y a pesar de la angustia que nos produce la suerte de nuestros vecinos, el cansancio nos rinde y quedamos dormidos.
Al despertar un espeso manto de nieve lo cubre todo. El cielo está cubierto y sigue nevando. Jirones de nubes  se cuelan entre las agujas y , como queriendo preservar la intimidad del drama, nos ocultan la visión del Capuchino.

Pero la vida debe continuar. Y nosotros también. Todavía no está del todo recogido el vivaque cuando yo empiezo el siguiente largo. Intuyo que limpio no debe ser muy difícil. 
Pero ahora, cubierto por una gruesa capa de nieve recién caída, es otra cosa. 
Comienza nuestro tercer día en la montaña. El recuerdo de la noche anterior lo tiñe todo y el mal tiempo persiste.
A pesar de todo me encuentro bien. Ligero, ágil y animado.

Alcanzo un corredor a la izquierda del filo del espolón. Está demasiado empinado como para retener la nieve que, recién caída y tan suelta,  se precipita abundantemente en cascada sobre mis hombros. 
Aunque el fondo es de hielo, yo he salido sin ponerme los crampones. Afortunadamente, las numerosas lajas de roca que sobresalen del hielo, me permiten progresar con rapidez. Un mal sitio para caerse, pienso para mi. 
La nevada arrecia por momentos. Tanto que Pedro me comenta que, en vez de escalar, parezco un salmón remontando la corriente de un río. En momentos así uno agradece haber tenido los Galayos por escuela.
Concentrado como voy en mi tarea, a limite  de cuerda, llegando a una repisa descubro a otro escalador que, con  la reunión montada, asegura a su compañero.
Pero ¿de donde han salido estos?, me pregunto. Es igual, le hago un gesto de saludo y cuando intento acceder a la repisa el responde levantando su bota, que lleva los crampones puestos, con  gesto agresivo, amenazando con pisarme.


Asombrado se lo cuento a gritos a Pedro, que no puede dar crédito a lo que está oyendo. Es evidente que la situación es un poco apurada, pero este chico parece sobrepasado por las circunstancias. 
Desde fuera de la repisa intento comunicarme con él, pero no atiende a razones. Por sus hechuras y el acento parece ser inglés. No dudo que haya ingleses capaces de mantener un comportamiento correcto, pero la mala suerte ha hecho que yo todavía no los conozca.
Es igual, ignorando a este hijo de la Gran Bretaña, desde fuera de la repisa coloco un anillo en un bloque y le digo a Pedro que suba.
Cuando Pedro llega a la reunión el guiri ya se ha ido. Ignorando la repisa, continuo escalando. Aunque la visibilidad es escasa, noto que el pilar se va estrechando. Tanto que casi lo puedo abarcar extendiendo los brazos. Veo un pitón del que cuelga un anillo con un mosquetón y unos metros a la derecha unas pendientes suaves de nieve. Son las pendientes cimeras y el anillo es para descolgarse haciendo un péndulo para llegar hasta ellas.

¡Hemos  alcanzado la cima!
Pero no tan deprisa, todavía hay que bajar. Hace un vendaval tremendo. Ya no nieva, pero la temperatura en altitud, ya baja de por sí, empeora por el factor viento, creando una sensación térmica de frío espantoso.
A pesar de lo cual Pedro se toma su tiempo deshaciendo el nudo de la cuerda y pasándola  por el anillo, para poder hacer el péndulo sin usar el  mosquetón de los guiris y así poder recuperarlo.

Mont Blanc de Tacul 4200 metros. 
Apretón de manos y un fuerte abrazo con sonoros palmoteos en las espaldas. Las circunstancias no permiten quedarnos para mucha mas celebración. La visibilidad tampoco permite elegir el camino, así es que será cosa de bajar por donde sea cuanto más rápido mejor.

Ya hace rato que estamos bajando prácticamente a ciegas. No tenemos reloj  y la falta de luz solar no permite calcular la hora. 
La paliza que llevamos encima parece indicar que hoy tampoco llegaremos al valle. No sabemos donde estamos pero ante la enorme acumulación de seracs en la que estamos metidos deducimos que esto debe ser el glaciar. 
Empieza a oscurecer, aunque a nosotros ya nos da igual. Nos metemos en una enorme grieta, en la que una gran bóveda, en forma de cueva, nos protege del viento y de la nieve. Una vez más, metidos en nuestros sacos y cómodamente instalados nos ponemos a fundir nieve. Comemos todo lo que nos queda y después tomamos  té con leche hasta hartarnos.
Después ya recuperados charlamos animadamente de nuestras cosas, como si estuviéramos sentados en el comedor de casa.
De repente caemos en la cuenta de que mañana será el cuarto día en la montaña y la familia no sabe nada de nosotros. Además, con este mal tiempo, seguro que estarán preocupados.
Pero tampoco podemos hacer nada. Bueno será cosa de dormir un poco, que mañana tenemos que madrugar  para bajar lo antes posible.

Después de la tempestad siempre regresa la calma y el cuarto día amanece tranquilo. El azul profundo del cielo contrastando con el blanco radiante de la nieve se combinan en un espectáculo de belleza sobrecogedora. Después de tanto vendaval y tanta precipitación la atmósfera está muy limpia y con una luminosidad extraordinaria.
Enseguida podemos ver donde estamos. Será necesario  subir todo lo que bajamos ayer hasta regresar a la cumbre del Tacul, bajar al collado y subir a la aguille du Midi. Todo esto, con medio metro de nieve polvo llevará su tiempo. Habrá que darse prisa si queremos coger el ultimo teleférico.
Una vez en el valle, ya pasado el susto y después de la explicaciones pertinentes, tendremos tiempo para las celebraciones. Pero ahora hay que continuar. Así es que, una vez más, en marcha.

Efectivamente la celebración fue como para no perdérsela. Pero lo mejor ocurrió cuando alcanzábamos la Aiguille du Midi ya casi al límite de nuestras fuerzas. 
A punto de culminar la arista, con el tiempo justo para coger la ultima cabina.
Mientras hacemos un pequeño descanso, poco antes de entrar en el túnel de acceso a la estación, echamos un último vistazo al macizo  y … ¡Oh sorpresa! Creía que estaríamos solos en todo el macizo. Con este tiempo quien iba a querer subir. Lo cierto es que bajando desde la cumbre del Tacul se distinguen dos puntitos que descienden lentamente.
En tono jocoso pregunto a mi compañero: oye Pedro ¿quién crees tú que pueden ser  esos dos que bajan del Tacul?
Indiferente encoje los hombros y en un pretendido tono inocente comenta: no lo sé, pero no creo que lleguen a coger el ultimo teleférico. Por más que corran les va a tocar vivaquear otra vez. 
Tambaleándonos por las  carcajadas entramos en la estación, con el tiempo justo para coger la última cabina del día. 


... hogar, dulce hogar... camping en Chamonix...

Es difícil olvidar el recuerdo de una aventura así, en buena compañía. Pero por si acaso, todavía guardo colgado en una panoplia repleta de curiosidades, tesoros y trofeos, todas esas cosas que son recuerdos... Entre ellos un mosquetón de no sé qué marca inglesa que me regaló mi amigo Pedro.

(Texto y fotos Juan Lupión)


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miércoles, 11 de mayo de 2016

No podremos ser como ellos (Jorge Valle)

Jorge tendría poco más de veinte años sobre la Tierra cuando nos conocimos.
Sería sobre el 2009 o así... no lo recuerdo. Pero recuerdo esa noche que llegué al refugio Elola, en nuestro querido Gredos.

Ya sería tarde/noche, con ventisca y pocos huéspedes en el refugio.
Una buena cena nos llevó a un buen ron, un "Cacique" añejo... con algo de hielo (poco) y conversación.

.- A los alpinistas de corazón se les nota en la mirada.
.- ¿En qué se nota?
.- No sé, hay un brillo especial en los ojos.
.- ¿Lo ves en los míos?
.- Tú estás sobrao.

Y así fue como Jorge, la nueva generación... y un servidor, muchas atrás, escalamos algunas cosas juntos por el querido Circo de Gredos... Risco MorenoAlmanzorCerro de los Huertos... Y otras cuantas más.
A Jorge ya se le veía venir... y ahora es un espléndido alpinista (guía UIAGM).

También le gusta contar vivencias y por el blog he recogido un par de ellas: Memorias de un arriero en Gredos y El alpinista que herraba caballos.

Recorrerá la Tierra a la búsqueda de sí mismo y yo "vigilaré" sus pasos para que le llegue mi energía... y lo ayude a convertirse en lo que él desea.

Me envía un correo y tal como lo recibo, lo muestro.
Un abrazo, Jorge.

... Risco Moreno (Circo de Gredos)...

Hola, amigo:

Cuánto tiempo sin hablar y sin vernos.

El camino de mi vida me lleva de un lado a otro por inercia. Ahora llevo unos días por Austria, conociendo el país de Baschi.

El año pasado pude completar una gran clásica de Alpes y habiendo pasado ya tiempo, ahora he podido revivir con más intensidad y detalles, los recuerdos.

Como sé que eres un apasionado y un loco del alpinismo, te dejo estas lineas escritas. Seguro que entiendes el fondo de las palabras e igual, si te agrada, lo compartes en tu foro y así te doy "más trabajo".
Ando muy motivado con la etapa del Equipo Nacional de Alpinismo, donde estoy aprendiendo mucho y compartiendo la montaña con buenas personas.
Así pues, como siempre, viviendo con intensidad la vida.

Espero que andéis muy bien por esa tierra y casa tan maravillosa... y que sigáis igual de felices.
Espero ir a Gredos pronto y haceros una visita.
Un fuerte abrazo a los dos.
Mil gracias.

Jorge Valle


No podremos ser como ellos (igual puedo hacer justicia a los primeros)

Quisimos ser alpinistas por un día.

Por aquel entonces eramos unos inconscientes, para qué engañarnos.
Sin tener conocimiento ni experiencia creíamos que las nortes de Alpes estaban a nuestro alcance. Desde esos primeros sueños hasta que pudimos hacer la primera había pasado mucho tiempo, mucho aprendizaje y mucha pasión por lo que hacemos.

Por inercia se van cumpliendo los sueños. Ahora estoy convencido de que ahí arriba hay alguien que se apiadó de nosotros, y consiguió que nos subiéramos a esas montañas, con dignidad y haciéndolo bien o, al menos, eso nos creíamos... hasta que un día, de visita a un viejo amigo, en su pequeño paraíso castellano, nos tumbó el logro y el ego con estas palabras: "Si no están hechas en invierno, no vale, Jorgito".

Ahora quiero pasar a contaros la experiencia de la norte que viví con más intensidad, la del Ogro, la que siempre está en sombra, y así, hacer justicia a las diferentes generaciones que han pasado por ella.
Tengo necesidad de ello y, si mi amigo lo permite, con un poco de suerte lo publicará en su blog, que para mí será todo un orgullo.

Y así también me dejará brindarles un homenaje.

Esos tipos altos y rubios, germanos y austriacos, creo, que se unieron para subir por la cara norte del Eiger, son unos titanes de verdad.
Por lo visto, Harrer, ni siquiera llevaba crampones.
Hay que mencionar que tenían sobre sus hombros la carga psicológica de saber que era la norte más mortífera y dramática, o quizá eso les motivaba más todavía para obstinarse con ella.



A mí me tocó romper la barrera psicológica de la tragedia de Rabadá y Navarro.
De verdad, te pones debajo del Ogro y te acojonas... Te entran todas las dudas del mundo.

Al principio, tu mente empieza a hacer estrategias para intentar que te vuelvas a casa, al calor de tu novia.
Al rato, mirando con los prismáticos y estudiando el recorrido, empiezas a intentar engañarte con argumentos falsos... Como que no es tan grande (lo que pasa es que, desde abajo, no se percibe la dimensión real de la pared porque las partes tumbadas, los neveros, no se aprecian)... Es una clásica con más años que el copón... O venimos este año fuertes, del Pirineo y Gredos.

El caso es que, del acojone, de no creer la realidad y alguna "reciada" anterior en otros percales... en el último momento, no apostamos por salir en el día y decidimos llevar saco de dormir, ligero, para probar la sensación que tuvieron los anteriores durmiendo en el "vivac de la muerte". Por primera vez fuimos conservadores y sensatos.

Por eso, esta escalada junto a Nacho Burgués, fue especial, porque la hicimos con madurez, autonomía y sobre todo con decisión. Mente al 100% por la faena.
Entramos, juntos, a por las dos orejas.


Hicimos una ascensión moderna, de las que marcan nuestra generación (la del 88): mirad el facebook de Ueli Steck y ved que la pared está para batir tu propio récord, consultar meteoblue y ver que entra la "ventana", estresar a todos los colegas a "WhatsApp" hasta que alguien te da una esperanza; comprar vuelo en "Rumbo.es", reservar coche de alquiles en "Pepecar", reservar por "Booking" alojamiento en Interlaken... Y preparar el petate con todo el material ligero y moderno.

Hay que pensar que los primeros iban, desde Austria, en bicicleta. Así ya entrenaban gemelos para la "Araña" y los neveros... curtidas inhumanas de tallar escalos y tirar de paciencia.
Además, acampaban en los prados de Kleine Scheidegg; nosotros dormimos en el albergue de la estación, que marca un contraste brutal entre lo cálido del lugar y lo frío y solitario de la pared.
Ellos no tenían partes meteorológicos y el equipo era rudimentario, fabricado a base de hierro forjado por ellos mismos.


El día de llegada hicimos, por la tarde, una aproximación hasta el inicio de vía para estudiar el acceso y la entrada, así como testar las condiciones de la nieve, que era lo que más nos preocupaba.
Paramos de seguir subiendo justo donde arranca el primer resalte de roca gris.
En ese momento pudimos presenciar como una cordada de suizos nos adelantaban, muy rápidos, con un piolet y crampones ligeros.
Cruzamos varias palabras; eran locales de Grindelwald. Todos teníamos la misma felicidad al comprobar que las condiciones eran, efectivamente, excelentes.

Decidimos volver al refugio para descansar y rematar los preparativos. Sin embargo, nuestros amigos, ante nuestro estupor, continuaron hasta la entrada del túnel, excavaba en la pared (lo hicieron en menos de cuarenta minutos)... Y regresaron a su vivac caminando.
Nos dieron una idea de como se hacen las nortes, rápidas cuando hay buenas condiciones: desencordados en lo fácil.

Otra pista que nos dieron fue que había huella buena y seguía el camino correcto. Esto facilita la ascensión de noche, en el laberinto del primer tercio de pared.
Otro punto a favor para disipar el miedo y la incertidumbre del itinerario.

Pensemos en el material que los pioneros usaban.
Esas chaquetas rígidas y acartonadas por el agua y el hielo. Esas botas de cuero, rígidas y pesadas, con poca precisión... Sin "membranas" ni aislantes térmicos. Esos piolets largos y rectos, de madera, para tallar peldaños. Esas clavijas de hierro. Esas mochilas de lona, que se incrustaban en hombros y caderas.

Nosotros decidimos apostar por la ligereza.
Nuestro material estaba compuesto por una sola cuerda de 50 metros (nueva) de 9,2 mm. 
La mochila (25 l.) con 6 tornillos de hielo (medianos), un juego de "TotemCam" más el "Camalot" del 2, "Alien" verde, azul y negro. Y un discreto juego de 6 empotradores.
Llevamos 10 cintas extensibles, de las que cuatro van con un solo mosquetón y el resto con mosquetones ligeros.
Utilizamos un mosquetón de gatillo alambre "Nano" para cada dos friends.
Además añadimos al equipo, un saco ligero de pluma, medio trozo de aislante, un cartucho pequeño de gas, un "Jetboil" con un liofilizado, polvos hidratantes y barritas energéticas.
Las mochilas, en su totalidad, apenas pesaban cinco kilos.

Al día siguiente pudimos comprobar que la pradera al inicio de pared, era un hervidero de alpinistas nerviosos por entrar los primeros a la línea; es lo que provocan las redes sociales y las condiciones excepcionales reinantes.
Resignados, decidimos dormir un poco más en el saco.
Esta fue la primera de las estrategias acertadas porque nos encontramos un piolet técnico "Grivel" en la aproximación que, más tarde, supimos que era de uno de los escaladores, de una cordada francesa, que estaban grabando una película para la "TV Mountain".

La noche, para mí, fue muy larga y nerviosa, constantemente mirando el despertador para ver cuando empezaríamos a escalar. Nunca logro descansar y dormir con tranquilidad previo a una gran "alpinada",
Hay dos clases de alpinistas: los que sí lo hacen y los que no.
Constantemente entran dudas debido al mito y respeto hacia esta gran pared.

Por fin arrancamos y decidimos llegar, desencordados, hasta la "fisura difícil", escalando uno al lado del otro para darnos confianza.
Hubo un par de pasos de incertidumbre pero todo dentro de lo asumible.
Aquí llegó el primer tapón de cordadas que tuvimos la oportunidad de resolver adelantando, desencordados, por el "segundo nevero" y fuera de la línea de caída de escaladores. Esto es así porque íbamos en travesía hacia la izquierda, la huella era dura y profunda, con buena amplitud y perfecta.

El siguiente punto de inflexión llegó en el "vivac de la muerte". Llegamos muy pronto, más de lo que habíamos planeado, y es el momento en el que hay que escalar y perder tiempo en algunas tiradas por la llamada "rampa".
Teníamos dos cordadas delante y se veía, por el ritmo que llevaban, que no iba a ser muy rápida la progresión.
Nacho estaba muy motivado y encendido por lo bien que nos encontrábamos, física y psicológicamente... Y quería continuar.

En mi mente se cruzaba la visión fugaz de un vivac incómodo, en cualquier lugar allí arriba.
Toda la historia de esta montaña indicaba que la mejor repisa para dormir con elegancia es el "vivac de la muerte". La idea de pillar noche no me motivaba y el no haber salido los primeros ese día, para salir en el día, sin tapones que hagan perder el tiempo, nos condenaba a dormir en mitad de la pared.

Todo el mundo, supongo que por el ansia que te provocan lugares tan lúgubres, decidió llegar a lo más alto posible.
Nosotros decidimos preparar el vivac a las 13:00 horas... Beber, cenar y dormir.
Nuestra estrategia era despertarnos frescos y descansados para salir, escalando, de noche.
El resultado fue poder adelantar a todos en la famosa "araña". Salimos enchufados al ensamble desde el final de la "travesía de los Dioses", hasta ponernos debajo del diedro de la derecha.
Muchos metros resueltos con rapidez y dejando atrás a varias cordadas.



Pudimos observar que el vivac que picaron todos fue de "moda". Pequeñas repisas donde apenas podían tener el culo apoyado. Todo cagado y meado.
Nosotros pudimos disfrutar de la historia del alpinismo, con las piernas estiradas.
En la "araña" vinieron nuevos sentimientos. Por un momento pudimos imaginar la lucha por la vida que aquí tuvieron una de las mejores cordadas de nuestro alpinismo nacional. 
Quisimos, por un rato, imaginarlos a nuestro lado.

Si hay algo que caracteriza a esta pared, son las travesías y la búsqueda lógica del itinerario para sortear desplomes y paños de roca descompuesta... siempre siguiendo la menor dificultad posible.
Hay que decir que esta es una norte que debería escalarse en condiciones invernales, asegurando así una rápida progresión y evitando la caída de proyectiles de la zona superior.

Admiro a los primeros por encontrar el itinerario, y hacerlo sin tener cuerdas fijas en estas travesías.
Incluso encontramos chapas en algunas reuniones... Y, por supuesto, buenos "pitonazos" en todos los pasajes difíciles.
Todo esto ha facilitado mucho la ascensión porque, ya que estaban ahí, lo utilizamos. Lo absurdo era no hacerlo.

Ya quedaba poco para llegar al "vivac Corti", otro lugar dramático de la montaña.
Aquí ya empiezas a creer que puedes ser como ellos.
Es una zona donde ya es mejor salir por arriba que por abajo... aunque, en general, esta norte siempre se ha caracterizado por tener una retirada de las épicas. Difícil. Si te toca bajar, tendrás que deshacer el itinerario destrepando y marcar rápeles por sitios desplomados. Abandonar mucho material por la pared y siempre la incertidumbre de encontrar buenos emplazamientos para reuniones.

Unos largos finales, en ensamble, te llevan a cabalgar por la arista que se topa con la "Mittellegi".
Es el momento de acariciar el sol y abandonar la sombra perpetua.
Es el momento de ver las cimas lejanas del Oberland.
Es el momento de observar la vertiente Sur, donde se encuentra el glaciar Concordia.
Es el momento de la emoción, de cerrar ciclos para dar pie a otros.

Una visita fugaz a su cumbre, un intercambio de sonrisas y complicidades entre compañeros de cordada que se han esforzado.
Un momento breve de tranquilidad y relax.
Toda una bajada por delante, con luz suficiente, a buscar el vivac en la pradera. Regresar al lugar donde los mortales siguen con sus vidas cotidianas. Un descenso, estudiado mil veces en las reseñas de Internet, y consultado con amigos que lo han realizado con anterioridad.

Aquellos hombres de vidas y manos curtidas, una generación que vivió la I Guerra Mundial y la miseria que derivó de ella y que, también, fueron testigos de la II Guerra.
Gente muy dura. Por mucho que nos esforcemos, no podremos ser como ellos.
Tendremos que buscar nuestro propio camino.



Al bajar y meterme en el saco, extenuado, solo con ganas de dormir, bajo la claridad de la noche, pensé que las nortes de Alpes también tienen vías de la generación de Bonatti, Piola, Harlin, Loretan.
Pensé que también hay invierno en ellas.
Pensé en las vías de Kurtyka, McIntyre.
Pensé en "el coro"... Zabalza.
Pensé que tenemos toda una vida para visitar y gozar de ellas.
Por eso nacen nuevos ciclos.

Jorge Valle


*Actualización fotos de la escalada de Jorge Valle y Nacho Burgués.


... a los pies del "Ogro"...

... entrada con frontales...


... "vivac de la muerte"...

... la "rampa"...

... "travesía de los Dioses"...




martes, 11 de febrero de 2014

Aiguille du Plan

La Aiguille du Plan pertenece a ése fantástico grupo que llaman "agujas de Chamonix"... podríamos decir que forman una "cordillera" que parece proteger el valle donde se alza la famosa ciudad alpina - también conocida como la "Meca del alpinismo" -.

Cuando se llega a Chamonix - siempre impresiona la primera vez -... nos recibe, ya de lejos, el omnipresente Mont Blanc... y luego según nos adentramos en el valle... ésta muralla que nos impide ver lo que se esconde detrás... historia del alpinismo.


Si bien es cierto que la Aiguille du Midi monopoliza la vista... así de entrada... luego se desvía la mirada hacia la Aiguille du Plan - principalmente por ése glaciar colgado que parece desplegarse, desde la cumbre, como la lengua de una mariposa -.

Seguramente la visión del glaciar y el espolón rocoso que lo sustenta, fueron culpables de que un 19 de julio de 1929... Armand Charlet, P. Dillemann y Jules Simond... realizaran la primera escalada de la ruta que nos ocupa.

La "norte de la aguja del Plan" - así se suele mencionar en las charlas cerveceras, codo bien apoyado en mostrador... donde todo es fácil, sin problemas y veloz -... conoció tiempos en los que su escalada era obligada, sobre todo para los "clásicos" que se guiaban por las "100 de Gaston Rébuffat"; hoy en día quizá ha quedado algo olvidada... algo así como para "coleccionistas".


Al hilo de esto, siempre me pareció que la "posición" de ésta norte... estaba algo descompensada - ocupa el número 69... por delante del espolón Frendo (Aig. du Midi) con el puesto 62, quizá Gaston pensó que la exposición de un itinerario... siempre es un factor a tener en cuenta -.

Cada vez que abría el libro y revisaba los datos, me impresionaba la foto que muestra a un alpinista - ya metido en faena del glaciar colgado - en un hielo sucio, algo negro y granuloso... seguramente acerado; soñaba con estar allí... y ya sabéis que, a veces, los sueños se cumplen.


Siguiendo éste juego de números, tendríamos la norte del Dru... con el 80; la Contamine (Petites Jorasses)... con el 85 - aquí también resulta curiosa la ventaja... aunque quizá debamos pensar en los tiempos que bajar de las Petites Jorasses obligaba a un largo descenso hacia Italia -.

Y ya que estamos... seguimos enumerando el "ranking" del magnífico libro de "las cien"; tenemos a la norte del Triolet... con el puesto 88; norte de las Courtes... con el 94 - quizá también algo elevado en posición -; Walker a las Grandes Jorasses... 97 - demasiado cercano a las Courtes - y la norte de las Droites... con el puesto 99.

Disculpad éste empeño mío en relatar las posiciones de las caras norte, según Rébuffat, pero si no lo hago... reviento.

*APROXIMACIÓN.
Al igual que sucede con todo el grupo de rutas que nacen en el llamado "balcón norte del Plan de la Aiguille"... es decir, toda la base sobre la que se levantan... desde el primer tramo del teleférico de la Aiguille du Midi (Plan de l´Aiguille), hasta Montenvers... bastará con recorrer la horizontal, por vereda marcada, morrenas y pedreras... hasta colocarnos bajo el espolón rocoso que divide el escaso glaciar de Blatière.

En poco más de hora u hora y media, nos encontraremos en la base.


*DESCENSO.
Tendremos dos opciones - bien es cierto que ésta primera que relato será la más usual... aunque la segunda puede venir bien si no conocemos las "tripas" de la muralla, en la vertiente opuesta-.

La arista Midi-Plan - una gran clásica - marcará el camino a seguir... pero a la inversa... Plan-Midi.


Éste itinerario se inauguró un 10 de agosto de 1907... por Geoffrey Whinthrop Young y Josef Knubel; nos llevará entre 3/4 horas alcanzar la Aiguille du Midi - todo ello... esquivando alpinistas de todas las nacionalidades, que luchan en sentido contrario al nuestro... o si nos siguen... es que ya regresan-.

No representa una especial dificultad... que prácticamente se centra en la zona del "Rognon du Plan"; allí tendremos que escalar máximo III+/IV (atlético)... entre restos de cuerdas y gentes que rapelan o destrepan... si acertamos con la "hora punta" aquello será un atasco en toda regla.


La otra opción consiste en descender el glaciar d´Envers du Plan... hasta el refugio Requin (2/3 horas); luego seguir hasta Montenvers (2/3 horas)... y, caso de insistir en seguir andando... Chamonix (1/2 horas).

Éste fue el itinerario para alcanzar la cumbre de la Aiguille du Plan... en julio de 1871... por J. Eccles, Michel y Alphonse Payot.

El terreno a cubrir hasta el refugio será entretenido y, principalmente, habrá que prestar atención y navegar encordados toda la bajada del glaciar - muy agrietado y engañoso al recorrerlo de arriba/abajo -... sin embargo nos permitirá echar un vistazo a toda la zona para posteriores escaladas.


Rescato una anécdota que nos ocurrió durante un curso que organizó el Club Alpino Maliciosa, a finales de los 70... y de nuevo echo mano de uno de los cuadernos espiral, esos que tengo que rebuscar en la troje:

                                                                  .........................

"... tenemos tiempo de sobra, hemos acabado la arista Midi-Plan y los alumnos están contentos; les proponemos - en vez de regresar por el mismo camino a la Aig. du Midi - bajar al refugio Requin a comer algo y luego directos a Chamonix... aceptan - les vendrá bien para mejorar la técnica de navegación  - y en el collado del Plan nos lanzamos por el glaciar.
Todo va perfecto... hasta que tenemos que saltar una grieta de un par de metros - lo suficiente para asustar un tanto - pero nada especial puesto que lo hacemos de arriba hacia abajo; primero uno de nosotros y luego el primer alumno, encordado en medio... ¡joder!... a pesar de haber visto como se hace y luego las explicaciones que le damos... el tío... empieza a andar con determinación y vista fija en el horizonte... hasta que se cae directamente a capón, sin intención alguna de saltar... ¡joder... joder!... "


............................

Bueno, nada ocurrió más que un susto retenido por las cuerdas y luego sacarle de la grieta - el pobre muchacho tampoco entendía que le hizo actuar así -.

La vista del refugio Requin (2516m.), siempre anima a pasar una tarde tranquila... aunque de ahí al glaciar de Tacul y Mer de Glace... todavía quedarán destrepes, escaleras, hitos, puntos de pintura y cosas del estilo "chamoniardo".


*LOGÍSTICA.
Podemos elegir entre dar un tirón con el primer teleférico de la mañana - estación intermedia de Plan de l´Aiguille" -... o subir a la tarde y vivaquear.

Ésta última opción - como siempre - tiene consecuencias... llevar saco o reservar plaza en el refugio privado del Plan (¡importante!).
La escalada debería poder realizarse entre 5 y 8 horas - habrá que añadir la aproximación y el regreso -... siempre y cuando no surjan inconvenientes, que pueden surgir... sin duda alguna; en cualquier caso... también es posible dejar los sacos en el Plan de la Aiguille y recogerlos a la vuelta.

En fin... se hace necesario aligerar la marcha y el peso... que por menos de nada ¡zas!... nos espera otra de las fantásticas "noches toledanas" a las que estamos tan acostumbrados.


*MATERIAL.
+Jgo. fisureros completo.
+Jgo. friends pequeños/medios.
+6/8 anillos+mosquetones.
+4 tornillos hielo.
+Crampones y piolet (recomendable pareja).
+Infiernillo.
+Funda vivac.

*PELIGROS OBJETIVOS Y CONSIDERACIONES SOBRE LA RUTA.
Tenemos ante nosotros una escalada que supera los mil metros de desnivel... repartidos en 400m. de espolón rocoso y 600m. de glaciar colgado.
El grado de dificultad general podemos mantenerlo en D (difícil) máx. IV+/V... y en cuanto al hielo resultará muy difícil evaluarlo hasta no tenerlo delante.
Como dato a tener en cuenta... fijaos que las fotos que aparecen por aquí pertenecen a los años 70, 80 y 2000... con los cambios que sufre el glaciar constantemente.

Un glaciar suspendido siempre es un peligro que espera... ésta es la verdad y así ha de entenderse; la lengua de hielo y nieve se mantiene en movimiento constante, por ello puede ocurrir que se nos presenten superaciones muy verticales, en algunos de los seracs que contiene... o por el contrario podamos zizaguear en ascensión sencilla.

En cualquier caso... tan pronto abandonemos el espolón rocoso... entraremos en el reino del azar; conviene ir rápidos - tanto como sea posible y algo más -.



La linea a seguir en el espolón de roca es intuitiva... solo indicar que va bien entrando a la izquierda y buscando el filo hacia el primer gendarme - entre los cuatro que contiene -; luego buscar a derechas, serpenteando la arista, por el terreno más sencillo posible.

Algo se asemeja al espolón Frendo de la Aiguille du Midi; si se ha encontrado el camino correcto... me parece menor dificultad técnica ésta del Plan. 
Parece fácil ¿no?.

Todo el espolón tiene vivaques posibles y aceptablemente cómodos... el mejor de ellos justo en el lugar donde se funden rocas con hielos.

Existen otras muchas posibilidades... entrando por la derecha o incluso manteniéndose a izquierdas del filo por terreno con trazas de pequeños senderos... en fin... habrá que echar mano de la intuición... mucha.





En éste sector también tengo anotaciones del año que la recorrí:

....................

"... ¡ya estamos liaos!... hemos entrado a la tarde con intención de vivaquear donde nos pille - bueno... tenemos un plan secreto, perfectamente estudiado en el bar con enormes jarras de cerveza en las manos... consiste en hacer ésta vía y luego seguir hacia el pilar del Frêney del Mont Blanc, en plan encadenamiento que vemos es la moda ahora (años 80). Tremendo.
¡Ja!... por alguna razón que desconozco, nos hemos empecinado en seguir el filo de la cresta a toda costa... aquí hay pasos más duros de V+ - ¡nada que ver con la guía! - y nos pilla la noche en una escombrera que escarbamos con los piolets para hacernos hueco; por cierto... que poco antes del amanecer, aparece un francés en solitario... ¡bon jour! - dice el tío y sigue con un ritmo endemoniado -.
Luego... llegamos tarde al glaciar... ufff... caen cosas y nos da miedo; vivaqueamos a media tarde justo en el tramo de arista plano que se estrella contra el hielo, otra noche esperando el amanecer entre ruidos inquietantes.
Entre dos luces salimos... pero nos dividimos; Julio y Luis deciden que no quieren meterse en el laberinto de seracs... así que se lían con una "goulote" a izquierdas que se supone les llevará a las cercanías de la cumbre del Dent du Cocodrile ¡joder... verás tú!.
El resto... tiramos de frente al glaciar y sudamos tinta en algunos sectores taponados por enormes bloques a superar... esto se pone duro de verdad.
Hay que escalar hielo azul... como un montón de cubitos de hielo apilados al azar... mmm... perderemos el teleférico de bajada en la Aig. du Midi... y a estos dos no los vemos ¡jodeeerr!...".


.....................

Las angustias terminaron al día siguiente; nosotros llegamos de noche al teleférico, con tan buena suerte que habilitaron una bajada express por un accidentado... y allí que nos colamos todos los retrasados.
Al día siguiente... ya pasado el mediodía... decidimos avisar a los gendarmes de rescate - Luis y Julio no aparecían y se nos hacía raro -... pero también en el último momento los vimos llegar, arrastrando cuerpos cansados pero felices.
Vamos... lo normal.


Le he pedido a Luis algún recuerdo... y lo revive con mucha más gracia que yo:
.....................

"Aiguille du Plan o la asequible clásica que nos puso al límite.
Comenzamos la escalada pertrechados como para llegar al pilar rocoso, allí vivaquear, y al día siguiente terminar el hielo y seguir hacia la Aiguille du Midi, cruzar la "Valle Blanche" y marchar en busca del Pilar du Frêney.
O sea... que la Aiguille du Plan era una especie de calentamiento... que terminó siendo un calentón.
Iniciamos la roca de aquella manera clásica que decía "ascender por una fisura evidente".
Así nos colocamos a media pared con las últimas luces del atardecer... y vivac en exigua repisa; de buena madrugada pasó un francés a todo trapo, en solitario y sin asegurarse... justo a nuestro lado;la sensación de que nosotros somos como viejos y lentos dinosaurios nos atormenta.
La segunda jornada seguimos por nuestro gran espolón rocoso buscando la ruta evidente, que de esto no tenía nada... nada.
Dimos buena cuenta de éste tramo, depositándonos justo al inicio del glaciar colgado; allí vivaqueamos de nuevo por segunda vez, y a eso de la 1:00 a.m. tembló hasta el misterio gracias a la inversión térmica.
Nos dimos una tregua de dos o tres horas más en los sacos, en espera de que bajara la temperatura.
Iniciamos la tercera jornada en el glaciar, con un hielo duro y una dificultad importante... por evitar exponernos a la posible trayectoria de los seracs; esto último dio lugar a dos posibles rutas para continuar la ascensión - ¿solución? - nos separamos en dos grupos... Carlos Gallego, Jose Carlos Arenal y Sergio del Moral, por un lado. Julio Pérez y Luis del Mazo, por otro.
A partir de aquí resultó que un grupo llevaba la comida y el otro gas... o lo que es lo mismo... todos pasamos hambre y sed.
De ésta jornada solo puedo dar fe de lo ocurrido a Julio y Luis.
Rompimos las hojas de un piolet... cada uno; así pues convinimos que el primero escalara con los piolets "buenos", y el segundo lo hiciera con los "malos" - los rotos -.
Así fue transcurriendo la ascensión entre un caos de seracs, que terminó llevando nuestros pasos hasta la cumbre donde vivaqueamos sobre la nieve. 
De la cena ni hablamos... tubo de leche condensada para dos.
A la mañana siguiente iniciamos la travesía hasta la Aiguille du Midi, aprovechando a beber en los huecos de las rocas donde lo hacen los pajaritos.
Así, dando tumbos, llegamos al teleférico y posteriormente al camping; serían las 15:00 o 16:00 p.m cuando arribamos a nuestra tienda.
Olla de macarrones hasta arriba y a dormir... hasta el siguiente día por la tarde.
No te puedes echar cuentas de un croquis hecho por un francés de la Francia".
.....................





Finalizamos el artículo con algunas fotos curiosas de ésta magnífica norte... por ejemplo del descenso invernal en "snowboard" - rápel incluido en un sector de la barrera de seracs -...


O ésta otra de mi buen amigo Miguel Ángel Vidal, en plenos años heroicos... castigado de cara a un muro rebelde... con un equipo a la última... tremendo...


Y por último... una toma general - más cercana - del sector que acoge la Aiguille du Plan... una escalada que siempre se consideró imprescindible, algo olvidada hoy en día, pero que sugiero se revise al alza... puede que, bien gestionada en el momento oportuno, nos depare momentos inolvidables.

Y si no... le preguntáis a Luis... por el itinerario evidente.




Agradecimientos a Rémi Thivel... Julien Herry... Camptocamp (Alpineis)... Jeroen Vels.