Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


jueves, 19 de diciembre de 2013

La esfera... el lugar

Aún es noche en la dehesa... praderas de un verde hiriente salpicadas de encinas centenarias, a orillas del río Tiétar.
Suena el despertador a las cinco de la mañana, ésas horas heladoras de los días de invierno, cuando resulta difícil saber si se van las noches y llegan amaneceres o - por el contrario - se alejan mañanas que dan paso a la oscuridad; en montaña siempre son horas mágicas... También en los valles, aunque se mira diferente.

Mientras desayunamos enciendo la estufa de leña, mantendrá brasas hasta la vuelta, o eso pienso y me gusta pensarlo; estamos solo a 40km. de Galayos y mal se tiene que dar para no estar de vuelta a la tarde ¿no?... bueno, ya veremos.


Es un magnífico día del 4 de marzo del 2005... Y nos hemos propuesto repetir la cascada de la Dama - en el Cervunal galayero -... Posiblemente la mejor cascada de hielo de la zona, bautizada como "White like fever" - podemos traducirlo como "Blanca como la fiebre" - inaugurada en el 96 y difícil de encontrar en condiciones debido a la altitud en que se encuentra y su orientación Este... Hay que madrugar cuando los inviernos son fríos.

Gabriel Martín "Gabi" - uno de los aperturistas y compañero de aventuras vividas - quiere que la repitamos juntos y así será.


El día anterior me acerqué a Galayos, en plan reconocimiento; hay una curva en el camino del "carril" - a pocos minutos de la "Plataforma" - desde donde se puede ver perfectamente si las condiciones, en la ladera contraria, son aceptables... Allí me encuentro con unos forestales que andan vigilando cabras.
Han instalado un trípode con un potente visor ¡perfecto!, me permiten echar un vistazo y puedo constatar que la cascada está bien formada, gordita y en orden.

La "Plataforma" de Galayos nos recibe, aún sin amanecer, solitaria y heladora. Hemos salido de casa ya vestidos - solo a falta de calzar botas - que luego da pereza andar cambiándose en esos lugares... Es curioso el frío que siempre asola las "Plataformas" de Gredos.


Èste es un invierno seco, poca nieve y muchos hielos allá donde el otoño dejó chorreras, fantástico para aproximar con cierta comodidad aunque se haga necesario escalar todo aquello que oponga resistencia.

Recorremos el río Pelayos - escaso y congelado - a la luz de las frontales, hasta que se hace obligado introducirse bajo el Cervunal por la red de canales que dan acceso al centro de la pared - el Cervunal es una montaña en toda regla... y pertenece a un espacio mágico -.

Antes de llegar a la cascada principal será necesario escalar varios resaltes - cortos... pero todos con su "cosita" a resolver -. Luego ya nos recibe la "Dama" - bueno... a los locales siempre les gustó más decir "la Señora"... asunto de clases sociales -.


Son poco más de las diez de la mañana cuando alcanzamos la base de la cascada, nos ha llevado su tiempo llegar aquí, pero estamos contentos porque las condiciones del terreno son buenas, ahora ya tenemos en frente el muro principal - magnífico, vertical y algo intimidante -.

Galayos hace rato que recibe sol en las cumbres... Anaranjando las rocas altas y amarilleando las bajas, aclarando los oscuros del fondo del río Pelayos - todo un espectáculo de tonos y olores que siempre indican fríos... El frío, al igual que la nieve, huele... ya hablaremos de esto en otro momento -.

Hacemos reunión sobre una plancha inclinada... roca lisa recubierta por dos dedos de hielo acerado, cristalino al punto de ver los líquenes - verde metálico - tan característicos del granito gredense.

Serán cincuenta metros de cascada vertical... Buen hielo para progresar con un solo golpe de piolet que apenas entra un par de dientes - suficiente - pero mal trago para asegurar; tornillos bailanderos sin garantía de aguante. Hace rato que sol calienta la zona superior de la cascada... y ya - a pesar del frío - nos mojamos con el fino chirimiri que nos alcanza.

- ¿Donde dices que está la reunión?... -  pregunto a Gabi.
- Pues... busca un clavo a la derecha y un spitz por ahí.

Limpiando aquí y allá logro encontrar ambas cosas: un clavo de roca tan oxidado como el spitz que resulta aparecer a la altura de la mirada... bueno... cosas peores se ven y ésta me "envía" buena vibración.
Estoy algo incómodo... Guantes chorreando y espalda húmeda, no sé, hay algo que no me gusta.


Mientras aseguro a Gabi, me entretengo en mirar el cresterío que forma el Galayar... Desde la Punta Don Servando hasta las Berroqueras, desde aquí todo parece un espacio compacto, nada que ver con la realidad cuando uno se introduce por las canales, brechas, balcones y riscos con entidad propia. Desde aquí Galayos es una pared rota con gendarmes hacia el cielo.

Sería el mediodía cuando toca lanzarse al segundo largo... Algo más de treinta metros - pequeños resaltes escalonados y sin dificultad técnica, para llegar a un plano donde una roca de buenas dimensiones marca la reunión final -.

- Bueno, esto ya tiene poco interés, Gabi... podríamos rapelar de aquí.
- ¡No jodas, Carlos! venga, hasta arriba.

Sigo, a regañadientes, mientras tanteo la calidad del hielo... sigue igual que al comienzo, buena pegada y tornillos que no sirven, así pues no pierdo tiempo en meter alguno y termino el largo sobre una plancha de roca recubierta por unos centímetros de hielo vivo... Corre el agua por debajo, a borbotones, buscando salida. Estallan pompas de aire comprimido cuando encuentran hueco frágil.
Allí, ya de pie, me dispongo a acercarme al bloque de reunión... Y entonces ocurre.

Siempre hubo tres cosas que temí me sucedieran, cosas de los fantasmas que nos habitan: alcanzar las tripas de una grieta glaciar... Quedar sepultado por el colapso de una cueva, y ésta que nos ocupa... Resbalar, lenta y conscientemente, por el borde de un helero.
Me han sucedido las tres... Ahora ya sé - de lo poco que sé - que nada es seguro y todo está por descubrir.

A poco más de un metro del borde, ya andando sobre el hielo que chirría, se rompe un trozo de plancha y... de repente - no sé como pude ser tan torpe - me encuentro arrodillado "a cuatro patas"... sin pinchos que me sostengan.

... la "Dama" o "Señora"... en verano...

Se me encienden las sienes y estalla una bomba de adrenalina que aún puedo oler; lenta... pero inexorablemente empiezo a resbalar, girando la cabeza hacia el vacío - estoy tan cerca del borde que veo a Gabi mirándome sin creer -. Me da miedo hacer algo que acelere lo inevitable, pero algo tengo que hacer... y en un intento desesperado intento clavar un piolet que rebota tras atravesar la fina costra de hielo y golpear la roca... Se acabó... ya estoy en disposición de volar cara al vacío.

No tengo miedo, ni pensamientos.... Simplemente acepto.

Siento un impacto y luego otro - el último - contra la plancha que sirvió de reunión primera al pie de la cascada. Llego hasta ahí entre comba dinámica, algún metro que se escapa y elongación; se tensan las cuerdas que me impiden seguir canal abajo... No reconozco el lugar donde estoy - pero estoy consciente y vivo... o eso creo -.
Intento descifrar que es ése enorme manchón de sangre enfrente mio... de un rojo intenso y dispuesto como cuando se estrella un globo lleno de agua contra una pared. No sé... no me reconozco como parte de éste espacio.

Se levanta un aire penetrante y frío... Me pongo en pie pero me muevo raro; no puedo pensar y sin embargo intento descifrar que ha ocurrido. Oigo voces a gritos ¿quien chilla de ésa manera?.

Gabi llega a mi lado rapelando. Todo se me antoja lento pero no tengo prisas; el tiempo - mi tiempo - se ha congelado a las doce treinta de éste día de marzo...

- ¡Carlos... Carlos!... ¿estás bien? -. Oigo a Gabi, sin escucharle; miro sin verle.

No puedo concentrarme, todo me resulta complicado y difuso, aunque parece que voy recobrando algo de pensamiento efectivo... Y empiezo a reconocer la situación, vagamente.

- ¿Que tengo aquí, Gabi?... quítamelo... no veo bien.
- ¡No... nooo, Carlos... no tires de ahí!.

¡Joder! un "scalp" - desgarro del cuero cabelludo - desde la ceja a la coronilla, me descuelga la cara... y me tapa un ojo - bueno... esto lo supe después porque en ése momento yo solo tiraba del "colgajo" que me incordiaba -.

Recuerdo los ojos de Gabi, grandes como bajoplatos, al ver aquella herida enorme que dejaba el cráneo al descubierto. El casco... colgando al cuello del correaje.
Esto fue lo que le asustó, pero el peligro estaba en la espalda... y ninguno lo sabíamos.

Setenta metros de caída en vertical - con un solo "toque" en algún escalonado a la altura de la reunión... y el otro directo al suelo inclinado -. Imposible sobrevivir a un impacto semejante... Pero mira tú por donde esto de los imposibles no está nunca claro.
También resulta inaudito que aguantara la reunión... lo "normal" es que hubiera saltado y ¡allá vamos dos!.

... detalle...

Intento prepararme para rapelar, pero no puedo maniobrar cuerdas, nudos o descensor... El caso es que tampoco recuerdo como hacerlo - me quedo ahí embobao mirando -. Nada.

- Descuélgame, Gabi, hasta la repisa de ahí abajo que es grande.
- ¡Venga, Carlos... tenemos que darnos prisa!.
- No puedo, me duele mucho la espalda... se me va la vista.

Seguramente perdí el sentido varias veces - unos segundos por vez -... para solo unos pocos metros de descenso; vahídos que van y vienen entre un dolor que no cesa, lacerante y vivo, penetrante y continuo... Sin fin ni piedad... Creciente y nada comparable a lo conocido.

Aumenta la fuerza de un viento que me atraviesa. No me mantengo en pie y las manos pierden soltura... Nos envuelven cristales de hielo arrastrados de la cumbre; cielo azulón y sol que no llega, no sé... me da por pensar que ha llegado mi momento.

Gabi me abriga y me coloca el termo a mano... Está nervioso pero cumple su trabajo.

- Toma las llaves del coche, Gabi - curioso que se lo recuerde yo -.

Me abraza con fuerza, sin poder mirarme a los ojos, y le veo alejarse unos metros para empezar a rapelar; tiene un largo camino y su propia lucha contra los fantasmas que le acosan... Yo creo que él cree que nunca me volverá a ver.

Llega la soledad infinita... Una batalla terrible y constante, horas de espera... Sombras y luces en un sueño real; jinetes que aparecen del fuego - ángeles y demonios - y me embisten, me atraviesan y regresan a la carga -. Quieren llevarme consigo -.
Ahora conoceré un espacio donde todo es diferente.
Ahora estoy en la esfera... el lugar donde se decide si te quedas o te vas...




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22 comentarios:

  1. GRANDE CARLOS. Hay que tener suerte y valor para escapar de una así...no consigo imaginar esa espera, en la que uno echa cuentas de su estado...lo mejor de todo son estas bellas líneas que escribes con bendita sabiduría. Abrazos

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    1. Gracias, Manuel... el azar maneja los dados aunque siempre habrá que luchar... luego ya lo que tenga que ser.
      Un abrazo.

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  2. Magnífico Carlos... hay que ver... ¡que fina es la línea que separa la vida de la muerte!. Como siempre, un placer seguirte. Un abrazo, amigo.
    Fernando Población

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    1. Gracias, Fernando... ciertamente la línea, a veces, no se dibuja en lugar alguno.
      El placer es mio si te agrada leer.
      Un abrazo.

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  3. Me encanta que lo puedas relatar a dia de hoy........¡¡¡¡
    y como cambias de tercio ganadero a alpinista .............
    un saludo
    sepu

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    1. Gracias, Sepu... a mi también me encanta poder contarlo ¡ya te digo!.
      En el capitulo anterior la esfera se le presentó al choto... y en éste al alpinista, cada uno tuvo lo suyo y sus fantasmas... bueno... el choto nunca sabremos que opina.
      Saludos.

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  4. Increíble relato Carlos!! sobrecogedor.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Pablo y Bea... me alegro os guste... veremos como terminamos la faena, todavía quedan los "encuentros" y las luchas contra "fantasmas y jinetes de fuego".
      Un abrazo.

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  5. Bueno Carlos,
    Está claro que eres un tipo con suerte, SUERTE, así con mayúsculas. Menuda caída. Menos mal que es el protagonista el que cuenta la historia..
    Por cierto compra la lotería, la del Niño, los cupones de la ONCE o la quiniela...Ah!! y, por favor, el mismo número para nosotros!!
    Un abrazo.

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    1. Hola, Nico Isa... no sé... dicen que es más fácil que te caiga un rayo que te toque la lotería; bueno... a mí ya me tocó... no creo que tengamos suerte en los sorteos... jejejej.
      Un abrazo.

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  6. Chico me has puesto los pelos de punta, me alegro que solo quedara en eso, en un buen susto, y que estés aquí para contarlo.
    Esto nos demuestra que a la montaña nunca hay que perderla el respeto y respetarla en todas sus formas.
    Un saludo.

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    1. Hola, Pedro... cierto... siempre alerta y disfrutando, eso sí, pero cuando el terreno lo requiere siempre atento.
      Un cordial saludo.

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  7. Carlos... tronko... ¡que movida! ¿no?...
    Como con Joe Simpson en "Tocando el vacío", sabemos que saliste de esa porque lo estás contando hoy... si no...
    No te demores mucho en la continuación, que ahora si que me he quedado con ganas de más... :P
    Un abrazo!
    Aupa!

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    1. Hola, Josetxu... la tercera parte... a la que titulo "La esfera... el encuentro"... ya está en el horno... pero me llevará un ratillo, no me resulta fácil "hacer ver" lo que vi, pero todo llegará.
      Un abrazo.

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  8. Hola, Carlos, acabo de descubrir tu blog y aún estoy con la boca abierta ... el alpinismo no es fácil, escribir es difícil, pero ser capar de recordar las sensaciones una vez que la adrenalina ha bajado y describirlas me parece tarea dificilísima ... vamos, un 6b+ de la narrativa.
    Un abrazo y esperamos la continuación
    Rafa

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    1. Gracias, Rafa... de momento mantengo memoria - aunque a veces olvido lo que me interesa, claro -... vivir con pasión cualquier actividad hace que todo se mantenga fresco... luego ya habrá que encontrar las palabras y combinarlas a ver que tal salen... me alegro os guste, ya veremos el siguiente capitulo... algo duro y difícil de relatar, pero prometo intentarlo.
      Un abrazo.

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  9. Que bueno Carlos!! Como siempre sabes contar los hechos mas dramaticos con una pluma excepcional... es muy bueno... queremos esa tercera parte ya...jeje.

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    1. Gracias, Javimartinz... en breve estará lista... hay que poner pensamientos en lugares correctos y no me resulta fácil... pero llegará.
      Saludos.

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  10. Sigo el blog hace tiempo, sin duda buenisimo, tienes un gusto exquisito para relatar, y se me han puesto los pelos de punta segun lo iba leyendo, sin duda, muy bueno, y enhorabuena por la nueva vida! Hoy aqui, mañana ya se vera!

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    1. Gracias, angel... doblemente gracias por andar por aquí y alegrarte que yo también ande.
      Cierto... hay que aprovechar el momento y mejorar en lo posible... luego ya, lo que tenga que ser.
      Saludos cordiales.

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  11. Joer Carlos, qué momentos me has hecho vivir, casi me desmayo, sobre todo sabiendo que son reales, reales como esos fantasmas de La Esfera que realmente te buscaron cobijo. En cuanto pueda voy al siguiente capítulo

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    1. Es evidente, Paula... que te gusta leer... y me alegra te gusten los sueños.
      La esfera es un lugar que nos habita... todos podemos encontrarla y quizá algún día nos sirva.
      Un abrazo.

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