Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


sábado, 13 de diciembre de 2025

Canal del Pájaro Negro... La olvidada.

Una servilleta, algo manoseada, donde alguien nos dibujó la vía en el bar de abajo del Club Alpino Maliciosa -viejo Madrid de los 70-... el lugar donde, los jueves a la tarde, entre cervezas y torreznos, un grupo de gente variopinta, dicharachera, iconoclasta y valiente, se reunía para perpetrar las escaladas soñadas.

Dicho y hecho.

Peña Santa de Castilla (vertiente sur) - Foto: Diego Cienfuegos

Un roble que dicen "Roblón", una pedrera infinita que acaba en un collado que nombran "del Burro"... una planicie plagada de cuchillas y agujeros que llaman lapiaz, una escombrera que fue refugio y que dicen Vega Huerta.

Hasta aquí, unas cuantas horas con mochila de loneta, bávaros de pana, camisa de franela, a cuadros... por supuesto, y sudor. Botas gordas y medias de lana... curioso que en la mochila, invierno o verano. siempre entraba lo mismo: un saco de playa, funda de paracaídas  -"desgajado" y cosido en casa... adquirido en el Rastro madrileño-, cantimplora, tartera, jersey bonito y chaqueta de las que absorbían el agua de arriba y la circundante. También colgaba un casco que castigaba el cuello y una cuerda de 40 metros, para atarse al pecho, asegurar y rapelar... que ahora nos parece fina y corta. Un puñado de clavos. tacos de madera y empotradores de fortuna, todo para colgar de mosquetones, según posibles, entre hierros y aluminios. Una maza que quizá fue maceta albañil ¡que lo mismo mete que saca! Un plástico para el suelo y buena espalda para aguantar el terreno.

Enfrente, una muralla que nos espera, sin piedad.

En la primera tentativa, un verano caluroso, encontrar la entrada no fue posible y nos perdimos buscando una canal con algún "pájaro negro", así llamaron a esa ruta por encontrar restos de aves al comienzo. Total que cenamos, de la tartera esa que las madres rellenaban de tortilla, filetes empanados y algún pimiento; al amanecer, desayunamos la cena sobrante y retomamos el camino de vuelta; otro fracaso al que nos acostumbraríamos en las décadas venideras.

A la segunda, recuerdo la canal y atravesar hacia la "Losa" donde unos "tubos de órgano" permitían empotrar bien tanto bota dura como emplazar algún empotrador de plástico, grande, cuadrado y con cinta larga... larga ¡es lo que había! Un ligero rápel pendular a la canal y vuelta al muro.

Una chimenea que se nos vino encima cuando el compañero trincó un gendarme suelto y, a poco más, se va con él canal abajo.

Una salida a cumbre, algo rara. Y una trepada que anunciaba cima nocturna y descenso épico.

Resplandores lejanos indican tormenta y recordamos haber leído cuando un verano del 74, Hernán Llanos "Nani" fue mortalmente alcanzado por un rayo en este mismo lugar.

Bajar de allí no fue fácil... persiguiendo marcas amarillas, dispersas, escondidas y borrosas.

Aquel verano de los años 70, empecé a rellenar la tarjeta de fichar en el trabajo, con algún día más tarde... esto llegó a niveles impensables cuando, ya convertido en costumbre, no fueron solo días sino semanas... en algunos casos muchas. No logro comprender cómo el despido no resultó automático; he de agradecer al jefe J.L.Rego su comprensión hacia este alpinista tardío.

Entre las aventuras que no recuerdo recordar con precisión, se encuentran un par de ellas que, curiosamente, resultaban escaladas "clasicorras de nivel" y algo temidas, allá entre los años 70 y 80... del pasado siglo ¡claro!

Esta del "Pájaro Negro" en la Peña Santa de Castilla, para muchos la Torre Santa de Castilla... Y otra, seguramente más desconocida, en el Urriellu o Picu, para muchos el Naranjo de Bulnes, y de nombre inquietante: Nosferatu.... Ya contaré de esta cuando retome la medicación de las pastillas de la memoria.

La "Canal del Pájaro Negro", buen nombre para entrar en calor, tenía por aquellos años 70, casi... digo "casi", tanto prestigio como la clásica Rabadá/Navarro del Urriellu.

Alberga una historia repleta de contratiempos y esfuerzos. Nombres como Roberto Cuñat y Enrique Herreros, más tarde con Ángel Tresaco, inician la exploración de este muro, alto y ancho, de la Peña Santa; alcanzan incluso la famosa "Losa" y descienden ante lo que ven.

Otros muchos escaladores de la época, duros como el acero, se acompañan unos a otros en los intentos por recorrer aquella pared: Baldomero Sol, Silverio Ronda, Valeriano Ruiz, Juan Mato y el incombustible Herreros que, según vemos, no tenía bastante con deleitarnos con sus fantásticos dibujos y actuar de "manager" de nuestra Sara Montiel; gente así ya no resulta fácil encontrar.

Sería en 1956 cuando Pedro Udaondo y Ángel Landa, alcanzan la "chimenea", prácticamente ya finalizada la escalada, deciden abandonar por agotamiento. Un par de años más tarde (septiembre de 1958) insisten e inauguran el recorrido que se convertiría en una escalada de prestigio y que tanto esfuerzo ha costado. Hasta 1967, no se registra la primera repetición y entre los años 67/75 las repeticiones son escasas... Eso sí, ya se persigue la "invernal".

Un invierno del 74, Félix Bonales, Jaime Álvarez y el mismísimo Pedro Udaondo, se hacen con la primera invernal... la segunda les corresponde a Pablo Lavilla, Constantino Álvarez, Anselmo Menéndez y el "guardián del Urriellu" Claudio Sánchez "Tito", un febrero del 75.

Hoy en día ya no tiene ese halo de aventura que le correspondía por aquellos años... pero ¡amigo! no conviene infravalorar escaladas históricas que, tantas gentes valientes, asediaron con poderosa pasión.

En la parte que me toca, he de confesar que no recuerdo...y mirad que lo siento, quienes fueron mis compañeros de penurias ¡Ay, Señor!


NOTA: Recibo noticias del amigo Jesús Lafuente Ferrer, que me aclara quienes fueron los otros tres protagonistas de aquella aventura: el mismo Jesús, Rufino Gladiné y Francisco "Paco" Pavón.

Un placer, Jesús, saber de ti y refrescarme la memoria.


Echad un vistazo a una repetición del 2010 Alto, rápido y ligero. El blog de Diego Cienfuegos.


martes, 30 de septiembre de 2025

El cajón del serrín.

"Clanc"


"Clinc, clinc, clinc"



Apenas 15 años separan los sonidos del silencio.

Una tapa metálica protege la llave donde el funcionario abre el paso de agua para limpiar las calles del viejo Madrid de los años 60; calles adoquinadas que brillan como el acero cuando mangueras de tela apretada y boca de poderoso metal disparan un chorro disperso pero compacto... y la calle, aún iluminada por farolas de luz cansina, parece recobrar vida y llevarse el agua las miserias de la noche.
Entonces el barrendero corta el agua mientras charla con el sereno que maneja llaves y chuzo, patea la tapa que tapa la llave y ¡zas! suena el "clanc", sonido seco que rebota en eco de ciudad vacía. 
El muchacho, llegado al mundo hace pocos meses, y como todas las madrugadas en brazos de su madre que aprieta el paso hacia el metro del barrio de Tetuán, recuerda que sonidos y amaneceres le perseguirán el resto de la vida que le quede por quedar.

El gato se acomoda en el cajón, haciéndose hueco a su vera.
Una caja de tablas delgadas, bien engrasadas por aceites que le llegan por el trajín del lugar, queda bajo el mostrador de mármol... desgastado al centro por el paso del cuchillo romo; y allí, entre la viruta de serrín limpio, olor a madera... y el gato que no ceja en su empeño de arrimarse, allí... se adormila el muchacho que ya empieza a soñar, sin saberlo.

-Parece que llora un niño- Eso dice la señora que pide unas porras, calentitas y la del centro de la rosca, mientras su madre desgasta mármol y ensarta el género en juncos de charca.
-Es el gato, que ronronea en el cajón- Mentira piadosa de madre... de las de antes.
El padre sonríe mientras aprieta la churrera, antes se decía molde, sobre un aceite a punto de hervir.

El "clinc, clinc, clinc" llegaría años más tarde cuando, también de madrugada, el destartalado autocar que trajina entre Madrid y Manzanares el Real, descarga carga y viajeros. Así lo recuerdo:
 
"Entre dos luces, con un cielo rojizo que desgarra nubes largas, el destartalado autocar vertió frente a la Iglesia, por la única puerta de salida, un tropel de gente variopinta y dicharachera. El conductor, un tipo barrigudo y sudoroso, embutido en una camisa gris a todas luces escasa y masticando un puro a punto de abrasarle los labios, abrió el maletero.

Apremiados por una prisa invisible, desde luego no pretendida por el chófer que ya nos miraba socarronamente desde la puerta del bar cercano, copa de orujo en mano... Todo el mundo se lanzó a por sus pertenencias, y me tocó rebuscar entre las barras del maletero hasta encontrar la mía.
Una mochila de loneta gris, bien marcados sudores antiguos en la espalda y escasa para el contenido, como la camisa del conductor, con fondo de serraje a juego con las hombreras.

Recorremos la carretera polvorienta desde el pueblo hasta "Casa Julián", a un lado del río Manzanares, bajo un tempranero sol de justicia que anuncia tormenta. Luego, la vereda que las jaras pringosas se empeñan en devorar y ocultar de la vista un sendero bien marcado por el paso constante de montañeros, que hoy parecen ausentes.

Más allá se abre el paisaje conformando un circo repleto de nombres imposibles: el Cancho de los Muertos, el Pajarito, las Torres, la Esfinge, Peñalarco, los Fantasmas, la Maza, Peña Sirio... y en el centro, como presidiendo aquel roquedo desgastado por milenios de lluvias, el Risco del Pájaro".

El mosquetón de acero conecta el estribo de peldaños metálicos, de aluminio, con el clavo de hierro dulce que serpentea la grieta del granito "pedricero"... Y retumba, por el valle entero, un eco ligero del "clinc, clinc, clinc"... tantas veces como pasos avanzando por el muro.
Ese sábado tocaba navegar la vía Tino" en Cancho Amarillo... buen comienzo para clavos y estribos.

-¿Qué tal se ve?- Eso dice el compañero que aguanta reunión.
-Bien- Mentira piadosa de un amigo que no quiere preocupar.

Apenas 15 años separan los sonidos del silencio.

Continuará... o eso espero.


martes, 1 de abril de 2025

Carlos Suárez... la pasión.

" No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña, nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, 
la poderosa obra continúa:
Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas".

(Poema apócrifo atribuido a Walt Whitman)


Han pasado catorce años desde que Carlos escribiera sentimientos y pasiones que le perseguían desde que llegó al mundo.
Hoy, recién estrenada la primavera, me llegan noticias sobre su partida de este mismo mundo... donde vivió con poderosa actitud.
Desde la dehesa castellana que habito, contemplo la línea de nieve, blanca en exceso, que divide la Sierra del Cabezo, a media altura... del valle del Tiétar; más allá queda el Gredos salvaje que también blanquea con fuerza. 
Entonces me alcanzan recuerdos.

Un invierno de los años 90 nevó por los Alpes "chamoniardos" lo que no está escrito. Una semana sin salir de la  casa/rodante, lo que vienen llamando "mobil home" en el camping de "les Rossières".
Por allí apareció Carlos, aburrido y tristorro, más solo que la una y al que invitamos unos cuantos días a comer, cenar e interminables partidas de parchís.
A duras penas pudimos llegar a Ginebra, para dejar en el aeropuerto a una parte de la familia que me acompañaba; y continuar, Carlos y yo, un viaje por carretera de los de recordar.

Una semana de encierro da para mucho y allí hablamos de pasiones, riesgos, materiales, revistas, deseos cumplidos y por cumplir.

En su libro, que amablemente me dedicó, desgrana la filosofía que imprimió a su vida... sus compañeros de viaje y aventuras, y los sueños que soñó soñar.


De su historial y recorrido por las montañas de la Tierra, hay poco que decir... bastará con teclear donde "no ha estado" y revisar su "carrerón" impresionante.

No tuvimos oportunidad de escalar juntos, así son las cosas cuando el azar así lo decide... Pero sí tuvimos oportunidad de reír y "gamberrear" por el Pirineo, cuando un amigo común, nos invitó a su boda en el Parador de Artíes y allí... allí disfrutamos de lo lindo ¡sin escalar!

Un fuerte abrazo, Carlos, allá donde te encuentres.



domingo, 9 de febrero de 2025

"Vapor barrier liner"... El poder del plástico.

Sería a finales de los años 70, quizá primeros de los 80, cuando leí por primera vez algo sobre los beneficios de la barrera de vapor... lo que viene siendo ¡plásticos al poder!

Presté la atención justa de alguien que desea aprender pero le viene grande lo que ve.

Años más tarde me llegó más información, seguramente de algún "Mountain" donde un tipo de esos que gustan del frío en estado puro, principalmente exploradores polares y demás rara avis, explicaba cómo colocar una bolsa de plástico... de esas del supermercado, en los pies.

!Qué bárbaro! La industria textil buscando tejidos impermeables/ transpirables y, los que van por libre, indagando sobre los plásticos.

Lo cierto es que éste truco tiene fundamento, aunque solo debe emplearse en condiciones de temperaturas muy bajas, constantes y continuadas en actividades de días, semanas o ¡que sea lo que tenga que ser!

Durante nuestra expedición del 82 al Monte Hunter (Alaska), mientras charlaba con Roger Mear -el que se partió las piernas-, ya me comento cosas sobre el asunto; no obstante, en 1986 realizó la travesía al Polo Sur, en compañía de Robert Swan y Gareth Wood... 1400 kms. y 70 días tirando de trineo. Realizaron la primera travesía polar sin ayuda y comunicación exterior. No contento con eso, estuvo a punto de conseguir ser la primera persona en cruzar la Antártida ¡más solo que la una! Tuvo que abandonar por problemas con su trineo.

Lo que éste no sepa de frío ¡no lo sabe nadie!

La primera regla es que el nailon, tanto en botas como sacos de dormir, ha de estar cerca del cuerpo -un calcetín o camiseta/pantalón/mono, como primera capa... tipo poliester, etc. y luego la barrera de vapor-.

Por supuesto que, en el caso de los pies, será necesario disponer de algún par más de calcetines, para cambiar cada día mientras seca el de uso. Puesto que el calcetín segunda capa y la bota, no recibirán humedad, la temperatura se mantendrá en un nivel más que aceptable... pero será necesario cambiar el primera capa de uso diario que estará ¡para tendedero!

Foto: RAB

En el caso de los sacos, hemos de suponer que siempre dormiremos en tienda o cueva/igloo. Y la regla ¡intocable! es que debemos meternos en el lugar, dejando en otro espacio -ábside tienda, etc.- todo aquello que esté húmedo, excepto lo imprescindible de primera capa- Nos metemos en el saco con la barrera de vapor como capa cercana al cuerpo -como una funda de vivac, pero por dentro-. El saco y ¡zas! a dormir... o no. 

Se hace necesario airear la tienda al despertar, retirar la escarcha interior del techo -bayeta microfibra o similar- e intentar no cocinar en el lugar donde se duerme.

 Foto: Unterwegs der outdoors

Todo esto es importante porque, ya hemos dejado claro las condiciones iniciales, en actividades de larga duración y temperaturas muy bajas y constantes, si no se logra mantener el saco seco... tendremos un problema muy serio. En el caso de sacos de fibra, aguantarán mejor la humedad, pero llegará un momento peligroso.

Foto:  Eric Philips

Nos dicen que, durante el descanso, el cuerpo se autorregula y transpira menos que en otras condiciones habituales; digo que "nos dicen" porque yo no lo he probado nunca.

La opinión generalizada, de los expertos en frío, habla de no utilizar la barrera de vapor en las manos.

En cuanto al tipo de tejido a utilizar: nailon con tratamiento impermeable y NO transpirable... sí ¡así como lo oyes! Alguno, como el de la foto, se ha agenciado una auténtica bolsa de plástico.

En cualquier caso ya tenemos en el mercado propuestas de todo tipo.

Las reclamaciones al maestro armero.

miércoles, 5 de febrero de 2025

Poeta "Pedrizero"... de Pedriza.

Posiblemente sea... posiblemente, uno de los grandes "milagros" que mejoran la Humanidad, con "H" mayúscula. Como todo lo "grande" también puede destruir, pero aplicando simplemente el deseo de aprender y mejorar... siempre mejorar, las llamadas "redes sociales" ofrecen oportunidades nunca vistas en el pasado.

Resulta que la Universidad Carlos III de Leganés (Madrid), a través de un viejo amigo, me ofrece la posibilidad de lanzar una charla/conferencia sobre esto de la montaña y ¡zas! por supuesto que acepto.

Así pues, entre estudiantes con deseos de aventuras y amigos, unos virtuales y otros ya añejos en persona, nos juntamos para soñar que soñamos y reírnos un rato de las heridas de guerra y otras cosas del querer.

Y, por allí aparece un tal Gárate -unas veces con tilde y otras no-; poeta escalador y amante del rock... tirando al "heavy". Me alegro mucho de ¡por fin! conocernos en persona.

... cuando joven y valiente...

Miguel Ángel Gárate se ha lanzado al ruedo y edita un pequeño libro -de formato, que no de contenido- de poesías, exclusivamente dedicadas a la Pedriza (Sierra de Guadarrama-España)... ciento cuarenta páginas donde cuenta sus emociones con los riscos, escaladores, lugares y recuerdos.

Le agradezco mucho su dedicatoria.


No es fácil -no es fácil- darle a la guitarra, escalar y escribir poesía... todo con pasión. Te pongas como te pongas éste Gárate tiene talento y por aquí os recomiendo su trabajo que, para esos días "malos" ayudará a digerir mejor una cervecita con tapa y ver todo diferente.

No os arrepentiréis ¡palabra de "clasicorro"!


miércoles, 8 de enero de 2025

Belén de cumbre.

 

... las "zetas" de Galayos (Gredos). Autopista al cielo...

Me alcanza un recuerdo de cuando la pandemia, conjunciones planetarias y cenizas al viento. Parece  lejano aquello, pero no lo es tanto...

"Dejamos a un lado el Nogal del Barranco y nos liamos a subir la cuesta que cuesta. Un camino empedrado que, la gente de montaña, llamamos "carril", sobre el que se deslizan gravas y pequeñas lajas sonoras; una música metálica que aumenta cuanto más soledad existe.

Atrás va quedando el pinar que, en nuestro caminar y con un par de "zetas" largas y amables, nos sitúa a cierta altura del río Pelayos, repleto de bolos viajeros que las tormentas se han encargado de moldear. Se empina el camino y se acortan las "zetas"; buen trabajo de obreros y maestros canteros, construido para que el rey Alfonso XIII alcanzara buen lugar de tiro a la cabra montés.

Cuando ya el terreno anuncia montaña, poco antes de las fuentes, me da por pensar que no estoy seguro de querer estar. Ángel y Juan, me han convencido para vivaquear en la cumbre de la Mira ¿vivaquear en la cumbre de la Mira? Pero si ya estamos hartos de ambas cosas: vivaquear y la Mira.

Es 25 de diciembre y no tendremos cena familiar "como es debido", pero ¿hay algo como es debido en éste año?

Va quedando el Pelayo allí abajo, mientras se alzan a la derecha las primeras agujas y paredes del Galayar. Aparecen parches de nieve sucia y encontramos la fuente del Amanecer y luego, más arriba, la de Macario "el guardián de Galayos"; gentes de Guisando, su pueblo, montañeros y escaladores, guardamos su memoria y sentimos la pérdida.

Hace rato que se escondió el sol por el Cervunal, una montaña que me respetó la vida cuando poco valía. Menudea la luz en nuestro camino, ya convertido en garganta pétrea y salvaje. Estos dicen que tenemos que arrear, hay que llegar a la Mira antes de que se esconda el sol por el horizonte, pero ¿qué traman estos dos? Me llevan a matacaballo y, en una de estas que puedo levantar la vista del suelo, distingo estrellas brillantes en un cielo azulón; bueno ya se sabe que cuanto más frío, más brillan las estrellas en un firmamento que llegará al añil.

Hace rato que sobrepasamos el refugio Victory, nido de amantes de los Galayos, montañeros y escaladores; así llamado en honor de Antonio Victory: pionero de raza.

Por fin, ya entre dos luces, enfilamos la loma que sustenta la Mira, coronada por una torre de buenos cantos y que sirvió de telégrafo óptico en tiempos pasados. También recibía, hace décadas, visitas de la muchachería de pueblos cercanos que, arropados con mantas desechadas por viejas, encendían chasca con piornos recogidos a la subida; todo para iluminar la noche por las alturas.

Suena la pisada con el crujir de la escarcha que espolvorea un suelo repleto de cascotes.

Llegamos a la cumbre justo cuando el sol se esconde y entonces, estos dos, desaparecen de mi vista: uno hacia el Sur y otro al Oeste.

Si no lo oigo, no lo creo. Ángel confiesa estar aquí para observar la conjunción planetaria de Júpiter y Saturno. Juan, fiel a la tradición clásica montañera, ha escondido un pequeño belén de barro, fabricado por sus nietos. Yo... Yo no sé que hago aquí, pero aprovecho el momento y cumplo con un rito personal: lanzo al viento cenizas de seres queridos; un pequeño bote que relleno en casa, siempre viaja en la mochila y reparto por las montañas de esta Tierra.

Me apresuro a buscar sitio y encender el hornillo para calentar una cena escasa.

Hace frío y, ya dentro del saco, mientras me adormila el ronroneo del infiernillo, llegan estos dos con una sonrisa que todo cura.

Misión cumplida: belén de cumbre, conjunción planetaria y cenizas al viento.

De cena: sopa de sobre.

Una Navidad distinta... El año de la pandemia".

lunes, 30 de diciembre de 2024

La rimaya.

Entre dos luces, a punto de que la tarde pase a noche por la dehesa castellana, cuarteo las últimas rodajas de la recién caída encina que no resistió el último viento de la temporada y entonces... entonces, me alcanza una brisa que me hiela el sudor de la espalda.

Me recuerda al frío de la rimaya: ese espacio que separa hielos del glaciar del muro rocoso donde comienza la pared, un lugar, a veces imposible de sortear, otras amable pero inquietante y casi siempre difícil de superar.

Suelto la maza y recojo los trastos: motosierras, gasolinas, aceites, limas, cepillos, embudos, trapos, botiquín, máscara y guantes; por cierto, esto de hacer leña tiene tantos bártulos como escalar... y también conviene ser cuidadoso para triunfar.

Se acerca el "ganao" del vecino, a ramonear, mientras los perros lo mantienen a cierta distancia; que no es que embistan... pero ¡y si sí!

¡Pim, pam, pim, pam! Nada hay como darle al hacha, para mejorar.
Ya lo dice el refrán: "Cuatro veces calienta la leña: cuando se corta, cuando se carga,
cuando se descarga... y cuando se enciende".

Toda la escena puede convertirse en el relato de una escalada alpina, incluyendo compañeros y cosas a recordar.

En casa, mientras suena la "italiana" y la noche ya es negra como la rimaya y el café que borbotea sin piedad, reviso los cuadernos de espiral, buscando recuerdos que recuerdo haber escrito:

"... andar y desandar, subir y bajar, trepar y destrepar... durante horas y días; perdido el sentido del tiempo, solo el cansancio como medida para descansar... calentar un té y continuar.

El valle, la morrena y el glaciar; la rimaya... y por fin la pared.
Luego - nunca es seguro - unos días más tarde la cumbre.
Y de nuevo la pared, la rimaya, la morrena, el glaciar... y el valle, que siempre se antoja más verde.
Igual que al comenzar, pero en sentido inverso... igual que siempre pero siempre diferente.
Soñaste que soñabas un sueño, como tantos otros sueños que sueñas soñar; no conseguirás todos los sueños que sueñas, pero lo importante es soñar que sueñas alcanzar un sueño - a estas alturas ya debes saber que lo importante no siempre es el final -... que no alcanzarás todos los sueños que sueñas... y que los sueños sueños son...".

La rimaya se traspasa entre dos luces, casi siempre; del glaciar a la roca, también puede ser a hielo o nieve dura que se resistió a despegar de la roca... pero vamos... que al final tendrás roca pulida y fría. Una zancada, en el mejor de los casos, y ¡zas! recibes el aliento procedente de la negrura; así como cuando recorres el pasillo de los yogures, en tu "súper" preferido.

...rimaya "amable" en la entrada a la vía Contamine de
las Petites Jorasses (Alpes)...

También ocurre que puedes tener más problemas si al huir de la pared, se ha de atravesar la rimaya al descenso, como nos ocurrió en la norte clásica del Cervino... un invierno:

"Todo fue perfecto hasta que, envueltos en la ventisca, traspasamos lo que creíamos era la rimaya, y empezamos a destrepar una pala de nieve que intuíamos nos llevaría dulcemente al glaciar.
Pero no fue así... la montaña es aprendizaje continuo y no todo es lo que parece.

Resultó que la vertical de las cuerdas nos llevó bastante más a la derecha de la entrada que iniciáramos en la madrugada, y ocurrió que nos encontramos con dos rimayas más, que no vimos ni se nos ocurrió pensar existieran; desde arriba no se mira igual... y se hace necesario escuchar las señales.
Todos atados, todos destrepando la pala de nieve, cara a la pared, y ¡zas! de repente coloqué un pie en el aire justo para ver, con el subidón de adrenalina y ya volando... la bóveda azul celeste que se abría ante mí.
Un tirón, un parón... y otro tirón que me llevó al suelo.
Luego llegaron los compañeros, que se estrellaban a mi lado, envueltos entre las cuerdas y espolvoreados de blanco.
El último, claro está, recorrió más metros... y jamás le preguntamos que sintió, solo que salió perjudicado y hubo que empezar a navegar, ya en noche cerrada, con ventisca y cuerpos acorazados de hielo... para encontrar el regreso al refugio Hornli".

Las rimayas son como la vida misma: nunca se sabe lo que te espera. Y pueden ser enormemente largas a lo ancho, anchas a lo largo, rectas o curvas... incluso caóticas, también invisibles... y hablan, a veces mucho.
Normalmente te esperan al principio de la pared, pero también habitan en los enormes seracs que taponan una ruta ¡y tocará atravesar otra rimaya, te pongas como te pongas!

... rimaya larga ¡de largo!

Las sensaciones de bajar a lo negro de una rimaya son exactamente iguales a las de descender a una grieta... así lo viví en el Pucaranra (Cordillera Blanca-Andes)

"... lanzo las cuerdas al fondo de la grieta, con un gesto de perezosa dulzura... suplicando, en silencio, que todo salga bien.
Me recibe el frío aliento de la negrura; pocos metros más abajo ya se pierde el nylon y penetraré en un reino que no logro ver.
Me coloco en el borde, como un reo pisaría la trampilla que cederá, y -al mismo ritmo que la fiebre me obliga a un lento parpadeo- cruzo la última mirada con Javier que, sentado en la nieve, afianza con su peso la única estaca de aluminio de la que colgaremos; no sé... veo cansancio en sus ojos y -si pudiera verme- miedo en los míos.
Solo unos pocos metros y ya estoy helado... solo unos segundos son suficientes para robarme el calor; oscuridad rota por los rayos de sol que luchan por entrar; arriba... cada metro más lejano... un agujero de esperanza que se hace más y más pequeño, mientras desciendo hacia un espacio desconocido.
Caen cristales de nieve cuando las cuerdas cortan el borde, como el acero caliente la mantequilla; me gusta y alzo la cara para  recibir aquello que cae de la luz.
La tarea será encontrar una posibilidad para alcanzar la otra orilla de esta grieta -en un glaciar colgado, cercano a los 6.000m., del Pucaranra- y habrá que bajar para volver a subir. No vemos alternativa distinta.
Va para tres días por aquí.
Tengo más miedo que vergüenza... y esto tampoco será suficiente; estoy en las tripas del glaciar, un lugar que no me pertenece.
La luz de la linterna frontal pierde fuerza, apenas ilumina mis botas que se recortan contra un pozo sin fondo.
Como si me hallara en una burbuja -de luz tenue- las cuerdas se pierden, arriba y abajo, en la oscuridad. 
Solo unos segundos antes de perder contacto con la pared, un estratificado horizontal que sobresale del muro helado -hielos prensados que indican milenios, sucios y repletos de aire apresado en burbujas-, roza con el descensor en "ocho" y se forma el temido nudo de alondra. Empiezo a girar como peonza y la mochila me vence la espalda.
Se pierde el final de la cuerda con un "alegre" balanceo que indica cabo libre y cercano; la grieta se traga sonidos ajenos, los míos suenan secos y huecos... como si fuesen de otro. 
Todo se pierde -todo- contra un abismo negro que parece respirar. 
No sé como será el infierno pero, en este al que desciendo, no me abrasarán otras llamas que no sean las que me encienden las sienes..."

...¡ahí estamos! atravesando la grieta que rompe el serac colgado...

Yo creo que por hoy tenemos bastante, lo mismo mañana o pasado... o así, tan pronto regrese al tajo que ya urge, pues me da otro frío y recuerdo más cosas.
Os deseo un bueno, buenorro, 2025... y que se cumplan sueños por doquier.



lunes, 8 de julio de 2024

Nevado Pisco... la controversia.

Según nuestro DLE, esto es controversia:

Del lat. controversia.

1.f. Discusión de opiniones contrapuestas entre dos o más personas.

    Sinónimos: polémica, debate, discusión, disputa.

Viene a cuento del lío que se traen los hermanos Pou y Herve Thivierge, con una supuesta primera escalada a la cara sur del Nevado Pisco Oeste (5.765 metros de altitud... o así).

El grupo francés, compuesto por Jean Paul Balmat, Daniel Monaci, Jean Fabre y Herve Thivierge, realizaron una escalada de la cara sur (700 m. ED) un 9 de octubre de 1978.

Eneko e Iker Pou y Micher Quito, completaron su recorrido en este año 2024.

Izquierda: croquis de Thivierge. Derecha: croquis de Pou

Así las cosas, todos hablan de "primera" y aparecen dudas sobre si la "primera" de otros no será "variante" de la "primera" que otros defienden ¡menudo lío, eh!

Por aquí dejo el enlace a la controversia -está en inglés, pero es fácil deducir como va el asunto-.

El caso es que puede resultar sorprendente que una cara sur, como la del Pisco... unos 700 metros de desnivel (rimaya/cumbre) con unos canalones directos a cima, no hubiese sido ascendida y no publicitada, ya desde los años 70. Escaladores como Alex Lowe o Charlie Fowler -así lo indica el alpinista Brad Johnson, guía y escritor americano, con enorme experiencia en la zona-, posiblemente realizaran alguno de los evidentes canalones que caen desde la cumbre; por supuesto que ya fueron escaladas unas cuantas lineas a la izquierda del muro principal.

No recordaba con seguridad si algún español anduvo por allí, pero Paco Aguado me confirma que él realizó la escalada en solitario, en el 81.

Y, otros españolitos del Club Alpino Maliciosa, también se fijaron en el Pisco ¡no pudo ser... pero ahí peleamos!

Nuestra historia la podéis leer en el capítulo III de la expedicion Chacraraju 78 y para los que no desean leer todo el relato, hago unos recortes por aquí:

"Alcanzamos el collado que separa los glaciares del Chacraraju y Pisco... sin pisar nieve y ya en los 5.200m. ... con un dolor de cabeza importante. Tenemos enfrente la cara Sur del Pisco... un Chacraraju en miniatura y al que quizá podríamos llegar desde aquí atravesando, de bajada, el glaciar que lo defiende.

Lo intentamos por allí y por allá... pero esos pocos cientos de metros que nos separan de la base, resultan plagados de grietas ocultas y camino difícil de intuir. Bueno... es bastante por hoy, hemos alcanzado una altura que no conocíamos... hemos visto al gigante y descubierto mejor paso para el futuro.


Llegamos al campo base con ésa alegría que se convertirá en norma... descanso, placidez y comida... un oasis seguro en medio de montañas salvajes y naturaleza en estado puro.
Esta noche he dormido despierto... vamos a ver... he descansado bien, tranquilo y en una nube de imágenes plácidas, un sueño en campos de amapolas rojas con fondo de montañas blancas, no sé... algo raro pero sereno. Deben ser la altitud y lo que la retina conserva, o quizá algún recuerdo de Heidi, Pedro y el abuelo ¡yo que sé!.

Estamos dispuestos a no perder un solo día y necesitamos aclimatar para encontrarnos fuertes; así pues, a la mañana siguiente recorremos a la inversa el camino que aquí nos trajo, hasta las inmediaciones de las lagunas de Llanganuco y luego girando hacia las morrenas del Pisco, cargados para varios días y con el plan de ascender a la más amable de las cumbres... todo para conseguir la primera cima andina de nuestro periplo.

Por supuesto abriendo veredas sin conocer camino; esto es un sinvivir


.
Paco Pavón anda pensativo ¡me meto o no me meto!

El grupo se divide según los cuerpos se encuentran: unos hacia la ruta normal del Pisco y otros, erre que erre, hacia la cara Sur, el mini Chacra, virgen hasta donde sabemos pero clarisimamente posible...¡ya te digo!.


En el campo base del Pisco, en un claro entre morrenas sucias y abarrotado de nacionalidades,  dormimos y nos despedimos de madrugada... allá cada uno con lo que le venga
.
Javier y Paco se deciden por la ruta normal, más sensatos que el resto, que apostamos por la cara Sur. Unos dormirán en la planicie glaciar que separa Huandoys y Pisco... y otros lo haremos en una grieta amplia y amable, cercanos a la base de la pared.


Triunfan los sensatos... que alcanzan la primera cumbre para alegría del resto. Los que lanzamos los dados contra el borde del tapete verde de la mesa de juego... no pudimos completar la escalada; a media pared de un total aproximado de 600 metros, la nieve merengue y nieblas acuosas, nos hicieron desistir de una primera mundial -o eso creíamos-... ¡no te jode, solo faltaba triunfar de entrada!

Rápeles de setas de nieve y destrepes finales nos dejan en la base. Un tanto abatidos por lo vivido... decidimos recorrer el glaciar, ésta vez en ascenso, en dirección al collado que días atrás visitamos y, ésta vez, resulta más fácil; sobre las diez de la mañana llegamos a terreno conocido y finalmente al campo base sobre el mediodía, donde nuestro "cuidador" Vargas nos atiborra de viandas, como siempre escasas.


Paco y Javier... los triunfadores... aparecen a la noche y aprovechamos a repetir una cena en grupo completo, contándonos las aventuras vividas. Han sido tres días navegando por terreno desconocido... y la expedición ya tiene su primera cumbre".

Las condiciones de la pared han cambiado mucho en tantos años, aunque parece que la enorme cornisa que defiende la cumbre, sigue como espada de Damocles.
Nuestro intento se desarrolló por el canalón derecho central más evidente y, a media pared nos pasamos al de la izquierda.
Luchamos por allí pero aquello no tenía consistencia y más que escalar ¡cavamos zanja! Recuerdo vívidamente aquel vivaque, donde buscamos el cobijo de las rocas calientes por un día de sol ardiente. Luego llegó la noche, la niebla, el amanecer cubierto y ¡la zanja!

Bueno, ya veremos en qué queda la controversia sobre quién fue primero... o segundo... o así.


martes, 25 de junio de 2024

Guía de escalada "Circo de Gredos"

Juan José Cano me hace llegar un ejemplar de su nueva guía de escaladas, en el Circo de Gredos.

Mientras la espuma de una jarra de cerveza, bien helada, me coloca un bigote que nunca usé ¡y mucho menos canoso! echo un vistazo al buen trabajo que Chema Mancebo se ha encargado de maquetar.

A la segunda jarra ¡sí... tenemos un calor sofocante por la dehesa que habitamos! ya intuyo que resulta fácil de revisar, visualizar y leer, cosa que no siempre se nota en otras guías, algo complejas y "apretadas".

Juanjo Cano ha contado con la colaboración de unos cuantos "gredenses", vieja y nueva escuela... todos dejaron su impronta en el granito del Circo de Gredos.

Gracias Juanjo por la dedicatoria.

Entre fotos añejas y textos amenos, se hace fácil entender el espíritu de aquellos años y, por supuesto, el de las nuevas generaciones que llegaban pisando fuerte.

La guía, bien ilustrada con magníficas fotos/croquis y texto de presentación en cada ruta, resulta clara y concisa. Perfecto.

Juanjo ha tenido el detalle de incluir un texto que preparé, por si de algo servía... También unas cuantas fotos "digitalizadas", de cuando tirábamos con diapositiva Ektachrome 200 ¡con mucho tiento... que luego había que revelar, con precio aparte!

El caso es que salen una 500 vías de escalada ¡se dice pronto! Se incluyen, no solo las que se ubican en el recuenco glaciar de la Laguna Grande, también una buena tanda de riscos que caen desde las portillas hacia Cinco Lagunas, Chilla, Canales Oscuras y Gargantón. En definitiva que hay tajo.

El Circo de Gredos no fue, hasta los años 70/80 -salvo para las magníficas clásicas a las cumbres emblemáticas- un lugar muy visitado para la escalada en roca; por aquellos años triunfaba la nieve y el hielo, siempre buscando líneas blancas. Todo cambió en las décadas siguientes y, aquí en la guía podréis comprobarlo, llegaron soñadores que soñaban soñar con la escalada de aventura y exploración.

En definitiva, una guía muy recomendable para los que gusten de la alta montaña, del granito pulido por hielos y soledad aceptable... al menos sin atascos; en algunos riscos alejados ¡sin compañía humana a la vista!

Como dice un amigo de las redes ¡al lío!


martes, 3 de enero de 2023

Maliciosa... la inexorable.

Colección Aitor Bárez (avistamultimedia)

Según reza nuestro DLE:

Inexorable.

1. adj. Que no se puede evitar.
2. adj. Que no se deja vencer con ruegos.

Llega a mis manos un ejemplar de "La Maliciosa. Guía de escalada", ciertamente la más completa de las editadas hasta ahora.


Durante décadas los croquis de la zona pasaban, de mano en mano, dibujados en sucias servilletas de papel, mientras se devoraban patatas bravas y las gargantas aguantaban cañas de cerveza, bien tiradas. Esto lo saben bien las tabernas de Madrid, en el viejo barrio de Chueca, que albergaba al Club Alpino Maliciosa. Precisamente, en este club de montaña, se gestó la revista Alta Ruta y precisamente su primer número se dedicó a las vías de la Maliciosa... Estamos hablando a mediados de los años 70.


Así pues, entre servilletas de papel con dibujos de líneas y puntos, revista fotocopiada... de la revista fotocopiada, avisos verbales de "roca mala", "musgo", "¡joder!", "chorrea", "peligro", "bloques sueltos", "¡te cagas!", "a pelo", etc. se hacían planes, los jueves a la tarde, en aquel piso de la calle Augusto Figueroa... el lugar de donde salieron futuros alpinistas a recorrer mundo.
Muchos años después apareció otra guía que mejoró lo que teníamos: "Guadarrama. Guía de escalada" de los escaladores Arranz y Barroso. Entre medias y posteriormente, un salteado de rutas en artículos, guías, reseñas compradas en comercios de montaña, etc.
Esta que ahora tenemos entre manos ayudará a los valientes que deseen entablazar relaciones con "la Mali".

Por mi parte aprovecharé para contaros unas cuantas historias que, como siempre, tengo anotadas en el viejo cuaderno espiral, a punto de desintegrarse por el manoseo al que lo someto.
Pero, antes, leamos al viajero Cela, que también visitó a "la Mali".

"La Maliciosa Alta levanta por encima del centenar de varas la altura de la Maliciosa Baja, que tampoco es pequeña.
El vagabundo, para aprender retórica y poética, se llega a la Maliciosa dándose un garbeillo por el albergue del ventisquero de la Condesa, más allá de la fuente. Al vagabundo le gusta andar los montes a vueltas, de un lado para otro, sin prisas y con hartas pausas, casi como sin querer.
Desde la Maliciosa, en los días claros, se ve toda la tierra de Madrid hasta los montes de Toledo, toda la tierra que ya tiene color y sabor de Mancha, parda color y amorosa y agria sabor de Mancha.
La Maliciosa - la Maliciosa Alta que queda detrás y al nordeste de la Baja - es una inmensa roca pelada, fácil de subir por donde el vagabundo va y ya no tan fácil por el lado contrario, por las escarpaduras que usan los montañeros para probar sus difíciles habilidades, esas habilidades que, a veces, los llevan desde la Maliciosa hasta el otro mundo.
Debajo de la Maliciosa quedan, acurrucados en su ladera, los pueblos de Cerceda, Becerril, Boalo, Matalpino; más allá, el castillo de Manzanares el Real se pone de puntillas sobre sus viejas piedras para mirarse en las aguas del embalse de Santillana..."

Retórica y poética en la Maliciosa
artículo en la revista Destino año 1952
Camilo José Cela


Mi primera visita a Maliciosa sería allá por el 72 o 73, no puedo recordarlo. Lo que sí recuerdo es que, bien pertrechados con botas "Chirucas", mochilas y bávaros de loneta, chaquetillas de "guata", mantas -desechadas por viejas-, plásticos anti-transpirables y gorros de cazador, aparecimos desde Bola del Mundo, en la cumbre de Maliciosa.
Fue un flechazo.
Antonio (Trabado) y un servidor, echamos un vistazo a la vertiente oscura y vimos que allí había tajo.


Teníamos pensado seguir Cuerda Larga y bajar a la Pedriza por las Torres; sin embargo nos quedamos por la zona y adivinamos la bajada por lo que se conocía como el Tubo de Todos.
Descubrimos la fuente manantial, que sería un alivio para los siguientes años, y también buenos huecos para dormir bajo las estrellas en la Maliciosa alta y, a cubierto, el vivaque del Peñotillo... Por supuesto la aproximación desde la Barranca.
La suerte estaba echada y solo faltaba disponer de información para liarse con aquella montaña, que nos parecía algo mágica y salvaje.
También hacían falta colegas, pero eso era fácil de conseguir...

Juan R. Tachó y Canito

L. Garrote, J.R. Tachó, C. Gallego y A. Trabado

Aún no sabíamos lo que se guisaría en el Club Alpino Maliciosa, pertenecíamos a otro grupo de montaña llamado Culmen, gente que gustaba más de recorridos y ascensiones... Teníamos dificil encontrar información, aunque algo logramos y nos bastó para empezar; en cualquier caso no resultaba fácil localizar las vías con tan poca precisión en ubicación, líneas y puntos.


Curiosamente nos estrenamos en un invierno, durante un campamento organizado por aquel club de espíritu montañero. Durante unos días acampamos en la Barranca, gente variopinta: andarines, esquiadores, montañeros de barba y tirantes... y nosotros; los "niños" del grupo.
Una noche de madrugada aún lejana, abandonamos la tienda y con linternas "Wonder", pila de petaca a la cintura y cable al casco, subimos a Maliciosa cramponeando una nieve dura como el acero.


Había tantas ganas de escalar como de comer...

Desayuno en la Barranca

Durante las temporadas siguientes, asediamos la montaña, en todas las estaciones del año. Y realizamos la primera escalada en roca que vimos clara: la Galayos al Peñotillo... una gran clásica.
En aquel vivaque, a los pies de la pared, aguantamos lluvias, nieves, granizos, nieblas y tiritones. Los planes se repetían varios fines de semana al mes: viernes tarde, autobús al pueblo de Guadarrama, subida al Peñotillo o Maliciosa alta, según convenga, cena, vivaque y ¡zas! escalando a primera hora... hasta que el cuerpo aguante. El domingo, a la tarde temprana, regreso.
Ya debíamos tener en sangre el gen "alpinistorro" porque jamás se nos ocurrió no llegar a cumbre ¡hay que hacer cumbre, siempre! Esto nos hacía perder tiempo, principalmente en la Maliciosa alta, y entonces encontramos una solución para cuando no había nieve: destrepar lo que se conoce como la vía "Toñi"... esto ahorraba un tiempo precioso.
También localizamos un buen espacio para vivaquear, bajo las estrellas, a pocos metros de la pared y cercano a unos gendarmes característicos de la base de Maliciosa alta.

Vía Galayos al Peñotillo

Vía Galayos al Peñotillo

Luego, un invierno seco y frío, me propuse vivaquear en la cumbre:

"Entre tiritonas que me levantan del suelo, aparto de la cara la manta y el plástico, que salpican cristales de hielo... Acierto a ver Madrid, tan lejos y tan cerca, con esa luz cálida que indica vida... Y yo, aquí, más solo que la una y con más frío del que, hasta ese momento, conozco.
Son las cuatro de la madrugada y no aguanto más; meto todo en la mochila, al apretón y a toda prisa... vestido ya estoy desde ayer.
Parece que tendré más luz y calor si bajo por la Cuerda de los Porrones, y eso hago.
No sé... pero cuando empiezo a encontrarme sombras chinescas de los gendarmes rocosos que proliferan en la cuerda, me entra un desasosiego tremendo y aprieto el paso, que acaba siendo carrera, hasta las primeras praderas que bordean Canto Cochino. Todavía es noche pero el Yelmo parece clarear su cima.
Decido subir hasta la pradera de su base y allí, entre restos de nieve, me acurruco a la espera de un sol que no tiene prisa.
¡Qué gusto cuando me calienta la cara! Y me quedo frito."

La segunda escalada que nos apretamos fue la, ya clásica entonces, Ezequiel/Domingo de la Maliciosa alta... pero nos metimos en un buen embarque, donde Canito mostró su habilidad para volar, varias veces, y estrellarse contra la reunión donde los colegas aguantamos el miedo.
Canito siempre nos demostró lo cobardes que eramos, mientras él se daba unas leches de cuidado... sin piedad. En la Pedriza también hizo sus pinitos, como aquella vez en la Torre de las Arañas Negras, por la temida vía "Antonio Mairal"... ya os lo contaré otro día.

Volviendo a la variante en cuestión, difícil y de movimientos algo contorsionistas, en el segundo largo, que muchos años después conocemos como "anónima"... Esto de no dejar rastro de una escalada, siempre fue muy "malicioso", al igual que fue "gredense" en Gredos y también "pedricero" en Pedriza.
Lo cierto es que recorrimos aquella "anónima" y dejamos un buen clavo en el paso clave.
Esta variante la repetimos muy a menudo y guardo la única foto, de los años 90, que conservo en buen estado...

Variante "anónima" a la vía Ezequiel/Domingo, en Maliciosa alta

Un invierno, a mediados de los 70, el colega Tachó y este que escribe, tuvimos lo nuestro en una escalada que comenzaba en el Tubo de Todos, unos metros a la derecha del inicio a lo que más tarde sería la vía Alta Ruta y que actualmente, en buenos y efímeros años, se marca bien definida hasta el circo colgado que la domina:

"Se nos echa la tarde encima pero, cuando enfilamos el Tubo de Todos para salir hacia Bola del Mundo ¡zas! vemos un buen chorretón de hielo, y decidimos darle. Será un buen momento para estrenar en algo serio mi piolet Stubai Nanga Parbat -con magnífico mango de madera... por supuesto-, y crampones a juego -de fijación con cinta continua... por supuesto-, adquiridos en el Rastro madrileño, tras meses y meses de paga paterna.
Pierdo mucho tiempo luchando contra un bloque grande y acuñado entre musgo congelado; cuando me doy cuenta Tachó está escarchado y parece una bola de cristal y yo alcanzo, extenuado, un pequeño circo de nieve. Me aseguro a una lado, buscando roca, y comienza Tachó... Se nos echa la noche encima, pero bien echada, y ya juntos ensamblamos, con algún seguro intermedio, hasta la cumbre.
Se nos antojan lejanas las luces de Bola del Mundo, pero habrá que llegar, y ya con ventisca ligera, para bajar al puerto de Navacerrada.
No recuerdo la hora de llegada, solo que soplaba con fuerza y dolía el rostro. Una cabina telefónica, pegada a Venta Arias, cumplió dos propósitos: llamar a casa ¡y aguantar la bronca! y dormir allí dentro, malamente sentados y envueltos en las sempiternas mantas.
A la mañana siguiente nos despertaron voces: ¡Guardia Civil! ¿Quién está? Estábamos nosotros ¡y bien hechos polvo!"

Tirando de memoria, marco el itinerario que, seguramente, fue nuestro "martirio":

Gracias a Tomás Mesón, por su magnífica imagen.

Y esta otra de Roy Prodigal Son, tomada en febrero del 2016, donde encuadro la zona de entrada:


También encontraréis más información en el blog de Curro González (Sobreescalada).

Luego llegó una época, ya metidos en el 75/77, que tras escalar las vías más conocidas: HB, Puro, Velayos/Chocolate, Arturo Jaúdenes, Guti, Perico, Pared Desconocida, etc. recorrimos lineas que no volvimos a repetir y que ya no recuerda la memoria.
También hubo una temporada solitaria. La Maliciosa, junto con su hermano menor, siempre me resultaron espacios para encontrar mi camino y, así, con un sistema de gazas, escalé vías clásicas en solitario: Diedro Mogoteras y la canal, a su derecha, que lleva a un pequeño gendarme, del que siempre recuerdo saltar a la pared de enfrente, esto en el Peñotillo; otras en la Maliciosa alta: Ezequiel/Domingo (original), Espolón Promesas, Perico, etc.
Y en invierno, los flancos E y O de ambas cumbres... siempre buscando lineas blancas.
Por aquellos años, recuerdo encontrarme con algún otro solitario y siempre recuerdo, años después y ya en el 81, el triste final de un escalador que fue hallado en la base del espolón Promesas y pertenecía al Club Alpino Maliciosa.

Lo del esquí no fue nuestro fuerte, eso llegaría más tarde, pero también os gustará conocer por donde bajan los que gustan de velocidad:

Cortesía de Javier Urbón

En definitiva, Maliciosa y Peñotillo -tanto monta, monta tanto- queda como una gran escuela donde iniciarse o mantener nivel, todo para mejorar y entender esto del alpinismo.
Es de agradecer la nueva edición de la guía que, por fín, recopila lo disperso, utiliza fotos para marcar, amplía información, actualiza líneas y graduaciones, avisa de lo que hay y espera que sirva... que seguro lo hace.
Se echa de menos -cosa ya frecuente en casi todas las guias- algo de historia, personajes y anécdotas que tienen todas las montañas y que ayudan a "entrar en materia", pero así son las cosas... Y así lo ven otros.

Por cierto, coloco por aquí una imagen de los años 90, donde aparece uno de los autores, seguramente en Maliciosa y todavía sin pensar en guía alguna...


Para terminar, añado una poesía del escalador y poeta, a partes iguales, Miguel Ángel Sánchez Garate, autor del libro "De la Pedriza al cielo":

MALICIOSA

Desafiante en Matalpino
Sobre tu pretil alpino
Captas toda la atención
Con tu alto mirador

Deliciosa Maliciosa
Te muestras bien vanidosa
Desde la verde Barranca
Para subir sin retranca

De vergeles desprovista
Para borrar de la vista
Los jardines que allí tuvo
Cierta bruja maligna

Deleitosa Maliciosa
Con tu hermano el Peñotillo
Déjanos sacarte brillo
En tus paredes vistosas

Montaña de Guadarrama
Más fiera que Peñalara
A la que Velázquez pintara
Con su porte de galana

Tu cumbre modesta y frugal
Sobre el Collado del Piornal
Se otea desde las Guarramillas
Cual octava maravilla

Deliciosa Maliciosa
Déjanos palpar tu cuerpo
De piel áspera y rocosa
En verano o en invierno

(24 octubre 2020)

Cuando nevaba bien... todos los inviernos


                  *  Aitor Bárez (avistamultimedia)
                  *  Libro "Maliciosa. Guia de escalada
                  *  Libro "De la Pedriza al cielo"
                  *  Javier Urbón