Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


jueves, 5 de noviembre de 2020

El checo de la guitarra


Escribí esta historia un 12 de octubre del 2016 y hoy la recupero íntegra, con la única salvedad que hoy no cae "sirimiri lento" y llueve a cántaros, como si nunca hubiera o hubiese llovido.
Ahí va:

Un sirimiri lento, a velocidad similar que la placidez me invade, inunda la dehesa castellana con olores a tierra mojada.
Entonces ¡zas! regresan a la memoria cosas que uno olvidó... Desconozco la razón, pero esto suele ocurrir a los de mi quinta, que la cosa pudiera ser por la cantidad de recuerdos que se agolpan en los cajones del cerebro.
El caso es que, no sé por qué, entro en el fichero de fotos y ¡zas! aparece una del Dru... Sí, ese centinela que vigila la entrada a los Alpes "chamoniardos" y que a mí, personalmente, siempre me recuerda a un monje con su austera túnica ocre... Uno de esos que retrata Umberto Eco en "El nombre de la rosa".

Total, una cosa lleva a la otra... Entonces, vuelvo a recordar una imágen que no he vuelto a ver, pero quedó fijada en la memoria: se trata de un tipo, con una guitarra, sentado -no recuerdo si en una repisa o hamaca- y que estuvo encaramado durante 18 (dieciocho) días, en el fantástico oceano granítico del Dru.
Creo recordar que vi esa foto en alguna publicación, física... por supuesto, en aquellos años, esto de las redes estaba por inventar.
Era un tipo que siempre viajaba con su guitarra... Bueno, también escalaba con ella.
Ocurrió en el año 1975.

Thomas Gross, un checo cercano a los dos metros de altura, desconocido... aunque no recién llegado a esto del alpinismo, mantuvo en vilo a Chamonix y la comunidad escaladora de la época.
Durante sus noches de "concierto", debió pensar que instalar algunos "bolts" ¡palabra maldita! no vendría mal para seguir asegurando la vida... Y continuar tocando el instrumento de cuerdas.
El caso es que durante aquella escalada instaló 68 (sesenta y ocho) anclajes fijos, de los de hacer agujero: ¿tornillo? ¿buril? ¿spit? Recordad que estamos en el 75.
Bueno... Le llovieron críticas por semejante "ignominia", poco vista en aquellos tiempos.

Gross siempre fue "algo diferente" al resto de la comunidad alpinista de la época; una especie de bohemio que dejaba huella.
El invierno de 1973 realizó, junto con Edgar Oberson, la primera repetición invernal de la ruta Gogna/Cerutti al Matterhorn... Sí, el Cervino ese.
La cosa debió ponerse fea porque fueron rescatados de la cumbre por el helicóptero de salvamento.

En 1977 -un par de años después de su solitaria al Dru- también dio que hablar en EEUU. Realizó la primera solitaria invernal a la ruta que inauguraran Layton Kor -una leyenda americana- y Wayne Goss, en Longs Peak (Colorado)... Estuvo 13 (trece) días en pared.
Cuenta la historia que, durante años, permaneció en pie una plataforma de madera, al modo de hamaca, que se construyó para los vivaques... Seguramente acompañado de su inseparable guitarra.

Pero la historia más enigmática sucedió en 1981... También en invierno, claro.
Al más puro estilo de las novelas de Agata Christie, nuestro hombre apareció en el santuario Nanda Devi (Himalaya), posiblemente con la intención de escalar la vertiente que por allí ofrece el Changabang... Sí, la pirámide esa.
Para acceder a ese lugar se hacía necesario recorrer la garganta del Rishi Ganga, un lugar que, en invierno, resultaba "imposible" atravesar.
La historia cuenta que el tal Thomas Gross consiguió sobrevivir en el santuario, solo... y alimentándose de los restos de comida que robaba a los buitres.

La ¿leyenda? también cuenta que, unos años antes (1965), una expedición indo americana instaló un dispositivo espía en algún lugar cercano al santuario. También se cuenta que años después, justo cuando nuestro hombre aparece por el lugar, otras gentes que lograron salir de allí antes de la llegada de las nieves... murieron en extraños accidentes o desaparecieron misteriosamente.

Nuestro hombre, seguramente con su guitarra y cansado de tanta soledad, logró descender el Rishi Ganga. Así se convirtió en el primer ser humano, del que se tenga conocimiento, en realizar tal recorrido invernal.
El caso es que Thomas Gross regresó a Goa (India) y allí se vio envuelto en un turbio asunto de triple asesinato entre un grupo jipi... Sí, "hippies" de esos.

Por alguna razón, renunció a su nacionalidad checa y le fue concedida, en cuestión de días ¡raro, raro, raro! la ciudadanía suiza.

La "Operación Nanda Devi", así consta en algunos documentos oficiales americanos, se encabeza como "Blue Mountain"... y, a un tal Thomas, se le da el nombre clave de "Blue Eagle"... ¡Decidme que no es emocionante!

Lo cierto es que la ruta que inauguró en el Dru, aquel checo con su guitarra, en 1975, fue barrida en los primeros desprendimientos que sufrió el pétreo centinela que guarda la entrada a Chamonix... Esto sería sobre 1997; así ya se dejó de hablar sobre los "bolts" del checo.

A Thomas Gross se lo tragó la Tierra, allá por 1982... Y nadie sabe "ande andará".

Ahí va un vídeo (gracias a Jaume Robles que lo recuperó) donde aparece nuestro checo, entre otras promesas del alpinismo: Las invernales (1974) 


2 comentarios:

  1. Siempre es un gran placer leer tus magníficos relatos. Abrazos confinados que están deseando volver a Gredos

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    1. Gracias, Kikote. Un placer que te guste leer y regresar a Gredos.
      Un cordial saludo.

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