Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


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martes, 1 de abril de 2025

Carlos Suárez... la pasión.

" No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña, nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, 
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas".

(Poema apócrifo atribuido a Walt Whitman)


Han pasado catorce años desde que Carlos escribiera sentimientos y pasiones que le perseguían desde que llegó al mundo.
Hoy, recién estrenada la primavera, me llegan noticias sobre su partida de este mismo mundo... donde vivió con poderosa actitud.
Desde la dehesa castellana que habito, contemplo la línea de nieve, blanca en exceso, que divide la Sierra del Cabezo, a media altura... del valle del Tiétar; más allá queda el Gredos salvaje que también blanquea con fuerza. 
Entonces me alcanzan recuerdos.

Un invierno de los años 90 nevó por los Alpes "chamoniardos" lo que no está escrito. Una semana sin salir de la  casa/rodante, lo que vienen llamando "mobil home" en el camping de "les Rossières".
Por allí apareció Carlos, aburrido y tristorro, más solo que la una y al que invitamos unos cuantos días a comer, cenar e interminables partidas de parchís.
A duras penas pudimos llegar a Ginebra, para dejar en el aeropuerto a una parte de la familia que me acompañaba; y continuar, Carlos y yo, un viaje por carretera de los de recordar.

Una semana de encierro da para mucho y allí hablamos de pasiones, riesgos, materiales, revistas, deseos cumplidos y por cumplir.

En su libro, que amablemente me dedicó, desgrana la filosofía que imprimió a su vida... sus compañeros de viaje y aventuras, y los sueños que soñó soñar.


De su historial y recorrido por las montañas de la Tierra, hay poco que decir... bastará con teclear donde "no ha estado" y revisar su "carrerón" impresionante.

No tuvimos oportunidad de escalar juntos, así son las cosas cuando el azar así lo decide... Pero sí tuvimos oportunidad de reír y "gamberrear" por el Pirineo, cuando un amigo común, nos invitó a su boda en el Parador de Artíes y allí... allí disfrutamos de lo lindo ¡sin escalar!

Un fuerte abrazo, Carlos, allá donde te encuentres.



jueves, 5 de noviembre de 2020

El checo de la guitarra


Escribí esta historia un 12 de octubre del 2016 y hoy la recupero íntegra, con la única salvedad que hoy no cae "sirimiri lento" y llueve a cántaros, como si nunca hubiera o hubiese llovido.
Ahí va:

Un sirimiri lento, a velocidad similar que la placidez me invade, inunda la dehesa castellana con olores a tierra mojada.
Entonces ¡zas! regresan a la memoria cosas que uno olvidó... Desconozco la razón, pero esto suele ocurrir a los de mi quinta, que la cosa pudiera ser por la cantidad de recuerdos que se agolpan en los cajones del cerebro.
El caso es que, no sé por qué, entro en el fichero de fotos y ¡zas! aparece una del Dru... Sí, ese centinela que vigila la entrada a los Alpes "chamoniardos" y que a mí, personalmente, siempre me recuerda a un monje con su austera túnica ocre... Uno de esos que retrata Umberto Eco en "El nombre de la rosa".

Total, una cosa lleva a la otra... Entonces, vuelvo a recordar una imágen que no he vuelto a ver, pero quedó fijada en la memoria: se trata de un tipo, con una guitarra, sentado -no recuerdo si en una repisa o hamaca- y que estuvo encaramado durante 18 (dieciocho) días, en el fantástico oceano granítico del Dru.
Creo recordar que vi esa foto en alguna publicación, física... por supuesto, en aquellos años, esto de las redes estaba por inventar.
Era un tipo que siempre viajaba con su guitarra... Bueno, también escalaba con ella.
Ocurrió en el año 1975.

Thomas Gross, un checo cercano a los dos metros de altura, desconocido... aunque no recién llegado a esto del alpinismo, mantuvo en vilo a Chamonix y la comunidad escaladora de la época.
Durante sus noches de "concierto", debió pensar que instalar algunos "bolts" ¡palabra maldita! no vendría mal para seguir asegurando la vida... Y continuar tocando el instrumento de cuerdas.
El caso es que durante aquella escalada instaló 68 (sesenta y ocho) anclajes fijos, de los de hacer agujero: ¿tornillo? ¿buril? ¿spit? Recordad que estamos en el 75.
Bueno... Le llovieron críticas por semejante "ignominia", poco vista en aquellos tiempos.

Gross siempre fue "algo diferente" al resto de la comunidad alpinista de la época; una especie de bohemio que dejaba huella.
El invierno de 1973 realizó, junto con Edgar Oberson, la primera repetición invernal de la ruta Gogna/Cerutti al Matterhorn... Sí, el Cervino ese.
La cosa debió ponerse fea porque fueron rescatados de la cumbre por el helicóptero de salvamento.

En 1977 -un par de años después de su solitaria al Dru- también dio que hablar en EEUU. Realizó la primera solitaria invernal a la ruta que inauguraran Layton Kor -una leyenda americana- y Wayne Goss, en Longs Peak (Colorado)... Estuvo 13 (trece) días en pared.
Cuenta la historia que, durante años, permaneció en pie una plataforma de madera, al modo de hamaca, que se construyó para los vivaques... Seguramente acompañado de su inseparable guitarra.

Pero la historia más enigmática sucedió en 1981... También en invierno, claro.
Al más puro estilo de las novelas de Agata Christie, nuestro hombre apareció en el santuario Nanda Devi (Himalaya), posiblemente con la intención de escalar la vertiente que por allí ofrece el Changabang... Sí, la pirámide esa.
Para acceder a ese lugar se hacía necesario recorrer la garganta del Rishi Ganga, un lugar que, en invierno, resultaba "imposible" atravesar.
La historia cuenta que el tal Thomas Gross consiguió sobrevivir en el santuario, solo... y alimentándose de los restos de comida que robaba a los buitres.

La ¿leyenda? también cuenta que, unos años antes (1965), una expedición indo americana instaló un dispositivo espía en algún lugar cercano al santuario. También se cuenta que años después, justo cuando nuestro hombre aparece por el lugar, otras gentes que lograron salir de allí antes de la llegada de las nieves... murieron en extraños accidentes o desaparecieron misteriosamente.

Nuestro hombre, seguramente con su guitarra y cansado de tanta soledad, logró descender el Rishi Ganga. Así se convirtió en el primer ser humano, del que se tenga conocimiento, en realizar tal recorrido invernal.
El caso es que Thomas Gross regresó a Goa (India) y allí se vio envuelto en un turbio asunto de triple asesinato entre un grupo jipi... Sí, "hippies" de esos.

Por alguna razón, renunció a su nacionalidad checa y le fue concedida, en cuestión de días ¡raro, raro, raro! la ciudadanía suiza.

La "Operación Nanda Devi", así consta en algunos documentos oficiales americanos, se encabeza como "Blue Mountain"... y, a un tal Thomas, se le da el nombre clave de "Blue Eagle"... ¡Decidme que no es emocionante!

Lo cierto es que la ruta que inauguró en el Dru, aquel checo con su guitarra, en 1975, fue barrida en los primeros desprendimientos que sufrió el pétreo centinela que guarda la entrada a Chamonix... Esto sería sobre 1997; así ya se dejó de hablar sobre los "bolts" del checo.

A Thomas Gross se lo tragó la Tierra, allá por 1982... Y nadie sabe "ande andará".

Ahí va un vídeo (gracias a Jaume Robles que lo recuperó) donde aparece nuestro checo, entre otras promesas del alpinismo: Las invernales (1974) 


miércoles, 2 de septiembre de 2020

Salvador Rivas... el botánico alpinista


Salvador Rivas... el botánico alpinista, nos ha dejado con la misma discreción que vivió.
Académico y alpinista ¡total na! Su historial completo, profesional y alpino, podréis revisarlo solo con teclear su nombre.
No puedo quedarme sin comentar algunas de sus muchas actividades alpinas, que ya forman parte de la Historia: La gran "clasicorra" de la Aguja Negra (Galayos), conocida como la "Oeste", con Pedro Acuña y Francisco Brasas, en 1957. O la "Rivas/Acuña" a la Punta Mª Luisa, también en Galayos. Sin olvidar otra "Rivas/Acuña", ésta vez al Risco del Pájaro o Pinganillo, en Pedriza (Sierra de Guadarrama). 
Su participación en la bien conocida "expedición española a los Andes del Perú" en 1961... donde perdió la partida su amigo Acuña, tras inaugurar la ruta por la arista NE del Huascarán Sur. Expediciones al Cáucaso, Himalaya, Alaska...
De su historial académico: Catedrático de Botánica (Madrid y Barcelona), Premio Nacional de la Sociedad Geográfica Española (2013), Director del Real Jardín Botánico de Madrid... Y un extenso currículum que, los medios académicos, se encargarán de revivir.  

La historia que deseo contar ocurrió un verano de los años 80, en un Circo de Gredos sin domesticar.
Hasta entonces, todo lo que no llegara a una cumbre se consideraba contrafuerte y aquello comenzó a cambiar cuando, guardeses del refugio Elola, otros incondicionales de la escalada clásica "moderna" de la época y amantes de la soledad, se fijaron en paredes que no recibían visitas desde el origen de la Tierra.

Entre aquellas rutas, siempre quedó en la memoria una que tuvo anécdotas varias: la "Vía de los Ajos" en las paredes que caen del Cuchillar de Cerraillos, de las más altas de la derecha y que bautizamos como "pared de la izquierda"... No sé, pero un día, vimos dibujado algo que estuvo dibujado durante milenios: una placa, en lo que sería la última tirada... y que nombramos como la "placa del dos".


Inauguramos aquella ruta, un verano de los 80, Miguel Ángel Vidal y el que escribe. Nos llevó en torno a ocho horas superar aquel frontón de roca en el que nunca nos fijamos, excepto cuando colgaban hielos.
Recuerdo, como si fuera hoy, aquella última tirada bajo un bloque inestable... colocando clavos que saltaban según instalaba el siguiente... lo que viene siendo una laja expansiva. Años después Miguel tiró aquel cascote con un gato... y subió la dificultad algún "gradito". También se encargaron, los "modernos", de "enderezar" la vía, colocando algunos seguros expansivos, evitando así una magnífica y aérea travesía a derechas, que luego retomaba camino a la "placa del dos".
Los grados de dificultad, que muestra el dibujo, pertenecen a los "ochenteros"... Así pues ¡reclamaciones al maestro armero!
Allí descubrimos, limpiando fisuras, unas plantas que poseían bulbos estilo ajetes, blancos, pequeños y vistosos... Así nació la "vía de los Ajos"... Y ésta es la receta:

Sartén de hierro, caliente sin abrasar, y cucharadita de aceite español: virgen extra o similar. Bien de ajetes, fileteados ¡no picoteados! a saltear sin quemar y al punto de dorar. Dos huevos, mejor tres, batidos con alegría... en plato hondo y con tenedor de pincho largo, por separado clara y yema... para que aumente; sal en escamas o algo gorda ¡sin pasarse! y esperar minutos a disolver.
Un revuelto ¡sin cuajar! y pizca de orégano al final.
Acompañar con vasito de vino y pan de hogaza que, por aquellos años, Careto y Lazano, los potentes caballos que abastecían el refugio Elola, cargaban a sus lomos anchos y brillantes de sudor.

Luego, apareció un amante de flores y plantas que, prismáticos a mano, nos rogó... a punto de arrodillarse, que bajáramos muestras de otro endemismo "gredense": 

-¿Qué?
-Sí, "Boca de Dragón". Mirad, ése matojo de campanillas blancas que luchan por salir de las grietas.

Y así, por dar gusto, también abrimos el diedro a la derecha de la vía original, por cierto poco o nada repetido.
Bajamos al entusiasta de flores y plantas, un par de ejemplares de lo que los expertos llaman "Antirrhinum grossi" ¡total na!

Así, después de trepar a lugares altos, unas veces a la búsqueda de los "ajos" que esconden las plantas más alpinas de Gredos, y otras para recolectar "Dragones", se celebraban en el Circo de Gredos nuevas aperturas de rutas allá por los años 80... Cuando todo era diferente, ni mejor ni peor... solo diferente.

No recuerdo exactamente cuando Salvador Rivas y su hijo que, seguramente por edad y frescura de memoria, podría recordar más que nosotros, aparecieron por el Circo de Gredos sin planes definidos.
Charlamos a la cena y mostramos un croquis, reflejado en el libro del refugio, como "Vía de los Ajos" que abrimos pocos días antes.
Salvador nos miró fijamente a los ojos y preguntó si la cosa era aceptablemente amable... ¡Sí! contestamos Miguel y yo, al unísono... convencidos de la maestría de la cordada.

Y así fue como Salvador y su hijo, en un horario similar al de la apertura, realizaron la primera repetición de la ruta ¡y por el itinerario original!
Regresaron contentos, como nosotros al verlos evolucionar durante toda la jornada por aquel muro... Y luego, seguramente, bebimos cerveza sin piedad... Seguramente.
Ésa vía también les pertenece.

Así ocurrió y así lo cuento.
Un abrazo, Salvador, allá donde te encuentres; Otro para su hijo, familia y amigos.

lunes, 10 de febrero de 2020

Macario... El guardián de los Galayos

"Gracias, Compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices
Que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan solo basta
Como testigo irrefutable
De toda la nobleza humana"
(Luis Cernuda)

Macario Blázquez (8 diciembre 1929 - 4 febrero 2020)

Cierro los ojos y aparecen, nítidos, mis primeros recuerdos de Macario.

Sería una Alta Ruta organizada por el Club Alpino Maliciosa (Madrid) allá por 1979... Un autobús que descarga montonera de gente a la entrada del bar "El Galayar", siempre "Casa Macario", y que se esparce por el salón, separado de la barra por un cierre de chapa, todos a la búsqueda de lugar para estirar los sacos de dormir... Los de Arenas de San Pedro ¡por aquello de vivir cerca y llegar antes! directos al pequeño escenario de madera, más aislado del suelo y que se utiliza para representaciones, eventos... El resto de la muchachada al pavimento de terrazo.
Mientras unos encienden el infiernillo de gas para una cena caliente, otros se lían con la tortilla de patata y pimientos fritos... Algunos ya roncan como posesos.
Macario nos observa con ésa sonrisilla suya que ofrece más calor que todo el abrigo que llevamos.
Habrá que madrugar o ¿será trasnochar? no estoy seguro...  Macario estará el primero, tras la barra, con la máquina de café preparada para todo aquel que quiera meter algo caliente al cuerpo.
Luego vendrá un buen paseo con las "tablas" al hombro... hasta la Mira... y los Campanarios... y el Prado de las Pozas ¡y los Barrerones! ¿Pero qué invierno es éste?
Me imagino a Macario, pensando... mientras arregla el desaguisado de local que le hemos preparado: ¡Son buenos chicos!

¡Y los huevos fritos con patatas de Remedios! Su mujer y compañera de toda una vida... Siempre dispuesta cuando Macario se asomaba a la cocina y pedía "algo para los muchachos que vienen cansinos". Sin horario.

En un artículo de éste blog, dedicado al Cervunal... la magnífica montaña que protege Guisando, ya relato una buena historia de Macario, que ocurría cuando desaparecían hielos y nieves, y las cabras regresaban a las alturas buscando pasto nuevo.

"La línea natural de la pared (canal clásica), seguramente reconocida y visitada en verano por los cabreros Guisanderos, que siempre fueron valientes y se atrevían a buscar pasos imposibles... unas veces por ayudar a su rebaño perdido, y otras simplemente por curiosidad.
Esto no lo digo por intuición, que también, y sí por el recuerdo de una charla con Julio Blázquez, hijo del gran Macario, que tras regresar juntos de una escalada galayera y la pereza que me suponía volver a la ciudad, decidimos pasar una buena parte de la noche tórrida que se nos vino encima... tomando cerveza helada con un buen surtido de embutidos caseros, en la terraza del bar que siempre regentó Macario en Guisando. Siempre vigilados por una luna llena que permitía dibujar en el aire la silueta de los Galayos... ¡Ayyyy... Qué bien se vive cuando se vive bien!... eso siempre decía mi padre.

Bueno, a lo que vamos, el caso es que Julio me contaba que su padre siempre encontró paso, de lado a lado, de ésa muralla, entre otros itinerarios uno que resultaba sorprendente: atravesaba con sus alpargatas recauchutadas, justo por la base donde comienza la cascada de la Dama o Señora, hasta alcanzar la canal clásica que ahora nos ocupa. Esto, os lo puedo asegurar sin que me tiemble la voz, no es tarea fácil, sobre todo teniendo en cuenta el equipamiento del cabrero... y la circunstancia de que, en ocasiones, portaba a hombros algún cabritillo enriscado"  

También me contaba Julio cuando Macario colocó una plomada, para visualizar el avance de aquellos dos gigantescos cuernos de roca... esos que se vencían sobre el comienzo de la "Apretura", siempre tan descarnada y que, años después, terminaron por arrasar hasta el cruce que se desvía hacia las "zetas". También desaparecieron los más de "ciento" escalones que, pacientemente y durante años, montaba y reparaba... en todo ése tramo, para facilitar la subida ¡a los demás!

Recuerdo las tardes del viernes, tomando unas cervezas antes de ir a dormir a la Plataforma:
-¡Tomaros otro! Y ya estaba el botellín abierto, encima del mostrador... antes de acabar el anterior.
Invitación de casa Macario.
Charlas sin prisa, cuando nos contaba las caminatas que se metían, de jóvenes, para llegar a otros pueblos en fiestas... Con un hatillo de ropa limpia ¡para el baile!
Y siempre preocupado porque los montañeros no tenían ayuda suficiente.

Me alcanzan más recuerdos según escribo éstas líneas. Julio, de nuevo, me contaba anécdotas con su padre, sobre los Riscos de los Guindales... Y las relaté en la web de Viaclásica:

"-¿Fuiste a los Guindales?
  -Sí, allí estuve con mi padre.-Respondía un Julito con apenas 10 años.
  -Entonces ¿traerás guindas?-Le contestaban, socarronamente, los viejos cabreros.
  -No había guindas en los Guindales.
  -¡Tú verás, no miraste bien!

Y allí quedaba Julio, pensativo, mientras su padre... el gran Macario, le miraba de reojo y aquellos cabreros de piel curtida, manos enormes y ojos chispeantes, se liaban un cigarrillo bajo el Risco del Enebro."

Juez de Paz y Alcalde en su pueblo de Guisando, Cabrero y Posadero, Guarda del Refugio Victory en los Galayos, Rescatador y Guía de Montaña, Medalla de Honor de la FEM (Federación Española de Montañismo), miembro de Honor del GAME (Grupo de Alta Montaña Español) y del GAM (Grupo de Alta Montaña) de la RSEA Peñalara (Real Sociedad Española de Alpinismo)... Y más que me olvido.

¡Ah! y en Sartajada, a los pies de la Sierra de San Vicente, pueblo de la vega en el valle del río Tiétar, todavía quedaba gente de su quinta, hasta hace unos años, que recordaba su nombre y procedencia, cuando bajaba de su territorio a la "Dehesa del Moro"... acompañando rebaños en busca de pasto.

Todos los honores son pocos, Macario... el guardián de los Galayos, estoy convencido, agradecía con cariño y humildad todo aquello... Pero sus ojos siempre brillaban diferente cuando contemplaba el Galayar, y a los montañeros que coloreaban la eterna cuesta del "Carril" hasta los chorros de agua fresca que se encargó de apañar: "Fuente del Amanecer" y la otra, más alta, que lleva su nombre como "Fuente Macario".

A su mujer "Reme", sus hijos -Julio, con quien me une amistad, y hereda la mirada de su padre- nietos, familia y amigos, estad tranquilos... Macario navega desde las nieblas bajas a los vientos altos, sorteando pinos, piornos y pedreras, entre cumbres, agujas, crestas y canales del Galayar... siempre dispuesto a "echar una mano".
En ésa brisa, del amanecer que acuarela el granito cimero de Galayos, y gusta sentir en la cara... en ésa brisa viaja Macario.
No estamos solos.



Foto de Macario Blázquez:  Ángel Pablo Corral

jueves, 26 de julio de 2018

Cenizas al viento I


Pintalo todo de negro
Cuando busques una luz
Restos de clavos ardiendo
Interminable cielo azul
Marineros del destierro
No dejéis de navegar
Por los que se fueron pero están.

(La M.O.D.A.- "Nubes negras" La primavera del invierno)

Alpes. Cervino.

Nos arrasa un viento rastrero que dispara cristales de hielo duro, como granizado, en una mezcla que también trae granos de arena del camino que nos sustenta. Sí, yacemos en un camino bien marcado, al lado de un cascote que algo protege de los vientos feroces... y erráticos... que se aseguran ofrecernos mala noche.

Algo más de mil seiscientos kilómetros de una tirada, de las de parar a repostar y mear, desde la dehesa castellana que habito, hasta Täsch... el último punto donde aparcar y tomar el tren a Zermatt, la ciudad sin coches de combustión, repleta de carros eléctricos y calesas de percherones... el lugar donde solo es posible vivir si la cuenta bancaria, la personal, está dotada de vil metal, eso sí, cualquier vil metal.

Nuestra misión consiste en cumplir con el deseo, para nosotros un deber, de la compañera de Gaspar Muñoz... un alpinista visionario y excesivo, que no pudo aguantar el envite de un accidente en carretera ¡lo que son las cosas!... Ya os contaré cosas de Gaspar, cuando encuentre palabras.


 "Toma, Carlos, las cenizas de Gaspar... espárcelas por esas nortes de los Alpes que siempre soñó contigo".

¡Joder!

Una semana antes, solo una semana antes, de la muerte de Gaspar, comimos juntos, todos... también con su "niña" de pocos meses, en la dehesa castellana que habito... preparando la salida invernal a la Norte del Cervino... Solo una semana antes de que sonara el maldito teléfono que anunciaba cambios.

A Gabi -Gabriel Martín, el acompañante que quiso estar- se le vuela la colchoneta y un guante, ya en noche cerrada, rendidos ante la evidencia de no alcanzar el refugio Hörnli. La tormenta, allí... en un camino, alcanza dimensiones importantes y nos impide avanzar o retroceder. Tremendo.

Vestidos, sin saco de dormir y con la protección de la funda de vivac, logramos mantenernos junto al suelo, sin levantar vuelo, aunque los vientos se empeñan en zarandearnos como banderolas ¡joder! la de cosas que uno tiene que ver por las montañas de la Tierra.
Pero bueno, nos abrazamos como amantes "pecho espalda" y aguantamos el envite.

Amanece como anocheció.

Salimos de allí como alma que se lleva el diablo y alcanzamos, todo esto en un camino bien marcado, un lugar y un momento más amables que nos permiten depositar las cenizas de Gaspar bajo un cascote.
Allí quedaron, a los pies de Cervino... "la escombrera maravillosa", todo lo que no se llevó el viento.

Dieciséis horas más tarde estamos, de nuevo, en la dehesa castellana... con un solecito invernal que da gusto.


Gaspar ya es libre.

Continuará en Cenizas al viento II. Andes (Patagonia), Circo de los Altares...

lunes, 30 de abril de 2018

El póster.


... el póster...

Cuentan que serían las seis de la tarde de un 24 de septiembre de 1975, cuando Doug Scott tomó la foto de su compañero Dougal Haston, en la cima del Everest.
La expedición que lideraba Chris Bonington había conseguido colocar en la cumbre a estos dos alpinistas, por una nueva ruta que surcaba la vertiente Sur Oeste... una línea que abría una puerta a la escalada de dificultad en el Himalaya. Cierto que en estilo pesado y con oxígeno embotellado, pero ¡menuda linea!.

De Doug Scott ya hablaremos en otro momento, que tiene lo suyo... pero es más conocido que el tal Duncan Curdy McSporran Haston... recordado como Dougal Haston.

Dougal pertenecía a ésa generación del "hard way"... tipos como Don Whillans, Robin Smith, Jimmy Marshall.
Nació en Escocia en 1940 y allí comenzó su andadura en esto del alpinismo.

Su historial es corto pero intenso... en poco más de una década, desde 1959 hasta su muerte en 1977, se hizo con un listado de montañas impresionante, siempre al "hard way": Directa Harlin al Eiger (invierno 1966) donde se recordará, siempre, el fatal accidente de John Harlin... ése alpinista tipo "actor americano" que dejó huella en Europa por sus escaladas en los Alpes.
Participó en casi todas las expediciones británicas que Chris Bonington organizó en el Himalaya (desde 1970 hasta la exitosa de la pared SO del Everest... ésta que nos ocupa). En aquella primera expedición de 1970, consigue junto con Don Whillans, la pared Sur del Annapurna.
En 1974 llega el turno del Changabang... Primera ascensión de ésta magnífica montaña, con Bonington, Doug Scott, Martin Boysen y Chewang Tachei.
En 1976, de nuevo con Doug Scott, inauguran en un impecable estilo alpino, una nueva linea en el Denali (Alaska)... La leyenda estaba en marcha.

Sus primeros años de vida estuvieron siempre ligados a Currie, su lugar de nacimiento, un suburbio cercano a Edinburgo (Escocia); abandonó los estudios pero gustó de estudiar filosofía, sin acabar la tarea, y se convirtió en un incondicional de Nietzsche... algo que, de alguna forma, marcaría su personalidad.
Al igual que a Don Whillans, al que sus amigos apodaron "el villano"... a Dougal le definían, sin complejos, como "evil bastard". La traducción es cosa vuestra.
Sus amigos le recuerdan por gamberradas y peleas -solía llevar, en el bolsillo, un mosquetón para usarlo en plan "puño americano"-... Y beber, mucho.
Uno de esos días de alcohol, una noche de abril de 1965, tomó su furgoneta y no vio a un peatón... un muchacho de 18 años que murió días más tarde. Por este hecho, pasó dos meses en la cárcel de Edimburgo... llevaría esta carga toda su vida y sus más cercanos siempre comentaron que buscaba redimir su culpa.

Buscando mejorar su vida, se trasladó a Suiza... pero allí, en la localidad de Leysin, se hizo asiduo del "Club Vagabond Bar"... Tampoco traduzco.
A la muerte de John Harlin, en el Eiger, y director por aquel entonces de la "Escuela Internacional de Montañismo de Leysin", Dougal tomó el relevo.

Escribió un par de libros: "In high places" y "Calculated risk", éste último lo acabó unos días antes de su muerte... como una premonición del fin de sus días.
Una mañana del mes de enero de 1977, ignorando el alto nivel de avalanchas en la estación suiza de La Riondaz, cercana a Leysin... Dougal marcó dos amplios giros en una ladera que debió sentir como mágica, por esa luz y brillos de la nieve polvo que nos confunde... La avalancha le sepultó.

Dougal Haston fue enterrado en el cementerio de Leysin (Suiza)... Su tumba no tiene nombre ni fechas... solo un número.


De aquella imagen en la cumbre del Everest -el póster del que os quería hablar- queda en la historia el terrible vivaque, al descenso tardío, que se marcaron -posiblemente entre los más altos de la historia del alpinismo- a 8.750 metros de altitud... ya sin oxígeno embotellado ni sacos de dormir, lo que viene siendo "a pelo"... es decir, con lo puesto. Todo en un agujero cavado en la nieve.
Seguramente, Dough Scott estará eternamente agradecido a Dougal cuando éste le permitió colocar sus pies desnudos, insensibles, en ése hueco tan calentito que damos en llamar sobaco.

Allí, a la espera de la madrugada, "viajaron" por espacios difíciles de soñar. Sí, ya sé que algunos piensan que eso son cosas de gentes raras... pero no... yo también lo puedo asegurar.

De aquella llegada a la cumbre del Everest, en ésa tarde tardía... traduzco una reflexión de Doug Scott sobre sentimientos:

"Recorrimos, uno al lado del otro, los últimos metros hasta la cumbre, llegando juntos al lugar donde contemplar el mundo a los pies. Ésa cumbre todo lo fue y fue más que una cumbre.
Mi reticente y habitual compañero se convirtió en un ser abierto, una sonrisa de felicidad rasgó su cara y allí permanecimos, sosteniéndonos, y rompiendo nuestras espaldas a manotazos" 

A lo que vamos. Ése póster que no recuerdo de donde salió -pudiera ser de un "Paris Match" de la época... con su grapa central de portada interior... pudiera ser. Pudiera ser, incluso, que perteneciera a una peluquería del barrio de Tetuán (Madrid) donde mi madre encontaba "joyas" de éste tipo... pudiera ser-.
Ése póster estuvo sujeto, con seis chinchetas, en la pared de mi habitación, a un lado de la cama... para soñarlo con solo girar la cabeza.

El toque azulón de la imagen que dramatiza el momento de llegada a cumbre, tan tarde, mientras el mundo resulta ajeno a dos tipos que luchan por sobrevivir... eso... eso todavía me persigue.

Suerte y luego ya... que sea lo que tenga que ser.

viernes, 26 de enero de 2018

Miss Hawley... Notaria del Himalaya

Elizabeth Hawley (9 noviembre 1923 - 26 enero 2018)

Nos alcanza la noticia del fallecimiento de "Miss Hawley"... Notaria del Himalaya.


Se avivan recuerdos, propios y tristes, que se suman a la muerte de ésta mujer que durante décadas ha recopilado verdades y mentiras sobre las ascensiones en el Himalaya.
Una de las cosas, entre otras muchas, que honran su trayectoria es la definición que en The Himalayan Database -su enorme obra de consulta imprescindible- se utiliza para las ascensiones/escaladas que no están demostradas o sobre las que existen dudas razonables: "disputed".

Un día de invierno del año 2007, perdimos a Guillermo Mateo en el Ama Dablam -ya relaté aquel suceso en la revista Desnivel nº 373 julio/agosto 2017-... Miss Hawley vino al hotel donde nos alojábamos en Kathmandu, acompañada de su chófer y ayudante... a bordo de su famoso Volkswagen "escarabajo" color azul pálido.

... Desnivel nº 373...

Así lo recuerdo:

"Desciendo los escalones de entrada al hotel para recibir a una mujer "pequeña" y con cierto aire inglés.
El chófer abre la puerta y ofrece su mano a Miss Hawley.
Tan pronto estoy a su lado, me toma del brazo y se interesa por nuestro estado de ánimo -ya conoce el desenlace de nuestra escalada-.

En el vestíbulo del hotel, ofrecemos un té o café que, gentilmente, rehúsa.

Aprieta, bajo el brazo, un par de carpetas y un blog de notas... nada más.



Se interesa por la escalada, el estilo y componentes del equipo. Me pregunta si Guillermo hizo cumbre y contesto que sí... Nosotros le vimos alto desde nuestra posición, descendiendo del campo 3... Y los amigos, desde el campo base, vieron su llegada a la cima... Y posterior caída al descenso.

Me pregunta por qué Guillermo insistió en seguir solo... Respondo que, quizá, estaba seguro de su "protección". Miss Hawley hace un gesto, ladeando la cabeza, y me pregunta si Guillermo practicaba alguna religión.
Contestar me resulta algo embarazoso -no sé por qué... pero me resulta-... Respondo que, según creo, estaba ligado al budismo.
Asiente con un breve gesto y murmura, con cierta tristeza: "karma".



Miss Hawley toma notas y consulta otras, antes de volver a preguntar.

-¿Por qué no insistir a cumbre tras la desaparición de Guillermo?.
Me vuelve a sorprender la pregunta... pero contesto:
-Perdimos interés y motivación.

Entrego a Miss Hawley una copia del papel que, allí en el campo base, tuvimos que redactar para las autoridades de Nepal, un papeleo tremendo, sumidos en la tristeza.



Terminado el "interrogatorio" la charla continúa por unos minutos con temas intrascendentes y amables.

Acompaño a Miss Hawley hasta el coche; allí espera, con la puerta abierta, su eterno ayudante.

Me despido al estilo "caballero inglés"... besando su mano y agradeciendo su visita... Miss Hawley sonríe con un "Thank you".

Esto ocurrió un mes de enero del año 2007".


miércoles, 3 de mayo de 2017

Ueli Steck... el veloz.

Ueli, el veloz, nació en un cantón suizo con nombre de queso -Emmental- un mes de octubre del 76... Muchos, entre los que me encuentro, no recordaremos si fue un otoño diferente al resto de otoños que asolaron la Tierra.
Lluvioso o no, lo cierto es que llegó al mundo una nueva posibilidad de mejorar.


Ahora empezará una batalla mediática sobre el "mejor alpinista" del mundo... El "más rápido" que criticaban los muchos que no avanzan... El "polémico" que algunos dicen que no hizo lo que hizo... El que "no encendió" GPS para marcar cima... El que no puso morritos para un "selfie" de cumbre... El que comenzaba antes del amanecer y regresaba al mediodía... El que comenzaba al mediodía y regresaba al amanecer... El que, así lo recuerdan sus amigos y aquellos que le conocieron, ofrecía generosidad sin nada pedir... El que no renunció a mejorar vidas y muertes ajenas ¿se puede mejorar una muerte ajena? Por supuesto.

También escucharemos a los que nunca supieron de sufrimiento, pero hablarán de "historia" que les contaron otros que tampoco supieron... ya se encargarán los "medios" de mediar con el asunto... incluso algunos "cobrarán" por echar mano de la información que no cobra.
Aguantaremos a los que "ofertan" datos que datan de datos lejanos, desde un sofá... así es la cosa.

Los visionarios no siempre sobreviven.

Hoy, una plácida tarde noche, de los inicios del mes de mayo... con un sol rastrero que busca huecos entre las encinas de la dehesa castellana, antes de esconderse al Oeste... siempre al Oeste... marcando el aire con mosquitos que revolotean a contraluz... hoy, ya realizadas tareas, me da por pensar.

Ueli, perteneciente a la cosecha alpina del siglo XXI, no necesita presentación... si alguien no sabe, y quiere saber, seguro encuentra "curriculum vitae".

A los alpinistas de mi generación, lejana en exceso, quizá pueda recordarnos aquella década prodigiosa de los años 80.
Bueno, lo cierto es que aquellos años representaron la historia más dura del alpinismo.

Hombres y mujeres, de aquí y allá, jóvenes y espléndidos, estuvieron dispuestos a crear un nuevo estilo en las paredes de las montañas de la Tierra.
Alto, rápido y ligero.

Se acometían paredes inmensas a montañas lejanas. Aquellos alpinistas cargaban mochilas y se despedían del mundo... en dúos, tríos o grupos escasos. Solo se sabía de ellos cuando regresaban al bar... luego ya los medios -que no "los medios"- relataban aquellas aventuras, con pocas fotos en blanco y negro, donde aparecían hombres y mujeres con piel quemada y ojos brillantes.
Muchos no regresaron.

Ueli, fiel al estilo limpio, avanzó un paso más y nos mostró que todo puede ser posible, a pesar de los profetas.
Ueli, "la locomotora suiza", ya pertenece a ese grupo de gentes que realizó sueños ajenos y mostró caminos a recorrer, por ello, todo mejoró... te pongas como te pongas.

Los visionarios no siempre sobreviven.

Fuerte, noble y generoso.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Historias de Juan Lupión III

Más historias de aquellos años en los que todo era diferente.
(Texto y fotos de Juan Lupión)

También dejo por aquí el enlace a otra aventura que compartí, en la misma ruta, con un viejo amigo al que perdí la pista... Aiguille du Midi (Espolón Frendo)



Espolón Frendo Aiguille du Midi (Alpes)


El día es gris y cae un ligero chirimiri. Nuestras vacaciones están llegando a su fin. Pasamos por la "Casa de la Montaña" para ver la meteo.

La previsión de una pequeña mejoría en el tiempo nos ofrece una última esperanza. Esta tarde mejora el tiempo pero mañana, a medio día, está prevista la llegada de un nuevo frente y se esperan precipitaciones de nieve incluso en el valle. 
Nuestras vacaciones se acaban y no es cosa de desperdiciar esta última oportunidad.

El teleférico de la Aguille du Midi, recién reparado, nos sube hasta el Plan de l´Aiguille, desde donde se accede al espolón Frendo.


Cruzamos a la carrera el glaciar des Pèlerins y a eso de media tarde comenzamos por remontar unas pendientes de nieve dura que dan acceso a un terreno fácil de roca, por el que aprovechamos para avanzar hasta que anochece; ya a oscuras, instalamos el vivaque.
Tal y como dijo la previsión, hace una noche estupenda; madrugando un poco, antes de medio día estaremos fuera.

A diferencia de la mayoría de las vías largas, esta no tiene una bajada ni larga ni difícil; en cuanto llegas a la cima tomas el teleférico y ya está. 
Esta es otra de las razones en que se apoya nuestra estrategia.
Acomodados en nuestra repisa podemos ver a nuestros pies las luces de Chamonix y eso incluye el tráfico entre los pueblos del valle... Hasta que nos quedamos dormidos.

Después de un confortable vivaque, progresamos a buen ritmo y el primer teleférico del día, que pasa solo a unos pocos metros, nos sorprende en el paso clave de la vía.



Se trata de una chimenea que desaparece en unas placas de dificultad moderada. Después, una sucesión de pequeñas agujas nos lleva al inicio de la característica  cresta de nieve. 
Es un pasaje elegante y luminoso que contrasta con la oscuridad de la cara norte. 
Empezamos por una arista secundaria por la que accedemos a la principal, que va ascendiendo hasta fundirse con el resalte final del espolón.



Nosotros pensábamos que la arista era el final de la vía y por lo tanto de las dificultades. Pero no, al fundirse la cresta con la pared la nieve desaparece, dejando al descubierto unas placas de roca chapadas de hielo. 
También podemos bordear el espolón, pero la pendiente de hielo es considerable. Bueno por lo menos aquí podemos poner buenos seguros.

Algunos largos después, vemos una posibilidad por la roca.
Se trata de un diedro muy vertical interrumpido por un techo del que cuelgan unos chupones de hielo.
Aunque a primera vista es muy impresionante, estoy familiarizado con pasajes de este tipo en los Galayos.
Prefiero un diedro desplomado con buenas presas, que una placa compacta y poco inclinada con pequeños agarres  y tapizada de verglas.




Hay que tener en cuenta que estamos casi a cuatro mil metros de altitud y, aunque, con el esfuerzo la sensación térmica no sea de frío, la temperatura es baja.
De  todas formas un par de largos en este terreno nos hacen entrar en calor. Y de repente, pasamos sin transición del terreno vertical y abrupto de la cara norte, a la soleada explanada por la que se accede al teleférico, con el Gran Capuchino destacando del caos de agujas que forman los pilares del Mont Blanc du Tacul.

Y las omnipresentes Jorasses. 
Por supuesto, todas las agujas de Chamonix y al otro lado de la Mer du Glace... el Dru, recortado sobre la Aiguille Verte. 
A lo lejos, en el horizonte, podemos distinguir el Cervino, el Monte Rosa y el Gran Paradiso.

Ha compensado el esfuerzo y esta vez sí estamos satisfechos.

Hacemos muchas fotos del paisaje, incluso un alpinista francés curiosamente apellidado Rivas, nos hace una foto juntos a Ángel y a mí. 

Mientras, sin darnos cuenta, el cielo se ha ido nublando y tal como dijo la meteo, comienza a nevar. 



... Capítulo anterior... Historias de Juan Lupión II

Continuará....

lunes, 16 de mayo de 2016

Historias de Juan Lupión II

Lo prometido es deuda y aquí va el segundo capítulo con más historias de Juan Lupión... historias de cuando todo era diferente y las aventuras estaban garantizadas en cualquier montaña.

Bueno, todo era tan diferente que ¡hasta la gente pensaba diferente!.

(Texto y fotos Juan Lupión)



                                                                     
El mosquetón que me regaló Pedro.
Pilar Gervasutti del Mont Blanc de Tacul.

Terminado el curso y aprovechando que estoy en Chamonix intentaré organizarme para escalar alguna cosa más.

Cambio los confortables alojamientos de la ENSA por el camping libre en la zona de bosque que había entre el cementerio y la estación del trenecillo de Montenvers.
Como decía el Tenorio “ … yo , que a los palacios subí y a las cabañas bajé …”. 
Instalados aquí me encuentro con un montón de jóvenes diablillos que poco tiempo después llenaran las revistas especializadas de España y del mundo.

También me encuentro, instalado con familia y amigos, a mi querido amigo Pedro Gómez, vecino de mi barrio y compañero de club desde siempre, por el que siento un gran aprecio.
Monto mi tienda junto a la suya y paso a hacer la visita de cortesía.
Al poco rato estamos haciendo planes bajo la mirada incómoda de Merce, su mujer, que ve como en pocos instantes le robo su compañía en plenas vacaciones.
Pero bueno, por esta vez condesciende y me lo prestará por un día o dos.

Atraídos por el llamativo perfil que tantas veces hemos visto al salir del túnel de hielo de la Aguille du Midi, hemos decidido ir al Pilar Gervassutti, un recorrido largo e interesante, según dice la Guía Vallot, que lo cataloga como muy difícil, cotando numerosos pasajes con alta graduación.

Estamos en un tiempo de cambios, sobre todo en lo que a graduación se refiere, así pues pensamos que no será para tanto. Pero nada de carreras maratonianas ni vivacs espartanos con hambre y con frío.
Para escalar esta vía nos plantemos dos cuestiones importantes porque aquí, en el suelo, las condiciones las ponemos nosotros.
Luego, ya veremos lo que imponen las circunstancias.

En primer lugar pensamos ir sin prisa, a nuestro aire disfrutando de la escalada y del entorno. Esto no implica prescindir de la comodidad, o sea que tendremos que llevar buenas mochilas, dentro de un orden. Conviene no olvidar que esto es el macizo del Mont Blanc y que la guía Vallot nos ha avisado que esta es una vía respetable.
Lo de qué llevar en las mochilas lo dejamos a criterio de cada uno y quedamos esta tarde en la estación  de la Aguille du Midi para coger el último teleférico.

... pilares del Mont Blanc du Tacul...

Cuando salimos a la arista  por el túnel de hielo,  una tarde espléndida nos regala  una vez más el fastuoso espectáculo del macizo con todas sus cumbres y glaciares.
Siguiendo el ritual, nos equipamos y dirigimos al Valle Blanco, en busca de la base del pilar.
La idea es localizar la vía y empezar esta tarde, para vivaquear en alguna buena repisa. Así resolvemos hoy todos los prolegómenos, es decir la aproximación, localización y arranque de la vía. Mañana solo tirar para arriba.
Cuando llegamos a la base del pilar quedamos absortos en la contemplación.
Lo primero que impresiona son las dimensiones: desde los 2.900 m. hasta los 4.200 m. sin ninguna concesión en medio, de rampa o pendiente fácil hasta la salida. Son 1.300 metros de escalada pura acabando por encima de los cuatro mil metros de altitud.
Para un ojo habituado a buscar posibles itinerarios se ven diferentes posibilidades. Pero Pedro no está dispuesto a empezar haciendo concesiones. Sacando la guía de la mochila recita con la solemnidad de un notario : “ … tomar un corredor a la izquierda del espolón y seguirlo para salir por la roca en la parte superior “.
Bueno, pues vamos al corredor.

El corredor es corto y enseguida vemos el punto en que pasar a la roca. Le toca a Pedro. Por hablar. Concienzudamente elige el material que piensa utilizar y sin mediar palabra comienza a progresar paso a paso, hasta que lo pierdo de vista. 
Estoy totalmente solo. Disfrutando de una tranquilidad absoluta, en un entorno impresionante. Pero después de un rato inactivo, empiezo a preocuparme.
Está anocheciendo y la cuerda ha dejado de correr hace rato. Algo está pasando. Llamo a Pedro, sereno al principio, después con gritos desesperados.
No pudiendo resistir la incertidumbre, acorto en lo posible la cuerda que nos une y subo , acortándola más, periódicamente, según avanzo, por si alguno de los dos cae.
Al salir de un diedro la cuerda parte en travesía hacia la izquierda y al final de ella veo a Pedro colgado de un pitón, con la mochila abierta y como dormido. Antes de llegar a él intuyo posibilidades de alcanzar una repisa. Subo, la repisa es buena y amplia. Suerte, porque ya es de noche. Me quito la mochila, me pongo la linterna frontal, fijo la cuerda y bajo a buscar a Pedro.
Afortunadamente solo está dormido. Su falta de entrenamiento, la emoción y el esfuerzo le han provocado un mareo, según me cuenta ya en la repisa.

Después de escalar un largo con una mochila muy pesada, nervioso porque se hacía de noche y no encontraba el camino, se detuvo para sacar la guía de la mochila y consultarla. Afortunadamente puso un seguro. Es lo último que recordaba antes de perder el conocimiento por el sobre esfuerzo.
Bravo Pedro. Ha luchado hasta la extenuación.
Acomodados en una buena repisa, la recompensa es ver salir la luna sobre el Valle Blanco  mientras tomamos una sopa caliente metidos en los sacos.
Nada mas acabar de cenar Pedro se queda dormido. Yo sigo despierto admirando la luminosidad que es capaz de sacar de estos glaciares un cuarto creciente y me felicito por estar precisamente donde y como quería estar. No sé cuanto rato después, en algún momento, me quedo dormido también.
Madrugar no supone ningún problema. El pilar está orientado hacia el este, así es que tan pronto amanezca el sol nos dará de lleno.


Desayunamos como en la terraza de un exclusivo hotel de lujo. Después nos preparamos para continuar.
Hoy empiezo yo. Iré de primero hasta que me canse. Después seguirá Pedro. Y así sucesivamente.
El ciclo natural es lo mejor.
Después de un terreno indefinido, siguiendo siempre el filo del espolón, alcanzamos lo que la guía denomina la torre amarilla.
Es decir una parte en la que el espolón, definido y compacto, se vuelve más vertical y toma ese color.

Es media mañana, he descansado bien y  aquí estoy, bajo un sol radiante con un manojo de figureros y una mochila ligera en la que llevo todo lo que necesito. La cuerda cuelga larga bajo mis pies. A mi espalda el decorado es grandioso y, frente a mí,  la roca ofrece uno de los tramos mas delicados de toda la vía.
Si tuviera que decidir cual es el momento de  mayor plenitud en mi vida, tendría que elegir entre un pequeño ramillete del cual, esta sería sin duda una de las mejores flores.

La guía advierte de dificultades sobre el VIº. Nosotros confiados,  pensando que es una publicación antigua, no consultamos la fecha de edición. Pero la guía ha sido recientemente corregida y reeditada. Ahora donde dice sexto grado, es así.
Da igual, la graduación es una información subjetiva que depende del punto de vista de quien la interpreta. Pero  la torre amarilla ha quedado a nuestros pies y eso ya no nos preocupa.
Ahora pasamos a la cara sombría del pilar. Lo primero que se nota es un descenso drástico de la temperatura. Toda esta cara va surcada por un diedro ligeramente desplomado en el que el menor atisbo de humedad se traduce en pequeños carámbanos que cuelgan por doquier.
El frío me hace tiritar en las esperas de las reuniones. No así a Pedro, que se ha empeñado en no quitarse la mochila. Le escucho jadear mientras lucha con los pasajes mas  atléticos.
Unas lajas separadas en la pared desplomada del diedro han acumulado suficiente nieve para que algunos desesperados hayan tallado una repisa en la que vivaquear precisamente aquí. Debió ser hace algún tiempo, pero se ha quedado helado y duro y me parece  un buen sito para hacer la reunión. Esto es un auténtico nido de águilas.
Cómodos si que parece que han estado. Pero yo no habría podido pegar ojo.
Al fin Pedro se rinde ante un paso imposible, cuelga la mochila de un seguro y sigue. La moral es buena porque todavía le quedan ganas de bromear : “ aunque todavía no es tu  santo, aquí te dejo un regalo“. Cuando llego yo tengo que superar el paso con mi mochila puesta e ir liberando la otra de los seguros para que Pedro la pueda subir hasta la reunión con la cuerda auxiliar. 
Por fin llegamos al collado donde se junta nuestro pilar con el Tridente. Aquí  se forma un pequeño circo que es la salida de la vía del Supercouloir, desde donde tenemos una vista impresionante del Capuchino, gigantesco monolito, donde una cordada se esfuerza por alcanzar la cumbre antes de que les sorprenda la noche.

Se está levantando un vientecillo que no presagia nada bueno. El cielo esta empezando cubrirse y a estas horas es evidente que hoy no acabamos. Será cosa de ir buscando un emplazamiento de vivaque.
Una confortable repisa bajo unas lajas es el sitio perfecto. Aquí estaremos cómodos y a cubierto.

Desde hace rato vengo observando que, de vez en cuando, caen algunos copos, pero nada mas instalarnos en nuestro improvisado refugio comienza a nevar copiosamente.
Metidos en los sacos nosotros estamos bien y a cubierto. Pero frente a nosotros, en el Capuchino, del que tenemos una vista privilegiada a través del collado del Tridente, comienza a desencadenarse un drama.

Está oscureciendo, más por la tormenta que por la hora. La cordada que hemos visto, debe haber sufrido algún incidente y ha quedado atrapada en la pared a causa de la tormenta.
Oímos gritos nerviosos. Intuimos, mas que vemos, maniobras realizadas con premura. Es evidente que tienen problemas.

A pesar de la corta distancia que nos separa no podemos acudir en su ayuda. Las horas van pasando y los gritos que antes eran nerviosos, previendo  la catástrofe, ahora son desesperados ante la evidencia. 
Según va pasando la noche, los gritos han dado paso  a quejidos y lamentos. Después el silencio, roto a veces por el bufido previo y el estruendoso estampido de algún rayo en las proximidades, que enseguida amortigua el  manso caer de la nevada. 
La espesa nevada alterna con violentas granizadas y aunque no las vemos, el ruido de las avalanchas es constante. En un ambiente sobrecogedor y a pesar de la angustia que nos produce la suerte de nuestros vecinos, el cansancio nos rinde y quedamos dormidos.
Al despertar un espeso manto de nieve lo cubre todo. El cielo está cubierto y sigue nevando. Jirones de nubes  se cuelan entre las agujas y , como queriendo preservar la intimidad del drama, nos ocultan la visión del Capuchino.

Pero la vida debe continuar. Y nosotros también. Todavía no está del todo recogido el vivaque cuando yo empiezo el siguiente largo. Intuyo que limpio no debe ser muy difícil. 
Pero ahora, cubierto por una gruesa capa de nieve recién caída, es otra cosa. 
Comienza nuestro tercer día en la montaña. El recuerdo de la noche anterior lo tiñe todo y el mal tiempo persiste.
A pesar de todo me encuentro bien. Ligero, ágil y animado.

Alcanzo un corredor a la izquierda del filo del espolón. Está demasiado empinado como para retener la nieve que, recién caída y tan suelta,  se precipita abundantemente en cascada sobre mis hombros. 
Aunque el fondo es de hielo, yo he salido sin ponerme los crampones. Afortunadamente, las numerosas lajas de roca que sobresalen del hielo, me permiten progresar con rapidez. Un mal sitio para caerse, pienso para mi. 
La nevada arrecia por momentos. Tanto que Pedro me comenta que, en vez de escalar, parezco un salmón remontando la corriente de un río. En momentos así uno agradece haber tenido los Galayos por escuela.
Concentrado como voy en mi tarea, a limite  de cuerda, llegando a una repisa descubro a otro escalador que, con  la reunión montada, asegura a su compañero.
Pero ¿de donde han salido estos?, me pregunto. Es igual, le hago un gesto de saludo y cuando intento acceder a la repisa el responde levantando su bota, que lleva los crampones puestos, con  gesto agresivo, amenazando con pisarme.


Asombrado se lo cuento a gritos a Pedro, que no puede dar crédito a lo que está oyendo. Es evidente que la situación es un poco apurada, pero este chico parece sobrepasado por las circunstancias. 
Desde fuera de la repisa intento comunicarme con él, pero no atiende a razones. Por sus hechuras y el acento parece ser inglés. No dudo que haya ingleses capaces de mantener un comportamiento correcto, pero la mala suerte ha hecho que yo todavía no los conozca.
Es igual, ignorando a este hijo de la Gran Bretaña, desde fuera de la repisa coloco un anillo en un bloque y le digo a Pedro que suba.
Cuando Pedro llega a la reunión el guiri ya se ha ido. Ignorando la repisa, continuo escalando. Aunque la visibilidad es escasa, noto que el pilar se va estrechando. Tanto que casi lo puedo abarcar extendiendo los brazos. Veo un pitón del que cuelga un anillo con un mosquetón y unos metros a la derecha unas pendientes suaves de nieve. Son las pendientes cimeras y el anillo es para descolgarse haciendo un péndulo para llegar hasta ellas.

¡Hemos  alcanzado la cima!
Pero no tan deprisa, todavía hay que bajar. Hace un vendaval tremendo. Ya no nieva, pero la temperatura en altitud, ya baja de por sí, empeora por el factor viento, creando una sensación térmica de frío espantoso.
A pesar de lo cual Pedro se toma su tiempo deshaciendo el nudo de la cuerda y pasándola  por el anillo, para poder hacer el péndulo sin usar el  mosquetón de los guiris y así poder recuperarlo.

Mont Blanc de Tacul 4200 metros. 
Apretón de manos y un fuerte abrazo con sonoros palmoteos en las espaldas. Las circunstancias no permiten quedarnos para mucha mas celebración. La visibilidad tampoco permite elegir el camino, así es que será cosa de bajar por donde sea cuanto más rápido mejor.

Ya hace rato que estamos bajando prácticamente a ciegas. No tenemos reloj  y la falta de luz solar no permite calcular la hora. 
La paliza que llevamos encima parece indicar que hoy tampoco llegaremos al valle. No sabemos donde estamos pero ante la enorme acumulación de seracs en la que estamos metidos deducimos que esto debe ser el glaciar. 
Empieza a oscurecer, aunque a nosotros ya nos da igual. Nos metemos en una enorme grieta, en la que una gran bóveda, en forma de cueva, nos protege del viento y de la nieve. Una vez más, metidos en nuestros sacos y cómodamente instalados nos ponemos a fundir nieve. Comemos todo lo que nos queda y después tomamos  té con leche hasta hartarnos.
Después ya recuperados charlamos animadamente de nuestras cosas, como si estuviéramos sentados en el comedor de casa.
De repente caemos en la cuenta de que mañana será el cuarto día en la montaña y la familia no sabe nada de nosotros. Además, con este mal tiempo, seguro que estarán preocupados.
Pero tampoco podemos hacer nada. Bueno será cosa de dormir un poco, que mañana tenemos que madrugar  para bajar lo antes posible.

Después de la tempestad siempre regresa la calma y el cuarto día amanece tranquilo. El azul profundo del cielo contrastando con el blanco radiante de la nieve se combinan en un espectáculo de belleza sobrecogedora. Después de tanto vendaval y tanta precipitación la atmósfera está muy limpia y con una luminosidad extraordinaria.
Enseguida podemos ver donde estamos. Será necesario  subir todo lo que bajamos ayer hasta regresar a la cumbre del Tacul, bajar al collado y subir a la aguille du Midi. Todo esto, con medio metro de nieve polvo llevará su tiempo. Habrá que darse prisa si queremos coger el ultimo teleférico.
Una vez en el valle, ya pasado el susto y después de la explicaciones pertinentes, tendremos tiempo para las celebraciones. Pero ahora hay que continuar. Así es que, una vez más, en marcha.

Efectivamente la celebración fue como para no perdérsela. Pero lo mejor ocurrió cuando alcanzábamos la Aiguille du Midi ya casi al límite de nuestras fuerzas. 
A punto de culminar la arista, con el tiempo justo para coger la ultima cabina.
Mientras hacemos un pequeño descanso, poco antes de entrar en el túnel de acceso a la estación, echamos un último vistazo al macizo  y … ¡Oh sorpresa! Creía que estaríamos solos en todo el macizo. Con este tiempo quien iba a querer subir. Lo cierto es que bajando desde la cumbre del Tacul se distinguen dos puntitos que descienden lentamente.
En tono jocoso pregunto a mi compañero: oye Pedro ¿quién crees tú que pueden ser  esos dos que bajan del Tacul?
Indiferente encoje los hombros y en un pretendido tono inocente comenta: no lo sé, pero no creo que lleguen a coger el ultimo teleférico. Por más que corran les va a tocar vivaquear otra vez. 
Tambaleándonos por las  carcajadas entramos en la estación, con el tiempo justo para coger la última cabina del día. 


... hogar, dulce hogar... camping en Chamonix...

Es difícil olvidar el recuerdo de una aventura así, en buena compañía. Pero por si acaso, todavía guardo colgado en una panoplia repleta de curiosidades, tesoros y trofeos, todas esas cosas que son recuerdos... Entre ellos un mosquetón de no sé qué marca inglesa que me regaló mi amigo Pedro.

(Texto y fotos Juan Lupión)


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miércoles, 4 de mayo de 2016

Historias de Juan Lupión I

Juan Lupión pertenece a la historia "galayera", aquella de la década de los años 70/80... cuando todo era diferente.

...Juan Lupión, a la antigua usanza...

Muchos conoceréis a Juan por las atrevidas rutas que abrió en el "Yosemite" de Galayos: Peña del Águila (hasta el nombre suena potente); esto entre docenas de aperturas en roca por todos los riscos "galayeros".

Su fantástico trabajo de autoedición "Los Galayos: Guía de escaladas" supuso una enorme información para todos aquellos que merodeábamos por esos espacios de agujas, canales y balcones suspendidos.

... Prólogo de la guía de escaladas en Galayos (Gracias, Juan, por esos dibujos en el ejemplar regalado)...

También tiene su historial de "hielos", no solo en su querido Galayos... también por el Pirineo, Alpes, etc.
Me manda algunos escritos y, con su permiso, los iré colocando por aquí.
Juan tiene aventuras de largo... esas que siempre suponen esfuerzo (más en aquellos años), alegrías y tristezas... bueno, como todos los que pertenecemos a quintas similares.

Este capítulo que transcribo pertenece a sus recuerdos durante la apertura de la vía "Tutti Frutti" a la Punta Don Servando... una escalada imprescindible para coleccionistas.

.....................................

"Pocos días después de que regresáramos  a Madrid, el día de año nuevo, Eduardo Benedé sufría un accidente mortal mientras escalaba en Riglos.
Un grupo de amigos coordinados por Darío Rodríguez  editaron una curiosa revista  en su homenaje.  
La curiosidad de la revista residía en el hecho de que sus gráficos eran dibujos sacados de fotografías aportadas por los amigos de Eduardo. 
Esta revista fue el número cero de lo que años después sería el emporio Desnivel.

Nacido en Barcelona , Eduardo Benedé vivía en Madrid. Gran escalador, persona ingeniosa y madura pese a su juventud dejó un recuerdo grato e imborrable en los que tuvimos la suerte de tratarle.
Murió sin llegar a cumplir los veinte años.

Eduardo Benedé

El invierno de ese año fue un invierno seco y escaso en precipitaciones. La sierra no se cubrió de nieve con el mismo espesor que otros años. Sin embargo, un manto menos espeso y en constante semi deshielo dio lugar a la formación de abundantes cascadas de hielo.

Si mirásemos los libros de refugio de Galayos o del Circo de Gredos, que a falta de otras publicaciones no son mal registro, o en su defecto, en las fotocopias de los mismos y que aún hoy día es posible encontrar, veremos que hasta esa fecha no existe referencia o información de ninguna escalada en hielo.
Se recorrían crestas y se ascendían corredores. Por lo general en nieve. A veces esta nieve podía ser dura o incluso hielo.

... Juan Lupión ¡en acción!...

Pero, aunque fueran actividades a veces complejas en hielo, faltaba el componente de la verticalidad que implica el termino escalada. 
Había sido así porque hasta este momento  no disponíamos del material ni los conocimientos adecuados.

A través  de revistas extranjeras como "Mountain" o "Alpinisme et Randonée" empezaban a llegar informaciones de espectaculares recorridos de hielo en Inglaterra o Francia.
Era impensable que con los piolets de que disponíamos pudiéramos aventurarnos por pendientes como aquellas.
Evidentemente para actividades diferentes se utilizan herramientas diferentes.


Casualmente, pude conseguir uno de estos ingenios a los que en la época nos resistiríamos a llamar piolet.
Tenía el invento en cuestión la hoja muy inclinada y una pala muy ancha. Aparte de su escasa medida, que era  poco mas de dos palmos, lo que mas llamaba la atención era que en lugar de estar hecho de forja como los que se utilizaban hasta ahora: macizos, pesados y con un buen mango de madera, era un conjunto ligero y hueco hecho con remaches y chapa de acero plegada.
Su inventor, un escocés llamado MacInnes,  lo llamó Terrordactyll.

La verdad es que hacía honor a su nombre, por el gran parecido con la imagen que tenemos, hoy día de este pájaro prehistórico. 
Todavía lo conservo, guardado entre mis más preciados tesoros de la época.
Y era cierto que solo con verlo, esta herramienta evidenciaba una concepción exclusiva para el terreno vertical.


El problema es que hacia falta la pareja. Problema que quedó resuelto cuando la marca Charlet Moser sacó un modelo que sin parecerse al Terrordactyll conseguía similares resultados.
Se llamaba Gabarrou Ice Six.

No creo que en el invierno del 79 hubiera muchos "Ice Six" en España. Lo que si sé es que los míos fueron de los primeros.  
A partir de ese momento los libros de refugio comienzan a registrar reseñas de atrevidas escaladas en hielo, impensables solo un año antes. 
Después de calentar con pequeños resaltes, más o menos verticales, o alguna placa de hielo ocasional, por fin encontramos el terreno de juego adecuado.
Fue de noche a plena luna. Tanto que no hicieron falta los frontales.

Regresando de noche hacia el refugio, mi compañero  Salvador Gurumeta y yo, bajábamos por la canal del Pequeño Galayo, cuando observamos  un claro destello en la cara norte de la Punta Don Servando. 
Una gran hendidura que, rellena de hielo, ofrecía continuidad desde la base hasta la cumbre. 
Era la goulotte perfecta.

No podíamos dar crédito a lo que estábamos viendo. 
Siempre había estado allí, solo que nosotros, hasta ahora, desde nuestro desconocimiento no habíamos sido capaces de verla.


No perdemos el tiempo hablando y solo un momento después ya me encuentro a mitad del primer resalte. Incapaz de contener  mi euforia, empiezo a soltar gritos, que al principio alarman a mi compañero, para después romper a reír los dos.
Después continuamos por un terreno fácil hasta otro resalte todavía mas empinado que el anterior y tan estrecho que puedes tocar la roca a ambos lados. Nos cuesta algo más de un largo superar este resalte. Es necesario hacer una reunión en lo mas vertical, pero para nuestra tranquilidad, la roca está cerca y podemos poner buenos seguros. 
Después, salimos a unos neveros que llevan directamente a la cumbre del Don Servando.

Cuando bajamos al refugio es todavía de noche, pero nosotros estamos tan contentos que despertamos a nuestros amigos para contárselo.
Lejos de molestarse, Manolo Martínez y Vicente Biosca se equipan en ese mismo momento y salen para intentar la segunda ascensión.

Bautizamos este recorrido la canal de Tutti Frutti. 
Creo que esta fue la primera escalada en hielo de este macizo, preludio de otras muchas, sobre todo en el Circo de Gredos. 
Pero eso es otra historia que sucedería el próximo invierno..."

... Circo de Gredos...

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