Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


lunes, 30 de diciembre de 2019

Si abres las puertas del infierno, no llores cuando entre el frío


      
Artículo completo en Desnivel nº 357 (enlace)

*Frío, del latín frigidus, o mejor dicho ausencia de calor; se define según el DRAE como aquel cuerpo que tiene una temperatura muy inferior a la ordinaria del ambiente. 

*Congelar, del latín congelare. Dicho del frío: Dañar los tejidos orgánicos y especialmente producir la necrosis de una parte del cuerpo.

*Hipotermiade hipo- y -termia. Descenso de la temperatura del cuerpo por debajo de lo normal.

*Muerte, del latín mors, mortis. Cesación o término de la vida.

Así se despacha, sin despeinarse, el "Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española", en relación a los términos que nos ocupan.
Yo estoy de acuerdo, pero vamos, los expertos añaden que el frío, en sí, es una temperatura baja (o la ausencia de una temperatura elevada), tratándose por lo tanto de una consecuencia del calor, y no de un fenómeno independiente.

En definitiva: Si abres las puertas del infierno, no llores cuando entre el frío.

Existen diferencias entre morir por congelación y morir por hipotermia, el nexo entre ambas muertes... es la muerte. Pero no es lo mismo.

Un viejo amigo, tristemente desaparecido, siempre me decía que no es lo mismo morir, sabiendo que vas a morir, que morir sin saber que vas a morir.
Es bien cierto, saber indica la posibilidad de elegir.
Esto de tener (y haber tenido) amigos de tal inteligencia, siempre lo agradeceré y jamás lo suficiente.

La hipotermia es, entre los enemigos que acechan al montañero, escalador, alpinista, etc., uno de los más sigilosos y difíciles de localizar.
Solo unos grados de diferencia en relación a la temperatura corporal normal (36/37º C) y ya tenemos el problema encima.
Entre los 35/29º C, entramos en fases que van desde los temblores (difíciles de controlar), dificultad para hablar, torpeza en las manos, mal humor (más de lo que habitualmente tenga el amigo en cuestión), dilatación de pupilas, problemas de consciencia, respiración complicada, bajada del ritmo cardíaco, rigidez en los músculos, arritmias... y el final.


Para que nos alcance la hipotermia no es necesario el invierno, ni un verano fresco, ni una temperatura baja, ni siquiera hallarnos a una altitud importante.
Cuando nos alcanza la hipotermia y según qué grado, resulta muy difícil regresar a la temperatura normal... Muy difícil.
La hipotermia se aprovecha del cansancio (mucho más si no estamos en buena forma física), no comer o beber en horas... Y por supuesto: equipo no adecuado, humedad, viento, y claro, también el frío (pero este punto no es definitivo).
Lo importante es prevenir.

He subido al desván para rescatar recuerdos escritos en libretas que empiezan a amarillear:

"Un cielo que ya parece arder a las seis de la mañana y hay trajín en la playa de Benidorm. Paseantes con perro, ligones con el paquete de Winston apretado por el Meyba, buscadores a la caza del descuido del día anterior (bien pertrechados con máquinas que detectan metales), corredores de playa y jubilados colocando sombrillas en primera linea.
Nosotros, a lo nuestro.
Aparcamos el coche pocos metros más allá de Finestrat: hoy toca el Puig Campana.
Enfilamos la cuesta en bañador y camiseta de tirantes, con mochila escasa; estamos en agosto y, a pesar del madrugón, sudamos la gota gorda.
No sé que ocurre... que nos perdemos en la vía del espolón central (una clásica). El caso es que pasan las horas y un inmenso desplome nos cierra el paso. Decidimos abandonar y empezamos a rapelar.
Llega la noche y nosotros en bañador, mientras observamos las cálidas luces de pueblos costeros, donde comienza la fiesta.
Intuimos que hay suelo cerca, pero sin linterna y ante un vacío en el que se pierden las cuerdas sin tocar pared... decidimos esperar al amanecer.
Siempre daremos gracias a ese pequeño pino, en una pequeña repisa... al que, poco a poco y por turnos de a dos horas, arrancamos hojas y ramitas para mantener vivo un fuego (tipo cenicero) que nos permitió (entre tiritonas y envueltos en 120 metros de cuerda) seguir viviendo.
Una noche de agosto, en las montañas del Mediterráneo, nos alcanzó la hipotermia y pudimos morir (bien abrazados) frente a las playas que sueña Europa"
(España. Sierra de Aitana. Puig Campana. Agosto 1989)


La fatiga (que nos obliga a parar) y la soledad son buenos aliados del avance de una hipotermia.
Cuando no hay movimiento, principalmente cuando ya hemos decidido parar a descansar, llega el momento "dulce". A esto, bastará con añadir la soledad (falta de compañero) y todo se convertirá en una lucha muy dura.

Por supuesto que el agua, la humedad... Esa sensación incómoda de estar mojado forma parte del capítulo que quizá nos toque vivir; hay que actuar, ya.
El compañero es clave en esta situación; si no disponemos de él, todo se complica porque resultará muy difícil darse cuenta de lo que está pasando.

Eso sí... cuando se ha vivido una vez (y se ha sobrevivido) es más seguro (en situaciones futuras) reconocer los síntomas y anticipar (protegerse) acciones que nos ayuden a no llegar a la hipotermia.

Es mucho más fácil morir por hipotermia que por congelación; en este último caso la norma sería perder apéndices (dedos de pies o manos)... También manos o pies... Y en casos extremos perder la vida.

Recordad, siempre, que la prevención es la mejor ayuda.


“Apenas puedo respirar, tengo una cuarta de nieve encima y ya no siento calor en parte alguna del cuerpo; estoy en hipotermia.
La espalda me martiriza, las piernas no me sostienen, no siento las manos ni muevo bien los dedos. Busco, incesantemente, posturas que alivien; quiero dormir… Me cuesta pensar (que nunca fue fácil). Se me acaban las fuerzas.
Me doy perfecta cuenta que me resultará difícil seguir viviendo (es la primera vez, en horas, que estoy lúcido… Y lo veo claro). Tanto es así que se abrasan las sienes (esto es la prueba), como si el sueño me hubiese avisado del final.
La realidad.
El último minuto, de la última hora de las anteriores dos horas, caigo de bruces sobre el colchón de nieve que me rodea; me entra nieve a la boca y apenas puedo respirar… Me muevo muy lentamente y escupo sin fuerza.
Estoy solo (me da miedo pensarlo), luego parece que ya no temo… aunque la soledad me hiere cuando logro arrodillarme; de nuevo arden las sienes y entro en un espacio que no conozco.
No podré recorrerlo”
(España. Sierra de Gredos. Galayos. Cervunal. Marzo 2005)

La esfera... (4 capítulos)

En cuanto a la hipotermia.

*Prevenir ¡sí, ya sé que soy pesado!
*Siempre bien hidratado y alimentado... constantemente y en pequeñas dosis. La alimentación sólida ha de ser de "paso rápido" a sangre... No conviene aquello que necesita mucho tiempo en el estómago (esto obliga a un flujo excesivo de sangre hacia esa zona y, por tanto, dispondremos de menos sangre en otros lugares más importantes).
*Es absolutamente imprescindible cubrir la cabeza y el cuello (verdugo, pasamontañas, pañuelo). Por ahí perderemos mucho calor y muy rápidamente. Mucho.
*Movimiento. Esto indica posibilidad de seguir en este mundo... Cuando decidamos parar, todo será diferente (aquí entra en juego el compañero).
*La sensación de estar húmedo (como cuando se "pega" la ropa interior -primera capa- al cuerpo) requiere acción inmediata. Retirar y cambiar (si eso de cambiar es posible, de lo contrario simplemente retirar).
No será posible secar, con el calor del cuerpo, una prenda mojada y ajustada a la piel (si ya estamos en manos del compañero, esto debe conocerlo para actuar).
*Las cuerdas, bien enrolladas al cuerpo (sin apretar, claro), abrigan mucho. Mucho.
*Si la hipotermia ya está en fase avanzada ¡cuidado! hay que mover al compañero sin brusquedad; mantener la posición "boca arriba" y calentar su tronco con el nuestro; olvidarse un tanto de brazos y piernas (si nos dedicamos a calentar esos miembros podría ocurrir que un "golpe" de sangre fría alcance órganos internos). Poco más podremos hacer (abrigar, animar, hablar), hasta recibir ayuda profesional.
*Siempre deberíamos llevar una manta térmica (abandonada en el fondo de la mochila). Si es así y es de las ligeras (plateada/dorada), una opción para ralentizar la pérdida de calor corporal sería envolverse el tronco (por encima de la ropa interior y debajo del forro polar). Por supuesto: plateado hacia el cuerpo, se trata de evitar, en lo posible, la pérdida de calor... Y horas ganadas son batallas que ayudan al desenlace de la guerra.
Este sistema, parecido al "vapor barrier line" (barrera de vapor) ha venido siendo utilizado, principalmente por alpinistas americanos en cordilleras tan frías como Alaska, para evitar la humedad en los botines de las botas y, por ende, evitar que se escape el aire caliente; inicialmente se utilizaba, sencillamente, una especie de calcetín de plástico entre la primera capa (media interior fina) y la segunda (media gruesa).
El sistema requiere, para tener garantías, conocimientos y precauciones a tener en cuenta... No es el caso que ahora nos ocupa y simplemente se comenta para entender que, cuando la cosa está fea (ventisca, tormenta, etc.), una manta térmica que nos envuelve en la posición exterior clásica... no resulta muy eficaz.


Al contrario que la hipotermia, el frío puede matarnos "por las prisas".
¿Quién no recuerda esas manos insensibles cuando se agarra el piolet?. Esto es muy usual, principalmente, en escalada... cuando levantamos los brazos para golpear por encima de la cabeza; la sangre se "cae" y luego toca llorar cuando vuelven a entrar en calor.

Precisamente por las prisas en volver a sentir las manos o el deseo de alcanzar mejor posición, podemos cometer errores que nos hagan caer.
La dificultad para manejar la cuerda, ese mosquetón que no somos capaces de abrir, el empotrador que se escurre entre los dedos, la reunión que debemos montar bien... pero no lo hacemos, los pies que ya no sentimos, ese viento que nos ciega, la cara que duele.
Así pues, siempre navegar con calma justa y aguantar el tipo... Pase lo que pase. Al fin y al cabo nadie nos obligó a estar aquí; toca perseverar.

Manteneos en movimiento "estático", en una reunión (por ejemplo), moved las manos (mientras aseguramos al compañero) "jugando" con la cuerda. Moved, constantemente, los dedos de los pies y golpead, leve pero constantemente, las botas contra el suelo o contra ellas. Hablad al compañero con tono potente. Agitad los hombros y caderas ¡de algo servirán esos bailes que os marcáis en las fiestas! y allí no hay protestas.
Todo esto cambia, a un nivel más amable, la situación en la que nos encontramos.

También está el vivac, imprevisto o no, aquel que no permite protegerse adecuadamente... La tormenta arrecia y estamos a cielo abierto. Bueno, en este caso, que tengáis suerte, aunque comentaremos algunas sugerencias al final del artículo.



“Sin poder meternos en los sacos, sentados con lo puesto y las piernas colgando al vacío, sujetos a tres tornillos sacacorchos; a duras penas nos cubrimos con el nailon de una rudimentaria tienda de pared que llevamos, mientras el viento se empeña en ondear aquello como una bandera.
La nieve cae sin piedad y nos empuja de la repisa; así pues tejemos con la cuerda una tela de araña enfrente nuestro para poder apoyar cara y pecho, mientras pisamos un tramo tenso de la cuerda… como jilgueros en el columpio de su jaula de alambre.
La tormenta, lejos de amainar, aumenta su furia.
Han pasado muchos años de aquello, pero no recuerdo peor vivaque que aquél… Luchando para no ser expulsados de la pared… Cambiando de posición para mitigar los dolores, golpeando las manos y taloneando contra el hielo; apretando los dientes cuando la sangre volvía a correr… A punto de saltar lágrimas que se helarían al instante.
Nos recorren calambres, vahídos y dolor de espalda; nos apretamos bien pero tiritamos como perrillos mojados.
Intento echarme un cigarrillo pero se me cae de las manos; no podemos encender el infiernillo… Y las horas parecen días ¡joder!
Estamos pegados al hielo, acorazados, y formamos parte de la montaña.
De vez en cuando nos miramos, sin hablar, quizá para estar seguros de que el otro no se durmió para siempre”
(Perú. Andes. Cordillera Blanca. Chacraraju. Agosto 1978)

Chacraraju... (6 capítulos)

También está el frío "de verdad".
Este, literalmente te come... te devora; primero las manos, luego los pies... y así hasta que la sangre pierde toda fluidez y se escapa la vida.

Los mecanismos que se desencadenan ante el frío son similares a los que ocurren con el calor... pero en orden inverso.
Ya conocéis que ocurre cuando, por un exceso de temperatura (ambiente, vestimenta, actividad) el cuerpo necesita regularse; entonces la sangre abandona su itinerario normal y se reparte a flor de piel para refrigerar el cuerpo.
Claro que esto tiene sus "peros", entre ellos se encuentra el hecho de llegar mucho menos oxígeno donde conviene (músculos y órganos internos).
Total: llega el "bajón".


Bueno, con el frío ocurre lo contrario: la sangre se aleja de aquellos lugares que da "por perdidos" y se dedica a ofrecer vida a los órganos internos que, de alguna forma, son los que nos permiten seguir viviendo.
Por ello, manos y pies, orejas y nariz, es decir todo aquello que ofrece menos superficie (y se encuentra más "solo")... será lo primero en congelarse.
También llega el sueño "dulce" y, si se instala, no tendremos posibilidad alguna... Ya veremos si perdemos la batalla (algún miembro) o la guerra (la vida).

"Una nueva tormenta arrasa el glaciar sin piedad y nos obliga a encerrarnos unos días en la cueva, cosa que aprovechamos para reparar cualquier rendija en la ropa y los cubrebotas de neopreno.
Nuestra vida se reduce, de nuevo, a visitar a los vecinos... cada vez más tristes, y aprovechar para estirar las piernas cuando llegan horas de calma.
Uno de esos días, harto de la posición horizontal, salgo alegremente al exterior; no sé... parece que el frío no es excesivo.
Nubes alargadas, de color acerado, se mueven desde la cima del Denali hacia el glaciar... Anchas y en formación como rayas marinas navegando el océano.
Sopla una brisilla leve pero constante, y una corriente de cristales de nieve (como un río) me cubre los pies hasta más arriba del tobillo.
Presiento señales de un silencio excesivo, mayor del habitual. Algo me dice que algo está ocurriendo.
Me entran ganas de orinar ¡y allá voy!... Entonces veo lo que jamás pensé pudiera ocurrir.
Antes de llegar al suelo el chorrillo humeante, cristaliza en el aire... se rompe y quedan trozos clavados en la nieve, como juncos a la orilla de una charca.
¡Joder! Noto una descarga de adrenalina y se me incendian las sienes.
Apenas siento las manos ¡y no digamos el apéndice genital!.
Salgo disparado de allí y entro en la cueva a tumba abierta... como un portero se lanza por el balón.
A estos no les digo ni pío"
(Alaska. Monte Hunter. Marzo 1992)

Alaska.. Donde nace el frío (dos capítulos)


En cuanto al frío y el vivaque.

*El aire frío (principalmente en condiciones de inversión térmica: noches despejadas más heladoras en el valle que en zonas altas) se comporta como un líquido. Fluye desde los altos (por ser más denso) y rellena los "huecos" que encuentra, rebosa y sigue su curso.
El frío serpentea por el terreno, como un río.
Por lo tanto, evitad vivaquear en depresiones o a la salida de estas (recordad que el frío buscará el nivel y si os encontráis en una laguna "seca" o a la salida de esta -como estar bajo una cascada de agua... sin agua- ¡zas! noche tremenda, cuanto menos).
Seguramente muchos habréis comentado alguna vez el frío que hace en las "plataformas" de Gredos (esos lugares donde se deja el coche).
*Si el terreno ofrece posibilidades: cavar una topera (cueva)... Y cerrad la entrada (excepto una pequeña rendija para respiradero). Por supuesto siempre vigilantes y turnos de guardia.
Este es el sistema más seguro para sobrevivir en condiciones exteriores extremas.
*La luz ofrece "sensaciones cálidas". Encended la linterna (a ratos), una vela (si es posible, claro), un infiernillo ¡ya es el no va más! etc., nos traslada a otro nivel de confort.
*Si no tenemos más protección que la ropa que llevamos puesta y estamos al aire libre (reunión escasa en una escalada, pequeña repisa, etc.), conviene "quererse" con el compañero... Quiero decir tener contacto, entre ambos, con la mayor superficie posible de los cuerpos (la posición fetal, si es posible, resulta eficaz)... y cambiar de posición (de vez en cuando) ¡Eh! que esto es cosa seria y no lo que estáis pensando.
*Aislarse del suelo resulta imprescindible (esterilla, mochila, etc.). Evitad contacto con demasiada superficie del cuerpo, principalmente si no disponemos de aislante suficiente.
*Forzad tiritonas. Esto podéis comprobarlo ahora mismo, mientras leéis este artículo.
Simplemente contraed todos los músculos del cuerpo, como si os "apretáis" a vosotros mismos.
Esto genera calor... Y mucho.

No quiero despedirme sin compartir algunos pensamientos. Al igual que ocurre en los ámbitos de la vida cotidiana, una actitud adecuada y positiva ante los problemas siempre ofrecerá mejores posibilidades cuando las cosas se tuercen, que en algún momento se torcerán... te pongas como te pongas.

La mente es maravillosa.


"Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar, siempre mejorar. Luchar y perseverar,siempre perseverar. Imaginar y soñar, siempre soñar. Compartir, sentir y reír, siempre reír. Fracasar y triunfar, como aprendizaje. Intuir y prever, puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno, que no conoce piedad. Escuchad las señales, que son legión. Navegar, con calma justa. Decidir, es tu libertad.Asumir el sufrimiento, que alguna vez llegará. Proteger, el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría.
Humildad debida.
Aún así, nada es seguro. Nadie te obligó y a nadie exigirás.
Luego, bajar de allí, con las mismas reglas.
Vivir"

Artículo completo en Desnivel nº 357 (enlace)

8 comentarios:

  1. ¡Un artículo magnífico!. Me ha venido a la mente una noche que pasé con dos compañeros en el barranco de sorrosal, nos quedamos atrapados en la cabecera de la cascada final debido a una crecida repentina. Equipados solo con los neoprenos, las cuerdas (buena idea lo de enrollarse con ellas), y una bolsa de kikos. Pasamos toda la noche bajo la lluvia y al día siguiente necesitamos un par de horas bajo los rayos del sol para poder empezar a movernos. Aun recuerdo la mirada perpleja de los escaladores que hacían la vía ferrata. Cuando uno se prepara para salir nunca se tiene en mente que se pueda llegar a estar en situación de hipotermia en pleno verano, pero la verdad es que la montaña tiene muchas formas de sorprendernos, para bien y para mal.

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    1. Gracias, Alfredo.
      Ciertamente la montaña ofrece... y puede negar... toda la grandeza que posee.
      La hipotermia es la "gran olvidada" en esto de las situaciones comprometidas y, por desgracia... no siempre se la considera con respeto.
      Un cordial saludo.

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  2. Qué bueno Carlos, como siempre! Me has traído a la memoria una jornada de invierno en Picos, con mucho viento, en la que los temblores rozaban el descontrol... Un abrazo!

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    1. Gracias, Diego. Todos los alpinistas, con recorrido, tenemos en mente estas cosas que nos pasaron y, por ello, jamás menospreciaremos esto de la montaña. Siempre atentos a las señales.
      Feliz y fructífero año 2020, Diego.
      Un abrazo.

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  3. Javier Urcina (Suizo para los amigos)11 de enero de 2020, 0:55

    Leerte y recordar vivencias pasadas es genial. Gracias

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    1. Gracias a ti, Javier... por leer. Y revivir recuerdos de tiritonas ¡es cosa tuya!
      Un cordial saludo.

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