Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


domingo, 3 de noviembre de 2013

Cinco meses en solitario

A raíz de la "penúltima" actividad de Ueli Steck - al que llaman... con razón... la locomotora suiza - en la cara Sur del Annapurna... un viaje en solitario a velocidad impensable en montaña de tales dimensiones, me viene a la memoria una historia de otro solitario que yace en el olvido.

Recuerdo que durante nuestra expedición al Monte Hunter... allá por el año 82 - un invierno donde conocimos el frío y la "levedad del ser" - tuve la oportunidad de charlar... y mucho... con el trío de alpinistas, dos americanos y un inglés, entre los que se encontraba John Waterman - escritor, fotógrafo y ranger del parque McKinley - que me contaba una historia de ésas que parecen imposibles pero fueron realidad... la de un tipo llamado John Mallon Waterman - nada ver con él... excepto nombre y apellido - que realizó lo que posiblemente sea el mayor solitario de la historia del alpinismo.

Ya os conté en el artículo de nuestra expedición alaskeña, las penas y alegrías que nos sucedieron con ése trío que regresaba de la primera y única escalada invernal del espolón Cassin al McKinley - bueno... a mi siempre me gustó más llamarle Denali - y fruto de aquella amistad John me mandó, años después, su magnífico libro... la auténtica "Biblia alaskeña"... con todas las rutas de la época en los 80, referidas al Denali, Foraker y Hunter... a los que los indios siempre se referían como la "familia"... de ésto también os hablé en el primer capítulo sobre Alaska.

... casi 400 paginas con los itinerarios soñados...

Puesto que la casualidad existe y en el caso que nos ocupa tenemos nombres y apellidos idénticos... quizá sea buena idea señalar al protagonista de la historia - el solitario alaskeño - como Johnny... y así lo podremos diferenciar de John - el otro que yo conozco y que seguramente más conoce sobre la historia de Johnny... puesto que escribió en algunos de sus libros y artículos para la revista Climbing (EEUU) sobre la compleja personalidad del personaje que vamos a comentar.

En el mes de abril de 1981, Johnny desapareció en algún lugar bajo la vertiente Este del Denali... unos alpinistas que también merodeaban por el glaciar fueron los últimos en verle caminando en solitario y sin precauciones por un glaciar que - como todos los glaciares de la Tierra - siempre guardan sorpresas.

Navegar en solitario por un mar de fiordos helados - así se me ocurre describir las tierras montañosas de Alaska - no es algo que entre en cabeza bien "amueblada"... pero así son las cosas cuando alguien decide entregarse al sueño definitivo.

... fotografía aérea... "Mount Mckinley - The Conquest of Denali"... autor Bradford Washburn...

En aquella década de los 70 y principio de los 80 ya se realizaban actividades que - seguramente hoy en día - permanecen olvidadas... por ejemplo la que protagonizó en 1976 Charlie Porter cuando se merendó el espolón Cassin al Denali en apenas 36 horas sin pausa - algunas voces comentaron que se aprovechó de cuerdas fijas instaladas por otras expediciones... siempre hay voces en los silencios -.

En 1980... Reinhold Messner hizo sueños realidades cuando recorrió, en tres días solitarios, la cara Norte del Everest... ni cuerdas fijas, ni sherpas... por supuesto sin oxígeno. No sé si me explico.

Y nuestro protagonista Johnny... inauguró en 1978 el espolón SE del Monte Hunter... en un viaje de 145 días - algo inaudito y que posiblemente no tiene historia similar que se acerque a tal envergadura -... graduada en la escala "Alaskeña" (especialmente particular y establecida en 1966 por Boyd N. Everett) como grado 6 (máximo)... implica escalada en roca (libre y artificial), hielo, aristas inestables... y lejanía del lugar.

Repito... ¡145 días!... el mayor solitario de la historia del alpinismo.


Apenas cumplidos los trece años, su padre Guy Waterman le introduce en la escalada, junto con su hermano Bill, en los Shawangunks (New York - EEUU)... descubren juntos el potencial de Johnny... el mismo poderío que le llevó, entre otras muchas escaladas, a colocarse en todo lo alto del Denali, con recién estrenados 16 años.

En 1972 - con 19 años - realiza con un grupo de amigos la apertura de la arista Este del Huntington... una escalada plagada de peligros que, sin embargo, no parece bastar al inquieto Johnny - algunos amigos comentan que su mirada siempre se dirigía hacia el Oeste... el Monte Hunter -.


Al año siguiente... acompañado por Dean Rau, Dave Carman y Don Black... alcanzaron entre nieblas y tormentas, lo que creyeron sería la cumbre del Monte Hunter; pero Johnny descubrió pocos días después, al regreso, que se quedaron a unos pocos metros por arista sencilla.

Aquello desestabilizó, aún más, una mente ya errante... su amigo Rau escribió de aquella escalada "pensé que escalaba con un loco"... Johnny relataba oraciones en voz alta, realizaba gestos al aire y se perdía en pensamientos inconfesables.


Entretanto... la lista de amigos de Johnny se reducía drásticamente... unos pulverizados por avalanchas a los pies del Dhaulagiri (Himalaya) y en el Gran Teton (Montañas Rocosas-USA), otros en el Cervino (Alpes)... algunos en accidentes de carretera o maniobras nefastas en escuelas de escalada... terminando con el accidente de su hermano, embestido por un tren cuando repartía paquetería en su furgoneta... lo que le costó la amputación de una pierna y su misteriosa "desaparición" de la escena familiar.

Decidido a realizar su sueño... Johnny se trasladó a Talkeetna... a un motel del mismo nombre y del que fue desahuciado por el propietario cuando éste le descubrió subiendo a la habitación grandes bloques de hielo; rellenaba la bañera y allí permanecía horas para "endurecer" cuerpo y espíritu.


El 24 de marzo de 1978 Johnny llegó al glaciar Tokositna para realizar su particular lucha con el Monte Hunter - una nueva ruta -... llevaba consigo comida para 74 días, poco más de mil metros de cuerda, cuarenta tornillos de hielo, piquetas y "dead man"... incluyendo unos 20 clavos de roca.

Dividió la escalada en once secciones... fijó su cuerda y realizó más de una docena de porteos... volviendo a repetir la operación en la siguiente sección; superó un corredor inicial de más de cuatrocientos metros, bloqueado por zonas rocosas de V+/6A... y movió toda la carga hasta la zona desplomada considerada como la llave de la escalada.
Tres días le llevó atravesar el desplome rocoso y mover, de nuevo, toda la carga... así un día tras otro... y otro... y otro...

... autofoto con disparador automático en el sector desplomado... ¡tremendo!...

En el "American Alpine Journal 1979"... Johnny relata una escalada que va más allá del uso del cuerpo para progresar; un camino tortuoso, sufrido y monótono... durante el que, en un momento dado, se ve obligado a pedir ayuda por la emisora que portea, al piloto Cliff Hudson, para que le lance desde su avioneta y en pleno vuelo rasante... sobre la arista de merengues, algún remedio contra la plaga de piojos que le devora.
Como agradecimiento... le dedica una voltereta, en toda regla, sobre una ínfima repisa a cientos de metros del suelo... mientras el piloto se aleja, seguramente pensando que ése tipo anda perjudicado.

La odisea de éste pequeño gran hombre... castigado por algún tipo de enfermedad mental - se habla incluso en el origen genético... ya veremos esto más adelante - seguramente es difícil de relatar y aún menos que nos "atraviese" el dolor físico y mental que soportó.

En la zona de aristas avanzaba calzado con "apreskis" infantiles - del tipo BugsBunny -... auto asegurándose a muchos metros de distancia... lo que le ocasionó sustos importantes ante algunas caídas.

Tras 102 días... alcanzó la cumbre Sur, pero no era suficiente para Johnny... y le llevó 43 días más atravesar el inmenso "plateau" que lleva a las cumbres Central y Norte... para luego descender por la arista Nordeste.


Después de aquello... Johnny entró en un espacio mental todavía más difícil de valorar - incluso se auto ingresó en un hospital psiquiátrico durante un tiempo -... pero planeaba su última gran travesía... una nueva ruta, en pleno invierno, al gigante Denali.

Ya por aquel entonces Johnny era conocido tanto por sus escaladas al límite... como salir corriendo por la ciudad vestido con capa negra y enormes gafas decoradas con estrellas o arruinar sus conferencias al quitarse la camisa y posar en plan "to be or not to be".

En febrero de 1981 salió de las playas que bañan la costa de Anchorage, a más de 180km. de Talkeetna, con una mochila que eclipsaba sus escasos 1,60m. de altura... luego siguió hacia el glaciar Ruth - allí fue visto por última vez... enfundado en un mono de aviador, sin tienda ni saco de dormir... y como víveres solamente un paquete de harina, otro de azúcar y una lata grande de "Crisco" (grasa de cocinar) -.

Le vieron navegando por ése océano helado plagado de olas rotas... unas tras otras... sin descanso.
A pesar de las posteriores búsquedas por aire... nunca encontraron resto alguno de Johnny - cosa que aumentó su leyenda al punto de publicarse, incluso, que quizá sobrevivió y anduvo por Alaska escalando en soledad -.


Guy Waterman... padre de Johnny, murió en el 2000 a los 67 años; según las autoridades, que lo encontraron congelado en una zona montañosa de New Hampshire, cometió suicidio premeditado.
Trabajó como "escritor de discursos" para algunos presidentes americanos, y como asesor económico y legislativo en el Senado de EEUU.

Su posición social, y por tanto económica, fue desahogada... pero algo no debió funcionar correctamente porque, en un momento de su carrera, hastiado de la civilización y seguramente influido por la muerte de dos de sus hijos - con Johnny siempre tuvo una relación especial -, decidió retirarse con su segunda esposa a un rancho de 16has. en Vermont ... sin luz eléctrica, agua caliente o calefacción... para vivir en paz con la Naturaleza al más puro estilo colono americano.

Dejó un escrito a un viejo amigo:

"Siento apartarme de ésta manera, pero he tratado de explicar mi pensamiento sobre las viejas perspectivas y deficiencias, que veo en la vida... no se trata de una cuestión sobre irse o permanecer - más bien cuando y como irse. Parece apropiada la linea que marcan, por encima, los árboles con el viento - me encontraré con Johnny, a quien siempre sentí más cercano que ningún otro ser".

Luego... una tarde de invierno subió a la montaña, por un camino que abandonó cercano a una cresta... y se sentó a esperar. 


20 comentarios:

  1. Muy buen artículo! Impactante y frío....menudo tío el Johnny, buf!!

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    1. Siempre hubo "especímenes raros" en esto del alpinismo... iremos viendo.
      Saludos.

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  2. Muy buena historia de montaña.... y de psiquiatría..... je je je

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    1. Bueno... algo de "iluminados" tenemos todos los que gustamos de espacios impensables... aunque éste Johnny se lleva la palma.
      Un abrazo.

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  3. Maravilloso relato Carlos. Pero, sin animo de molestar je,je........ ¿Para cuando la tercera entrega de "Amistades imposibles"?

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    1. Gracias, Fer... jejejeje... no molestas en absoluto, cierto que ando retrasado con algunas historias pendientes... pero vamos... prometo perseverar e ir adelantando entregas de "Amistades imposibles"... serán unas cuantas.
      Saludos cordiales.

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  4. Gran historia!!! Siempre hay tanto que conocer!!!! Enhorabuena por el blog!

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    1. Gracias, Mario... desde luego que la montaña, escalada y alpinismo siempre dieron historias tremendas... ésta es una de ellas... pero quedan en el teclado muchas más, de todo tipo, tristes y alegres... de todo hay en la viña.
      Saludos.

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  5. Todo montañero guarda un pequeño Johnny en su interior, ese toque de locura y emoción que caracterizan las mejores aventuras. Gracias por las historias!!

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    1. Gracias, Tio Desidias... por leer.
      Ciertamente algo de locura nos acosa a todos los que gustamos de la Naturaleza... ¡hombre!, lo de Johnny quizá ya resulta excesivo... pobre muchacho.
      Un cordial saludo.

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  6. ¡Qué gran relato! Johnny se deja admirar...al menos por su determinación jeje...es fabuloso que nos transmitas estas historias...me ha encantado. Un abrazo

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    1. Gracias, Manuel... otra cosa no sé, pero determinación tenía Johnny de largo... tremendo.
      Me alegro te gusten las historias repartidas por la Tierra.
      Un abrazo.

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  7. Estupendo artículo y menudo personaje, se llevaría el primer premio en un concurso de especímenes raros.
    Un abrazo Carlos

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    1. Gracias, Nico Isa... primer premio y salida a hombros por la puerta grande... increíble.
      Un abrazo.

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  8. Un artículo ,casi, de periodismo de investigación. Muy buen relato como siempre Carlos.
    Alaska, tierra de locos...
    Saludos.

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    1. Hola, Victor... buena apreciación con Alaska, tierra de locos; algo hay de eso... ya desde que llegaran los primeros exploradores, cazadores, colonos, etc. hasta el descubrimiento de oro... o la exploración de las montañas... Alaska siempre recibió gentes con otro "aire".
      Un saludo.

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  9. Otro gran relato Carlos, parece que la dehesa toledana te inspira como a nadie.
    Saludos.

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    1. Gracias, Agustín... esto de los silencios rotos por cencerros, milanos a la caza, mastines a la guarda del ganado y... poco más... resulta siempre en un ambiente tranquilo que parece "obligar" a pensar... que ya es mucho.
      Un cordial saludo.

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  10. Gracias por este documento en torno a la "familia" de Alaska: Denali, Foraker y Hunter. Curioso personaje este Johnny y descorazonadora la última determinación de su padre

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    1. Gracias, Paula... desde luego la familia Denali impresiona por sus dimensiones... y la familia de Johnny, ciertamente, algo entristece.
      Resulta curioso que en ésas tierras de Alaska siempre se dan individuos que deciden retornar a la naturaleza... de esto existe literatura real y contrastada; quizá paisajes tan descomunales ayudan a buscar... o perder nortes.
      Saludos.

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