Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


miércoles, 26 de junio de 2013

Amistades imposibles I

Jeromé era un indio navajo que vivía en Toledo, donde se buscaba la vida haciendo tatuajes y trabajando el cuero... una especie de hippy, aún no extinguido.

Viajaba por el mundo a la búsqueda de sí mismo, cosa harto complicada teniendo en cuenta su origen, su cultura, sus ideas y sus destinos; recaló en la "Capital Imperial" tras un periplo europeo de sinsabores... y le pareció que este sería un buen lugar durante un tiempo.

Su pasión, allá por donde pasara, consistía en levantar un chorten en el punto más alto de las montañas que gustaba de recorrer, un tributo a su raza a punto de abandonar la Tierra.

Un piel roja... nacido en Utah... viviendo en la Castilla ibérica de Don Quijote... y alpinista; pensándolo bien tampoco es idea descabellada teniendo en cuenta los desvaríos de nuestro hidalgo... el de la triste figura.

Vivió feliz hasta poco más allá de la adolescencia... en esos espacios de su amada tierra, los desiertos americanos de Utah donde aguas y vientos modelaron paisajes imposibles... y allí... a los pies del Totem Pole, un lugar sagrado cuya cima fue violada poco después de su nacimiento, habitó con su familia manteniendo un estilo de vida destinado a desaparecer.

Jeromé nació un amanecer, despidiendo una tormenta que arrasó la tierra con intensidad ya conocida, su padre... tras cortar el cordón umbilical con el cuchillo de hierro dulce y cachas de hueso... herencia familiar perdida en la memoria, le levantó por encima de su cabeza justo al tiempo que un cielo rojo furioso recibía los primeros rayos de sol que jugaran al escondite con la roca sagrada, dibujando en el suelo una sombra que, tras alcanzar su campamento, se refugió a toda velocidad bajo el monolito que la iniciara.

Todo esto ocurrió en una recién llegada primavera... y esa fue la primera visión de su vida... una especie de premonición que jamás le abandonaría.

Un día llegaron más escaladores dispuestos a romper, de nuevo, años de tradición desde la noche de los tiempos...  Jeromé jamás pensó que aquello pudiera repetirse; si algo así ocurriera, cosa impensable, el consejo de ancianos resolvería sin dudar... pero las cosas no se desarrollaron como el joven navajo hubiera deseado... y ante las ofertas económicas que se les ofrecieron, los viejos decidieron que quizá llegó el momento de traicionar a los Dioses y mejorar la vida de su pueblo en la Tierra; no la mejoraron mucho... el alcohol ya empezaba a romper voluntades, algo común entre los pueblos sometidos al nuevo orden que los contemplaba como "especies" a preservar.

Jeromé nunca pudo entenderlo, le faltaban años para comprender... y abandonó el lugar que le vio nacer... a su gente... y el sueño de envejecer en libertad.

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A Mateo, madrileño de familia obrera del barrio de Leganés, le detuvieron por primera vez en el parque del Retiro... fue allí, con una amiga, a remar un rato en el lago de aguas turbias y se encontró en un lío.

Un niño repeinado... lamiendo piruleta de colores... se acercó a un viejecito mal aseado, que estaba tranquilamente sentado en un banco, compartiendo migas de pan con palomas confiadas; le metió una patada en la espinilla que al abuelo le hizo polvo; este le dio un capón... mientras le reprendía... y llegaron los padres, jóvenes y repeinados:

- ¡Oiga!... ni se le ocurra pegar a mi niño - dijo la madre -.
- ¡Pégueles a sus nietos, desgraciado! continuó el padre.
- No tengo nietos, señor - respondió el abuelo - pero si los tuviera lo haría... si se comportan como su niño.

El padre estaba a punto de cogerle por la solapa de su chaqueta raída... estaba a punto... pero llegó Mateo y sacudió bofetadas hasta dolerle la mano; a la madre también... que Mateo nunca hizo distingos.

Mateo odiaba la injusticia... un rebelde sin causa que no logró terminar los estudios básicos y abandonó la casa de sus padres en plena adolescencia; leía mucho... eso a la tarde... pocas horas antes del trabajo nocturno en locales de mala muerte.

Tuvo muchas más oportunidades, a lo largo de su corta vida, de pasar por el calabozo... y las aprovechó todas.


Jeromé y Mateo se conocieron en un mercadillo toledano de artesanía medieval... un abrasador mediodía de un mes de agosto.

- ¿Cuanto pides por este? - preguntó Mateo, sosteniendo en la mano un diminuto monedero de cuero repujado.
- ¿Cuanto vale para ti? - respondió Jeromé.
- No más de las monedas que pueda contener.
- Entonces... le llenamos y sabremos el precio... ¿te parece?.
- Me parece - zanjó Mateo.

Jeromé lo rellenó con monedas de la menor cuantía... mientras Mateo esbozaba una sonrisa que auguraba un buen comienzo.

Terminaron la mañana recorriendo tabernas... entre cañas y tapas.. hasta más allá del anochecer; hicieron planes tan pronto vislumbraron aficiones comunes... quizá unos días por Gredos... a ver que tal se entendían dos almas solitarias.

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Tristán le pasó la mano por la frente... su padre le miró sin verle... hizo un gesto conocido y dio un pequeño respingo.
Así, en unos minutos, Tristán pasó de tener todo lo que deseaba en este mundo... a tener nada.

Con apenas veinte años recién cumplidos, no conocía el mar; sus manos... grandes y encallecidas, emanaban energía poderosa... igual que sus ojos, de un brillante negro intenso.

Tristán no había salido de su aldea de Bulnes... una comunidad, por aquel entonces olvidada, en pleno corazón de los Picos de Europa.

Su padre le enseñó a leer y escribir... a cuidar de las ovejas y del huerto; también a cocinar y mantenerse limpio... esto es todo lo que sabía a los veinte años; todo esto se lo enseñó su padre... su madre murió siendo aún un niño y de ella solo recodaba su voz dulce e insistente:

- ¡Tristaaannnn!... ¡no te alejes!.

Se lo encontraron en Potes... Mateo y Jeromé vagabundeaban a bordo del destartalado "850" de aquel, y decidieron parar ante el jolgorio y fuegos artificiales que indicaban una fiesta en toda regla; se fijaron en aquel muchacho que, vestido con traje de pana... de un marrón impecable, retorcía entre sus enormes manos algo parecido a una boina.

Mantenía fija la vista en la plaza donde todo el mundo bailaba frente a la banda de música... y las muchachas  oteaban pareja de su gusto.

- ¿Has visto a ese? - dijo Mateo... siempre dispuesto a sacar punta de todo - Acaba de llegar del pueblo y no sabe como mover el culo... jajajaja - reía ruidosamente.

Mateo siempre daba voces y se reía... hasta de su sombra.

Tristán se colocó la boina... y se giró hacia ellos; ¡ya está el lío!... pensó Jeromé, haciendo una mueca de desagrado.

Algo debió ocurrir porque se cruzaron miradas que aguantaron segundos que parecieran horas... Tristán pudo con ellos... y sin poner en movimiento aquellas manazas - gracias a Dios - reconocería, poco después, el propio Mateo.

Algo debió ocurrir porque Tristán sonrió... y aquella franca sonrisa abrió posibilidades; unos chorizos de brasa y varias sidras después, hicieron el resto.

- ¡No jodas que vives en Bulnes! - gritó Mateo.
- Allí vivo - contestó Tristán, haciendo desaparecer un enorme vaso de sidra entre las manos.
- Nosotros queremos ir al Naranjo... lo conocerás bien.
- Lo conozco. Mi padre me contó algunas historias que recordaba del abuelo... cuando un marqués, acompañado de un paisano de Caín, subieron al Picu.
- ¡Macho! - volvió a gritar Mateo - has vivido en el corazón de la historia y no te has enterado.

Tristán quedó algo triste y pensativo.

- Alguna vez hablé con montañeros que llegaban al pueblo y querían escalar el Picu... pero yo cuidaba de mis ovejas y ayudaba a mi padre...
- No hagas mucho caso a este - intervino Jeromé - es un borde de cuidado.

El coche de Mateo aguantó el tipo y les llevó a Puente Poncebos... allí comenzaron un camino que Tristán devoraba a grandes zancadas, sin esfuerzo aparente y sin parar de hablar... este muchacho se comía el sendero.

- ¡Jodido campesino! - mascullaba Mateo entre resoplidos - ¡llegaremos a Bulnes antes de salir!.


14 comentarios:

  1. Ya estoy esperando la segunda parte...pero en qué años está ambientada sería oportuno para una mejor aproximación histórica a los hechos...seguro que no había nacido...un saludo, montañex

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    1. Hola, Manuel... digamos que en los años 50 del siglo pasado... ya se dejan caer detalles que algo indican, pero iremos viendo qué amistades se encuentran y que se forja de todo el cuento... porque... es un cuento, pero con algunos hechos que sucedieron realmente.
      Saludos cordiales.

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  2. Bueno Carlos, lo de la "pluma" ya te lo había comentado, pero con esta primera parte no haces más que convencerme..Realmente he quedado sorprendido, cuando comencé a leer la entrada dije ¿y donde está la roca, el hielo, la cuerda? aunque al final, no podía ser de otra manera, tenía que aparecer en forma de gigante calizo..

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    1. Gracias, Nico Isa... bueno, aparecerán más gigantes... al fin y al cabo se cuentan historias de amistades imposibles... en lugares "imposibles"... ya veremos... ya veremos.

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  3. Muchisimas gracias por este relato Carlos..... Resulta facil imaginar , cuando uno lee con detalles tan puros y,resultando la propia lectura ,algo practicamente tangible....
    No nos dejes mucho tiempo sin la segunda parte , es todo un gustazo saborear tus palabras!!!!
    Un abrazo

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    1. Gracias a ti, Alex... por leer, y por dejar volar la imaginación.
      Veremos como avanza el relato...
      Un abrazo.

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  4. Los protas de esta historia tienen pinta de acabar como "albinis"... ya verás, ya... jejeje!
    Esperamos con ganas esa continuación...
    Un abrazo Carlos!
    Aupa!

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    1. ¡Claro, Josetxu!... jejejeje... albinis seguro..."amistades imposibles" por la Tierra.
      Un abrazo.

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  5. Aquí tienes a otro enganchadisimo, impaciente por continuar con el relato.
    No nos tengas mucho tiempo en vilo.
    Un saludo.

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    1. Gracias, Fer... está horneándose... todo llegará.
      Saludos cordiales.

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  6. Qué gran historia esta que cuentas. Incluye grandes personajes llenos de magnificencia en su interior, parece que los conozco de toda la vida. Con tu relato has conseguido sentirme parte de ellos. Ya estoy mordiéndome las uñas por esa segunda parte. Tienes mucho de ellos.

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    1. Gracias, Paula... por el entusiasmo que demuestras no me quedará más remedio que "afinar" la historia para no defraudar... veremos...
      Un abrazo.

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  7. Muchas felicidades por la història!!!!!!

    willow

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    1. Gracias, Willow... a ver si vamos avanzando.
      Saludos.

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