Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


miércoles, 14 de agosto de 2019

Ama Dablam... Lágrimas en el cielo

Ama Dablam... Lágrimas en el cielo.
(A Guillermo Mateo)

El tiempo puede derribarte.
El tiempo puede doblar tus rodillas.
El tiempo puede quebrar tu corazón,
Mantente rogando por favor, rogando por favor

Más allá de la puerta
Hay paz, estoy seguro.
Y sé que no habrá más
Lágrimas en el cielo.

Lágrimas en el cielo
(Eric Clapton y Will Jennings)


Artículo completo en Desnivel nº 373

Apenas da tiempo a terminar el cigarrillo, no debimos encenderlo... pero lo hicimos, cuando el sol se esconde tras un collado que divide dos montañas. En unos instantes estamos helados... Nos atraviesa un frío que espesa la sangre.

-¡Joder! ¿no te echarás un cigarrito aquí?- 
-¿Qué mejor sitio que este lugar? - Me responde Guillermo, sin perder la sonrisa.
-La verdad es que sí... venga.

Es invierno... Estamos a 6.000 metros y estamos solos.
Nos sostiene un torreón de arquitectura imposible, rocas rotas cementadas por hielos sucios y brillantes... Un balcón sin barandilla, con las piernas colgando.
La cumbre del Ama Dablam aguanta más sol, pero nosotros no podemos aguantar más sombra.

Tiro la última foto al mismo tiempo que me abraso los labios, con esa fuerza que adquieren las brasas de ceniza cuanto más frío hace... así me lo ha parecido siempre.
El cielo aumenta de azulón a un añil oscuro que da miedo... El blanco de la cumbre hiere la vista, lo veo ya desde el interior de la tienda, cerrando la cremallera que rompe cristales de hielo.

Mañana será un día espléndido... frío y ventoso, pero espléndido.

__________________


La región del Khumbu, ya desde Namche Bazar, se me antoja una inmensa chopera castellana por las columnas de humo, semejantes... en la lejanía, a una plantación de álamos, rectos y desnudos de hoja, que jalonan todas las aldeas que nos quedan hasta Kala Patar.
Cielos ausentes de viento, despejados y fríos, siempre enderezan humos de chascas y fogones.

Un grupo de gentes, variopinto y algo bohemio, ha decidido recorrer el Khumbu; cada uno mantiene en su interior un deseo a realizar: unos, recorrer valles y hartarse de paisaje; otros, encontrar un camino a sus montañas olvidadas; algunos, alcanzar la cumbre del Ama Dablam... el "Collar de la Madre" con la "Perla del Dablam", la última torre de hielo (serac) que defiende su cima.

Cumplimos el deber de aclimatar, recorriendo aldeas donde siempre esperan gentes sin prisa.
Atravesamos infinidad de puentes colgantes que salvan ríos congelados; cruzamos arroyos traidores y saltamos, graciosamente, de piedra en piedra para evitar patinajes.
Los yaks aprovechan cualquier situación para acorralarnos hacia el lado malo del camino.
Allí... desde Tengboche a Lobuche y hasta Gorak Shep, nos alimentan en "lodges" (alojamientos) mientras los anfitriones atizan estufas de hierro con el imprescindible y persistente estiércol de yak.
Durante las esperas nos atacan modorras, aumentadas por el sol que atraviesa los cristales de placenteros comedores, siempre con algo de neblinas que se escapan de la cocina.

Día tras día, y al siguiente día... y al otro, se mantienen cielos limpios y suelo seco que, botas de amos y cascos de bestias -quizá se pueda invertir el orden del calzado- se encargan de levantar polvaredas a cuatro mil metros de altitud.

En nuestro viaje, relajado y amable, apenas nos cruzamos con extranjeros -occidentales, como nosotros-, y muy a menudo con porteadores -orientales, como ellos- de fardos imposibles: vigas enormes que duplican su estatura, bultos secretos envueltos en sacos de arpillera bien cosidos, bidones a pares, armarios de tres cuerpos y estufas de hierro... Mientras, los niños van y vienen, siempre riendo... siempre felices, allí donde poco hay.
Yo regalo lapices "Alpina", de colores, y cuadernos en blanco... pero es Guillermo quien se lleva de calle a la muchachada.
A él le toca el papel de "jefe expedición", es decir, el encargado del papeleo y juez de paz en tierras lejanas.

A los pies del majestuoso Pumori, en la otra orilla del glaciar del Khumbu y vigilante del Sagarmatha (Everest) el gigante de la Tierra, decidimos que ya estamos preparados para que, alpinistas, víveres y equipo de escalada, recibamos la "puja" (oración) que nos proteja.
Un monje con un gorro de lana que incorpora un parche de "Mickey mouse" se encarga del asunto; ayudan en la ceremonia porteadores y cocineros.
Esto será en el campamento base a los pies de nuestro Ama Dablam. Nuestro y también de una expedición coreana, con guías que se pasean en zapatillas "Nike".
Desde aquí la "Madre", como cubierta por una túnica blanca,  parece extender los brazos y recibirnos en su regazo.
Desde aquí serán algo más de dos mil doscientos metros de desnivel en diferentes grados de dificultad.
Desde aquí en adelante cuando caiga el sol... no conviene que nos pille sombra a la intemperie.

_________________________


Una mañana, tan heladora como todas las mañanas, cargamos unos yaks que nos alivien el peso de las mochilas.
Subiremos hasta donde la pedrera se endereza, algo más allá de los cinco mil metros, con todos los amigos... cada uno con su plan, aunque nos ayudan y también cargan con parte de lo nuestro. Luego nos despedimos.

Guillermo mantiene un "secreto a voces"... Desea echar un vistazo a la Sur directa de Jeff Lowe, inaugurada en 1979 y en solitario. Una "flecha" que enlaza con la clásica SO, a la altura del Dablam.
No hay condiciones aceptables y "olvida" el plan.

Montamos un par de tiendas en el campo I (5.800 m.) y, bajo el mandato de leyes no escritas, nos dividimos en dos cordadas autónomas: Ramón y Guillermo, en duo... Miguel, Luis y Carlos, en trío.
Esa noche conocemos el frío invernal del Himalaya, mientras el hornillo de gasolina, en el ábside de la tienda, se encarga de fundir hielo y nos obliga a gritar para hacernos oír... aún así, agradecemos el calor de la potente llama azul que humaniza nuestro "hogar, dulce hogar".
Esa noche Ramón, aquejado de una sinusitis sin remedio, decide que se retira de la escalada... A la mañana siguiente bajará al campo base, en una lucha sin cuartel con diferentes niveles de sufrimiento.

De nuevo, sin pronunciar palabra, se establece un "acuerdo tácito" al que ya estamos acostumbrados: escalaremos de forma autónoma, cada uno según ritmo... Y nos encordaremos, según quién esté al lado, para superar los pasajes asegurados.
Cuatro tipos a su aire hacia los seis mil ochocientos... y pico, metros de altitud. Veremos.

A estas alturas, el lector ya habrá adivinado que perseguimos la clásica arista SO del Ama Dablam, inaugurada un mes de marzo de 1961 por Barry Bishop, Mike Gill, Wally Romanes y Mike Ward.
Una ruta "normal" a una de esas montañas de la Tierra que nada tienen de normales y requieren escalar, te pongas como te pongas, para llegar a la cumbre.

_______________________________

Tenemos por delante una cresta defendida por torreones de roca, como un castillo en ruinas batido por vientos furiosos.
Un largo camino con desnivel escaso hasta los seis mil metros del campo 2.

Cargados con todo lo necesario para permanecer, con total autonomía, en la montaña, empezamos la escalada con un frío atroz durante las primeras horas... Luego ya, cambia la cosa a frío tremendo, más llevadero.
Recorremos el camino, erizado de bloques y agujas de fantástico granito, cada uno a su aire o en ensamble asegurado, según convenga... hasta el primer gran obstáculo del largo día: la "Torre Amarilla", el lugar donde se concentra la mayor dificultad técnica de toda la escalada.
Cincuenta metros en torno al V+/6A en un muro vertical que se estrella contra la arista rocosa que lo domina.
El lugar está repleto de restos de cuerdas fijas en todos los estados posibles: rotas, desgastadas, endurecidas, picoteadas, acribilladas, anudadas, mezcladas, aplastadas, apiñadas, amontonadas... Y todas de un blanco mortecino que da miedo.
La mochila nos aplasta sin piedad y boqueamos como carpas de colores, mientras intentamos no agarrarnos a los colgajos de nailon... aunque, de vez en cuando, pecamos.
Guillermo tira del grupo, incansable.

Alcanzamos el impresionante torreón que alberga el campo 2. Un auténtico nido de águilas para nosotros solos y una solitaria tienda de los coreanos; es lo bueno del invierno, no hay aglomeraciones ni lucha por encontrar hueco en tan escaso lugar.
El sol desaparece cuando andamos colocando el varillaje de nuestro hogar y, como por arte de magia, desciende la temperatura hasta cifras que no quiero recordar.
Suenan los infiernillos fundiendo cristales... No hay nieves sueltas por allí, solo granito limpio y parches de hielo acerado.
En una de estas, salgo a buscar más hielos y me entretengo mirando un cielo oscuro repleto de estrellas brillantes... Y nuestras tiendas, débilmente iluminadas por las llamas de los infiernillos, recortándose en dos burbujas de amarillo chillón contra siluetas negras de montañas lejanas ¡joder! magnífico... pero, un poco más y me congelo allí mismo.

Guillermo aprovechará la tienda de los coreanos, increíblemente limpia y perfumada en su interior. Los demás nos apretamos en la nuestra, increíblemente sucia y descuidada.

________________________________

Mientras sorbemos té hirviendo que nos abrasa la boca, tomamos una decisión: Saldremos lo más temprano posible que nos permita el frío... Saldremos en un intento de llegar a cumbre sin vivaquear a los seis mil trescientos metros del campo 3... Saldremos con lo puesto y poco más.
Una apuesta que solo tiene una regla a obedecer: si no hacemos cumbre a las tres de la tarde, abandonaremos el intento... estemos donde estemos.
En la mochila solo van termos de caldo, geles y barritas. Unos guantes de repuesto, frontal y una pala... por aquello de cavar una madriguera si los Dioses deciden que no da tiempo a regresar al punto de partida.

Aún no recibimos sol cuando partimos hacia la cumbre; Guillermo se lanza en primera posición, atravesando las pendientes iniciales hasta alcanzar las "Torres Grises"... luego, un  terreno mixto nos lleva hacia la "Arista de los Champiñones", descarnada y en nieve tan dura como las lajas de granito que afloran por doquier.

Llegamos al campo 3, bajo el "Dablam", y Guillermo sigue imparable hacia la pendiente que baja, como un tobogán, de la cumbre... Miguel le sigue.

Lo vemos a tiro de piedra pero, miro de reojo el reloj y ya son las tres.
Luis me pide que tire unas fotos... Entonces ocurre.
Una avalancha nos obliga a clavar piolets para aguantar el empuje.

He pedido a Luis unas líneas sobre aquellos días. Este es su recuerdo:

"Corría un frío y seco mes de enero. Era mi primera expedición al Himalaya y me encontraba allí, a más de seis mil metros y en invierno, sentado a media noche dentro de la tienda puesta en el nido de águilas que es el campo 2 del Ama Dablam.
No me explicaba lo que estaba sucediendo, si hasta hace algunas horas estábamos escalando juntos, en un intento ligero de cima y Guillermo jalonaba al equipo con motivación y decisión certera.
Esa tarde los desaparecidos pudimos haber sido Carlos y yo.
Corrimos con suerte cuando un serac se desprendió del glaciar Dablam y nuestros cuerpos solo recibieron el empellón de la onda, mientras toneladas de hielo pasaban a pocas decenas de metros de nuestra posición.
Pero la Montaña no es buena ni mala, no salva ni juzga. Ella es eternidad y nosotros solo somos un parpadeo en sus dominios.
Carlos y yo, sobrevivimos. Guillermo desapareció en su regazo."
(Luis Pardo Orozco)

Pasado el susto, vemos que Guillermo continúa su ascenso y Miguel ya desciende hacia nosotros. Ninguno ha sido alcanzado por el derrumbe.

Miguel también tiene su memoria:

"Hacía viento, hacía frío y se estaba haciendo tarde. Las ganas eran muchas, la oportunidad clara y al alcance de la mano, pero estaba seguro que tendríamos que hacer un descenso épico o vivaquear en alguna repisa dando palmas toda la noche. Ambas opciones con claro riesgo de bajar con algún dedo negro.
En un momento en que nos reunimos Guillermo y yo, pues cada uno iba escalando a su ritmo, le verbalicé mis pensamientos. Su respuesta no me sorprendió ni resultó inesperada. Guillermo era así.
Le pregunté si quería la cuerda que yo transportaba y dijo que no, que destreparía.
Durante mi bajada se desprendió un buen trozo del serac "Dablam"... me aferré a los piolets y aguanté el chaparrón.
Ya reunido con Luis y Carlos, emprendimos el regreso al campo 2.
Fue la última vez que vi a Guillermo".
(Miguel Ángel Vidal)

Aún recordamos aquellas palabras que Guillermo, con determinación infinita, repitió a las de Miguel... añadiendo un "ni":

"Ni hace viento, ni hace frío, ni es tarde... Si tu no quieres seguir yo sigo solo".
(Guillermo Mateo)


____________________________


Mientras desplegamos cuerdas para empezar el descenso, lanzo una mirada a Guillermo... el indomable.
Avanza afianzando el paso... continuamente, sin prisa ni pausa.
Estamos seguros que alcanzará la cima.

Mientras el viento nos zarandea y el frío se apodera de cuerpos cansados, vuelvo a mirar a lo alto... y allí sigue Guillermo, cada vez más cerca de su cumbre. Imparable.

Mientras nos lanzamos, a última hora de la tarde, como lobos a la madriguera, al interior de nuestra tienda del campo 2, no me resisto a mirar de nuevo... Y veo a Guillermo descendiendo, a pocos metros de la cumbre.
Encendemos a toda potencia el infiernillo de gasolina, no tanto por fundir hielos... más bien por calentar la tienda.

No lo puedo evitar... Y abro una rendija de la cremallera para ver... que ya no veo a Guillermo.

Pensamos que estará buscando cobijo y hacemos planes para salir temprano, incluso antes del amanecer, a su encuentro llevando ropa y buenos termos de caldo... Estamos seguros que la noche será tremenda para él.

Ramón también tiene recuerdos:

"No sé, a veces pienso que debí intentar continuar ascendiendo con vosotros, pero visto lo que me costó llegar al campo base, debido a la sinusitis, el continuar hubiera sido un disparate.
Lo que más me atormenta, incluso después de tanto tiempo, es que apenas aparté la vista... tal vez diez segundos, no más... para frotarme los ojos, cansados después de haber seguido vuestra ascensión con la cámara, desde el amanecer, en el campo base.
Soplaba un viento fuerte con una muy baja temperatura y ya quedaba muy poca luz... oscureció en apenas media hora y Guillermo bajaba de la cumbre; estaba a unos 50 metros.
Cuando volvía a mirar, Guillermo ya no estaba, lo busqué repetidamente, pero no estaba.
No pude ver cómo desapareció ni donde quedó para no regresar".
(Ramón García García)


__________________________

No recuerdo, ni quiero recordar, a qué hora nos llama a voces el guía coreano que, con dos clientes, duerme en la tienda contigua.

- ¡Base camp! ¡Call from base camp! - Nos entrega algo parecido a un "walkie talkie".
- ¿Sí? - 
- Confirma quien falta, por favor - Es Ramón quien llama desde el base... y está muy nervioso.
- Guillermo ha ido a por cumbre. Al amanecer iremos a su encuentro - Respondemos.
- Por favor, repite otra vez quién falta.
-Falta Guillermo.
-Amigos... Guillermo ha caído bajando de la cumbre - Ramón arrastra las palabras y a nosotros se nos seca la garganta.

_______________________________


Mañana será un día espléndido... frío y ventoso, pero espléndido.
Somos cuatro y bajaremos tres.
Hay lugares altos de los que no se baja.
Están más allá de las nubes que soñaste rozar.

Caen lágrimas que se congelan al instante... Lágrimas en el cielo.


_________________________________

Gracias a los amigos que se apuntaron, un invierno del año 2007, por el Himalaya: Jesús Gutierrez, José V. Domínguez, Xavier de Viala, Paco Crestas, Miguel Ángel Vidal, Luis Pardo, Ramón García, y Guillermo Mateo.

lunes, 29 de abril de 2019

Historias de la dehesa... La mirada del can.

Aupamos al perro a la caja del "pick up" y, como si no existiera su dueño, al que tocó levantar cuartos traseros, me lanzó una mirada constante y sin rencor... yo diría que algo dulce.
Sangraba, muy ligeramente, por el pecho... una especie de cornada o puñalada que, el día anterior, dejó un rastro tremendo por la terraza de la casa.
Nunca olvidaré sus ojos negros, me recordaban miradas, perdidas, de amigos que se despidieron en mis brazos.
El perro murió días después... eso nos dijo el dueño, que anduvo buscándole durante los días que el animal se quedó de "okupa". Decía estar "preocupado" por "la que pudiera liar". 
Pero, antes de pasar a otra vida, dejó preñada a nuestra perra Luca, la reina de la dehesa por aquellos años. De aquellos devaneos tenemos a Lola.

Luca era hija de Ayla... Al contrario que su hija, de color rubio cobrizo, Ayla era de pelo negro como el azabache; compañera y amante de Navarro... el mejor perro que jamás tuvimos;  un regalo de ganaderos amigos a mi suegro, también ganadero... Dijeron que "por ser tú... que a éste no lo venderíamos por un millón de pesetas"... Ciertamente yo tampoco lo hubiera vendido, cuando fue mio, por diez veces ésa cantidad. Un macho, entre alano y boxer, sin documentación... lo que por aquí llaman un "perro chato" para sementales díscolos y hembras traviesas. ¡Ah! tendré que contar qué significa esto en la España rural.

A Navarro le rompieron los colmillos con unos alicates. Siempre hubo dueños más "dulces" que lo solucionaban cortando las puntas con una sierra de hilo... bastante más "humano" ¡donde va a parar!.
El caso es que a Navarro le dejaron colmillos astillados a raíz de las encías. Así fueron las cosas.
También padecía "Leishmaniosis", una enfermedad que podría acabar con su vida... si no se pusiera remedio. Nosotros pusimos remedio y durante un mes -años 90- recibió, diariamente, una bolsa de medicación, directa a vena. Navarro se sometió al tratamiento, como un machote... sin decir ni "guau".
Navarro, de ojos saltones, pelo cobrizo oscuro, orejas y rabo malamente cortados... cuerpo compacto como un bloque de granito sobre cuatro patas poderosas y pensamiento triste, pasó de "legionario abandonado" curtido en mil batallas a convertirse en EL PERRO... el rey de la dehesa y defensor de su manada: su manada siempre fuimos nosotros y los niños que se acercaban, algo temerosos. ¡Ah, los niños! Allí, tumbado patas arriba, en el prado, los niños ajenos y sobrinos propios, que no levantaban dos cuartas del suelo, le mordían las pocas orejas... le metían manos hasta la campanilla, sacudían con un palito los genitales o aposentaban el culo/pañal sobre la cabezota del "bisho" que podría comérselos de un tirón. Tan feliz.

Lo de los colmillos ¡que no se me olvide!. Una práctica, ya poco habitual, que consiste en dejar la dentadura del perro "nivelada"... quiero decir que no sobresalgan colmillos, por ello se cortan al ras del resto de dientes.
Al animal se le enseña a tirarse bajo el toro semental que puede alcanzar los 900 kilos, sin problemas. No hay "persona humana" que lo domine cuando se pone bravo.
Una vez bajo el toro, el perro se voltea y coloca panza arriba... buscando el "paquete testicular" y ¡zas!... le aplica una mordaza de presión. De repente todo el mal carácter del semental desaparece y el ganadero solo tiene que tirar de las orejas y llevar al toro donde quiera... eso sí, el perro no suelta, claro, que cuando suelta ¡todos a correr!.
Por eso resultaba imprescindible evitar que los colmillos del perro pudieran rasgar o romper los testículos del semental ¡ahí está lo que vale el toro... torete!.

Eso de recoger todo lo que le lanzaran, también tuvo disgustos. Un día desapareció y, siendo habitual cuando llegaban olores de hembras, nos extrañó que fueran más de tres días. El caso es que no andaba lejos: a pocos cientos de metros se hizo un ovillo en el centro de un matorral y decidió esperar a su destino, sin molestar al mundo.
Cuando le encontré apenas podía moverse y babeaba, con frecuencia, algo viscoso y amarillento.
Me lo eché al hombro y salimos directos al veterinario.

La radiografía indicó que tenía un cuerpo extraño que podría ser un canto rodado, más grande que una nuez de buen tamaño... Alguien se lo debió lanzar para que lo recogiese, se lo tragó y no pudo pasar por el intestino para salir por el "agujero negro".
Le operaron y a los tres días ya estaba a lo suyo.

Una noche, a la cena, entró en la cocina y se quedó sentado al lado de la mesa... Le faltaba un ojo. Es posible que se clavara alguna jara tronchada... ciertamente son temibles.
El veterinario, a estas alturas amigo, dijo que habría que "sanear y cerrar". Dicho y hecho... Navarro ya sí que podría ser el auténtico novio de la muerte, repleto de cicatrices y parche al ojo.
A los pocos días ya estaba a lo suyo.

Navarro, un día, desapareció durante demasiados días. Un vecino me dio el aviso; tirado en el centro de un prado verde como el invierno, lluvioso y frío, que nos tocaba.
Aún vivía... abierto el pecho al punto de ver dentro, cortes profundos en los costados... ya sin gota de sangre. Seguramente... seguramente, tuvo un encuentro con un jabalí, macho y de buen  tamaño. Perdió la partida.

Le llevé en brazos, a bordo de un Nissan de los años 80 y, ya en casa, intenté calentar aquel cuerpo sin calor, junto a la estufa de leña a toda pastilla.

Sin ver por el único ojo que poseía, movió el poco rabo cuando, sentado a su lado, le tomé aquella cabezota y susurré su nombre.

Está enterrado bajo una encina que sujeta ladera de un arroyo que alimenta el río Tiétar, en la dehesa castellana, mirando a la sierra del Cabezo... la muralla que esconde el Gredos más alpino.

Navarro, fuerte, noble y generoso, murió como vivió... sin un lamento ni "mal ladrido".


martes, 11 de diciembre de 2018

Calditos de cumbre.


"La felicidad solo es real cuando es compartida"
(Chris McCandless)



Atravieso los "Barrerones" -Circo de Gredos- justo al tiempo de amanecer. Cientos de veces atravesé esa linea que conecta subidas y bajadas -da igual el sentido de marcha... será subida o bajada yendo y viniendo-; una linea que, a media ladera, deposita cuerpos que sueñan soñar, con un lugar histórico de carga emocional.

En ese flanqueo, siguiendo curvas de nivel que marcaron habitantes de cuatro patas -quizá trescientos metros de ladeo- se han vivido momentos duros... unos con buen final, y otros que acabaron cuatrocientos metros más abajo... el lugar donde desagua la Laguna Grande del Circo de Gredos.

El caso es que todavía es noche tardía cuando alcanzo el alto... el alto que permite ver los perfiles que podremos ver desde los altos... el lugar donde se aparecen torreones y murallas que se recortan contra un cielo añil naranja, repleto de estrellas brillantes a rabiar, más brillantes cuanto más frío acartona la cara.
La luna juega a desvanecerse, pero aún resulta espléndida e ilumina brillos y marcas de crampones que han picoteado hielo rastrero. Aún así enciendo, de vez en cuando, la linterna frontal... para no perder huella y altura.

Siempre es así cuando se alcanza el alto, de madrugada.

Tengo una cita con gentes que dicen llegar el día anterior, y me esperan cercanos al refugio Elola -el que ahora llaman refugio de la Laguna Grande de Gredos... cosas de los que no conocen la historia-. Yo, cumplo con mi parte y a eso de las ocho de la mañana me planto por allí.

He salido de casa, por aquel entonces en Manzanares el Real, a horas en las que se acuestan los "fiesteros" y se levantan los "currantes"... Me ladran hasta los perros y me da el alto la Guardia Civil, para que sople. También me registran el maletero. Es que no son horas "decentes" para ciudadanos que sueñan soñar. No me enfado, ya es habitual en esto de madrugar... ¿o será trasnochar?... no estoy seguro.

En el refugio ya huele a café en el comedor y a tabaco dulzón en la terraza... a partes iguales.
Pregunto si alguien me ha dejado un mensaje, pero nada. Creo que me han "traicionado" y aquí me hallo, más solo que la una antes de las dos.

El sol alcanza la cumbre del Almanzor, con ese amarillo que se blanquea según avanza la mañana. Distingo movimiento de gentes que ya enfilan el tramo hacia la Portilla del Crampón... Y otros que se desvían y cruzan a derechas, bajo la mole principal. Se distingue una huella que acaba escondiéndose en el cono de entrada a la vertiente Norte... estos van a la gran clásica.
Pero, hay otra huella que picotea, a mitad de recorrido, hacia el Diedro Esteras.

Este itinerario siempre me pareció el más alpino, para invierno... mi favorito, de todos los que surcan el Almanzor... Ya os hablé sobre esta escalada en Mi primera vez.

El caso es que intuyo movimiento en el Diedro Esteras y me animo a echar un vistazo. Desde la Hoya Antón enfilo la linea directa a la base de la pared; las condiciones son excelentes: nieve dura y continua.

Entro en el canal inicial y allí me encuentro con un escalador, afianzado en la reunión, asegurando al compañero, que ya anda liado con la zona clave: el magnífico paso del bloque empotrado.
Me busco, a su lado y un tanto por debajo, un lugar donde esperar... Limpiando hielos encuentro una fisura perfecta para una "americana" -clavo en "V"- y ya, bien afianzado y fuera de la linea de peligro, charlamos un rato mientras el colega lucha por entrar en el agujero del bloque empotrado.
Estos metros son magníficos y cambiantes según condiciones: por dentro o fuera -más expuesto- da paso a un pequeño muro que finaliza en la arista de nieve que llega desde la Norte clásica.

Por fin se oye el grito de guerra: ¡reunión!. Y, mientras me zampo un sandwich de varios pisos: jamón, queso, salami, tomate, lechuga, cebolla y mantequilla... todo entre tres rebanadas de pan tostado, nos despedimos y se aleja hacia su batalla... Yo tengo la mía para meterme entre pecho y espalda tamaña cantidad.

Libre el camino por delante, me coloco el arnés, con un par de tornillos cortos y clavos de roca, unos mosquetones sueltos y anillos en bandolera. La cuerda, desplegada y asomando cabo, en la mochila... Todo "por si acaso", famosa frase.

Me encuentro bien y el terreno acompaña, decido sobrepasar el bloque empotrado por fuera... un muro a izquierdas, repleto de pegotes de hielo corcho. Perfecto.
El día es frío y soleado, sin viento. Reina una calma agradable.

En el terreno de trepada que conduce a la cumbre, me detengo un par de veces a contemplar el trasiego de gentes que no madrugan. Este alto del Almanzor permite contemplar los mismos perfiles que ya vimos desde los "Barrerones"... pero desde el otro alto.

Somos tres en la cima, aunque se oye griterío que viene por la ruta normal, un montón de gente que hará cola en el tramo final. También otros que van llegando de la Norte clásica.

A estos dos, con los que compartí itinerario, les invito a caldo bien caliente -aguanta bien el termo de acero, después de tantas horas-. Se les ilumina la cara cuando entra al garguero ese líquido reparador de cuerpos y almas.

Bajamos juntos, rapelando desde la cumbre, mientras evitamos la marabunta que enfila hacia la cumbre. Damos voces: ¡no te agarres a mi cuerda! ¡a ver! ¿qué haces pisando las puntas? ¡Ayyy, Señor!.
Por fin alcanzamos la Portilla del Crampón, sin daño, cosa nada fácil... aunque parezca lo contrario.

Han pasado los años, seguramente más de veinticinco, y hoy logro reconocer -gracias a otros colegas- a uno de aquellos escaladores con los que coincidí aquel año: Victor Manuel Ayuso.
Larga vida, compañero.





jueves, 22 de noviembre de 2018

Infiernillos... de infierno.


"En lo más profundo del invierno, finalmente
aprendí que dentro de mí
se encuentra un invencible verano"

(Albert Camus)



¡Que tendrá el fuego que hipnotiza!... como la música. Y si viene acompañado de una buena comida ¡ni te cuento!.
Todos los sentidos en marcha... ni uno falta... y si estás pensando que no está el tacto, agarra un tronco de la chasca para animar el infierno !y verás!.

Tenemos unos "días de perros" -curiosa frase para jornadas de viento, lluvia o similar-... resulta curiosa porque los perros que nos acompañan dormitan como marmotas ¡otra frasecita! en su "residencia": lecho de paja y cubierta de teja vieja, paredes de cantos bien aparejados -todo construido a medio metro bajo el suelo, para mantener temperaturas de invierno y verano- con ventanuco de cristal... por el que entra luz y permite vista a la dehesa que habitamos... ellos y nosotros.
Puerta al campo, protegida por alero... hacia la libertad. 
Agua y comida no les falta... ni a ellos ni a nosotros.
No sé, a veces me da por pensar -cosa nada fácil, aunque parezca lo contrario- que conozco sitios peores que los de estos dos.


A lo que vamos... El caso es que subo al desván -aquí decimos "la troje"- y encuentro un ejemplar de un periódico que editábamos en "Amadablam"... de esto ya os hable hace un tiempo.
Puesto que el día es frío y algo incómodo por la lluvia, localizo rápidamente la publicación donde escribí un artículo sobre infiernillos.

Claro está que son modelos de los años 90 ¡total nada!... Aunque algunos todavía siguen en activo y han mejorado... mucho.


No se trata de realizar un estudio minucioso sobre la oferta actual de infiernillos, hornillos, cocinillas, recipientes, menaje, termos, cantimploras, etc. No.
Lo tomaremos como un recorrido personal sobre "artefactos" que uno utilizó y aún conservo... otros ¡ande andarán!.

Lo que sí tomaremos, bien en serio, se corresponde con este asunto de la hidratación/alimentación... Imprescindible para cualquier montañero/alpinista, que guste de recorrer tierras lejanas.

Os iré enlazando fragmentos de artículos del blog y otros escritos, aquellos que hablan de chascas, infiernillos, noches tardías y madrugadas tempraneras... por amenizar días aciagos:

"Entre risas y recuerdos arrebañamos el cuenco de macarrones... el mismo que servirá para un café o colacao mañanero... y entre ronquidos, búsqueda de posturas y lamentos, se cierran los ojos... con ayuda del ronroneo del hornillo que calienta el último té -por unas horas dispersas- hasta un amanecer aún oscuro"

Seguramente, mi primer "infiernillo" sería una chasca... seguramente:

"Aquellos años por la Pedriza (Sierra de Guadarrama) cuando se hacían chascas para freír huevos y calentar botes de fabada. Posiblemente andábamos o anduvimos por el Yelmo... Y esa botella ¡no es lo que pensáis!. Seguramente, sería aceite... seguramente. Pero no es seguro.
El año tampoco es más seguro: 1971 o 72... o así"


.... foto papel color malamente "digitalizada"...

En mi primer viaje a los Alpes, allá por 1977, conseguí comprar un hornillo "Camping Gaz" que llamaban "Globe Trotter". 
Bueno, era el clásico hornillo con botella azul de las de pinchar.
Eso sí, tenía la posibilidad de utilizar un "medio" cartucho -imposible de conseguir en España- pero aligeraba la cosa... y en esto de aligerar siempre estuve al tanto.

Este fue nuestro infiernillo en aquella expedición Chacraraju 78. ¡Qué disgustos cuando se congelaba el gas!.

¡Pobrecito mio... qué mal se conserva!:


Luego llegaron otros "artefactos"... ¡Y apaños! que no paraba uno de investigar.
Por la afición a eso de los inviernos en lugares altos, remotos y complicados... siempre me resultó un capítulo a estudiar.
Claro está que había que distinguir, invierno y verano... según hemisferio, entre los infiernillos de "campo base"; aquellos de escaladas largas... muy largas o los de ataque rápido... muy rápido.

Nada de esto es fácil y se hace necesario "entender" lo que significa.
En cualquier caso, resulta imprescindible hidratarse... siempre. Comer... según actividad y lugar.

Actualmente disponemos de aportes en forma de gel o similar, que permiten mantener el cuerpo en buenas condiciones... durante unos días. Pero esto de beber jamás ha de subestimarse... Jamás.

Mi afición por aparatos potentes para fundir nieve, hielo... en condiciones duras, siempre me llevó a los combustibles de gasolina, keroseno, "white gas" -muy refinado-, etc. Este fue nuestro infiernillo en aquella infernal expedición invernal a las tierras de Alaska.

 Aquí tenemos el artefacto:

... ¡ande andará el mío!... que no lo encuentro... Coleman Peak 1...

Tuve otros modelos a los que dí poco uso; estaban diseñados para otro tipo de actividad, bueno... inicialmente también se utilizaban en montaña, puesto que son hornillos inventados hace muchas décadas, pero quedaron algo obsoletos para el alpinismo moderno.
Seguro que los habéis visto en esas fotos B/N de los primeros exploradores del Himalaya.
De las firmas OPTIMUS y PRIMUS... infiernillos con un toque "inglés Victoriano" y preciosa estética.
Una lástima que los haya extraviado en alguna mudanza.

... Optimus 8R...

... Svea 123R...

Uno de los "cacharros" al que apliqué modificaciones varias... bueno ¡fueron muchas!, era el "Markill Stormy".
Un sistema de cazos y cortavientos que se podía colgar; perfecto para lugares ventosos y espacios reducidos. Algo voluminoso pero de peso contenido.
Cartucho de gas a rosca, colgando del exterior del sistema.
A este le coloqué un quemador tipo "soplete" y ¡zas!... Si te descuidas y enciendes sin líquido en el recipiente, funde el cazo. Tremendo.


En cuanto a quemadores ultraligeros ¡buff! no recuerdo cuantos probé.
Venían perfectos para actividades ligeras en lugares "humanos"... Pirineos, Alpes... Invierno y verano.
No disponían de cortaviento y había que buscar un menaje adecuado, pero funcionaban ¡y funcionan! de maravilla.

En la foto, a la izquierda, un PRIMUS con piezoeléctrico -que utilizo habitualmente- y, a la derecha, seguramente un MARKILL.


Y por fin llegamos a mis "infiernos" preferidos para lugares salvajes. Aquellos donde se hace necesario fundir hielos y nieves ¡a toda pastilla! y en cantidad.

El primer modelo, de la firma MSR, se corresponde con la "leyenda" de esta compañía: modelo "Whisperlite"... hace honor a su nombre -traducimos como "susurrante", es decir, silencioso-.
Y el segundo modelo es ¡la bestia!, el XGK... más moderno y potente; ruidoso.

Ambos consumen combustibles variados -muy importante cuando se anda por el mundo-... Gasolinas, kerosenos, bencinas y -si se hace necesario- otros más que encontraremos en droguerías.
Basta con cambiar el chiclé que regula el paso de combustible.

... MSR Whisperlite... el silencioso...

... MSR XGK... el ruidoso...

Con un "kit" de repuestos y el impresionante recuperador de calor -además de cortaviento- este infiernillo cumple su función de forma impecable.



Y aquí os dejo otra "joyita" -con distinto uso- que me acompañó y lo sigue haciendo, por aquellos "campings" alpinos donde se guisa en cazuela, huele a café de cafetera, se fríen huevos y beicon... Todo para mantener cuerpos serranos que aguanten las nortes que nos esperan.

PRIMUS, plegable y ligero, con piezoeléctrico y cartucho a rosca.


En cuanto al menaje ¡qué decir!.
Acero inoxidable o aluminio -según actividad-... Y cubertería ligerita, eso de remover con un clavo, ¡ya no se lleva, clasicorros!.
Un tema importante son los termos. Imprescindibles para mantener bien caliente ese caldito reparador.
En condiciones invernales no deben faltar en la mochila.
¡Ah! y siempre alguna cantimplora de boca ancha -suficiente para meter nieve-. Muy interesante disponer de funda en neopreno.



Como curiosidad os muestro un auténtico "infiernillo chasca". MARKILL modelo Wilderness.
Lo tuve en mis manos y casi lo compro ¡no sé para qué! pero casi lo compro.
Seguramente diseñado para los bosques del norte de Europa... o Canadá, Alaska... para naturalistas, exploradores, cazadores, pescadores, etc.

Una auténtica fragua que incorpora un ventilador -movido con pilas y/o pequeña placa solar-... Quemando combustible solido... ¡y funciona, eh!.



Bueno, hasta aquí llegamos, os dejo que tengo que meter caña al mejor infiernillo que tenemos en la dehesa castellana... algo pesado pero como no lo movemos, sirve.


viernes, 9 de noviembre de 2018

¡Ha salido la "Mountain"!


¡Últimas noticias... No se pierdan la crónica
sobre la nueva ruta de estos dos "alpinistorros"!
¡Ha salido la "Mountain"!
¡Me lo quitan de las manos!

 


La revista pasaba de mano en mano, con la misma veneración que, unos años antes, acariciamos la madera del primer piolet.
La "Mountain" era la Biblia. Punto.

El índice de la revista informaba: "Mountain is published by Mountain Magazine Ltd at the end of  January, March, May, July,  September and November. Six issues (one year)"... Así pues habría que esperar dos o tres meses hasta que alguien consiguiera un número... Y nadie preguntaría cómo se consiguió.

Los jueves, a la tarde, en aquel "castillo" defendido por guerreros jóvenes y valientes, dispuestos a cambiar el mundo del alpinismo... en aquel piso/reducto de la calle Augusto Figueroa -barrio de Chueca... Madrid- ... Allí, las huestes del Club Alpino Maliciosa, leíamos sobre el alpinismo que arrasaba. El alpinismo sin piedad.

La "Mountain" reinó entre las revistas del mundo mundial, entre los años 1969 hasta 1991. La primera década (1969-1978) pertenece al editor Ken Wilson, un londinense amante de la arquitectura y la escalada; en aquellos años fructificó la semilla del "hard way"... Y cuando la "Mountain" publicaba algo, nadie... jamás, se atrevía a cuestionar si tal o cual escalada merecía aparecer en sus páginas. Sencillamente.


Tuvo otros editores, como Tim Lewis, que continuó la tarea inicial para llevarla más lejos. Bueno... "aflojó" un poco cuando introdujo, en el interior, la fotografía a color ¡sacrilegio!... Hasta las fotos en B/N tenían dureza y compromiso, pero claro se hacía necesario adecuarse, en algo, a los nuevos tiempos y competidores.

Recuerdo un editorial de los años 80. El editorial que marcaba la diferencia con el alpinismo de "postureo". El editorial... sin más.

"It´s not what you do, it´s the way that you do it"

Una traducción rápida y fácilmente comprensible, sería: "No es lo que haces sino como lo haces"

La "Mountain" fue la culpable de un sueño que quisimos soñar, cuando... en 1982, vimos gentes que se atrevían con Alaska en invierno ¡Alaska en invierno!... Y allá que fuimos.
Esto ya lo he contado en Alaska... donde nace el frío... Dos capítulos para entrar en calor.

... Mountain nº 78 Marzo/Abril 1981...

También fue muy comentada la actividad de Francisco Aguado, un españolito y ¡del Club Alpino Maliciosa! que, en compañía de un tal Damian Carrol, repitió la clásica del corredor Norte del Dru.
Un artículo muy ameno,  que colocaba en el mapa del alpinismo a los olvidados españoles.

La "Mountain" hizo alguna excepción, como esta, al publicar un artículo sobre una ruta ya abierta... cosas del "amor patrio", puesto que se consideró la primera repetición inglesa.

... Mountain nº 80... Julio/Agosto 1981...

Hubo un número que inauguró eso de mirar fotos como en el "Playboy"... en plan desplegable y formato vertical ¡Tremendo!.
En este caso no se trataba de contemplar chicas despampanantes, no, la cosa iba de una ruta abierta por Nick Colton y Tim Leach, al Rooster Comb.... Un viote, tipo norte de los Alpes, en Alaska.

Solo con ver la foto seguro que adivináis el itinerario.

... Mountain nº 81... Septiembre/Octubre 1981...

Otra imagen, que no se olvida, llegó de la mano de los incombustibles Mick Fowler y Tony Saunders.
Se marcaron una escalada épica, a un montañón de 7000 metros de altitud. Por supuesto en estilo alpino.
Podría decir muchas cosas que recuerdo recordar, pero vamos, bastará con echar un vistazo a una de las líneas más elegantes del Himalaya.
Os presento al Spantik... con su "Golden Pillar".

... Mountain nº 118... Noviembre/Diciembre 1987...

En épocas más cercanas al siglo XXI, unos tipos bien conocidos, sobrevolaron el Everest en globo a más de ¡once mil metros de altitud!... No tuvimos más remedio que justificar el uso de oxígeno embotellado.
Leo Dickinson y Eric Jones, Chris Dewhirst y Andy Elson, en dos globos, tomaron imágenes espectaculares.
Un vuelo de 160 kilómetros, despegando en Gokyo y aterrizando, en algún lugar, al norte del Ama Dablam.

... Mountain nº 143... Enero/Febrero 1992

En este mismo número hay un artículo dedicado a un "stage" en Italia, donde se debatía sobre el mundo de la montaña ¡casi nada!.
Y, como curiosidad, recuerdo que Darío Rodriguez ¡sí, el editor de Desnivel! estuvo invitado al evento y "Mountain" se hizo eco del asunto.

... un joven Darío Rodriguez en el Mountain nº 143...

Y aquí tenemos una portada mítica a mediados de los años 80.
Jesús Gálvez en la Pedriza -en el risco de Peñalarco o Hueso-; ¿la ruta?... hasta la "Mountain" no se atrevió a poner el nombre completo, dejó la cosa en la M.C.E.D... pero vamos, no queda más remedio que inscribir el original, irreverente y nada poético: "Me Cago En Dios".

Magnífica foto de Darío Rodriguez en una ruta de altos vuelos... no sé si me explico.

... Mountain nº 112... Noviembre/Diciembre 1986...

La "Mountain" desapareció sin hacer ruido, no podía competir con la nueva generación de revistas americanas y, principalmente, europeas.
Color, tendencias, ochomiles, patrocinadores, estrellas de la escalada, competiciones... ¡de chapas, ni hablamos!.

Venció la imagen al texto.

Aún así, hoy en día, permanecen unos y nacen otros alpinistas, que mantienen la esencia de la montaña.
De las revistas especializadas, eso, sería otro cantar.

 "It´s not what you do, it´s the way that you do it"


miércoles, 10 de octubre de 2018

"Ochomilistas" de arista

Se acerca la temporada de corta por la dehesa castellana y ando metido en aceites, grasas, gasolinas y afilados de las máquinas que "todo lo pueden": motosierra de inmenso espadín y otra de ramoneo.
Cuando  me llegan grasas negras, de la limpieza, a una altura que supera la muñeca... la mía, que conecta con el antebrazo, decido cambiar de tarea y echar un vistazo al facebook éste -lo siento, pero no puedo dejar de colocar tilde- para saber qué pasa por las redes que enredan.

Con el único dedo que mantiene limpieza: el meñique de la mano izquierda, aprieto la tecla que me conecta con el mundo mundial... Y ¡zas!.

Resulta que los medios informativos generalistas, lo que viene siendo aquellos no especializados en temas específicos... por ejemplo esto del alpinismo... andan con los "ochomiles" a cuestas: que si la primera mujer en ascender los "ochomiles" en menos tiempo, que si el amputado en alcanzar el techo del Mundo, que si la niña más joven en el "ochomil" más retador -por cierto, esto de "tener retos" tiene su miga... por tener tiene hasta vidas que retan constantemente con retos que si no retas lo mismo te quedas sin reto que retar-... A lo que vamos, también tenemos a los que les faltan pocos "ochomiles" para alcanzar los catorce "ochomiles"... también tenemos los que corren a "toa pastilla" por "tos laos"; los que jamás escalaron pero colocan un cacharro con pinchos en la cuerda, desde el campo base a la cumbre y ¡zas! se presentan en "to lo alto"... siempre y cuando no aparezca un marrón de los buenos... entonces mueren todos, porque no existen recursos para seguir viviendo.

Por supuesto no se habla del estilo "¿quéseso?" y no es un queso.
Eso de cuerdas fijas que antes fijaron empresas que cobran peaje o sherpas para montar campos de altura... De oxígeno embotellado ¡ni hablamos!.

Hace décadas que alpinistas de raza subieron "ochomiles" sin cuerdas fijas, ni sherpas de altura, inaugurando rutas imposibles, sin oxígeno embotellado y hasta en solitario ¿qué me están contando estos redactores de revistas "especializadas"? 

Todo esto podría considerarse normal en los medios generalistas... pero ¿debe ser noticia en los medios especializados?... ¡Señor, dame paciencia!.

jueves, 26 de julio de 2018

Cenizas al viento I


Pintalo todo de negro
Cuando busques una luz
Restos de clavos ardiendo
Interminable cielo azul
Marineros del destierro
No dejéis de navegar
Por los que se fueron pero están.

(La M.O.D.A.- "Nubes negras" La primavera del invierno)

Alpes. Cervino.

Nos arrasa un viento rastrero que dispara cristales de hielo duro, como granizado, en una mezcla que también trae granos de arena del camino que nos sustenta. Sí, yacemos en un camino bien marcado, al lado de un cascote que algo protege de los vientos feroces... y erráticos... que se aseguran ofrecernos mala noche.

Algo más de mil seiscientos kilómetros de una tirada, de las de parar a repostar y mear, desde la dehesa castellana que habito, hasta Täsch... el último punto donde aparcar y tomar el tren a Zermatt, la ciudad sin coches de combustión, repleta de carros eléctricos y calesas de percherones... el lugar donde solo es posible vivir si la cuenta bancaria, la personal, está dotada de vil metal, eso sí, cualquier vil metal.

Nuestra misión consiste en cumplir con el deseo, para nosotros un deber, de la compañera de Gaspar Muñoz... un alpinista visionario y excesivo, que no pudo aguantar el envite de un accidente en carretera ¡lo que son las cosas!... Ya os contaré cosas de Gaspar, cuando encuentre palabras.


 "Toma, Carlos, las cenizas de Gaspar... espárcelas por esas nortes de los Alpes que siempre soñó contigo".

¡Joder!

Una semana antes, solo una semana antes, de la muerte de Gaspar, comimos juntos, todos... también con su "niña" de pocos meses, en la dehesa castellana que habito... preparando la salida invernal a la Norte del Cervino... Solo una semana antes de que sonara el maldito teléfono que anunciaba cambios.

A Gabi -Gabriel Martín, el acompañante que quiso estar- se le vuela la colchoneta y un guante, ya en noche cerrada, rendidos ante la evidencia de no alcanzar el refugio Hörnli. La tormenta, allí... en un camino, alcanza dimensiones importantes y nos impide avanzar o retroceder. Tremendo.

Vestidos, sin saco de dormir y con la protección de la funda de vivac, logramos mantenernos junto al suelo, sin levantar vuelo, aunque los vientos se empeñan en zarandearnos como banderolas ¡joder! la de cosas que uno tiene que ver por las montañas de la Tierra.
Pero bueno, nos abrazamos como amantes "pecho espalda" y aguantamos el envite.

Amanece como anocheció.

Salimos de allí como alma que se lleva el diablo y alcanzamos, todo esto en un camino bien marcado, un lugar y un momento más amables que nos permiten depositar las cenizas de Gaspar bajo un cascote.
Allí quedaron, a los pies de Cervino... "la escombrera maravillosa", todo lo que no se llevó el viento.

Dieciséis horas más tarde estamos, de nuevo, en la dehesa castellana... con un solecito invernal que da gusto.


Gaspar ya es libre.

Continuará en Cenizas al viento II. Andes (Patagonia), Circo de los Altares...

lunes, 30 de abril de 2018

El póster.


... el póster...

Cuentan que serían las seis de la tarde de un 24 de septiembre de 1975, cuando Doug Scott tomó la foto de su compañero Dougal Haston, en la cima del Everest.
La expedición que lideraba Chris Bonington había conseguido colocar en la cumbre a estos dos alpinistas, por una nueva ruta que surcaba la vertiente Sur Oeste... una línea que abría una puerta a la escalada de dificultad en el Himalaya. Cierto que en estilo pesado y con oxígeno embotellado, pero ¡menuda linea!.

De Doug Scott ya hablaremos en otro momento, que tiene lo suyo... pero es más conocido que el tal Duncan Curdy McSporran Haston... recordado como Dougal Haston.

Dougal pertenecía a ésa generación del "hard way"... tipos como Don Whillans, Robin Smith, Jimmy Marshall.
Nació en Escocia en 1940 y allí comenzó su andadura en esto del alpinismo.

Su historial es corto pero intenso... en poco más de una década, desde 1959 hasta su muerte en 1977, se hizo con un listado de montañas impresionante, siempre al "hard way": Directa Harlin al Eiger (invierno 1966) donde se recordará, siempre, el fatal accidente de John Harlin... ése alpinista tipo "actor americano" que dejó huella en Europa por sus escaladas en los Alpes.
Participó en casi todas las expediciones británicas que Chris Bonington organizó en el Himalaya (desde 1970 hasta la exitosa de la pared SO del Everest... ésta que nos ocupa). En aquella primera expedición de 1970, consigue junto con Don Whillans, la pared Sur del Annapurna.
En 1974 llega el turno del Changabang... Primera ascensión de ésta magnífica montaña, con Bonington, Doug Scott, Martin Boysen y Chewang Tachei.
En 1976, de nuevo con Doug Scott, inauguran en un impecable estilo alpino, una nueva linea en el Denali (Alaska)... La leyenda estaba en marcha.

Sus primeros años de vida estuvieron siempre ligados a Currie, su lugar de nacimiento, un suburbio cercano a Edinburgo (Escocia); abandonó los estudios pero gustó de estudiar filosofía, sin acabar la tarea, y se convirtió en un incondicional de Nietzsche... algo que, de alguna forma, marcaría su personalidad.
Al igual que a Don Whillans, al que sus amigos apodaron "el villano"... a Dougal le definían, sin complejos, como "evil bastard". La traducción es cosa vuestra.
Sus amigos le recuerdan por gamberradas y peleas -solía llevar, en el bolsillo, un mosquetón para usarlo en plan "puño americano"-... Y beber, mucho.
Uno de esos días de alcohol, una noche de abril de 1965, tomó su furgoneta y no vio a un peatón... un muchacho de 18 años que murió días más tarde. Por este hecho, pasó dos meses en la cárcel de Edimburgo... llevaría esta carga toda su vida y sus más cercanos siempre comentaron que buscaba redimir su culpa.

Buscando mejorar su vida, se trasladó a Suiza... pero allí, en la localidad de Leysin, se hizo asiduo del "Club Vagabond Bar"... Tampoco traduzco.
A la muerte de John Harlin, en el Eiger, y director por aquel entonces de la "Escuela Internacional de Montañismo de Leysin", Dougal tomó el relevo.

Escribió un par de libros: "In high places" y "Calculated risk", éste último lo acabó unos días antes de su muerte... como una premonición del fin de sus días.
Una mañana del mes de enero de 1977, ignorando el alto nivel de avalanchas en la estación suiza de La Riondaz, cercana a Leysin... Dougal marcó dos amplios giros en una ladera que debió sentir como mágica, por esa luz y brillos de la nieve polvo que nos confunde... La avalancha le sepultó.

Dougal Haston fue enterrado en el cementerio de Leysin (Suiza)... Su tumba no tiene nombre ni fechas... solo un número.


De aquella imagen en la cumbre del Everest -el póster del que os quería hablar- queda en la historia el terrible vivaque, al descenso tardío, que se marcaron -posiblemente entre los más altos de la historia del alpinismo- a 8.750 metros de altitud... ya sin oxígeno embotellado ni sacos de dormir, lo que viene siendo "a pelo"... es decir, con lo puesto. Todo en un agujero cavado en la nieve.
Seguramente, Dough Scott estará eternamente agradecido a Dougal cuando éste le permitió colocar sus pies desnudos, insensibles, en ése hueco tan calentito que damos en llamar sobaco.

Allí, a la espera de la madrugada, "viajaron" por espacios difíciles de soñar. Sí, ya sé que algunos piensan que eso son cosas de gentes raras... pero no... yo también lo puedo asegurar.

De aquella llegada a la cumbre del Everest, en ésa tarde tardía... traduzco una reflexión de Doug Scott sobre sentimientos:

"Recorrimos, uno al lado del otro, los últimos metros hasta la cumbre, llegando juntos al lugar donde contemplar el mundo a los pies. Ésa cumbre todo lo fue y fue más que una cumbre.
Mi reticente y habitual compañero se convirtió en un ser abierto, una sonrisa de felicidad rasgó su cara y allí permanecimos, sosteniéndonos, y rompiendo nuestras espaldas a manotazos" 

A lo que vamos. Ése póster que no recuerdo de donde salió -pudiera ser de un "Paris Match" de la época... con su grapa central de portada interior... pudiera ser. Pudiera ser, incluso, que perteneciera a una peluquería del barrio de Tetuán (Madrid) donde mi madre encontaba "joyas" de éste tipo... pudiera ser-.
Ése póster estuvo sujeto, con seis chinchetas, en la pared de mi habitación, a un lado de la cama... para soñarlo con solo girar la cabeza.

El toque azulón de la imagen que dramatiza el momento de llegada a cumbre, tan tarde, mientras el mundo resulta ajeno a dos tipos que luchan por sobrevivir... eso... eso todavía me persigue.

Suerte y luego ya... que sea lo que tenga que ser.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Rarezas gredenses... Cuando el hielo es cristalería.

Diez o doce metros de cristal en un canalón escondido... Así suele presentarse el hielo esquivo en nuestro querido Gredos.

Siempre fue así en décadas pasadas... siempre que llegara una primavera seca y un invierno de nieves ligeras.


Los inviernos secos llevan a formaciones heladas allá donde gotea un agua escasa... o chorrean, lentamente, musgos milenarios que se encargan de "fortalecer" los saltos de hielo... siempre y cuando el ciclo de temperaturas lo potencie.
Ya hemos hablado de esto en Cervunal... otra temporada seca y fría.

Son hielos estalladizos que tan pronto engordan como subliman, según decida la física del momento... Al golpear con el piolet, se desconchan "platos" de hielo que se rompen en mil pedazos... Una cristalería, en toda regla, rebotando por la escalera.
Su escalada siempre requiere golpear dos o tres veces hasta sanear aquel espejo que, si devolviera la imagen, se correspondería con el rostro serio y ojos grandes del tipo que anda justo enfrente.

... Aguja de las Cuatro Puntas (dcha.) con el desconchón del desprendimiento...

Suena el teléfono y el incombustible Rituerto me dice que ha visto algo ¡joder! se me cae la motosierra de las manos y ya dejaré la leña para otro día... que ésta no se sublima y aquello sí.

Una cascada corta pero matona. Vertical, pulida y brillante. En un canalón a medio camino entre el Collado del Boquerón y la Aguja de las Cuatro Puntas -alguna menos ya, desde el desprendimiento del año 2005-... Otra rareza en Gredos... una más.

Decidimos dedicársela a Carlos Frías, un gredense pura cepa que ha recorrido la sierra desde hace décadas... Un hombre amable y generoso que siempre comparte su saber.




Desde luego que las condiciones decidirán qué os podéis encontrar en el futuro. Esto es con lo que nosotros lidiamos ése día de febrero.
La primera parte del descenso resultó cómoda, aunque delicada en el destrepe (encordados) debido a un salteado de traidores parches de hielo transparente, sobre piedras que parecían secas. También se puede rapelar.
El segundo tramo fue un rápel, en una terraza, de un buen cordino.
En cualquier caso mandarán las condiciones reinantes.


La aproximación -en torno a hora y media- puede hacerse por la senda habitual para escalar en los Riscos de Villarejo o desde el Puerto de Serranillos, ésta seguramente más cómoda -según cantidad de nieve, claro- puesto que, una vez llegados al Collado del Boquerón, solo habrá que descender la canal del Placejo -quizá 150/200 metros- hasta tener a la vista la cascada.


La encontramos compacta -sin posibilidad de gancheos-, cristalina pero bien armada -sin sonidos huecos-, separada de la roca en la cortina de salida pero bien agarrada al sector superior que ya tumba.
Tornillería precaria y solo un respiro, una vez pasada la zona vertical, a mano derecha en una fisura de roca -cacharritos mecánicos-
Ahí van unas fotitos para hacerse una idea.

... vista lateral al descenso... Inclinación real...

... preparando el cambio de pies... un tornillo bailandero a derechas...

... salida delicada...
¡Suerte!