Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


martes, 12 de marzo de 2013

Historia de un piolet

Cerrad los ojos por un instante... imaginad una cordada de alpinistas, quizá ya terminada la escalada y en un día tranquilo de montaña, descendiendo una arista amable... a punto de alcanzar el glaciar.

Es muy posible que lo primero que "veamos" sea una cuerda al hombro... y un piolet en la mano, como si ambas cosas perteneciesen a su figura.

Compré mi primer piolet... un Stubai Nanga Parbat"... allá por el 73, tras ahorrar durante meses de la escasa paga semanal... escasa por los tiempos que corrían, no porque mis padres fueran tacaños... pobrecillos.

... Sierra de Guadarrama... Siete Picos...

Lo cierto es que llegué al Rastro madrileño con flojera de piernas... esto lo recuerdo bien... y entré en el comercio más castizo del momento, Gonza Sport, para balbucear mi deseo de compra.

Me enseñaron varios modelos pero entre todos los que me pusieron en las manos, hubo uno que solo al cogerlo me pareció mágico; acaricié el mango de madera... sopesé la masa de aquella joya... y pregunté si no lo había más corto; no lo había... así que solté los dineros con alegría y salí de allí con el corazón a punto de estallarme el pecho.

¡Joder... un piolet!.


Este piolet - ahora castigada la madera y el acero - me acompañó muchos años... y con él realicé magníficas escaladas, en España y los Alpes... Diedro Esteras al Almanzor, Norte de Peña Ubiña, Couloir de Gaube, Nortes Alcazaba y Mulhacén en Sierra Nevada, Major del Mont Blanc, Couloir Gervasutti al Mont Blanc de Tacul, Norte del Triolet y un largo etc.... hasta que le llegó la hora de la verdad en los Andes.

Del Triolet guardo un recuerdo imborrable... cuando golpeaba con el piolet la enorme plancha de hielo acerado, haciendo saltar desconchones constantes y repitiendo el proceso... hasta el desmayo... para tallar repisas a los pies y hacer reunión. Algo agotador debido a la poca masa de la cabeza del piolet, que continuamente rebotaba... para mi desesperación.

Se convirtió en la "niña de mis ojos"... siempre sumergido en aceite de linaza para flexibilizar la madera... y encintado el mango con esparadrapo de tela... para conseguir mejor agarre.

... descenso del Mont Blanc...

Ya os he contado la historia del Chacraraju 78... así pues solo mencionaré como anécdota que mis piolets en aquella aventura fueron el Stubai y la "maza de hielo" - a su lado en la foto -.
El piolet ya lo había recortado hace años y le coloqué un regatón que no recuerdo de donde salió.

Se lo dejé a Nacho para la escalada... y allí se le soltó el regatón en plena faena... y así tuvo que terminarla, mientras yo utilicé uno más parecido al clásico Charlet Moser G - el siguiente en la foto - que alguien del Club Alpino Maliciosa me prestó... al igual que el plumifero... lo que se llama ir de "prestao" total.

El Charlet Moser también tuvo lo suyo... me vienen a la memoria el Corredor del Friero en Picos de Europa,  Espolón Norte de Aig. du Plan, Suizos a las Courtes, Corredor Couturier de la Aig. Verte... y de él recuerdo el gusto en golpear la cabeza para clavar el mango en pendientes de nieve dura... entraba como un tiro.

¡Ah!... y una anécdota que nos ocurrió en el espolón Frendo de la Aig. du Midi... cuando llegados a pocos metros de la arista famosa, la que da entrada al "rognon" de roca final... de repente... encontramos dos alpinistas más buscando elegir como salir de allí... nada especial... un coreano de amplia sonrisa - normal esto de sonreír - ... y ¡un alpinista de raza negra!... bueno, esto no lo he vuelto a ver.

Luego llegaron los años en los que las hojas ya empezaron a cambiar de inclinación... ¡cosa maravillosa!... y puesto que se leía todo lo que se publicase... fuese donde fuere... cayó en mis manos un "Mountain" - una revista inglesa de reconocido prestigio en la época - donde se veía a los tipos más duros del momento pegándose con los terrenos mixtos escoceses.

... piolets a la espera... en la cueva del glaciar Kahiltna...

No hay más que hablar... llegaron los Peck Terrordactyl - cuarto de la foto - los más cortos jamás fabricados... 39cm. y que cuando había que sostenerlos en modo bastón... parecía que andaramos agachados.
Sin olvidar la depurada técnica requerida al golpear el hielo para no sangrar los nudillos... hasta extremos preocupantes... y una dragonera tipo "cuerda de persiana" que cortaba la muñeca y el paso de sangre.

Los Terrordactyl, junto con el Charlet Moser G, también conocieron Alaska... un despiadado invierno del 82.

Por aquel entonces yo había establecido Gredos como tierras a explorar... y en aquellos años se escalaba todo lo que fuera blanco; el mixto puro y duro aún no se consideraba un fin... por lo que la mirada siempre buscaba una línea helada.

Rutas como el Último Tercio del Escudo, Zenith Gully, Excalibur, Fluido Celeste, Psicósis, Alta Tensión... todas ellas consideradas clásicas imprescindibles hoy en día.

No conservo todas las herramientas que tuve... entre medias de aquellos años y la era de los mangos "ergo"... pero sirvan de referencia las siguientes imágenes del Grivel Super Courmayeur y un modelo anterior al Black Diamond X-15 - modelo rojo en la foto de portada -, que se diferenciaba de éste en tener mango recto y todo recubierto de goma.

A éstas... también las dí su merecido.

... Grivel Super Courmayeur...

... Black Diamond X15... mango recto...

En esos años... entrados en los noventa... el nivel de escalada, tanto en hielo como mixto, se levantó sustancialmente y me quedan grabadas ascensiones e intentos como el Couloir Lagarde a las Droites, Norte del Cervino, Gabarrou/Albinoni al Mont Blanc de Tacul, Corredor Norte del Dru, Freezante, Fluido Glaciar, Banzayous, Ruflette -  éstas ultimas en Gavarnie - etc.

Me arrepiento profundamente de haber perdido por el camino un piolet que siempre "sentí" acorde a mi estilo todo terreno de "clasicorro"... una pareja de Stubai FKW, modular hasta el punto de admitir la posibilidad de acoplar una pala para cavar... regatón interior extensible... y con su inconfundible pala circular que "comía" hielo puro como mantequilla, perfecto para tallar pequeñas repisas.
Todo intercambiable sin utilizar herramientas adicionales.

Quizá la escalada que más grato recuerdo me dejó... fue la Ginat a las Droites... donde, como anécdota, contaré que se me rompieron dos centímetros de una hoja... y allí mismo, contra una roca, la "forjé en frío"  a martillazos  para sacar nuevo filo; quedó fea y rara de largo... pero cumplió el trabajo.

... Stubai FKW...

Más allá de los años 90... llegó el Black Diamond X15 - rojo en la foto - con mango ergo... un "tanque" en toda regla y el piolet al que más duramente he tratado.

Forma parte... junto con el Stubai en madera... de la decoración de la chimenea.

Un mes de marzo del 2005... un incidente serio me hizo volar más metros de lo que la razón puede comprender... bien agarrado a mis herramientas... y sin que ninguna de las dos me atravesara. Inaudito.
Una larga historia que ya contaré algún día... y en la que tuve un "encuentro" inesperado.

Ya en la primera década del 2000... llegaron los Petzl Aztar, uno de los piolets más polivalentes que han existido - y que como viene siendo habitual en los fabricantes, cuando un material es excepcional, fue descatalogado rápidamente -... un todo terreno ligero y robusto a pesar de su aspecto frágil.

Le sigo manteniendo como piolet "expedición"... y me dio gustos en recientes escaladas "gredenses"... algunas aperturas en el CervunalCerro de los HuertosRisco del GutreRisco MorenoCuchillar de las Navajas, etc.

Con estos también recorrí el hielo continental en Patagonia... hasta el Circo de los Altares, espacio mágico de poder, soñando soñar que pisaría el Cerro Torre... que no pisé porque los vientos lo impidieron, pero vamos... que ya veremos.

A punto estuvieron de coronar el Amadablam... donde el destino quiso que Guillermo Mateo, alpinista de raza, nos abandonara tras alcanzar la cumbre... esto también tiene su historia... repleta de grandezas y amistades potentes.

Al contrario que nos ocurrió en el Chacraraju... ésta vez subimos cuatro y bajamos tres.

Y por fin llegó la hora de modernizarse... hasta extremos insospechados para un "clasicorro"; una pareja de Grivel Monster - hasta el nombre da miedo - que por no tener no tiene ni mango al uso... sino un perfil con cierta flexibilidad que, al torsionar lateralmente hace "agarrar" la hoja en fisuras de roca... como un león el cuello de la gacela.

He tenido pocas oportunidades de uso extensivo y duro... pero pongamos como ejemplos aperturas, de nuevo gredenses, como las de la Garganta Tejea o Chorreras del Horco.

Espero tener ocasión para destrozar tales herramientas, mientras tanto, quedan en perfecto orden de revista... tornillería engrasada y hojas afiladas... todo dispuesto si el cuerpo aguanta.

Cuatro décadas separan éstas imágenes... cuarenta años que me parece que no lo son; de una a otra el equipamiento es radicalmente distinto... impensable... pero solo una cosa no cambió.
Ya veremos que depara el futuro pero, lo importante... siempre... será mantener la pasión por conocer nuevas montañas y retos a perseguir.
Conocerse más a uno mismo y aprovechar la tecnología que se nos ofrezca.

14 comentarios:

  1. Qué hay Carlos,

    Genial viaje por la evolución de los piolets...yo sigo con mis Stubai Hornet y precisamente ahora ando pensando en hacerles unas modificaciones para hacerlos más versátiles...

    Salu2

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Vlady... esto es un sin vivir, tan pronto se enamora uno de la herramienta... aparece otra que te hace pensar en la infidelidad... jejejej.
      Suerte con tus "apaños".
      Un saludo.

      Eliminar
  2. Como siempre amenizándonos un ratico con la lectura de tus historias Carlos. Gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Cabe... me alegro sirvan para "cambiar de aires".
      Un abrazo.

      Eliminar
  3. Elegante, amena e instructiva entrada, todo un placer leerte. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Eduardo... el placer es mio si la lectura no aburre y hace soñar con nuevos proyectos.
      Me alegro también sirva como hilo conductor generacional... eso es mucho.
      Saludos cordiales.

      Eliminar
  4. Otra entrada agradable y entrañable..
    Suponemos que dentro de poco otra de crampones que también tendrán su historia.
    Un abrazo Carlos
    Nico

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Nico Isa... pues... los crampones irían parejos a los piolets, la historia sería la misma... aunque podría servir de referencia conocer las "antiguallas" para los pies.
      No es mala idea.
      Un abrazo.

      Eliminar
  5. No es la flecha...es el arquero.
    Un saludo Carlos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Victor... la pasión ayuda mucho... pero una buena flecha lo hace todo más fácil... que en los viejos tiempos se sufría más de lo conveniente... y sufrir "pa ná" es tontería... jejejej.
      Saludos cordiales.

      Eliminar
  6. Hola Carlos, también conservo mi primer piolet de madera, el Charles Moser Superconta II, y una pareja de Terrodactilos, piolet y maza que se han paseado por numerosas partes del Circo de Gredos.
    Son, al menos para mi, algo que forma parte de mi vida y no creo que me desprenda de ellos nunca.

    Un abrazo amigo.
    Alfonso (Antiguo Pedricero)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Alfonso... ¿que tendrán esos piolets de madera?... los guardamos como joyas, por su estética y materiales... y también por ser los primeros con los que empezamos.
      Los Terrordactyl... otra joya... ya en la época de los metales... jejejej... pero especímenes únicos.
      Un abrazo.

      Eliminar
  7. Yo guardo con el mayor de los cariños mi primer piolet: un Charlet Moser, modelo Mont-Blanc, si ese, el del mango de madera, el de la sonrisa en la hoja, que nadie sabia muy bien para que servía. Unos decian que para meter la pala de otro Mont-Blanc; otros que para aligerar el peso...
    Lo cierto es que lo guardo con muchísimo cariño. Muchas veces lo descuelgo de la pared y nos ponemos a charlar y recordar las aventuras vividas juntos, vamos una pasada, Tanto que si me pillan mis hijos, como me pillaron una vez, griten: ¡Mamá, papá está chocheando, otra vez le está comiendo el coco al piolet! Pero lo que que no saben ellos es que es el piolet el que me come el coco a mí. Y ademá... me encanta.
    Saludos desde las montañas del Sur Carlos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Torrecillaful... ya veo que tienes una "relación" muy personal con tu piolet y lo descuelgas de vez en cuando para acariciar ésa madera; no te preocupes que no estás solo... a pesar que la familia piense cosas raras... jejejej.
      Saludos.

      Eliminar