Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


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viernes, 14 de agosto de 2026

Ángel Rituerto... el cantero alpinista.

Ángel Rituerto Marrupe 1949-2026

Soy de mi pueblo el paisaje

no por lo hermoso, ni por más;
soy porque de él he nacido,
de él bebo y muero.
Todo lo que me rodea o rodeo
me forma y se forma de mi.
Por eso soy de mi pueblo el paisaje,
Pero no busques en mi paisaje laurel,
si lo encuentras será natural
por el color y el olor, no por el honor.

(Portada del poemario de Ángel Rituerto Marrupe)

También sirve alpinista cantero; el orden no altera la esencia. Ángel, su padre, y el padre de su padre fueron canteros... Maestros canteros. Ellos, los antiguos, estuvieron en la construcción del Camino Real y el Refugio del Rey, en Gredos. Y Ángel heredó el oficio de preparar piedra; manos curtidas y perseverancia sin fin.

Y ¿cómo haces para tallar la bola?
- ¡Hombre! Quitas del cascote lo que sobra.

Recuerdo mis primeras visitas en su lugar de trabajo a poca distancia de Arenas de San Pedro, un pinar con cantos dispersos y Ángel allí, bajo un tenderete de palos y helechos, dando forma a un pedrusco, con esa maza tan peculiar de cantero y cincel bien "apañado". Recuerdo el cuenco con agua que utilizaba para refrescar manos y cara... y recuerdo que colocaba una ramita puenteando el borde.

- ¿Y esto, Ángel?
- Por si cae un bichillo... una hormiga, que pueda salir.

En el verano de 1970, con su padre al mando de una cuadrilla bien surtida, levantaron la cantería del refugio Elola en la Laguna Grande de Gredos; hicieron falta gran cantidad de viajes con caballerías para abastecer a los obreros, puesto que el pequeño helicóptero que les prometieron no pudo cumplir su cometido.

"El chapillas" nombre que dieron al aparato que no podía volar con algo de viento o carga colgando.

"Mi trabajo era como el de cualquier otro compañero: cortar piedra, preparar jambas, dinteles, esquinas y colocarlas en la pared y las subíamos a mano, por aquellos andamios que hoy consideraríamos tercermundistas, y desde los que tuvimos alguna caída, rodando con el compañero y con alguna esquina. También me encargaba de afilar y templar las herramientas que embotábamos en el granito serrano, en fragua que habíamos instalado entre los bloques de piedra que un día depositó el glaciar en los alrededores de la Laguna. Y atendía el puchero de las comidas para nuestra cuadrilla, donde no faltaban unas buenas migas para desayunar, que algunas mañanas compartíamos con compañeros de montaña que andaban esos días por el Circo".

Construcción refugio Elola en la Laguna Grande de Gredos

Algo parecido a ser alpinista, otro "trabajo" que Ángel dominó con un inmenso corazón, siempre regresando a su querido Gredos, de las visitas a otras cordilleras de la Tierra... que realizó unas cuantas:
 

Por el Pamir, con el Chetyre (6.400m.), Kenya con la Punta Lenana (4.985m.), Andes en el Huayna Potosí (6.090m.), Irán con el Damavend (5.610m.), Caucaso en el Elbrus (5.632m.), Himalaya... trasteando por el Island Peak, Noruega... cascadas de hielo de Rjukan, Marruecos, por el Atlas con el Toubkal (4.164m.). Y, por supuesto, los Alpes con los grandes clásicos Mont Blanc, Cervino, Aguja Dibona, Ecrins y un largo etc.

En Gredos su listado de escaladas resulta imposible de relatar; solo con las vías inauguradas en compañía de sus amigos... esos de los "de siempre", llenaríamos una ingente cantidad de folios; con los amigos "recientes" también habría trabajo.
De entre las escaladas con los "de siempre" cabe destacar aquella de la Cresta de la Catedral al Pequeño Galayo, con su magnífica Aguja Maravillosa, como un vigía, y que inauguró con Tomás Mesón un verano del 78; ruta clásica hoy en día y que requiere navegar bien en montaña.


Y por el resto de la península ¡ni hablamos!

Cervino

Pisó, por primera vez, la cumbre del Torreón (España-Gredos-Galayos) un 17 de agosto de 1969... y perdió la cuenta que excede del ciento que se colocó en lo alto.

Socio fundador y Presidente del Grupo Gredos de Montaña (Arenas de San Pedro) desde el año 1985 hasta el 2000.

Monitor de la Escuela Castellano Leonesa de Alta Montaña (ECLAM).

La RSEA (Real Sociedad Española de Alpinismo), club histórico fundado en Madrid, allá por 1913, le nombra Socio de Honor, a petición del GAM (Grupo de Alta Montaña).

Recibe el  Premio Nogal del Barranco, con el título de "Galayos Superación"... ¡merecido de largo!

Galardonado con el "Premio Trayectoria" en la VI Gala de los Deportes de Montaña de Castilla y León (2023).

En el 2024, el Ayuntamiento de Guisando... su segundo pueblo, le nombra pregonero de las Fiestas de San Miguel y allí está Ángel trasmitiendo pasión.

Y siempre... siempre, acudiendo allá donde le requieran para charlas, conferencias y encuentros... a cientos. Sus amigos son legión y, aunque tengo en el recuerdo a muchos de ellos - los más cercanos a sus andanzas que, a menudo, compartimos- no podría cerrar el listado; ellos saben quienes son y guardarán su memoria.
Todos ellos, todos, son su mejor legado.

Ángel pertenece a esa generación a la que nada se le ponía por delante; esfuerzo y determinación con equipamiento escaso. De "cuando los barcos eran de madera y los hombres de hierro".

Pirineos (Ordesa)

Por los años 80 colaboró con la CIGAM, la compañía de guías de montaña que creamos en el Circo de Gredos, con base en el refugio Elola. A Ángel le tocó manejar a los clientes interesados en la zona de Galayos.

Siempre fue generoso y sobrio; cuando había que apechugar ahí estaba, sin aspavientos. A su hermano Mariano, más joven, parece que le metió el "veneno" de la montaña y años más tarde inauguraron magníficas escaladas en Gredos, pero... mientras Mariano crecía, Ángel "tiraba":

¡Agárrate que ya queda poco, Mariano!

Nos "olvidamos" durante años y un día volvimos a encontrarnos escalando ¡sin piedad! fin de semana tras otro. Juntos renovamos material y ya se acabó la época del periodo humano del Pleistoceno.

Un buen puñado de vías inauguradas por Gredos y miles de metros escalados por cantidad de montañas españolas, forjaron una amistad que lo será... por siempre y por cualquier espacio que nos depare el destino. Roca, nieve, hielo y mixto furioso recibieron nuestro paso; Ángel me enseñó infinidad de lugares perdidos, allí donde seguramente nadie pisó... siempre fue el "Gredense Mayor del Reino" y sus manos acariciaron granito que nadie tocó.

-¡Joder, Ángel! ¿Estás seguro que vamos bien?
-Que sí, vamos bien.
-Por aquí no han pasado ni las cabras... no sé.
-Que sí, vamos bien.
-¡Joder, ya veo la aguja... tiene buena pinta!
-Ya te dije que íbamos bien.

Vivaques a pelo o a cubierto, tormentas, frío y calor... a partes iguales. Heridas las manos y cansinas las piernas pero siempre alegres al descubrir la poza escondida donde, en los tórridos veranos "gredenses", nos refrescábamos, con la única compañía de cabras curiosas.
Él sacaba queso y jamón, bien curados... y yo un sándwich de mortadela ¡menuda diferencia!

Se amontonan los recuerdos pero hay uno que, quizá, resulte el que más trabajo nos dio -sobre todo a Ángel- no tanto por la escalada en sí, que también, y mucho por lo escondido del lugar y los viajes que necesitó para comprobar si estaba en condiciones: Scorpio... un canalón de hielo salpicado de resaltes, allí donde la Garganta Tejea se estrella contra el Asperón; imposible de comprobar su estado si no estás debajo... y eso serán cuatro horas, bien echadas, de aproximación.
La libreta de Ángel, esa donde anotaba todo lo que veía a la espera de la ocasión, resultó eficaz.

-¡Joder, Ángel! Esto es una joya.
-Sí, llevo años esperando.


Le debo la vida, cuando junto con los GREIM de la Guardia Civil (Grupo de Rescate e Intervención en Montaña) y otros amigos, me arrancaron del "lado oscuro" tras un accidente en un invierno del 2005:
 La esfera      

Uno de mis salvadores escribió esto en los comentarios y por aquí lo repito porque me parece de valor:

"Bien dices Carlos que le debes la vida pues en esa ocasión, del 5 de marzo, en la que volviste a nacer, cuando nos internamos hacia el Cervunal, de noche cerrada y oscura como boca de lobo. Fue Ángel el que nos condujo hasta la base de la pared por un paso, que no olvidaré, ni a ida ni a vuelta, ya contigo, que llamó "el paso de la cabra": una repisa estrechísima sobre un bloque que nos metió a todos a por ti. Aún me emociona recordar a Ángel y lo mucho que aportó".

Yo... yo no he podido retenerte a mi lado.

Bibliografía

* Crónicas de Gredos. Magnífico libro realizado junto con Juan Andrés Feliú Suárez. 174 páginas en tapa dura.

Geología, fauna y flora, historia de las primeras exploraciones y el comienzo de la escalada moderna.
                                       
                        "A nuestras madres, Pilar y Cipriana, que han sabido sufrir en silencio
                                       nuestra, a veces peligrosa, vocación por las montañas".


* Soy de mi pueblo el paisaje. Poemario de pensamientos. 32 páginas en edición bolsillo.

                                     "A mis manos que a veces entienden lo que quiero decir".


* Tríptico/Catálogo de CIGAM (Compañía Internacional de Guias de Alta Montaña). Publicidad de los años 80.

* Publicaciones. Sobre la construcción del refugio Elola en la Laguna Grande de Gredos.

         "Pusimos la primera piedra en este refugio que se empezó a construir en el verano de 1970"

"Yo siento que el refugio es algo mío por haber sido uno de los que participó en su construcción"


Imágenes

* Tiempos heroicos:

Años 60 ¡equipamiento última generación!

Gredos (Torozo-Albujea) inaugurando en 1981, junto con su hermano
Mariano Rituerto, la vía "Ferrerías de Arenas".

Octubre de 1969, cuando con Manuel Burgos casi inauguran la que sería gran
clásica del Torozo: Gran Diedro.
En esta imagen abandonando.

Y aquí insistiendo.

En los 70 ya se recogía basura por Galayos

¡Con las gafas modelo "Hillary"!


 * Llegó el color.

Con Mariano, tras escalar la clásica norte de la Pique Longue (Pirineos-Vignemale)

Picos de Europa, contemplando el Urriellu.

Picos de Europa (Fuente Dé).

Gredos. Cresta de la Catedral con la Aguja Maravillosa al fondo.

Pirineos (Ordesa).

"Galayeando"

* Tiempos modernos.

Galayos. El Capuchino... en la vía Santiago-Rodolfo.

Gredos. Pico del Lanchón del Cuervo

Gredos. Torozo... Vía del Niño.

Gredos. Torozo... Vía del Gran Diedro.


Gredos.

Galayos... navegando entre nieblas.

Hielos "gredenses"...



Cumbre con Mariano. Pico Chetyre (6.400m.) en el Pamir

Y ya con equipamiento "profesional".


Y siempre con la casa a cuestas:

           

     
Ángel, querido amigo... echa un vistazo al otro lado donde, tarde o temprano, nos encontraremos.



* Fotos de la colección de Ángel Rituerto y otras tomadas "prestadas" de las redes sociales.           

martes, 1 de abril de 2025

Carlos Suárez... la pasión.

" No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña, nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, 
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas".

(Poema apócrifo atribuido a Walt Whitman)


Han pasado catorce años desde que Carlos escribiera sentimientos y pasiones que le perseguían desde que llegó al mundo.
Hoy, recién estrenada la primavera, me llegan noticias sobre su partida de este mismo mundo... donde vivió con poderosa actitud.
Desde la dehesa castellana que habito, contemplo la línea de nieve, blanca en exceso, que divide la Sierra del Cabezo, a media altura... del valle del Tiétar; más allá queda el Gredos salvaje que también blanquea con fuerza. 
Entonces me alcanzan recuerdos.

Un invierno de los años 90 nevó por los Alpes "chamoniardos" lo que no está escrito. Una semana sin salir de la  casa/rodante, lo que vienen llamando "mobil home" en el camping de "les Rossières".
Por allí apareció Carlos, aburrido y tristorro, más solo que la una y al que invitamos unos cuantos días a comer, cenar e interminables partidas de parchís.
A duras penas pudimos llegar a Ginebra, para dejar en el aeropuerto a una parte de la familia que me acompañaba; y continuar, Carlos y yo, un viaje por carretera de los de recordar.

Una semana de encierro da para mucho y allí hablamos de pasiones, riesgos, materiales, revistas, deseos cumplidos y por cumplir.

En su libro, que amablemente me dedicó, desgrana la filosofía que imprimió a su vida... sus compañeros de viaje y aventuras, y los sueños que soñó soñar.


De su historial y recorrido por las montañas de la Tierra, hay poco que decir... bastará con teclear donde "no ha estado" y revisar su "carrerón" impresionante.

No tuvimos oportunidad de escalar juntos, así son las cosas cuando el azar así lo decide... Pero sí tuvimos oportunidad de reír y "gamberrear" por el Pirineo, cuando un amigo común, nos invitó a su boda en el Parador de Artíes y allí... allí disfrutamos de lo lindo ¡sin escalar!

Un fuerte abrazo, Carlos, allá donde te encuentres.



jueves, 5 de noviembre de 2020

El checo de la guitarra


Escribí esta historia un 12 de octubre del 2016 y hoy la recupero íntegra, con la única salvedad que hoy no cae "sirimiri lento" y llueve a cántaros, como si nunca hubiera o hubiese llovido.
Ahí va:

Un sirimiri lento, a velocidad similar que la placidez me invade, inunda la dehesa castellana con olores a tierra mojada.
Entonces ¡zas! regresan a la memoria cosas que uno olvidó... Desconozco la razón, pero esto suele ocurrir a los de mi quinta, que la cosa pudiera ser por la cantidad de recuerdos que se agolpan en los cajones del cerebro.
El caso es que, no sé por qué, entro en el fichero de fotos y ¡zas! aparece una del Dru... Sí, ese centinela que vigila la entrada a los Alpes "chamoniardos" y que a mí, personalmente, siempre me recuerda a un monje con su austera túnica ocre... Uno de esos que retrata Umberto Eco en "El nombre de la rosa".

Total, una cosa lleva a la otra... Entonces, vuelvo a recordar una imágen que no he vuelto a ver, pero quedó fijada en la memoria: se trata de un tipo, con una guitarra, sentado -no recuerdo si en una repisa o hamaca- y que estuvo encaramado durante 18 (dieciocho) días, en el fantástico oceano granítico del Dru.
Creo recordar que vi esa foto en alguna publicación, física... por supuesto, en aquellos años, esto de las redes estaba por inventar.
Era un tipo que siempre viajaba con su guitarra... Bueno, también escalaba con ella.
Ocurrió en el año 1975.

Thomas Gross, un checo cercano a los dos metros de altura, desconocido... aunque no recién llegado a esto del alpinismo, mantuvo en vilo a Chamonix y la comunidad escaladora de la época.
Durante sus noches de "concierto", debió pensar que instalar algunos "bolts" ¡palabra maldita! no vendría mal para seguir asegurando la vida... Y continuar tocando el instrumento de cuerdas.
El caso es que durante aquella escalada instaló 68 (sesenta y ocho) anclajes fijos, de los de hacer agujero: ¿tornillo? ¿buril? ¿spit? Recordad que estamos en el 75.
Bueno... Le llovieron críticas por semejante "ignominia", poco vista en aquellos tiempos.

Gross siempre fue "algo diferente" al resto de la comunidad alpinista de la época; una especie de bohemio que dejaba huella.
El invierno de 1973 realizó, junto con Edgar Oberson, la primera repetición invernal de la ruta Gogna/Cerutti al Matterhorn... Sí, el Cervino ese.
La cosa debió ponerse fea porque fueron rescatados de la cumbre por el helicóptero de salvamento.

En 1977 -un par de años después de su solitaria al Dru- también dio que hablar en EEUU. Realizó la primera solitaria invernal a la ruta que inauguraran Layton Kor -una leyenda americana- y Wayne Goss, en Longs Peak (Colorado)... Estuvo 13 (trece) días en pared.
Cuenta la historia que, durante años, permaneció en pie una plataforma de madera, al modo de hamaca, que se construyó para los vivaques... Seguramente acompañado de su inseparable guitarra.

Pero la historia más enigmática sucedió en 1981... También en invierno, claro.
Al más puro estilo de las novelas de Agata Christie, nuestro hombre apareció en el santuario Nanda Devi (Himalaya), posiblemente con la intención de escalar la vertiente que por allí ofrece el Changabang... Sí, la pirámide esa.
Para acceder a ese lugar se hacía necesario recorrer la garganta del Rishi Ganga, un lugar que, en invierno, resultaba "imposible" atravesar.
La historia cuenta que el tal Thomas Gross consiguió sobrevivir en el santuario, solo... y alimentándose de los restos de comida que robaba a los buitres.

La ¿leyenda? también cuenta que, unos años antes (1965), una expedición indo americana instaló un dispositivo espía en algún lugar cercano al santuario. También se cuenta que años después, justo cuando nuestro hombre aparece por el lugar, otras gentes que lograron salir de allí antes de la llegada de las nieves... murieron en extraños accidentes o desaparecieron misteriosamente.

Nuestro hombre, seguramente con su guitarra y cansado de tanta soledad, logró descender el Rishi Ganga. Así se convirtió en el primer ser humano, del que se tenga conocimiento, en realizar tal recorrido invernal.
El caso es que Thomas Gross regresó a Goa (India) y allí se vio envuelto en un turbio asunto de triple asesinato entre un grupo jipi... Sí, "hippies" de esos.

Por alguna razón, renunció a su nacionalidad checa y le fue concedida, en cuestión de días ¡raro, raro, raro! la ciudadanía suiza.

La "Operación Nanda Devi", así consta en algunos documentos oficiales americanos, se encabeza como "Blue Mountain"... y, a un tal Thomas, se le da el nombre clave de "Blue Eagle"... ¡Decidme que no es emocionante!

Lo cierto es que la ruta que inauguró en el Dru, aquel checo con su guitarra, en 1975, fue barrida en los primeros desprendimientos que sufrió el pétreo centinela que guarda la entrada a Chamonix... Esto sería sobre 1997; así ya se dejó de hablar sobre los "bolts" del checo.

A Thomas Gross se lo tragó la Tierra, allá por 1982... Y nadie sabe "ande andará".

Ahí va un vídeo (gracias a Jaume Robles que lo recuperó) donde aparece nuestro checo, entre otras promesas del alpinismo: Las invernales (1974) 


miércoles, 2 de septiembre de 2020

Salvador Rivas... el botánico alpinista


Salvador Rivas... el botánico alpinista, nos ha dejado con la misma discreción que vivió.
Académico y alpinista ¡total na! Su historial completo, profesional y alpino, podréis revisarlo solo con teclear su nombre.
No puedo quedarme sin comentar algunas de sus muchas actividades alpinas, que ya forman parte de la Historia: La gran "clasicorra" de la Aguja Negra (Galayos), conocida como la "Oeste", con Pedro Acuña y Francisco Brasas, en 1957. O la "Rivas/Acuña" a la Punta Mª Luisa, también en Galayos. Sin olvidar otra "Rivas/Acuña", ésta vez al Risco del Pájaro o Pinganillo, en Pedriza (Sierra de Guadarrama). 
Su participación en la bien conocida "expedición española a los Andes del Perú" en 1961... donde perdió la partida su amigo Acuña, tras inaugurar la ruta por la arista NE del Huascarán Sur. Expediciones al Cáucaso, Himalaya, Alaska...
De su historial académico: Catedrático de Botánica (Madrid y Barcelona), Premio Nacional de la Sociedad Geográfica Española (2013), Director del Real Jardín Botánico de Madrid... Y un extenso currículum que, los medios académicos, se encargarán de revivir.  

La historia que deseo contar ocurrió un verano de los años 80, en un Circo de Gredos sin domesticar.
Hasta entonces, todo lo que no llegara a una cumbre se consideraba contrafuerte y aquello comenzó a cambiar cuando, guardeses del refugio Elola, otros incondicionales de la escalada clásica "moderna" de la época y amantes de la soledad, se fijaron en paredes que no recibían visitas desde el origen de la Tierra.

Entre aquellas rutas, siempre quedó en la memoria una que tuvo anécdotas varias: la "Vía de los Ajos" en las paredes que caen del Cuchillar de Cerraillos, de las más altas de la derecha y que bautizamos como "pared de la izquierda"... No sé, pero un día, vimos dibujado algo que estuvo dibujado durante milenios: una placa, en lo que sería la última tirada... y que nombramos como la "placa del dos".


Inauguramos aquella ruta, un verano de los 80, Miguel Ángel Vidal y el que escribe. Nos llevó en torno a ocho horas superar aquel frontón de roca en el que nunca nos fijamos, excepto cuando colgaban hielos.
Recuerdo, como si fuera hoy, aquella última tirada bajo un bloque inestable... colocando clavos que saltaban según instalaba el siguiente... lo que viene siendo una laja expansiva. Años después Miguel tiró aquel cascote con un gato... y subió la dificultad algún "gradito". También se encargaron, los "modernos", de "enderezar" la vía, colocando algunos seguros expansivos, evitando así una magnífica y aérea travesía a derechas, que luego retomaba camino a la "placa del dos".
Los grados de dificultad, que muestra el dibujo, pertenecen a los "ochenteros"... Así pues ¡reclamaciones al maestro armero!
Allí descubrimos, limpiando fisuras, unas plantas que poseían bulbos estilo ajetes, blancos, pequeños y vistosos... Así nació la "vía de los Ajos"... Y ésta es la receta:

Sartén de hierro, caliente sin abrasar, y cucharadita de aceite español: virgen extra o similar. Bien de ajetes, fileteados ¡no picoteados! a saltear sin quemar y al punto de dorar. Dos huevos, mejor tres, batidos con alegría... en plato hondo y con tenedor de pincho largo, por separado clara y yema... para que aumente; sal en escamas o algo gorda ¡sin pasarse! y esperar minutos a disolver.
Un revuelto ¡sin cuajar! y pizca de orégano al final.
Acompañar con vasito de vino y pan de hogaza que, por aquellos años, Careto y Lazano, los potentes caballos que abastecían el refugio Elola, cargaban a sus lomos anchos y brillantes de sudor.

Luego, apareció un amante de flores y plantas que, prismáticos a mano, nos rogó... a punto de arrodillarse, que bajáramos muestras de otro endemismo "gredense": 

-¿Qué?
-Sí, "Boca de Dragón". Mirad, ése matojo de campanillas blancas que luchan por salir de las grietas.

Y así, por dar gusto, también abrimos el diedro a la derecha de la vía original, por cierto poco o nada repetido.
Bajamos al entusiasta de flores y plantas, un par de ejemplares de lo que los expertos llaman "Antirrhinum grossi" ¡total na!

Así, después de trepar a lugares altos, unas veces a la búsqueda de los "ajos" que esconden las plantas más alpinas de Gredos, y otras para recolectar "Dragones", se celebraban en el Circo de Gredos nuevas aperturas de rutas allá por los años 80... Cuando todo era diferente, ni mejor ni peor... solo diferente.

No recuerdo exactamente cuando Salvador Rivas y su hijo que, seguramente por edad y frescura de memoria, podría recordar más que nosotros, aparecieron por el Circo de Gredos sin planes definidos.
Charlamos a la cena y mostramos un croquis, reflejado en el libro del refugio, como "Vía de los Ajos" que abrimos pocos días antes.
Salvador nos miró fijamente a los ojos y preguntó si la cosa era aceptablemente amable... ¡Sí! contestamos Miguel y yo, al unísono... convencidos de la maestría de la cordada.

Y así fue como Salvador y su hijo, en un horario similar al de la apertura, realizaron la primera repetición de la ruta ¡y por el itinerario original!
Regresaron contentos, como nosotros al verlos evolucionar durante toda la jornada por aquel muro... Y luego, seguramente, bebimos cerveza sin piedad... Seguramente.
Ésa vía también les pertenece.

Así ocurrió y así lo cuento.
Un abrazo, Salvador, allá donde te encuentres; Otro para su hijo, familia y amigos.

lunes, 10 de febrero de 2020

Macario... El guardián de los Galayos

"Gracias, Compañero, gracias
Por el ejemplo. Gracias porque me dices
Que el hombre es noble.
Nada importa que tan pocos lo sean:
Uno, uno tan solo basta
Como testigo irrefutable
De toda la nobleza humana"
(Luis Cernuda)

Macario Blázquez (8 diciembre 1929 - 4 febrero 2020)

Cierro los ojos y aparecen, nítidos, mis primeros recuerdos de Macario.

Sería una Alta Ruta organizada por el Club Alpino Maliciosa (Madrid) allá por 1979... Un autobús que descarga montonera de gente a la entrada del bar "El Galayar", siempre "Casa Macario", y que se esparce por el salón, separado de la barra por un cierre de chapa, todos a la búsqueda de lugar para estirar los sacos de dormir... Los de Arenas de San Pedro ¡por aquello de vivir cerca y llegar antes! directos al pequeño escenario de madera, más aislado del suelo y que se utiliza para representaciones, eventos... El resto de la muchachada al pavimento de terrazo.
Mientras unos encienden el infiernillo de gas para una cena caliente, otros se lían con la tortilla de patata y pimientos fritos... Algunos ya roncan como posesos.
Macario nos observa con ésa sonrisilla suya que ofrece más calor que todo el abrigo que llevamos.
Habrá que madrugar o ¿será trasnochar? no estoy seguro...  Macario estará el primero, tras la barra, con la máquina de café preparada para todo aquel que quiera meter algo caliente al cuerpo.
Luego vendrá un buen paseo con las "tablas" al hombro... hasta la Mira... y los Campanarios... y el Prado de las Pozas ¡y los Barrerones! ¿Pero qué invierno es éste?
Me imagino a Macario, pensando... mientras arregla el desaguisado de local que le hemos preparado: ¡Son buenos chicos!

¡Y los huevos fritos con patatas de Remedios! Su mujer y compañera de toda una vida... Siempre dispuesta cuando Macario se asomaba a la cocina y pedía "algo para los muchachos que vienen cansinos". Sin horario.

En un artículo de éste blog, dedicado al Cervunal... la magnífica montaña que protege Guisando, ya relato una buena historia de Macario, que ocurría cuando desaparecían hielos y nieves, y las cabras regresaban a las alturas buscando pasto nuevo.

"La línea natural de la pared (canal clásica), seguramente reconocida y visitada en verano por los cabreros Guisanderos, que siempre fueron valientes y se atrevían a buscar pasos imposibles... unas veces por ayudar a su rebaño perdido, y otras simplemente por curiosidad.
Esto no lo digo por intuición, que también, y sí por el recuerdo de una charla con Julio Blázquez, hijo del gran Macario, que tras regresar juntos de una escalada galayera y la pereza que me suponía volver a la ciudad, decidimos pasar una buena parte de la noche tórrida que se nos vino encima... tomando cerveza helada con un buen surtido de embutidos caseros, en la terraza del bar que siempre regentó Macario en Guisando. Siempre vigilados por una luna llena que permitía dibujar en el aire la silueta de los Galayos... ¡Ayyyy... Qué bien se vive cuando se vive bien!... eso siempre decía mi padre.

Bueno, a lo que vamos, el caso es que Julio me contaba que su padre siempre encontró paso, de lado a lado, de ésa muralla, entre otros itinerarios uno que resultaba sorprendente: atravesaba con sus alpargatas recauchutadas, justo por la base donde comienza la cascada de la Dama o Señora, hasta alcanzar la canal clásica que ahora nos ocupa. Esto, os lo puedo asegurar sin que me tiemble la voz, no es tarea fácil, sobre todo teniendo en cuenta el equipamiento del cabrero... y la circunstancia de que, en ocasiones, portaba a hombros algún cabritillo enriscado"  

También me contaba Julio cuando Macario colocó una plomada, para visualizar el avance de aquellos dos gigantescos cuernos de roca... esos que se vencían sobre el comienzo de la "Apretura", siempre tan descarnada y que, años después, terminaron por arrasar hasta el cruce que se desvía hacia las "zetas". También desaparecieron los más de "ciento" escalones que, pacientemente y durante años, montaba y reparaba... en todo ése tramo, para facilitar la subida ¡a los demás!

Recuerdo las tardes del viernes, tomando unas cervezas antes de ir a dormir a la Plataforma:
-¡Tomaros otro! Y ya estaba el botellín abierto, encima del mostrador... antes de acabar el anterior.
Invitación de casa Macario.
Charlas sin prisa, cuando nos contaba las caminatas que se metían, de jóvenes, para llegar a otros pueblos en fiestas... Con un hatillo de ropa limpia ¡para el baile!
Y siempre preocupado porque los montañeros no tenían ayuda suficiente.

Me alcanzan más recuerdos según escribo éstas líneas. Julio, de nuevo, me contaba anécdotas con su padre, sobre los Riscos de los Guindales... Y las relaté en la web de Viaclásica:

"-¿Fuiste a los Guindales?
  -Sí, allí estuve con mi padre.-Respondía un Julito con apenas 10 años.
  -Entonces ¿traerás guindas?-Le contestaban, socarronamente, los viejos cabreros.
  -No había guindas en los Guindales.
  -¡Tú verás, no miraste bien!

Y allí quedaba Julio, pensativo, mientras su padre... el gran Macario, le miraba de reojo y aquellos cabreros de piel curtida, manos enormes y ojos chispeantes, se liaban un cigarrillo bajo el Risco del Enebro."

Juez de Paz y Alcalde en su pueblo de Guisando, Cabrero y Posadero, Guarda del Refugio Victory en los Galayos, Rescatador y Guía de Montaña, Medalla de Honor de la FEM (Federación Española de Montañismo), miembro de Honor del GAME (Grupo de Alta Montaña Español) y del GAM (Grupo de Alta Montaña) de la RSEA Peñalara (Real Sociedad Española de Alpinismo)... Y más que me olvido.

¡Ah! y en Sartajada, a los pies de la Sierra de San Vicente, pueblo de la vega en el valle del río Tiétar, todavía quedaba gente de su quinta, hasta hace unos años, que recordaba su nombre y procedencia, cuando bajaba de su territorio a la "Dehesa del Moro"... acompañando rebaños en busca de pasto.

Todos los honores son pocos, Macario... el guardián de los Galayos, estoy convencido, agradecía con cariño y humildad todo aquello... Pero sus ojos siempre brillaban diferente cuando contemplaba el Galayar, y a los montañeros que coloreaban la eterna cuesta del "Carril" hasta los chorros de agua fresca que se encargó de apañar: "Fuente del Amanecer" y la otra, más alta, que lleva su nombre como "Fuente Macario".

A su mujer "Reme", sus hijos -Julio, con quien me une amistad, y hereda la mirada de su padre- nietos, familia y amigos, estad tranquilos... Macario navega desde las nieblas bajas a los vientos altos, sorteando pinos, piornos y pedreras, entre cumbres, agujas, crestas y canales del Galayar... siempre dispuesto a "echar una mano".
En ésa brisa, del amanecer que acuarela el granito cimero de Galayos, y gusta sentir en la cara... en ésa brisa viaja Macario.
No estamos solos.



Foto de Macario Blázquez:  Ángel Pablo Corral

jueves, 26 de julio de 2018

Cenizas al viento I


Pintalo todo de negro
Cuando busques una luz
Restos de clavos ardiendo
Interminable cielo azul
Marineros del destierro
No dejéis de navegar
Por los que se fueron pero están.

(La M.O.D.A.- "Nubes negras" La primavera del invierno)

Alpes. Cervino.

Nos arrasa un viento rastrero que dispara cristales de hielo duro, como granizado, en una mezcla que también trae granos de arena del camino que nos sustenta. Sí, yacemos en un camino bien marcado, al lado de un cascote que algo protege de los vientos feroces... y erráticos... que se aseguran ofrecernos mala noche.

Algo más de mil seiscientos kilómetros de una tirada, de las de parar a repostar y mear, desde la dehesa castellana que habito, hasta Täsch... el último punto donde aparcar y tomar el tren a Zermatt, la ciudad sin coches de combustión, repleta de carros eléctricos y calesas de percherones... el lugar donde solo es posible vivir si la cuenta bancaria, la personal, está dotada de vil metal, eso sí, cualquier vil metal.

Nuestra misión consiste en cumplir con el deseo, para nosotros un deber, de la compañera de Gaspar Muñoz... un alpinista visionario y excesivo, que no pudo aguantar el envite de un accidente en carretera ¡lo que son las cosas!... Ya os contaré cosas de Gaspar, cuando encuentre palabras.


 "Toma, Carlos, las cenizas de Gaspar... espárcelas por esas nortes de los Alpes que siempre soñó contigo".

¡Joder!

Una semana antes, solo una semana antes, de la muerte de Gaspar, comimos juntos, todos... también con su "niña" de pocos meses, en la dehesa castellana que habito... preparando la salida invernal a la Norte del Cervino... Solo una semana antes de que sonara el maldito teléfono que anunciaba cambios.

A Gabi -Gabriel Martín, el acompañante que quiso estar- se le vuela la colchoneta y un guante, ya en noche cerrada, rendidos ante la evidencia de no alcanzar el refugio Hörnli. La tormenta, allí... en un camino, alcanza dimensiones importantes y nos impide avanzar o retroceder. Tremendo.

Vestidos, sin saco de dormir y con la protección de la funda de vivac, logramos mantenernos junto al suelo, sin levantar vuelo, aunque los vientos se empeñan en zarandearnos como banderolas ¡joder! la de cosas que uno tiene que ver por las montañas de la Tierra.
Pero bueno, nos abrazamos como amantes "pecho espalda" y aguantamos el envite.

Amanece como anocheció.

Salimos de allí como alma que se lleva el diablo y alcanzamos, todo esto en un camino bien marcado, un lugar y un momento más amables que nos permiten depositar las cenizas de Gaspar bajo un cascote.
Allí quedaron, a los pies de Cervino... "la escombrera maravillosa", todo lo que no se llevó el viento.

Dieciséis horas más tarde estamos, de nuevo, en la dehesa castellana... con un solecito invernal que da gusto.


Gaspar ya es libre.

Continuará en Cenizas al viento II. Andes (Patagonia), Circo de los Altares...

lunes, 30 de abril de 2018

El póster.


... el póster...

Cuentan que serían las seis de la tarde de un 24 de septiembre de 1975, cuando Doug Scott tomó la foto de su compañero Dougal Haston, en la cima del Everest.
La expedición que lideraba Chris Bonington había conseguido colocar en la cumbre a estos dos alpinistas, por una nueva ruta que surcaba la vertiente Sur Oeste... una línea que abría una puerta a la escalada de dificultad en el Himalaya. Cierto que en estilo pesado y con oxígeno embotellado, pero ¡menuda linea!.

De Doug Scott ya hablaremos en otro momento, que tiene lo suyo... pero es más conocido que el tal Duncan Curdy McSporran Haston... recordado como Dougal Haston.

Dougal pertenecía a ésa generación del "hard way"... tipos como Don Whillans, Robin Smith, Jimmy Marshall.
Nació en Escocia en 1940 y allí comenzó su andadura en esto del alpinismo.

Su historial es corto pero intenso... en poco más de una década, desde 1959 hasta su muerte en 1977, se hizo con un listado de montañas impresionante, siempre al "hard way": Directa Harlin al Eiger (invierno 1966) donde se recordará, siempre, el fatal accidente de John Harlin... ése alpinista tipo "actor americano" que dejó huella en Europa por sus escaladas en los Alpes.
Participó en casi todas las expediciones británicas que Chris Bonington organizó en el Himalaya (desde 1970 hasta la exitosa de la pared SO del Everest... ésta que nos ocupa). En aquella primera expedición de 1970, consigue junto con Don Whillans, la pared Sur del Annapurna.
En 1974 llega el turno del Changabang... Primera ascensión de ésta magnífica montaña, con Bonington, Doug Scott, Martin Boysen y Chewang Tachei.
En 1976, de nuevo con Doug Scott, inauguran en un impecable estilo alpino, una nueva linea en el Denali (Alaska)... La leyenda estaba en marcha.

Sus primeros años de vida estuvieron siempre ligados a Currie, su lugar de nacimiento, un suburbio cercano a Edinburgo (Escocia); abandonó los estudios pero gustó de estudiar filosofía, sin acabar la tarea, y se convirtió en un incondicional de Nietzsche... algo que, de alguna forma, marcaría su personalidad.
Al igual que a Don Whillans, al que sus amigos apodaron "el villano"... a Dougal le definían, sin complejos, como "evil bastard". La traducción es cosa vuestra.
Sus amigos le recuerdan por gamberradas y peleas -solía llevar, en el bolsillo, un mosquetón para usarlo en plan "puño americano"-... Y beber, mucho.
Uno de esos días de alcohol, una noche de abril de 1965, tomó su furgoneta y no vio a un peatón... un muchacho de 18 años que murió días más tarde. Por este hecho, pasó dos meses en la cárcel de Edimburgo... llevaría esta carga toda su vida y sus más cercanos siempre comentaron que buscaba redimir su culpa.

Buscando mejorar su vida, se trasladó a Suiza... pero allí, en la localidad de Leysin, se hizo asiduo del "Club Vagabond Bar"... Tampoco traduzco.
A la muerte de John Harlin, en el Eiger, y director por aquel entonces de la "Escuela Internacional de Montañismo de Leysin", Dougal tomó el relevo.

Escribió un par de libros: "In high places" y "Calculated risk", éste último lo acabó unos días antes de su muerte... como una premonición del fin de sus días.
Una mañana del mes de enero de 1977, ignorando el alto nivel de avalanchas en la estación suiza de La Riondaz, cercana a Leysin... Dougal marcó dos amplios giros en una ladera que debió sentir como mágica, por esa luz y brillos de la nieve polvo que nos confunde... La avalancha le sepultó.

Dougal Haston fue enterrado en el cementerio de Leysin (Suiza)... Su tumba no tiene nombre ni fechas... solo un número.


De aquella imagen en la cumbre del Everest -el póster del que os quería hablar- queda en la historia el terrible vivaque, al descenso tardío, que se marcaron -posiblemente entre los más altos de la historia del alpinismo- a 8.750 metros de altitud... ya sin oxígeno embotellado ni sacos de dormir, lo que viene siendo "a pelo"... es decir, con lo puesto. Todo en un agujero cavado en la nieve.
Seguramente, Dough Scott estará eternamente agradecido a Dougal cuando éste le permitió colocar sus pies desnudos, insensibles, en ése hueco tan calentito que damos en llamar sobaco.

Allí, a la espera de la madrugada, "viajaron" por espacios difíciles de soñar. Sí, ya sé que algunos piensan que eso son cosas de gentes raras... pero no... yo también lo puedo asegurar.

De aquella llegada a la cumbre del Everest, en ésa tarde tardía... traduzco una reflexión de Doug Scott sobre sentimientos:

"Recorrimos, uno al lado del otro, los últimos metros hasta la cumbre, llegando juntos al lugar donde contemplar el mundo a los pies. Ésa cumbre todo lo fue y fue más que una cumbre.
Mi reticente y habitual compañero se convirtió en un ser abierto, una sonrisa de felicidad rasgó su cara y allí permanecimos, sosteniéndonos, y rompiendo nuestras espaldas a manotazos" 

A lo que vamos. Ése póster que no recuerdo de donde salió -pudiera ser de un "Paris Match" de la época... con su grapa central de portada interior... pudiera ser. Pudiera ser, incluso, que perteneciera a una peluquería del barrio de Tetuán (Madrid) donde mi madre encontaba "joyas" de éste tipo... pudiera ser-.
Ése póster estuvo sujeto, con seis chinchetas, en la pared de mi habitación, a un lado de la cama... para soñarlo con solo girar la cabeza.

El toque azulón de la imagen que dramatiza el momento de llegada a cumbre, tan tarde, mientras el mundo resulta ajeno a dos tipos que luchan por sobrevivir... eso... eso todavía me persigue.

Suerte y luego ya... que sea lo que tenga que ser.