Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


jueves, 23 de enero de 2014

La esfera... el encuentro

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

... Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡más tu no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas noches de mis penas;
más no me prometiste tu solo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida estamos en paz!

(Amado Nervo)


Me parece llevar una eternidad desde que Gabi se fue; ya he perdido una esperanza que me sobrevoló... la esperanza.
Un ruido conocido y amigo, y luego, al alzar la vista, lo veo encima mio... El helicóptero que se aleja justo cuando arrecian los vientos.
Le hago señas y quiero pensar que me ha visto... en breve estaré a salvo - lo pienso mientras se aleja el sonido, como se aleja el calor del cuerpo y embiste el frío -.

Cae la noche sin darme cuenta... Al  mismo ritmo que los cristales de hielo, barridos por vientos cimeros, que se empeñan en enterrarme en vida.

Perdí la noción del tiempo hace tiempo... Debo llevar ya unas horas intentando encender el mechero - de esto me doy cuenta cuando, en unos segundos de lucidez, veo que no puedo manejarlo -. Me ha costado un trabajo inmenso sacar la cajetilla de la mochila y colocarme el cigarro en la boca.
Nunca podré encenderlo.

Caigo al suelo como un fardo... constantemente. Intento ponerme en pie; tirado boca arriba "¡venga, hombre... intenta ponerte en pie!". Primero me coloco boca abajo, luego, mucho después, a cuatro patas, más tarde de rodillas... Ya casi lo consigo, y de nuevo caigo al perder el sentido - momento que aprovecha la nieve para cubrirme de nuevo -.

El dolor me puede - creo que en una de estas me partiré - pero lo vuelvo a intentar muchas veces - tantas como se repite ese susurro que parece habitarme: "muévete, Carlos... o no despertarás" -.

A veces logro encontrar, mirando a un cielo estrellado, una postura que me deja "vivir"... pero no me gusta, me resulta "fea" y algo conocida - recuerdos de otras gentes que perdieron la partida -... Sin contar que me provoca un sueño que no debo tomar.

Un dolor potente y terrible parece despertarme de un sueño real... Acabo de librar una batalla en campo abierto.
Un horizonte en llamas, como una cortina que roza el suelo, divide una estepa nevada, blanca y limpia de huellas... solo marcadas las mías, una linea recta que parece salir del gigantesco bosque que dejo atrás.


Un ejército a galope sale de las llamas... Todavía lejos a la mirada; llegan antes relinchos... Y el temblor del suelo.
Se forman nubes blancas, una polvareda que vuelve a devorar el fuego que avanza, y van llegando, como una cuña de grullas buscando el norte a finales de invierno... Jinetes de piel oscura en caballos negros... Guerreros y animales, de melenas y crines largas, rostros duros y miradas frías.

Me atraviesan como si yo no existiera. Como si nada importara mi presencia; solo noto que, a veces, intentan subirme al caballo... al galope; me ofrecen, ya antes de llegar a mi altura, una mano tendida donde agarrarme... Y hay un momento en que acepto.

Ya me alcanzan las llamas... Ya me envuelven las nubes que levanta la caballería. Un guerrero, que destaca del resto, alza la espada de acero brillante y sonríe al tiempo de apretarme el antebrazo, con fuerza.
El caballo salta y despega del suelo... Y brota la sangre de mi garganta.
Noto el tirón y despierto.


Apenas puedo respirar, tengo una cuarta de nieve encima y ya no "siento" calor en parte alguna del cuerpo - estoy en hipotermia -. La espalda me martiriza, las piernas no me sostienen, no siento las manos ni muevo bien los dedos... Busco, desesperadamente, posturas que alivien... Quiero dormir, me cuesta pensar - que nunca fue fácil - y se me acaban las fuerzas.

Me doy perfecta cuenta que me resultará difícil seguir viviendo - es la primera vez en horas que estoy lúcido y lo veo claro - tanto que se abrasan las sienes... esto es la prueba - como si el sueño me hubiese avisado del final... La realidad.

Entonces... vuelve a ocurrir.

Ya os he contado en otras historias como La Presencia... Chacraraju IV y V y ahora en esta que nos ocupa, algunas de las cosas que suceden - reales o no ¿quien sabe? - cuando nos encontramos en situaciones difíciles.
Esta vez nada sucede ajeno a mi pensamiento... Esta vez decido "acompañarme" a mí mismo.
Esta vez voy a jugar con la mente y crearé la esfera que me proteja.


Lo tengo todo perdido... cualquier cosa que consiga - por insignificante que sea - será ganancia; si nada gano nada cambia... ya perdí al inicio.

.- ¡Eh!... ¿Cómo puedes dormirte con la que te está cayendo?... despierta..
.- Me duele la espalda y esta postura me alivia.
.- ¡Venga!... Métete en la esfera y mantente alerta.
.- ¡Ah!... pues sí... la cosa cambia.

¡Joder! hace un frío que pela aquí fuera, y ese tipo venga quejarse; no es capaz de abrir el termo... tendré que echar una mano.
.- ¡Oye!... ¿Sabes que tienes caldo en el termo?...
.- No puedo abrirlo, no me responden las manos...
.- Anda, aparta. Te lo abro...
.- ¿Cuanto falta para el amanecer?...
.- Todavía queda... tranquilo que ya llegarán...
.- ¿Tu crees?... no sé... no es fácil llegar aquí, de noche... al pie de la cascada...
.- ¡Bah! ya llegarán; no salgas de la esfera que yo me ocupo...
.- Gracias...

La última hora de las dos últimas horas, y la siguiente última hora de las siguientes, han sido terribles, casi me doy por vencido; menos mal que tengo enfrente a ese tipo - por cierto - está ahí fuera y no quiere entrar, con la que está cayendo... bueno.

Siguen brillando las estrellas con fuerza ¡joder! y cae nieve a espuertas... no lo entiendo.


.- A ver, ya te lo expliqué; está despejado, pero hay mucho terreno por encima nuestro... Y hace viento. Lo que nos cae son cristales de hielo barridos de las zonas altas ¿lo has entendido?...
.- ¡Ah! sí, sí... es verdad. Ya me lo dijiste; se me va la olla.
.- Bueno... reconoce que también se te va en condiciones normales... machote.
.- Jejejeje sí, algo sí se me va.

Se me escapa la vida como una trucha a la mano... A veces no veo al tipo de ahí fuera, como si me hubiera abandonado definitivamente; en una de esas me veo intentando atarme los piolets a los antebrazos, quiero salir de aquí como sea...

.- ¿Donde vas, muchacho?...
.- ¡Ah! estás ahí... pensé que...
.- ¡Pensaste, pensaste!, tu ya no piensas como es debido...
.- Ya... se me va la olla...
.- ¡Otra vez!...

El último minuto de la última hora de las anteriores dos horas caigo de bruces sobre el colchón de nieve que me rodea... Me entra nieve a la boca y apenas puedo respirar, me muevo muy lentamente y escupo sin fuerza.
Estoy solo, me da miedo pensarlo, luego parece que ya no temo... aunque la soledad me hiere cuando logro arrodillarme; de nuevo me arden las sienes y entro en un espacio que no conozco... No podré recorrerlo.

Vuelve a retumbar el suelo... No veo al "otro" y me llega un calor conocido; distingo - a lo lejos - jinetes en la tormenta de fuego; esta vez me resultará difícil esquivar el golpe... pero lo voy a intentar.


Me pongo en pie... Ya se acercan las luces, ya se acerca la hora; oigo voces que me llaman... no respondo - plantaré cara y veremos que pasa -...

.- ¡Carlosss! ¿dónde estáaasss?...

Una luz cegadora me enfoca de golpe... se acabó.

.- A ver, Carlos, tranquilo... somos los GREIM...

Manos potentes me abrazan y hacen preguntas que me cuesta entender. Me dejo hacer - caigo en la cuenta, de repente, que tengo otra posibilidad - ¡joder!, ahora me gusta ver las luces de las frontales, cálidas y amables... Ya no son señales de sangre y fuego.

Por cierto, el "otro" ha desaparecido, y se llevó la esfera consigo; bueno... ahora tengo más gente al lado - ahora empieza otra batalla, tienen que bajarme de aquí -.
Son las nueve de la noche y no llegaré a la Plataforma de Galayos - donde espera la ambulancia y la familia - hasta las seis de la mañana... Esto tampoco va a ser fácil, pero con suerte... viviré.


jueves, 16 de enero de 2014

Compañeros de cordada I

"Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.......
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero"

Miguel Hernández


No parece posible - al menos a mi no me lo parece - entender la montaña sin el... o los... compañeros que deciden embarcarse en ésta nave que persigue cumbres; navegar por espacios que nos quitan el sueño... y lo alimentan cuando soñamos.

La cordada... hasta la palabra define la unión - según la RAE "grupo de alpinistas sujetos por una misma cuerda" -... tiene para los "clásicos" un significado que va más allá del hecho de compartir una actividad en montaña.
La cordada tiene connotaciones de amistad profunda - y eso que no todo serán parabienes... también habrá que aguantar cosas... como en el amor -, pero algo queda cuando se viven juntos horas, días o semanas tratando de encontrar nuestro camino.

... Peñalara... 1973...

Es curioso que se recuerden amigos de años muy lejanos - bueno... para esto hace falta edad... la del que escribe será suficiente - y escaladas que, seguramente por ser las primeras, siempre contienen algo de aventura... aquello de introducirse en un mundo mágico aún por descubrir... a pecho descubierto.

... Galayos... 1973...

Ésas épocas pasadas - los inicios - tienen algo especial, diferente; escapadas de casa... con súplicas, ruegos y alguna "mentirijilla" para lograr dormir en el monte... todo un logro y el pistoletazo de salida hacia nuevos lugares.
De ahí nacen los amigos - cordadas futuras - que marcarán el destino.

... ¡risitas las justas... eh! - Granada (Sierra Nevada)... 1974...

Luego, con el paso del tiempo, se forman cordadas constantemente... unas perduran y otras desaparecen en la noche de la memoria; unas se juntan periódicamente, otras solo de vez en cuando, algunas se ven de año en año... incluso las hay que solo se reúnen para cosas concretas - y da igual si uno de los componentes vive en Majaelrayo - precioso pueblo alcarreño, por cierto - y el otro en Australia... en un auto caravana aparcado junto al Ayers rock -... el caso es que ya quedarán en algún aeropuerto para iniciar el viaje.

Al igual que ocurre en el amor... éstas amistades se "aguantan" con todo... o casi todo; también ocurre que se presentan pequeñas, a veces grandes, disputas por pequeñeces... ya sabéis: "¡oye! para variar podías hacer tu hoy los macarrones ¿no?... ¡Eh! hay que lavarse más a menudo... ¿Como?¿que te mire queee?... Machote, siempre eliges el mejor sitio para vivaquear... ¡No! éste largo es tuyo... Alguien debería ir a por agua... No me gusta el reparto de la carga"... en definitiva poca cosa.

Claro está que todo es más llevadero cuando la cosa es de un par de días... aunque también pueden haber problemas... pero vamos, nada de difícil solución.
Lo más duro es - sin duda alguna - cuando pasan días, semanas o meses de convivencia constante... sin intimidad personal... de ningún tipo.

... camino al Pirineo... 1980...

Ésta vez no me hace falta subir a la troje - ya sabéis - a buscar los manoseados cuadernos espiral, donde anoté pensamientos; ésta vez... tengo fresco en la memoria un hecho que ocurrió en los Andes... y que prueba el valor de la amistad.

.- Carlos... tengo un problema.
.- Tu dirás.
.- Pues... que no puedo soltar vientre.
.- ¡Tanto arroz... tanto arroz!... ya te dije.
.- No... es que... se formó un tapón... 
.- ¿Un tapón?... ¿que me estás contando?...
.- Pues eso... quizá... tu puedas... pues eso...
.- ¡Ay!... ¡Ay!... ¿que me estás contandoooo?...
.- Que me recortes los pelos y el pegote éste...
.- ¡Joderrr!... ¡Joderrr!... 
.- Gracias, amigo...
.- ¡Si no lo veo... no lo creo!... a ver, desgraciao, alcanza las tijeras... y colócate...

Si esto no es amistad... que baje Dios y lo vea.
Evidentemente no puedo delatar al compañero de tal suceso... pero vamos... ¡él sabe quien es!.

La cordada forja amistades duraderas - éxitos y fracasos... a partes desiguales -, y al compañero le pertenecen - a partes iguales... cumbres y retiradas -.
Tantas noches heladoras, incertidumbres al amanecer, momentos de miedo y otros de espléndida vida... tormentas sin fin, fríos que devoran... vientos que atraviesan y calores que hunden... risas y lágrimas... paisajes de infarto y vacío a los pies, cervezas de antes y después... en fin... todo eso pertenece a la cordada que decidió unir fuerzas para realizar un sueño.

... Andes... 1978...

Todo lo que le pase al compañero... le pasa al total... a la cordada; la mitad de uno mismo. Y gracias a eso el sueño puede cumplirse - casi siempre... si se persevera lo suficiente -.

También llegan pérdidas... el momento más triste cuando se pierden compañeros. No veáis esto como el final trágico que todo lo cambia... sencillamente como algo que puede ocurrir y será suficiente con recordar, con alegría, los grandes momentos vividos... que lo fueron.

Desde aquí... un homenaje a los amigos que no pude retener - a unos me "encordé" y con otros hice planes que no dieron tiempo -... "compañeros del alma, compañeros".


... cenizas de amigos en el Cervino... 

A Javier Peña... que caminaba a zancadas.
A José Luis García... que sonreía como un niño.
A Gaspar Muñoz... que reía fuerte y vivía duro.
A Hipólito Maeso... que bailaba "samba" con traje y corbata.
A Alfonso Vizán... que navegaba con calma.
A Toñín... que sembraba potencia.
A Guillermo Mateo... que siempre reía entre humos.

... y a todos los que he conocido... pero el destino no nos dejó tiempo para navegar juntos...

... y también en Patagonia... Circo de los Altares... bajo el Cerro Torre...

continuará...

martes, 7 de enero de 2014

Mont Blanc (Major)... el recuerdo

La vertiente Este del Mont Blanc - no pertenece al grupo de las Nortes Alpinas... pero merece estar -  también conocida como "vertiente Brenva"... levanta una muralla de dimensiones algo himaláyicas y recibe los primeros rayos de sol... tonos naranjas/amarillos, algo difuminados cuando el viento de la madrugada los mezcla con cristales de hielo que - siempre me lo parece - se disparan de aristas y espolones ... formando remolinos en nubes que indican frío feroz.

También ocurre al atardecer... solo cambian colores cuando el sol se esconde al Oeste...

... Mont Blanc... vertiente Este o Brenva...

Es una vertiente salvaje... con aproximación larga y noche asegurada el día anterior a la escalada; tendremos unas horas, antes de la oscuridad, para observar lo que se nos vendrá encima... y siempre con ése "revoloteo" de mariposas en el estómago - indicativo de respeto y emociones encontradas -.

Todo ello sin olvidar que estamos ante el gigante de los Alpes... 4.807 metros que, a un lado de la frontera, llaman Mont Blanc... y al otro Monte Bianco... para nosotros será Monte Blanco - aunque parece que siempre repetiremos Mont Blanc -.

... Mont Blanc (cumbre a la izq.)... desde Chamonix...

Un 15 de julio de 1865 - ¡se dice pronto! - se inaugura la primera ruta de la vertiente Brenva... uno de los itinerarios más clásicos y prestigiosos - fuera de la ruta normal - del Mont Blanc... el llamado "espolón de la Brenva", una obra maestra de Adolphus W.Moore, George Spencer Mathews, los hermanos Frank y Horace Walker, junto con Jacob y Melchior Anderegg.
Solo pensar como llegaron estos alpinistas - en aquellos años - a un lugar tan alejado y salvaje, dice mucho de la determinación de éstas gentes valientes.

La ruta que nos ocupa - la Major - hubo de esperar a los días 6 y 7 de agosto 1928, a cargo de Francis S.Smythe y Thomas Graham Brown... curiosamente estos mismos alpinistas inauguraron otra de las grandes clásicas de la vertiente... el "Centinela Rojo"... tan solo el año anterior a la "Major".
Es evidente que le cogieron gusto al lugar... porque la otra ruta "clásica" - algo olvidada -... llamada "Poire" - traducir como "Pera"... por la forma característica de un sector de la ruta -... también fue inaugurada por Brown, con Alexander Graven y Alfred Aufdenblatten, un 5 de agosto de 1933.

... foto Wikipedia...

En definitiva... éste T.G.Brown (1882-1965)... se "merendó" tres de las más conocidas y deseadas rutas del Mont Blanc; pertenece al grupo de "grandes olvidados"... que realizó la primera ascensión al Monte Foraker (Alaska 1935)... dirigió la expedición que alcanzó la cumbre virgen del Nanda Devi (Himalaya 1936)... y un largo etcétera imposible de reproducir aquí.
Fue editor de la prestigiosa publicación "Alpine Journal" (1949-1953)... y miembro de la "Royal Society of London" (1927).


De nuevo - algunos ya lo habrán intuido - subo a la troje y rebusco entre trastos, libros y "artefactos" varios, algún cuaderno con notas y recuerdos ¡zas!... aparece uno donde anoté frases y pensamientos... tiene escrito en un borde del manoseado cartón azulón de cubierta... "los Alpes... ¡por fin!".

"... ¡joder!... he perdido la cuenta de las horas que llevamos en éste tren desde que salimos de Chamartín... ya no sé como ponerme ni hacia donde pasear.
Hemos pasado la frontera y cambio de trenes - arrastrando mochilas y petates por andenes... en horas de madrugada -. 
Antonio (Trabado) - el organizador de todo esto - dice que hay que volver a cambiar en breve... ¡joder!... y amenaza con que luego más... ".

Esto sucedía un mes de julio de 1977 y ciertamente recuerdo las mochilas y petates que incluían toda la carga para "sobrevivir" en tierras galas durante algo más de tres semanas... la clave consistía en comprar solo el pan en Chamonix... que los dineros siempre fueron escasos... pero los cuerpos lo aguantaban todo...

... Grands Montets... circo de Argentière... 1977...

Lo cierto es que ahora me parece increíble el escaso material de escalada que nos acompañaba en aquellos años... y la enorme cantidad de paquetes de pastas variadas - bueno... macarrones y espaguetis, por kilos - ... arroz, tomate frito, chorizo, salchichón, queso, jamón, beicon, mantequilla en lata, colacao, leche condensada, galletas y frutos secos - a kilos -... una olla y una sartén - cada uno con su plato, pote y cubiertos -... un infiernillo "camping gas" de bombona recargable - ¡tela con el bulto! -... y un litro de aceite de oliva.

"... por fin estamos en Chamonix, tras varios cambios de tren en sitios con nombres raros y casi perdiendo uno, menos mal que atravesamos vías y andenes - lanzándonos los bultos como pelotas - y logramos meternos ya en marcha. 
La botella de aceite - siempre en brazos, por miedo a romperse - aguantó el viaje... pero justo cuando nos bajamos en la estación y tomamos un bus para el camping "les Rosières"... ¡zas!... se vierte una buena parte del contenido sobre la moqueta... ufff... como se entere el conductor, nos la lía parda...".

Y así comenzó nuestra andadura por los Alpes... un año que nos ofreció buenas escaladas - la verdad que no recuerdo meteo desfavorable -... y nos dejó subir la Norte del Triolet, Gervasutti del Mont Blanc de Tacul, Couturier de la Aiguille Verte, Petit Aiguille Verte, travesía Aig. Midi-Aig. Plan, un amago de intento a la Nant Blanc de la Aig. Verte... y ésta magnífica ruta que ahora detallamos: la Major al Mont Blanc... ¡increíble!, no he vuelto a triunfar así.

... cumpliendo sueños... 1977...

Aquí tenemos una buena toma con las rutas más "clasicorras"... glaciares, collados, aristas y paredes... todo un mundo a descubrir.

Ya hemos comentado sobre la magnitud de ésta vertiente que, junto con el Eiger... el Monte Rosa y alguna montaña suiza más, se consideran como los "volúmenes" más compactos y de mayor desnivel en los Alpes... ciertamente cuando naveguéis por allí podréis comprobarlo.


* APROXIMACIÓN.
Existen dos posibilidades... desde la Aiguille du Midi (Francia) o Punta Helbronner (Italia).
En ambos casos se hace necesario navegar por glaciar, por lo que el uso de cuerda es más que recomendable - seguramente encontraremos huellas... por ser la cabecera del Valle Blanco y un recorrido muy transitado, de teleférico a teleférico, pero insistiremos en el uso de cuerda como seguridad -.

... arista salida de la Aiguille du Midi... Grandes Jorasses al fondo...

En torno a 2/4 horas - según por Italia o Francia - nos llevará alcanzar el refugio de la Fourche (3.679m.)... en plena arista Kuffner - otra gran clásica al Mont Maudit -... con vistas impresionantes en la aproximación - pilares y corredores del Mont Blanc du Tacul, Grand Capucin, Tour Ronde - que vigilarán nuestro paso continuamente.
En definitiva se trata de introducirnos en el circo del glaciar du Geant...


Por aquel entonces se podía elegir refugio en la arista: Ghiglione (que se ladeaba peligrosamente hacia el glaciar) o Fourche.
En los últimos años, el refugio Ghiglione ha sido desmantelado.

Mientras tanto pasearemos la mirada... igual da donde se fijen los ojos... nieves, hielos y rocas nos descubren un paisaje espectacular... esto veremos...

... Punta Lachenal...

... pilares y corredores del Mont Blan du Tacul...

... la Tour Ronde nos vigila...

... nos vigila el  Grand Capucin...

Tendremos que superar una buena pendiente de nieve - unos 100 metros - algo descarnada al final, para poder acomodarnos en éste pequeño caseto de madera... por cierto... también muy concurrido cuando todo el mundo tiene la misma idea de hacer la arista Kuffner al Mont Maudit o la Brenva al Mont Blanc o "nuestra" Major... pudiera ocurrir que toque dormir sentados en el suelo.

Este tramo puede complicarse según las condiciones del año... podría pasar de pendiente nevada a dos largos de mixto con seguros intermedios y reuniones aleatorias... tremendo.



... refugio de la Fourche... con su pararrayos "natural"... 

... vistas desde la arista hacia el Dent du Geant...
* DESCENSO.
El descenso clásico del Mont Blanc se corresponde con la linea de ascenso de la Aig. du Goûter y arista Bosses... un recorrido que, en días espléndidos, reúne a media Europa en un trasiego constante.

Otra posibilidad consiste en desviarse - a la altura del refugio Vallot - hacia el glaciar del Grand Plateau... serpenteando luego para eludir un sector de seracs y grietas... alcanzando el refugio de Grand Mulets y de aquí al Plan de l´Aiguille.

Esta bajada la he utilizado un par de veces... no está mal, si el glaciar se encuentra aceptable... aunque cierto es que requiere mucha navegación y estar siempre atento... es un lugar algo peligroso; tiene como ventaja "huir" un tanto de las aglomeraciones y aparecer en el primer tramo del teleférico del Plan de l´Aiguille... aunque nos "metemos" mil ochocientos metros de desnivel hasta Grand Mulets... contra los mil metros si bajamos a Goûter.

En cualquier caso resulta un descenso largo - 3/5 horas hasta refugios Goûter (3.817m.) o Grand Mulets (3.051m.) -... y necesita mucha atención si se nos echa la niebla encima... ¡del mal tiempo ni hablamos!.


... bajando por el Grand Plateau hacia el refugio Grand Mulets... 1977...
* LOGISTICA.
Estamos hablando de una actividad larga y en altitud... conviene estar bien descansado - comido y bebido -... resulta evidente que el refugio de la Fourche velará nuestro escaso sueño y nos permitirá ahorrarnos el peso del saco de dormir -.
Viajar ligero de equipaje es clave para éstas actividades... llevar lo justo y avanzar rápido; hay que terminar llegando a la cumbre y alcanzando un refugio al otro lado... un desnivel acumulado importante.

El refugio/vivac... ya la denominación nos indica algo... dispone de 10/12 plazas cómodas - rodeados de madera -, colchonetas y mantas... pero... ¡atentos a esto!: he llegado a ver hasta más de 40 alpinistas... y a mi me tocó sentarme en una esquina de la mesa, rodeado de checos, italianos, ingleses, alemanes, suizos y japoneses sonrientes - éstos siempre sonríen... desconozco la razón -.

A media noche sonarán alarmas por doquier... los que van a la arista Kuffner del Mont Maudit, los de la Brenva... y nosotros. Conviene madrugar... ¿madrugar?... curiosas horas.

... vista del Mont Maudit desde el refugio Fourche...
* MATERIAL.
La escalada nunca resultará difícil en exceso, así pues y manteniendo un criterio "moderno" pero ajustado a un mínimo de seguridad, me lanzo a sugerir lo siguiente:

* Pareja de piolet/alpinista (es suficiente con uno... pero resultará más cómodo con dos).
* 1 cuerda 9mm. 60m. (los tramos más comprometidos pueden hacerse a 30m. doble).
* 2 tornillos de hielo (medios).
* 6 anillos+mosquetones.
* 1 jgo. fisureros (medios/grandes).
* 1/2 ancla de nieve "deadman" (recomendable).
* Infiernillo.
* Funda de vivac.

* PELIGROS OBJETIVOS Y CONSIDERACIONES SOBRE LA RUTA.
Solo salir del refugio de la Fourche... tiene su cosa; lo normal será pasar las cuerdas por la barandilla de la terraza y lanzarnos a un par de rápeles - el último hasta el glaciar será desde un bloque que asoma en la pendiente... esto conviene estudiarlo la tarde anterior -... hasta saltar la rimaya que, según años y condiciones, puede ser importante.
También se puede rapelar a unos metros del refugio... desde la brecha a la que hemos llegado durante la aproximación; un bloque triangular con cientos de anillos y cintas, indica el asunto.

Luego... navegar en la noche a la luz de frontales... para alcanzar el Col Moore - otra rimaya... ésta vez en ascenso... que puede ofrecer resistencia -.
Ahora es cuando debemos avanzar rápido... quedamos expuestos a todo lo que caiga desde mil metros más arriba ¡muy importante consultar condiciones de la vertiente Brenva, en la "Maison de la Montagne"!.


Bordearemos los gendarmes rocosos del "Centinela Rojo" - posibilidad de vivac -... y nos introducimos en un corredor muy expuesto... con la única obsesión de abandonarlo a izquierdas - sentido marcha - tan pronto como veamos a nuestro alcance la arista de roca y nieves... que nos protegerá de peligros inquietantes.

Luego de superar éste sector... tendremos por delante la zona clave de la escalada - donde se concentra la mayor dificultad técnica -... y esto será sobre los 4.400 metros de altitud.
Un islote de roca, partido por lineas heladas, donde moverse en torno al IV/V... atlético y duro... o mixto M2+/M3.

Llegaremos a la salida... esquivando seracs hasta las pendientes del Col Major; solo quedará ascender a la cumbre... lejana y larga como un día sin pan - un horario "normal"... desde el Col Moore a la cima... andará entre 6/9h -.
Añadiremos algo más de una hora desde el refugio al Col... que unidas a las 3/5 horas del descenso... da un resultado agotador.

Así recuerdo sensaciones de nuestro viaje por aquellos años:

... tenemos los seracs enfrente... luego ya al Col Major... 1977...

"...estamos solos en el Ghiglione... es medianoche y hace un frío feroz, miles de estrellas brillan como luciérnagas... algunas parpadean.
Destrepamos hasta la rimaya que luego saltamos sin problemas... ahora toca andar sobre una nieve dura, resuena en la oscuridad ése arañar de metales que muerden suelo; me falla la linterna de vez en cuando pero llegamos al Col Moore y comenzamos una subida infinita hasta pasarnos a la arista que defiende el "rognon"... dos largos a mano desnuda que me dejan los dedos insensibles.
Hace rato que la chaqueta de loneta se acartonó... suena como a punto de romperse.
Empieza el amanecer... más frío que antes y solo un ligero calor en el cuerpo mientras no paremos... que paramos, de vez en cuando, cuando falta el aliento.
Ya andando hacia el Col Major nos recibe un sol que devuelve la vida... pero no el aire... que parece escasear más.
"Navales" dice que se quiere quedar a dormir un rato... ¡joder!... éste ha perdido el sentido... le gritamos.
Llegamos a la cumbre, batida por un viento fino y penetrante, una especie de isla desierta... como un montón de arena que lamen nubes bajas.
Ahora toca bajar..."

Chamonix, Julio 1977


... así lo vimos en julio del 77...

Foto Monte Bianco (Davide Scaricabarozzi).

Recuerdos que me envían viejos amigos.

Juan Lupión, al hilo de esta magnífica escalada, también tiene su aventura particular.
Así la cuenta:

Llueve en Chamonix.
Miguel (Vidal) y Carlos (Gallego) han decidido volver  a casa. Yo tengo que quedarme y esperar los días que faltan hasta empezar en la ENSA.

Me instalo en el bosque de la "Pierre d´Ortaz" (Piedra de Ortaz). Solo, en mi tienda, paso el tiempo leyendo y tomando té. Para mantenerme activo procuro mantener la tienda ordenada y seca, lo que no es nada fácil.  
Para que, el agua que chorrea constantemente por el doble techo no inunde el suelo de la tienda, canalizo el agua haciendo unos regatos en dirección a la pendiente. Cuando la capa exterior está muy mojada el inevitable contacto de las dos telas del techo produce goteras. Lo resuelvo metiendo entre las dos capas los brik de leche que voy consumiendo.

No necesito fregar. Solo tengo un cacharro que utilizo en el siguiente orden: primer plato arroz con algo, espagueti o sopa. Después hago té y cuando termino de usarlo lo pongo bajo el chorro de agua que cae del doble techo. Así el cacharro queda limpio. Listo para el próximo uso.
Me gusta esta vida de Robinson que llevo. Al final le acabo cogiendo cariño a mi tienda en un rincón apartado del bosque.

Es preciso tener esperanza. Por oscuros que sean los nubarrones, el buen tiempo siempre vuelve.
Por fin ha dejado de llover. Aprovechando la tregua bajo a Chamonix para comprar comida y de paso usar los baños públicos.
Además, ya que estoy aquí, me puedo pasar por el Alpenstock a tomar una cerveza.
Coincido con unos amigos de Madrid que me dicen que la previsión mejora y tienen planes de subir. Al final me animo y decido organizarme para subir yo también.
Alberto es el marido de la hermana de una amiga mía. No le conocía pero el rato que llevamos charlando me ha causado buena impresión. Me propone alguna vía de la vertiente de la Brenva. Buenos planes los que se hacen alrededor de unas cervezas. Al final nos decidimos por la vía Mayor.

... camping en Chamonix...

Subo corriendo al bosque y recojo mis cosas. Un par de horas después estamos cogiendo el teleférico de la Aiguille du Midi.
El plan es subir al refugio Ghiglione por la tarde, descansar un rato, cenar pronto y dormir unas horas. De esta forma no necesitamos llevar nada mas que el material de escalada.
La Mayor es una vía larga y será cuestión de ir ligeros de equipaje para poder progresar rápido.
Al atardecer estamos instalados en la terraza del refugio, viendo la impresionante vertiente de la Brenva  con sus pilares de roca y sus glaciares suspendidos.
Por encima de la arista de Peuterey, las puntas del pilar del Frêney destellan con las ultimas luces del día.

El Ghiglione no es un refugio para turistas. Está en la cresta que baja del Mont Maudit hacia la Tour Ronde y se accede a él por unas cuerdas fijas.
Es un refugio bonito, puesto en un sitio bonito. Pero lo que mas sorprendente resulta es la ubicación. Se trata de una construcción de aluminio colgada, mitad de la cresta de la Fourche, mitad en el aire y soportada por una estructura metálica.
La vista de los pilares del Freney , el Pilar d´Angle y la arista de Peuterey es impresionante.
En el refugio, por dentro, la chapa de aluminio nos da la impresión de que estamos en un barco. Para acentuar la equívoca sensación, el guarda lo ha decorado colgando unos antiguos salvavidas de las paredes.

A eso de las doce de la noche decidimos ponernos en marcha. Esto, más que madrugar, es trasnochar.
Lo primero será cruzar  el glaciar totalmente plano que tenemos delante para alcanzar el collado Moore.
Al otro lado comienza la vía. Lo que no está claro es por donde bajar del refugio. Tal vez de día  se pueda ver algún camino por donde llegar hasta el glaciar desde la cresta, donde el refugio asoma su terraza al vacío.
  
No son horas de ponerse a buscar. Además tenemos prisa. Así es que como tenemos la cuerda a mano y el arnés puesto hacemos un rapel desde la barandilla de la terraza del refugio.

Iluminados por la luna, vamos cruzando el glaciar en dirección al gran rincón oscuro, a la sombra del pilar de Angle. Esto unido a las esporádicas caídas de hielo, del glaciar suspendido de la Poire, produce una sensación inquietante. 
Afortunadamente pronto alcanzamos nuestra vía, que al ser un espolón nos protege. Hasta el momento no tengo ninguna objeción que hacer a mi nuevo compañero, así es que aunque llevamos la cuerda progresamos los dos a la vez.
A pesar de que es de noche el paisaje es casi tan visible como si fuera de día. Pero obsesionados con nuestra progresión, solo echamos  algún vistazo esporádico y seguimos.
Es preciso subir, seguir subiendo.


Apenas un ligero cambio en la luminosidad, cuando la cima del Mont Blanc comienza a teñirse de rosa. Justo lo que necesitábamos. 
Estamos ante un resalte que destaca imponente, orlado de estalactitas de hielo.
Es el paso clave de la vía, un muro rocoso desplomado que hay que superar, mitad en libre, mitad en artificial para poder continuar por el filo del espolón.

Cuando ayer, mientras contemplaba la enorme pared, le pregunté al guarda como reconocería el camino, me contestó: “Todo seguido, no hay pérdida”. Y era cierto. Una vez aquí las cosas se ven mas claras.

Ahora cuelgo los piolets del arnés y me quito los guantes. No le he preguntado a mi compañero si él quiere pasar delante, pero tácitamente ocupamos cada uno su sitio.

Encaro el pasaje con decisión. Parece que hay diferentes opciones. Por aquí y por allá se ven clavos. De alguno cuelga una cinta, señal evidente de que corresponden a un embarque. Dejándome  llevar por mi instinto sigo una evidente fisura, hasta alcanzar unos techos que amenazan con querer cortar el paso. Y efectivamente eso es lo que hacen pues, cuando llego al primero, una evidente travesía a la derecha me deja otra vez en el hielo.
Cuando sube Alberto no parece encontrarse en buena forma. No sé cuanto habré tardado en resolver el pasaje pero debo haber estado un buen rato. Desde luego frío no he tenido. Pero estamos por encima de los cuatro mil quinientos metros. 

Después de toda la noche sin descanso, en  la prolongada espera, le ha afectado el frío.
Me propone que paremos a hacer un descanso.

Reconozco la sensación del desgaste por cansancio y frío. Sé que si se para ahora, va a ser muy difícil que se vuelva a poner en marcha. Haciendo como que no he  oído, continuo pendiente arriba.  
Ya de lejos me grita que, por lo menos, pare a tope de cuerda para hacer reunión. Precisamente ahora la pendiente es más suave.

 El estado en este grado de cansancio, lleva aparejado un cierto embotamiento mental, así es que no me será difícil engañarle. Simulo hacer reuniones pero cuando alguna ondulación de la pendiente me tapa de su vista continuo. 
Y así una vez y otra hasta que de repente comienzo a oír voces. Estamos en las pendientes próximas a la cima. Entonces me paro y hago una reunión de verdad, desde donde recojo la cuerda. Cuando llega a mi altura parece que el ejercicio le ha hecho entrar en calor.

Mientras recupera el resuello me dice:

"Este ultimo largo tenía, por lo menos, ciento cincuenta o doscientos metros"

Nos echamos a reír. Después de un fuerte abrazo y palmoteos en la espalda seguimos los dos a la vez a paso tranquilo por la suave pendiente que nos lleva a la arista que viene del Mont Blanc du Courmayeur, a través de la cual alcanzamos la cumbre.

Cuando regresamos al valle está lloviendo otra vez. 
Alberto corre en busca de su grupo familiar y yo vuelvo a mi tienda en el bosque.

Hogar dulce hogar.