Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


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lunes, 8 de julio de 2024

Nevado Pisco... la controversia.

Según nuestro DLE, esto es controversia:

Del lat. controversia.

1.f. Discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas.

    Sinónimos: polémica, debate, discusión, disputa.

Viene a cuento del lío que se traen los hermanos Pou y Herve Thivierge, con una supuesta primera escalada a la cara sur del Nevado Pisco Oeste (5.765 metros de altitud... o así).

El grupo francés, compuesto por Jean Paul Balmat, Daniel Monaci, Jean Fabre y Herve Thivierge, realizaron una escalada de la cara sur (700 m. ED) un 9 de octubre de 1978.

Eneko e Iker Pou y Micher Quito, completaron su recorrido en este año 2024.

Izquierda: croquis de Thivierge. Derecha: croquis de Pou

Así las cosas, todos hablan de "primera" y aparecen dudas sobre si la "primera" de otros no será "variante" de la "primera" que otros defienden ¡menudo lío, eh!

Por aquí dejo el enlace a la controversia -está en inglés, pero es fácil deducir como va el asunto-.

El caso es que puede resultar sorprendente que una cara sur, como la del Pisco... unos 700 metros de desnivel (rimaya/cumbre) con unos canalones directos a cima, no hubiese sido ascendida y no publicitada, ya desde los años 70. Escaladores como Alex Lowe o Charlie Fowler -así lo indica el alpinista Brad Johnson, guía y escritor americano, con enorme experiencia en la zona-, posiblemente realizaran alguno de los evidentes canalones que caen desde la cumbre; por supuesto que ya fueron escaladas unas cuantas lineas a la izquierda del muro principal.

No recordaba con seguridad si algún español anduvo por allí, pero Paco Aguado me confirma que él realizó la escalada en solitario, en el 81.

Y, otros españolitos del Club Alpino Maliciosa, también se fijaron en el Pisco ¡no pudo ser... pero ahí peleamos!

Nuestra historia la podéis leer en el capítulo III de la expedicion Chacraraju 78 y para los que no desean leer todo el relato, hago unos recortes por aquí:

"Alcanzamos el collado que separa los glaciares del Chacraraju y Pisco... sin pisar nieve y ya en los 5.200m. ... con un dolor de cabeza importante. Tenemos enfrente la cara Sur del Pisco... un Chacraraju en miniatura y al que quizá podríamos llegar desde aquí atravesando, de bajada, el glaciar que lo defiende.

Lo intentamos por allí y por allá... pero esos pocos cientos de metros que nos separan de la base, resultan plagados de grietas ocultas y camino difícil de intuir. Bueno... es bastante por hoy, hemos alcanzado una altura que no conocíamos... hemos visto al gigante y descubierto mejor paso para el futuro.


Llegamos al campo base con ésa alegría que se convertirá en norma... descanso, placidez y comida... un oasis seguro en medio de montañas salvajes y naturaleza en estado puro.
Esta noche he dormido despierto... vamos a ver... he descansado bien, tranquilo y en una nube de imágenes plácidas, un sueño en campos de amapolas rojas con fondo de montañas blancas, no sé... algo raro pero sereno. Deben ser la altitud y lo que la retina conserva, o quizá algún recuerdo de Heidi, Pedro y el abuelo ¡yo que sé!.

Estamos dispuestos a no perder un solo día y necesitamos aclimatar para encontrarnos fuertes; así pues, a la mañana siguiente recorremos a la inversa el camino que aquí nos trajo, hasta las inmediaciones de las lagunas de Llanganuco y luego girando hacia las morrenas del Pisco, cargados para varios días y con el plan de ascender a la más amable de las cumbres... todo para conseguir la primera cima andina de nuestro periplo.

Por supuesto abriendo veredas sin conocer camino; esto es un sinvivir


.
Paco Pavón anda pensativo ¡me meto o no me meto!

El grupo se divide según los cuerpos se encuentran: unos hacia la ruta normal del Pisco y otros, erre que erre, hacia la cara Sur, el mini Chacra, virgen hasta donde sabemos pero clarisimamente posible...¡ya te digo!.


En el campo base del Pisco, en un claro entre morrenas sucias y abarrotado de nacionalidades,  dormimos y nos despedimos de madrugada... allá cada uno con lo que le venga
.
Javier y Paco se deciden por la ruta normal, más sensatos que el resto, que apostamos por la cara Sur. Unos dormirán en la planicie glaciar que separa Huandoys y Pisco... y otros lo haremos en una grieta amplia y amable, cercanos a la base de la pared.


Triunfan los sensatos... que alcanzan la primera cumbre para alegría del resto. Los que lanzamos los dados contra el borde del tapete verde de la mesa de juego... no pudimos completar la escalada; a media pared de un total aproximado de 600 metros, la nieve merengue y nieblas acuosas, nos hicieron desistir de una primera mundial -o eso creíamos-... ¡no te jode, solo faltaba triunfar de entrada!

Rápeles de setas de nieve y destrepes finales nos dejan en la base. Un tanto abatidos por lo vivido... decidimos recorrer el glaciar, ésta vez en ascenso, en dirección al collado que días atrás visitamos y, ésta vez, resulta más fácil; sobre las diez de la mañana llegamos a terreno conocido y finalmente al campo base sobre el mediodía, donde nuestro "cuidador" Vargas nos atiborra de viandas, como siempre escasas.


Paco y Javier... los triunfadores... aparecen a la noche y aprovechamos a repetir una cena en grupo completo, contándonos las aventuras vividas. Han sido tres días navegando por terreno desconocido... y la expedición ya tiene su primera cumbre".

Las condiciones de la pared han cambiado mucho en tantos años, aunque parece que la enorme cornisa que defiende la cumbre, sigue como espada de Damocles.
Nuestro intento se desarrolló por el canalón derecho central más evidente y, a media pared nos pasamos al de la izquierda.
Luchamos por allí pero aquello no tenía consistencia y más que escalar ¡cavamos zanja! Recuerdo vívidamente aquel vivaque, donde buscamos el cobijo de las rocas calientes por un día de sol ardiente. Luego llegó la noche, la niebla, el amanecer cubierto y ¡la zanja!

Bueno, ya veremos en qué queda la controversia sobre quién fue primero... o segundo... o así.


domingo, 28 de enero de 2018

Y el Huascarán tembló...

Habían pasado ocho años desde que el terremoto de 1970 asoló la Cordillera Blanca... Solo ocho años.


El coloso Huascarán Norte, el pequeño, se desprendió de todo lo que sobraba. Ocurrió un 31 de mayo... Miles y miles de personas fueron sepultadas, arrastradas, trituradas... desaparecidas, en aquel aluvión de "hormigón armado".
Poblaciones enteras, como Yungay, desaparecieron casi en su totalidad... Una ola de hielo, rocas y barro, descendió desde las alturas abriendo, a la llegada, un frente de casi mil metros de anchura; recorrió los 18 kilómetros que separaban Yungay del Huascarán, a una velocidad de 300 km/h. ... Huaraz, Ranrahirca, Caraz... también sufrieron el desastre. Las cifras hablan de más de 30.000 muertos... solo en esta zona del Callejón de Huaylas.
Bastaron unos minutos para romper una plácida tarde.

... Lagunas de Llanganuco en 1978...

También desapareció una expedición checa que mantenía su campo base en una zona que fue barrida por otra segunda avalancha, más pequeña, que se encajonó en la quebrada y represó la segunda laguna de Llanganuco hasta hacerla crecer 16 metros en altura.
Lo que son las cosas del destino: El grupo de alpinistas checos había planeado una expedición a las montañas de Alaska pero, debido a las políticas de aquellos años, no pudieron conseguir permisos para viajar a los Estados Unidos de América.
Así pues cambiaron de plan y se decidieron por visitar los Andes y la Cordillera Blanca; uno de los alpinistas era un fotógrafo de prestigio en Checoslovaquia ... Vilém Heckel.
El día 31 de mayo de 1970, Vilém y su grupo habían decidido levantar -debido a la pérdida de un compañero en la montaña- su campamento situado entre las lagunas de Llanganuco. Tenían pensado partir justo al día siguiente -de nuevo el destino- y visitar otras zonas con finalidad más académica, como era el estudio de la cultura peruana.
No pudo ser... la expedición al completo, quince miembros, quedó sepultada. Nunca fueron encontrados.

Enlace: Foros Perú Club

Ocho años más tarde (1978) los "españolitos" del Club Alpino Maliciosa (Madrid-España) desembarcaron en Huaraz con el recuerdo de aquella tragedia.
Acampamos en las lagunas de Llanganuco -quizá en el mismo lugar que ocuparon los checos- a la espera de conseguir hombres y bestias, a partes desiguales, que ayudaran con el trasiego de bultos hacia nuestro objetivo: el Chacraraju.

... acampados en el lugar, seguramente, que ocupó la expedición checa de 1970...

Mientras esperábamos... decidimos aprovechar para aclimatar.

Subimos alto, muy alto, un día de nieblas cimeras. Avanzamos, sin veredas definidas, entre un caos de pedreras y terreno suelto que trituró aquella avalancha... Manos en los bolsillos y hasta tocar glaciar. El glaciar del Huascarán Norte a los pies del paredón oscuro. Sin perder de vista aquel muro rocoso que conducía más allá de los seis mil seiscientos metros de altitud ¡Joder!.
Regresamos a Llanganuco con mareos, dolor de cabeza y mirada perdida.

Aún hoy... según escribo esto, se me eriza el vello, que no cabello... que ya falta.

... Vertiente Norte del Huascarán Norte... 1978...


jueves, 18 de enero de 2018

Pucaranra... la montaña roja de la Cordillera Blanca II

Era grande... y nos vimos la mirada.

Nos sobrevuela el rey de la cordillera... majestuoso y "casi" inmortal. El único visitante de la quebrada, así será durante días y días... sumarán semanas.
Entra alto por el collado que divide el Pucaranra y el Jatunmontepunku -un cinco mil cuatrocientos que se nos antoja pedregoso-... Y nos muestra, siempre, un vuelo alto y poderoso: desciende veloz hacia "nuestra" quebrada Cojup y se pierde, al fondo, entre vaivenes a izquierda y derecha... como un surfista que aprovechara laderas para "entubarse" en olas de viento.

... ¡allí está, entornad los ojos!...

Parece alcanzar el Nevado Churup, abajo al fondo de la quebrada, y entonces se monta en alguna corriente que lo despide hacia el Ranrapalca ¡joder, qué vuelo!

Solo recuerdo, un día, ver y sentir cerca su poderoso planeo. Una tarde calurosa que asolaba el campo base a los pies del caos de cantos bajo la laguna Palcacocha. Salí de la tienda con esa laxitud que deja legañas y boca pastosa y ¡zas! levanté la vista... por aquello de oír su viento; allí estaba, contra un cielo azulón que más hacía brillar glaciares blancos.
Desplegaba una envergadura que mandaba buena sombra sobre el suelo... Recuerdo sus ojos, la cresta roja oscura y un collar blanquecino, el poderoso pico... y las plumas sueltas, al exterior de las alas, como dedos de una mano que gobernaran la nave.

Esa mañana, nuestro querido Agripino, sacrificó un cordero que acompañaría patatas y zanahorias... durante días y días.


Y allí estaba, en el campo base... secándose al sol, la tentación del cóndor... el rey de la cordillera.

... la tentación del cóndor...

Desde que burros, arrieros y alpinistas en ciernes, hicieran el trabajo de soltar la carga, todo nos parece poco: una botella de gas butano (grande), una tienda ¡por decir algo!, dos toldos y cuatro mochilas de loneta con ropa, material de escalada y comida de la tierra: patatas, tocino, huesos frescos y otros dudosos, legumbres, pasta "sin identificar", latas de conserva (sin información de contenido o fecha alguna), galletas (o algo así), fruta verde ¡a ver si aguanta!... Y, claro está, nuestros tubos de leche condensada "La Lechera", sobres de sopa "Gallina Blanca", pilas de petaca "Cegasa" y grasa "Ouraline" para las botas de cuero... esto último gracias a las marcas que, gentilmente, nos suministraron sus productos en Madrid.

*En cuanto al material de escalada... lo de siempre:
Una cuerda de 60 metros y 9 mm.
Dos piolet y dos maza/piolet.
Crampones de correas.
Ocho tornillos "sacacorchos" y alguno más "troncocónico".
Cuatro clavos de roca.
Un par de estacas de nieve.
Media docena de anillos y el doble de mosquetones.
Descensor en "ocho"... ése "delgadito" de acero.
Casco y arnés (Cassin y Troll Whillans)
Linterna frontal (Petzl ¡la naranja!)

... material "duro" durante la escalada...

*Para dormir ¿he dicho dormir?:
Una tienda "moderna" para campo de altura (Altus).
Sacos de duvet (Pedro Gómez y RocNeige) y fundas de vivaque (unas de seda -paracaídas reciclado- y otras de un nailon gastado).
Esterillas clásicas Icolen.

*Para calentar:
Un infiernillo (Camping gas)... de esos con "medio cartucho" a pinchar y cacerola incluida.

*Para vestir, de pies a cabeza:
Botas dobles de cuero (Galibier Makalu).
Medias (La Artesana).
Ropa interior Damart (thermodactyl).
Bávaros "laster".
Camisa de franela, a cuadros... por supuesto.
Chaqueta de loneta (Pedro Gómez) ¡la "Perica"!.
Jersey de lana... bonito y elegante.
Plumífero gordito... bien parcheado, reservado para campo base y vivaques "a pelo".

Y un "descampao" al que limpiamos de cantos, entre pedreras y pasto duro. Todo a los pies de la cordillera.



Durante días y semanas, éste será nuestro hogar, el lugar donde soñaremos soñar que soñamos un sueño difícil de soñar. El lugar donde nos alcanzarán soles y nieves... más solos que, según reza el refrán, la una.

Será como habitar una pradera de aquellas cercanas a casa... un "campamento de los de antes" en algún lugar de Gredos, Pirineos o Alpes, eso sí, cuando todo era diferente.



Toca reconocer el lugar, del que no tenemos información bastante. Toca investigar donde acaban las pisadas del ganado y esos senderos, poco definidos, del resto de animales que nos rodean.
Serán días en los que, tan pronto, giramos a izquierda como derecha... saltamos arroyos lentos y otros, más altos, furiosos. Escalamos morrenas inestables y descubrimos las últimas nieves sucias de glaciares que mueren en pedreras trituradas.


A un lado nos vigila el Ranrapalca... al frente el Palcaraju... y al otro el Pucaranra.

Vivaqueamos a uno y otro lado de la quebrada, buscando con la mirada caminos a recorrer... Entretanto nos nieva en el campo base, con ganas y a menudo.
Aprovechamos cualquier día azulón para seguir la búsqueda... siempre mirando un raído mapa que nos indica cumbres, valles y poco más.

Tenderete para "material duro" junto a la tienda del Campo Base

No quedó cuestarrón sin recorrer.
Tan pronto nos acercábamos al Ranrapalca y se montaba la tienda... como se desmontaba, al día siguiente, y subíamos hasta los últimos pastos donde se estrellaban las morrenas del Pucaranra, a vivaquear... como perrillos sin dueño.

... unas veces con tienda...

... buenas vistas sobre el Ranrapalca...

Trípode, cámara y teleobjetivo, cumplían la misión de espionaje para adivinar líneas, desde la distancia.
Esto nos ofreció la oportunidad de observar nuestra ruta y memorizar la posible línea de escalada... incluyendo el sector de salida ¡por fin a salvo de los enormes seracs!


... zona cimera del Pucaranra...

De nuestro objetivo principal, el Pucaranra (6.147 m.) solo pudimos averiguar que, por la vertiente de la quebrada Cojup, la pared Oeste no tenía ruta alguna. Teníamos conocimiento de la ruta inaugurada por Nicolás Jaeger, en solitario (arista NO). Esto ocurrió allá por 1977, durante una impresionante campaña por la Cordillera Blanca, dirigida por Jaeger, con un potente grupo de alpinistas franceses y americanos, en la que abrieron una buena cantidad de vías -entre ellas también se encontraba la Sur del Chacraraju, ruta que "los chicos del Maliciosa"  habíamos repetido en 1978-.

Años más tarde nos enteramos que en 1975, M. Cohen y T. Parlane, inauguraron ésa vertiente Oeste del Pucaranra, aunque nunca pudimos contrastar la línea seguida por ellos.


Una cálida mañana de un día despejado, recibimos la única visita humana, cosa que nos alegró el alma porque ya estábamos a punto de asilvestrarnos.

Dos alpinistas, cargados con enormes mochilas, nos saludaron a voces ya desde cierta distancia.
Como buenos anfitriones, cursamos invitación a comer y charlamos en inglés gestual... comunicación internacional en la que los españolitos somos los reyes; lo cierto es que estos dos también dominaban el asunto.
Uno de ellos, con el que mantuve durante unos años contacto, se llamaba Stéphane Schaffter; guía suizo con un magnífico historial alpino.

Dimos por terminada la sobremesa a eso de la media tarde y, nuestros invitados, volvieron a echarse a la espalda las mochilas que cargarían durante los siguientes días; su objetivo era la pared Oeste del Palcaraju... una magnífica pirámide, de un blanco impoluto.

... Palcaraju (6.274 m.)...

El amigo Sevi Bohórquez -si necesitáis saber sobre los Andes ¡Sevi lo sabe!-, me manda una nota de aquella escalada:

"Schaffter y Baehler, desde la quebrada Cojup, el 13 de agosto de 1980 escalaron la cara O del Palcaraju y se retiraron a menos de 80 metros de la cima por malas condiciones del hielo"

Así lo recuerdo yo también cuando seguíamos, desde el campo base, su esfuerzo por atravesar hacia la arista de nieve.
Sobre éste tema de primeras ascensiones "sin cumbre" sugiero echar un vistazo al blog de Sevi... un caudal de info.

Stéphane nos dejó un día de julio del 2015, en el transcurso de una expedición por el Himalaya de Zanskar.


¡Ah! Casi se me olvida, aquí tenéis un "proyecto" -así lo llamábamos en aquellos años- que ya nos costaba un dinerito y servía para conseguir mercaderías de las empresas que querían colaborar... Pocas pero entusiastas, las cosas como son.




Y por fin, un día, decidimos que había llegado la hora de la verdad, que ya "nos pertenecía" el lugar y que nuestro objetivo, a pesar de los enormes seracs que, como espada de Damocles, pendían de la pared -nunca hubo un solo derrumbe ¡aunque esto no es garantía!, pero gusta pensarlo- se hacía necesario investigar el glaciar del Pucaranra, un verdadero caos de hielo, grietas y sorpresas.

Luego, habría que escalar...

... glaciar...


... capítulo anterior.

                                                                                                                                              Continuará...

jueves, 9 de julio de 2015

Pucaranra... la montaña roja de la Cordillera Blanca I

"... lanzo las cuerdas al fondo de la grieta, con un gesto de perezosa dulzura... suplicando, en silencio, que todo salga bien.
Me recibe el frío aliento de la negrura; pocos metros más abajo ya se pierde el nylon y penetraré en un reino que no logro ver.
Me coloco en el borde, como un reo pisaría la trampilla que cederá, y -al mismo ritmo que la fiebre me obliga a un lento parpadeo- cruzo la última mirada con Javier que, sentado en la nieve, afianza con su peso la única estaca de aluminio de la que colgaremos; no sé... veo cansancio en sus ojos y -si pudiera verme- miedo en los míos.
Solo unos pocos metros y ya estoy helado... solo unos segundos son suficientes para robarme el calor; oscuridad rota por los rayos de sol que luchan por entrar; arriba... cada metro más lejano... un agujero de esperanza que se hace más y más pequeño, mientras desciendo hacia un espacio desconocido.
Caen cristales de nieve cuando las cuerdas cortan el borde, como el acero caliente la mantequilla; me gusta y alzo la cara para  recibir aquello que cae de la luz.
La tarea será encontrar una posibilidad para alcanzar la otra orilla de esta grieta -en un glaciar colgado, cercano a los 6.000m., del Pucaranra- y habrá que bajar para volver a subir. No vemos alternativa distinta.
Va para tres días por aquí.
Tengo más miedo que vergüenza... y esto tampoco será suficiente; estoy en las tripas del glaciar, un lugar que no me pertenece.
La luz de la linterna frontal pierde fuerza, apenas ilumina mis botas que se recortan contra un pozo sin fondo.
Como si me hallara en una burbuja -de luz tenue- las cuerdas se pierden, arriba y abajo, en la oscuridad. 
Solo unos segundos antes de perder contacto con la pared, un estratificado horizontal que sobresale del muro helado -hielos prensados que indican milenios, sucios y repletos de aire apresado en burbujas-, roza con el descensor en "ocho" y se forma el temido nudo de alondra. Empiezo a girar como peonza y la mochila me vence la espalda.
Se pierde el final de la cuerda con un "alegre" balanceo que indica cabo libre y cercano; la grieta se traga sonidos ajenos, los míos suenan secos y huecos... como si fuesen de otro. 
Todo se pierde -todo- contra un abismo negro que parece respirar. 
No sé como será el infierno pero, en este al que desciendo, no me abrasarán otras llamas que no sean las que me encienden las sienes..."

(Cordillera Blanca, vertiente Oeste del Pucaranra, julio 1980)


... vertiente Oeste del Pucaranra (izquierda imagen)...

La quebrada Cojup se estrella -nace, según se mire- en un circo glaciar, flanqueado por montañas blancas que alimentan lagunas; láminas de aguas frías que se empeñan en desbordarse periódicamente.
Una tarea de la naturaleza que se afana en mover tierras y rocas, unas veces de forma violenta... otras lentamente, sin prisa, con el único fin de llevar todo el material arrancado en la cabecera, desgastando un suelo algo pobre, hasta encontrar la siguiente horizontal.
Luego ya se verá si hay más transporte a realizar.

Un circo glaciar amurallado por los nevados Ranrapalca, Palcaraju y Pucaranra... un trío de "seismiles", como tres torres, que vigilan la quebrada.

En 1941, un desprendimiento de seracs (grandes bloques de hielo procedentes de glaciares suspendidos) sobre la laguna Palcacocha, originó una ola que abrió una brecha en la morrena frontal de la laguna.
Toda esa masa aumentó su potencia cuando se llevó por delante otra laguna más pequeña -conocida como Jircacocha- situada más abajo y hoy desaparecida.

Huaraz, la ciudad que por aquel entonces contaba con algo más de 15.000 habitantes y situada al final de la quebrada, recibió... a pesar de la distancia (algo más de 15 km.), un aluvión de agua, barro y todo lo que la potencia desatada se llevó por delante.
En poco más de quince minutos... entre cinco y siete mil personas quedaron sepultadas.


Hemos abandonado Huaraz en una "Datsun pick up" -un vehículo legendario que parece dominar carreteras, pistas y caminos inexistentes-. Parece mentira lo que puede transportar.

Pasado el mediodía, el conductor nos descarga frente a un muro de piedra con cancela de hierro ¡una puerta en el campo!.



Ahora buscaremos algún muchacho que disponga de caballerías -también aceptaremos caballería "menor", a veces más válida según el terreno a cubrir-.

Nos espera un mes de julio caluroso y algo inestable, pero no importa, lo que hemos llamado "Operación Andes 80" está en marcha.




Recorreremos los Andes de la Cordillera Blanca, buscando lugares imposibles. También ciudades abandonadas. Y nos recibirá la selva peruana que linda con Brasil, ya os adelanté algo en un artículo anterior... todo llegará.
Serán tres meses que se llevarán algunos kilos del cuerpo y dejarán en el cerebro recuerdos de vida plena.

Pero, de momento, nuestro principal objetivo es el Pucaranra... la montaña roja de la Cordillera Blanca.


Contratamos los servicios de Agripino Alvarado, un huaracino que será nuestro guardián y vigilante, cocinero y pinche, arriero y porteador, consejero y amigo... buen amigo.
Nos acompañará durante  los casi dos meses de "cordillear" -un palabro que nos inventamos y define grandes recorridos por la cordillera-, siempre pendiente para echar una mano donde sea necesario... también nos contará una parte de su vida, ayudando a la familia cuando apenas levantaba un metro del suelo, y "encuentros" con seres que habitan las quebradas lejanas.



Agripino tendrá tiempo de relatarnos -a la mágica luz de las hogueras que encendimos, más allá de los 5.000 metros- cuando acompañó a René Desmaison en algunas de sus expediciones en los Andes, entre los años 76/79... años en los que el alpinista francés realizó magníficas campañas, inaugurando una ruta en la cara Sur del Huandoy.


De momento, recorremos el margen derecho -según ascenso- de la quebrada, y se hace necesario abandonar el trazado en algunos tramos más allá del itinerario original del camino, todo para evitar terreno de escombrera ocasionado por los derrumbes que aún persisten en las zonas más estrechas de la quebrada.

Nos asombra la fuerza que tuvo que desplegarse por aquí, cuando el desborde de la laguna Palcacocha; hay sectores que fueron curvas en la garganta y ahora parecen enderezados por un buldócer gigantesco.
Laderas cortadas, inestables y repletas de bolos incrustados, a punto de caer.

Nosotros, acompañados por los potentes burros de carga que hemos conseguido, continuamos ascendiendo hasta que por fin avistamos, por un hueco que se abre en la quebrada, nuestro Pucaranra.



Y luego, llegamos al solitario pedregal que se nos presenta a la vista.
Estamos contemplando el mayor tajo que jamás vimos en una morrena frontal... y allí... allí levantaremos un par de tiendas desechadas por viejas, mientras tratamos de adivinar qué pasaría si la Tierra decide que sobramos...


Os lo contaré tan pronto pueda pensar con más claridad de la que me permiten los calores de la dehesa castellana.

De momento vamos a descargar...




domingo, 8 de diciembre de 2013

Fiordo Última Esperanza... Patagonia

No tenia previsto contar un pequeño paseo "patagónico"... de esos en plan turismo - buena vida - que a veces conviene merecer tras semanas de montaña dura... aquello de "... ya que estamos por aquí habrá que visitar Cuzco y Machu Pichu..." - esto para los que visitan la Cordillera Blanca -... o "... el glaciar Perito Moreno... " - ¡ja!... no tuvimos bastante con el Hielo Continental, ¿no? - "... bueno... habrá que acercarse a Puerto Natales... ¡buen marisco se come por allí!..."; en fin... lo de siempre.

Ya digo... no tenía previsto relatar nuestra visita a éste fiordo - cosa que ocurrió, allá por el 2008, pocos días después de recorrer una parte del Hielo Continental hasta la vertiente Oeste del Cerro Torre... ya os contaré ésa historia otro día - pero el caso es que precisamente... hoy caigo en la cuenta que un día como el pasado 8 de noviembre, del año 1957... I. Arnsek, M. Saavedra, C. Botazzi y O. Meiling... realizaron la primera ascensión del Cerro Balmaceda (2.035m. ¿?)... una montaña de dimensiones importantes que parece taponar el fiordo Última Esperanza - ¡joder... menudo nombre!.

... Cerro Balmaceda...

Al igual que ocurre con muchos "cerros" patagónicos... el Balmaceda pertenece al grupo de los invisibles; es una montaña de buen porte y extensión, desnivel clarisimo si se accede desde el fiordo - aunque no es la ruta clásica -... y es tan "invisible" como que solo cuenta con 4 ascensiones (la tercera repetición, en mayo del 2002, corre a cargo de dos compatriotas españoles... Carlos García e Iñaki San Vicente).

... imagen satélite...

... cuarta ascensión... invierno 2005...

El hecho de ser poco escalado se debe, seguramente, a su cercanía a las Torres del Paine... que eclipsan cualquier otra visión, bueno... la visión del glaciar Balmaceda - ya en recesión - y que en sus mejores tiempos depositaba bloques de hielo directamente al fiordo, si que es hoy en día recorrido turístico relevante.

Algunos de éstos fiordos fueron explorados por españoles en el siglo XVI... a la búsqueda de conexiones con el estrecho de Magallanes...  uno de ellos un tal Francisco César que, a su vuelta, hablaba de lo que se terminó convirtiendo en la leyenda de "la ciudad de los Césares"... ya sabéis... cosas de tesoros en aquel siglo de conquistas españolas por la Américas.


No es seguro que avistara el fiordo Última Esperanza... el que sí lo hizo fue Juan Ladrillero, otro español onubense, considerado como el segundo descubridor del estrecho de Magallanes... lo recorrió en ambos sentidos... y entre 1557/58 navegó el fiordo que nos ocupa como "última esperanza" en encontrar nuevos pasos entre océanos.
Seguramente él fue el primero en divisar los seracs del Balmaceda meciéndose en el mar.

Con la chaquetilla puesta y las manos en los bolsillos, nos montamos en un autobús que desde El Calafate nos llevará a Puerto Natales - ya en Chile y por tanto pasando control de fronteras... muy estricto con alimentos y bebidas -.
Yo llevo un bocadillo y Miguel una manzana... total que directo a la basura o devorarlo allí mismo delante del agente... no hay duda alguna y, aunque es temprano, nos sabe a gloria.

... abandonando Puerto Natales...

Imaginarse a los sufridos "conquistadores" españoles... gentes duras y dispuestas a mejorar... por tierras remotas y en busca de fortuna - algunos persiguiendo honor - puede parecer baladí en nuestra época, incluso puede que no se comprenda... pero bastará con ponerse en el momento que les tocó vivir y simplemente entender que - como siempre - todo el mundo tiene derecho a intentar un sueño.

... el capitán que no sabe navegar...

... Balmaceda a la vista...

... cormoranes...

No dejo de imaginar lo que pudieran sentir aquellos navegantes... embutidos en armadura y bandera española - posiblemente a las ordenes del emperador Carlos I de España y V de Alemania ¡total nada! - internándose por éstos fiordos a la búsqueda de caminos, tesoros y tierras desconocidas; todo ello con tripulación hambrienta y deseo de conquista.

Uno - que gusta de soñar como "niño grande" - se imagina una historia...  que quizá gustéis de soñar:


"- ¡Buscad un nuevo paso al Magallanes!... - eso me ordenó el Emperador, a quien Dios guarde muchos años - ".
Y así es como llevamos seis meses de navegación, tormentas y hambre... con los pocos hombres que sobreviven - los que no... hubo que  lanzarlos al mar con una simple oración -.
Hartos de comer carnes en salazón - el pescado ya putrefacto y roído por las pocas ratas que no pudimos capturar para comer - la tripulación a punto está de amotinarse.
Son hombres duros que abandonaron la miseria en busca de fortuna... pero todo tiene un límite.

Anoto en el diario de bitácora que hoy entramos a una red de canales... ¡que Dios nos ayude!... veremos si hay salida en éste infierno que nos consume.

A los hombres se les enciende la mirada cuando descubren extraños animales sobre las rocas - el científico que nos acompaña, solo piensa en dibujar las bestias... pero el resto... solo ve comida ¡bien sabrosa, por cierto!.
Algo mejoramos por ésta nueva tierra - al menos los estómagos agradecen -.

Luego llegamos a los pies de una montaña que escupe sobrante de hielo en éste mar que navegamos... no parece que las aguas comuniquen con otras del otro lado. Es el fin.

Por el camino, unos hombres me piden que les deje en la orilla, quieren iniciar una nueva vida... sin fortuna ni honores... quizá sin posibilidad de vivir.
Allí les dejamos... quizá descubran el tesoro... "el Dorado" - o algún otro - ... nosotros regresaremos a nuestra España... hay que informar al Emperador - Dios guarde muchos años - que no encontramos posibles para ampliar su imperio".


... cascadas hacia el fiordo... a caballo entre aguas dulces y saladas....


Nuestra nave, a la que bautizaron  "21 de mayo"... se recuesta contra un embarcadero de postes y maderos - lo cierto es que resulta un encuentro especial... como si alguien por allí viviera y se preocupara de facilitar visitas -.

El lugar se me antoja mágico... algo frío por la cercanía de hielos... no sé... echo en falta el sol.

... embarcadero cercano al glaciar Serrano...

Hubieron de transcurrir casi 300 años - hasta 1889 - que un Capitán de la Armada Chilena... Ramón Serrano... descubriera la zona que lleva su nombre, ríos y glaciares que desembocan en el fiordo, éste que ahora visitamos.

El capitán recoje unos trozos de hielo y reparte unos vasos mientras ofrece whisky a los turistas - ¡Señores, éste hielo tiene mil años... tómense un whisky histórico! -... tremendo el tío, los turistas ríen a gritos... la tripulación aplaude... y yo sonrío mientras me cuelo el licor por la garganta, recordando unas palabras de un viejo amigo - Gaspar Muñoz, que ya no está entre nosotros - en un vivac alpino mientras derretíamos hielo para la sopa nocturna:

- ¿Sabes que podríamos estar bebiendo agua de hace un millón de años?.
- ¡Joder, Gaspar!.
- Sí... y seguro contiene bacterias, virus y mierdas desaparecidas.
-¡La leche!... bueno... pero hay que beber.
- Sí... pero que no se te olvide... jajajajajaja.

Gaspar siempre reía fuerte.

... laguna y glaciar Serrano...

La laguna es pequeña y redonda... vierte aguas al fiordo Última Esperanza por un corto desagüe pedregoso... el mismo que hemos caminado desde la embarcación principal.
Flotan cientos de trozos de hielo que nuestra pequeña lancha hinchable se empeña en esquivar.

Luego... de repente... aparece una franja limpia - solo unos metros en el frente del glaciar -... no sé... a mí esto de navegar... como que no es lo mío.


Miguel me dice... "no es lo mismo pasear encima de un glaciar, que verlo de frente"... bueno, algo de razón lleva... pero vamos... que, aunque me resulta vistoso, no me impresiona especialmente; eso sí... tan espectacular como siempre se muestra la Naturaleza.

Algo más me preocupa que se derrumbe el frontal de ésa masa... y nos embista una ola que no podrá resistir la frágil "zodiac" que nos contiene.


... el cóndor nos obsequia con su vuelo...


Luego toca acercarnos al glaciar del Balmaceda - hace 25 años el hielo se rompía contra las agua... ahora ya ha retrocedido de forma importante -.

... ahora toca visitar el Balmaceda...

... ya no llega al mar...



De regreso a Puerto Natales logramos ver, entre nubes largas, las Torres del Paine... bueno, esto merece otro viaje... con escalada por supuesto - o al menos intentarlo -.

El lugar, en sí mismo, es suficientemente conocido por la gran mayoría de montañeros y alpinistas... por lo que habrá que contar alguna historia personal para añadir a la "info general" de éste magnífico espacio.

... Torres del Paine entre nubes... otro destino a visitar...

... las cascadas nos vuelven a recibir...

Recuerdo un momento mágico cuando, con Miguel A. Vidal... de nuevo compañero en éste viaje, llegados al muelle de la "Hacienda Perales"... ya de regreso de la visita a los glaciares Balmaceda y Serrano,  en hora de almuerzo... se apoderó de nosotros ésa sensación de placidez que ofrecen espacios infinitos; le dije a Miguel... "no me importaría pasar mis últimos años de vida aquí"... y me llegó su respuesta inmediata... "estaba pensando lo mismo".

... embarcadero de la Hacienda Perales... nos espera un buen asado de la Patagonia...

... mmm... no me importaría envejecer por aquí...

... Puerto Natales a la vista... regreso a casa...

Nunca se sabe que nos depara el destino... pero de entre los sitios donde podríais buscarme - dentro de algunos, quizá muchos, años - éste sería uno con posibilidades de encontrarme... pero vamos... visitadlo por gusto y no por mi presencia - lo mismo hasta cambio de opinión -... ¿quien sabe?..