Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


jueves, 23 de mayo de 2013

Petites Jorasses

Las Petites Jorasses... hermanas menores de la familia... parecen aportar sentimientos amables a todo ése murallón que las Grandes Jorasses  se encargan de protagonizar... con apariencia más seria.

Su primera ascensión, por la vertiente SE italiana, a cargo de Albert Guyard, Henry Devouassoud y Auguste Cupelin, data del 23 de setiembre de 1876 y actualmente sigue utilizándose como ruta normal a la cumbre.

La vertiente francesa... orientada al Norte/Oeste... contiene una de las mejores rutas de escalada en roca, si bien no podríamos considerarla como una Norte estricta... al igual que ocurre con la clásica y deseada Cassin al Piz Badile... pero me resisto a no recomendarla como imprescindible.

... refugio de Leschaux y Petites Jorasses...

Los días 20 y 21 de agosto de 1955... Marcel Bron, Pierre Labrunie y André Contamine... trazan un itinerario histórico en la cara Oeste... al que siempre se denominará "la Contamine", algo más de 700 metros de desnivel en roca franca y agradable.

La ruta... como buena clásica... persigue las debilidades del terreno y solo será necesario dejarse llevar por la intuición, de ahí que sea muy recomendable para todos aquellos que se inician en el terreno alpino y desean mejorar afianzando confianza.

*APROXIMACIÓN.
Se hace necesario recorrer el mismo camino del que ya hemos hablado para las Grandes Jorasses... hasta el refugio de Leschaux... desde aquí la aproximación es evidente y cómoda, en pocos menos de dos horas alcanzaremos la rimaya.

Al ser una ruta muy frecuentada... muchos alpinistas optan por vivaquear en las últimas pedreras antes de entrar al glaciar, con el fin de asegurarse los primeros puestos de salida... aunque no será fácil conseguir la "pool position"... el refugio está cerca y el camino rápido.

*DESCENSO.
Durante décadas el descenso original de las Petites Jorasses pasaba por el lado italiano... vertiente SE... un recorrido largo y no exento de ciertos peligros, hasta el refugio Gervasutti (2.835m.); el mismo recorrido que se inaugurara en 1876 para alcanzar la cumbre y considerado como la ruta clásica normal.

Sin embargo, tras la apertura por Contamine y compañeros de la vía que nos ocupa... localizaron una linea más segura y recomendable... y ésta es la que se utilizó hasta 1990... cuando llegó la "revolución".


Michel Piola y Vincent Sprugli, entre los días 24/31 de julio de 1990, firmaron una de las rutas modernas de la vertiente Oeste en las Petites Jorasses... la llamaron "Anouk", y cae de la cumbre como una plomada... tanto que desde entonces se utiliza como descenso habitual de toda ésta vertiente.

Evidentemente fueron criticados por el uso de taladro para asegurar placas y reuniones... pero lo cierto es que ahora permite escalar cualquier ruta sin cargar botas, piolet y crampones... que pueden dejarse a pie de vía, puesto que allí apareceremos de nuevo tras más de una docena de rápeles de potentes argollas.

En cualquier caso... siempre podremos elegir... allá cada uno con su conciencia.

Si nos decidimos por el método "tradicional"... también encontraremos cambios en el refugio Gervasutti; ya no es aquel caseto de chapa y madera... ahora 250.000€ son los responsables de un refugio con diseño ultra moderno que el CAI (Club Alpino Italiano) encargó a una compañía de arquitectos... algo que viene siendo norma en los Alpes... y que seguramente continuará... cambiando el toque romántico por la tecnología.

... antiguo refugio...

... tecnología punta...
                                                             

* LOGÍSTICA.
Ya hemos comentado sobre la posibilidad de "abandonar" botas, piolet y crampones  en la rimaya... si es que elegimos el descenso en rápeles por la misma vertiente, así pues... lo recomendable sería madrugar y empezar la escalada con las primeras luces del día.

... amaneciendo...

No calentará el sol hasta bien metidos en la escalada, pero bastará con la ropa usual para una vertiente amable... incluyendo una chaqueta exterior ligera... y algún pluma/fibra por si nos pilla la noche - no olvidar frontal -, por supuesto estamos hablando de temporada estival.

La escalada se realiza fácilmente en el día... incluyendo la bajada, pero no siempre todo sale como uno quiere y algún retraso puede ocasionar noche toledana en el descenso.

... otro vivac más para la colección...

 *MATERIAL.
1 Jgo. de Friends (medios).
1 Jgo. de Aliens (o jgo. fisureros).
10/12 Anillos+mosquetones.
Crampones y piolet.


*PELIGROS OBJETIVOS Y CONSIDERACIONES SOBRE LA RUTA.
La rimaya es muy cambiante, según años, y puede sortearse de una zancada o exigir algún rodeo... también puede contactar con la roca a diferentes alturas... por lo que puede darse el caso de estar muy baja y obligar a superar unos metros de granito pulido como el cristal... o viceversa... y colocarnos en buena zona de fisuras.

Los peligros objetivos son más que aceptables para una escalada alpina.

... entrando en calor...

Las primeras tiradas suelen estar húmedas... esto unido al frío mañanero y cercanía del glaciar, nos dejarán las manitas frescas.

Por encima de nuestras cabezas un gran diedro abierto indica el inicio... 200 metros IV+/V+.



Una placa granítica, algo expuesta, nos conduce hacia la zona de techos... que parecen infranqueables pero se solucionan bien... y con magnífico ambiente... IV+/V+.


Sobrepasados los techos continúa un terreno amable... III+/IV... hasta una fisura/chimenea algo penosa... V+.... ya tendremos a la vista una fractura en zona de desplomes, por la que nos internaremos en el centro de la pared.

Aquí existe la posibilidad de elegir entre el itinerario original (más a la izquierda) o éste que acabo de describir - más elegante y directo - ... una tirada en 6A... magnífica y protegible.


A partir de aquí, siempre tirando a izquierdas ascendente... IV/IV+... llegaremos al nevero central - si es que existe -, una zona algo húmeda en cualquier caso... para desde allí... girar bruscamente a derechas por zona de placas... V+... y situarnos en la vertical de un espolón que recorre entre placas y fisuras... IV/V... un camino soleado.



Luego... luego llegaremos a una cresta... antecima de la cumbre que divide Francia e Italia por una afilada arista desde la que disfrutar de las vertientes Norte y Sur... y un panorama, poco habitual, de las cimas que nos rodean.

Metros más abajo de éste punto habremos sobrepasado las primeras argollas - últimas en el ascenso - desde donde se inician los rápeles por la vía "Anouk"... a no ser que la decisión, ya desde el inicio, fuere otra y portáramos lo necesario para bajar al glaciar de Fréboudze.


Una ruta muy recomendable y agradecida... ahora que nos llega el verano y algunos pensarán en los Alpes como destino para seguir soñando... sueños que pueden cumplirse o no... pero ya sabéis que lo importante es el camino, luego ya lo que tenga que ser.

Buena info alpina de Antonio Giani.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Pasión, voluntad y sufrimiento

"En el límite de la tierra de los hombres, erguido en la cumbre,
que embrujó sus noches, el joven alpinista yergue su cuerpo y
su corazón, su alma y sus sueños.
Una región de nieves y rocas se extiende ante él hasta perderse
de vista, en medio del silencio y el misterio del infinito.
Las montañas son un mundo aparte: no parecen una porción
del planeta, sino un reino independiente, insólito y misterioso,
para penetrar en cuyos dominios las únicas armas son 
la voluntad y el amor...."
(Gaston Rebufatt)


Pasión... del latín "Passio"... de nuevo echamos mano del diccionario de la RAE - cosa muy interesante para entender significados - entre las definiciones que indica elegimos "apetito o afición vehemente a algo".

Voluntad... del latín "Voluntas"... "facultad de decidir y ordenar la propia conducta".

Sufrir... "Suffere"... "sentir físicamente un daño, un dolor, una enfermedad o un castigo"... aunque quizá la que más conviene para el asunto que nos interesa... "aguantar, tolerar, soportar".

Podríamos considerar la pasión como el embrión que permitirá al futuro alpinista conseguir los sueños que le acompañarán toda su vida... sin pasión por lo que se hace, tanto en la vida diaria como en el asunto que nos ocupa, todo se reduce a un simple deambular sin caminos definidos... algo así como vivir hasta que todo acabe... sin sentimiento transcendental sobre la propia existencia.

La pasión hace ver las cosas de forma diferente, a pesar de los problemas, y marca una dirección en la que fijarse constantemente... la pasión todo lo puede.

La voluntad... ésa facultad de perseverar en las acciones... resultará imprescindible, tanto como difícil a veces sobrellevar la carga que se nos viene encima... pero estamos aquí porque así lo hemos decidido... queremos ver más allá de lo que la razón dicta.

Y llevará esfuerzo conseguir los sueños.


Aceptar el sufrimiento es vital... cuando llega el momento, puesto que no todo será gozoso, aunque éste siempre ganará en los recorridos largos a aquel; la capacidad de sufrimiento aumenta y mejora con la experiencia... al igual que la voluntad; no tanto la pasión... a la que bastará con permanecer intacta.

Escalar montañas requerirá de actitud y conocimiento... pasión, voluntad y capacidad de sufrimiento... y todo esto ha de aprenderse constantemente, renovando el pensamiento sobre lo que interesa mejorar; es importante entender que el "baremo" sobre las cosas es diferente según el individuo adquiera mayor conocimiento personal... una tormenta furiosa a unos les parecerá el fin y a otros un simple obstáculo a superar... aquí radica la gran diferencia entre los que "entrenan la mente" y los que no "fijan el problema".

Escalar montañas es tan peligroso como gratificante... tan duro como gozoso... tan alegre como triste... tan banal como importante... tan simple como complicado... tan bello como devastador... y todo ello siempre con un compañero al lado.

Para recorrer éste camino se hace necesario pensar y "dialogar" con uno mismo... sincerarse y olvidar triunfalismos constantes; se gana o pierde según entendamos ganar o perder... porque lo que en verdad se puede perder es la vida propia o ajena... esto es lo que está en juego... y esto es lo más importante.

Somos responsables absolutos de lo que ocurra, de nuestras decisiones... para bien o para mal... y de no tenerlo claro poco habremos aprendido.


Ni por un segundo penséis que ésta entrada tiene tintes "heroicos" o negativos... ¡ja!... lo que tiene es el deseo de compartir realidades que deben asumirse... cuarenta años de montañas, donde de todo hubo... por su orden y concierto... donde, a pesar de pérdidas, siempre triunfó la alegría.

Lo cierto es que sigo pensando que no existe nada mejor que colocarse en todo lo alto de un pedazo de nieves y rocas que rozan el cielo.

Escalar montañas, durante muchos años, exige un espíritu libre y un esfuerzo constante para mejorar... no atrincherarse en lo aprendido y salir al encuentro de nuevas opciones... insistir en lo bueno que nos va bien y cambiar lo que no tanto; aún así nada será seguro y así debe entenderse... esto quizá viene a cuento de las últimas pérdidas de alpinistas, gentes con experiencia, que lanzaron los dados contra el tapete verde de juego... y no pudieron ganar la partida.

El juego se gana siempre al regreso... con cumbre o sin ella; lo importante es el camino.

La magnífica frase que encabeza ésta entrada, de Gaston Rebufatt - el guía del jersey bonito - nos introduce en  el espacio que nos espera... sus palabras son la esencia del alpinismo.

martes, 7 de mayo de 2013

Recuerdos de un guarda

Conocí a Nacho poco antes de la expedición Chacraraju 78... lo cierto es que no hemos escalado juntos tantas veces como nos hubiera gustado - eso al menos supongo yo - como si aquella cumbre andina nos hubiera saciado de alegrías y esfuerzos conjuntos; esto de luchar por un sueño une mucho... a pesar de los avatares que separen.

Le he pedido un relato de sus recuerdos como guarda en el refugio Elola... y nada más recibirlo me salta el corazón por los momentos personales que me despierta; Nacho pertenece a la segunda tanda de "refugieros" que acompañamos a Miguel Ángel en aquella aventura por Gredos.

Recuerdo a Teresa, madre de Miguel, una mujer espléndida y siempre dispuesta a ayudar... y a Rafita, espigado como un junco ribereño.

A Nacho no le recuerdo enfadado - si alguien lo consiguió seguro fue cosa mía - tampoco negándose a algo... más bien dejándose llevar por los amigos y lo que la vida ofrezca; un buen escalador al que no asusta lo incierto y gusta de los espacios abiertos; dicharachero y algo bohemio... navega con pausa y entona canciones con su vieja guitarra; expresivo en los gestos y sempiterno bigote.
Magnífico fotógrafo... de los que disparan bajo la tormenta o el frío hiriente - a él le debemos una buena parte de las imágenes del Chacraraju -.

Estos son sus recuerdos:

"Cuando en la primavera de 1984 Miguel Ángel Vidal, me ofreció  trabajar con él atendiendo el refugio donde era guarda, no me lo pensé dos veces, llevaba más de cinco años viviendo en Londres y era una oportunidad de volver a España, al menos por un verano.

Lo primero que recuerdo de mi trabajo como "mesonero", fueron los preparativos para acondicionar las instalaciones de cara al verano; las mantas al río para quitarlas el polvo del invierno, encalar las habitaciones, hubo que "cazar" los dos caballos que llevaban sueltos  por el monte siete meses, Careto el primer día y Lazano al segundo, aprender a montarlos en serio y conocerlos.

En una ocasión, de esto hacía un par de años, fui con Miguel a coger los caballos por la mañana, él le quitó la manea al Lazano se agarró a las crines y de un salto se montó a lo indio, a mi me tocaba el Careto, un caballo grande mezcla de percherón, salté pero me quedé corto, ¡diablos era alto!, lo repetí con más fuerzas pero, a falta de "asas", me escurrí por el lado contrario dando con mis huesos en el suelo, Careto me miró displicente  -menudo pardillo, parecía decir - , Miguel Ángel lo sujetó junto a una piedra a modo de escalón y me subí como un señoritingo.
  
Como cambiaron las cosas, con ellos empezamos a sacar basura hacia la plataforma y comenzaron los porteos de abastecimiento para el verano.

... Nacho y su hija Zaniah montando a Careto... el perro Rupal al tanto...

Durante esos primeros días era como vivir en un sueño, desde el centro de Londres había pasado a estar "perdido" por las montañas.

Era principio de junio y prácticamente estábamos solos en el circo; apareció una pareja de holandeses en la terraza, estaban dispuestos a contratar un guía para ascender al Almanzor y esa fue la primera vez que trabajé, en lo que hasta entonces había sido mi afición, el siguiente paso consistió en pasar a formar parte de la compañía de guías local.

Las tareas de refugieros nos llevaron a comprar en una tienda de comida al por mayor, llenamos cuatro plataformas/carro;  después de un buen rato dándole a la calculadora, la cajera comentó , -"¿no habrá problemas de dinero?"- .
Con el coche de Miguel arrastrando un carro y mi furgo nos plantamos en la plataforma, donde con cinco caballos y en dos viajes conseguimos subir todo al refugio a última hora del día.

Durante los tres años que trabajé como guarda una de mis tareas principales fue la de arriero, ¡como pesan cuando hay que sujetarles las patas para herrarlos!.
  
En una ocasión salí de la plataforma a las 9 p.m. con nuestros dos caballos hasta arriba de comida variada, en la subida a los Barrerones al Careto se le voltearon las alforjas sin que lo pudiera ver y se puso a dar saltos hasta desparramar toda la carga, llegué a la 1 a.m. al refu; menos mal que Teresa, la cocinera, me esperaba para darme la cena.

Los currantes que éramos cinco o seis, nos tratábamos como una familia.

... Nacho, Teresa, Miguel Ángel y su madre Teresa, Rafa Gómez Menor...

Me levantaba a las 6 a.m. para estar a las 9 a.m. en la panadería, el panadero me colaba y si alguna clienta ponía mala cara le decía que yo venía desde la laguna.
Para soportar mejor las solaneras del camino usaba una especie de poncho/minifaldero de tela blanca, solo cosida a la altura de las caderas, para que el fresco me entrara por los costados o los muslos; como tocado, un gorro de tenis con un pañuelo extra para tapar el cuello y completaban el vestuario unas botas de verano. 

Resultaba curioso escuchar los comentarios de las mujeres, pero más aún la licencia de alguna conocida, que me levantó las faldas para comprobar que no usaba pantalones cortos.

A medio día con los caballos atendidos, ya me metía como pinche en la cocina; hasta 146 comidas dimos una jornada, incluyendo los chavales de un campamento. 
Aprendí a manejarme con las cazuelas y las sartenes; a las cinco el refugio quedaba recogido y muchas tardes podíamos irnos a escalar a las paredes cercanas.  

Después de cinco años en el dique seco escalatorio, fue la mayor liberación el volver a la verticalidad, el vacío y a unos minutos del curre/casa.
A destacar la apertura de la Vía de los Guardas, en la zona del Escudo, una ruta de cinco largos donde en cada tirada nos salió algún paso de VIº. Los dos primeros los aseguramos desde arriba, pero los demás fueron abiertos a medida que ascendíamos. 

Recuerdo dos pasos, una muesca de 2cm en una placa lisa, para el canto de la bota que nos ahorró un posible A0 y otro, muy extraplomado, que cuando soltabas la mano de abajo, te quedabas colgando solo de la mano de arriba y el único sitio para los pies era donde se agarraban las manos.

... rescatando cabras...

Al refugio iban a pedir ayuda una cabra atrapada, alguien perdido o enriscado, pero el verano en ese aspecto era tranquilo. 
Si el ambiente del refugio se volvía pesado, siempre se podía ir a vivaquear a las lanchas; incluso una vez me subí a dormir a la cumbre del Almanzor.

A finales de septiembre había un bajón en las visitas, lo que nos facilitaba las tareas de aprovisionar la despensa y para después del puente del Pilar el refugio ya solo se abría los fines de semana; entonces comenzaba la rutina invernal, puerta blindada, vaciado de tuberías, limpieza de nieve, vigilar la laguna para poder cruzarla o escucharla cantar cuando, por el frío, se salía de su espacio rompiéndose el hielo y dando preciosas notas musicales.

Con el frío aparecían otro tipo de personajes, esquiadores, escaladores de hielo y siempre el grupo de los que querían ascender el Almanzor.
Subía el viernes, a veces a la luz de la Luna, y regresaba el domingo, pero algunas ocasiones nos quedamos entre semana. 

En una de esas abrimos Aurora Boreal, la línea de hielo más larga del Cuchillar de las Navajas; recuerdo dos pasos críticos, el 1º fue una estrecha línea de hielo casi vertical que,  para no romperla, pasamos agarrándola con las manos; el otro fue un extraplomo formado por una chorrera de carámbanos que me obligó a estirarme para poder pinchar por fuera.

... vía "González/Arbós" a los Techos Amarillos...

Abrimos varias cascadas en el Circo, pero recuerdo una primera invernal en especial, los Techos Amarillos; después de los cuatro techos había una cortina de estalactitas heladas, Miguel las rompió. Colgando de los estribos, nos pusimos los crampones, sacamos la cabeza a la pendiente y agarrado con una mano al mosquetón del estribo, pinchar el piolet en el hielo superior, colgar de él el otro estribo, pinchar el 2º piolet, cambiarse de estribo, recuperar el estribo trasero, volver a pinchar el 2º ya estirándome y colgarse de él, para entrar con los crampones en el hielo.

Carlos me ha pedido recordar y ahora tengo que parar dejándome en el tintero decenas de momentos, el “Monstruo” del Circo de Gredos y el miedo generalizado; el rescate del que estaba con el agua hasta el "pito", la cabra modorra, el record de subir y bajar al Almanzor, la Vía de la Tripas, el fuego en los Barrerones, cuando se rompió el nevero de la Canal de la Mina, un tremendo diluvio con mi hija y yo solos en el Circo, etc. etc."


Un saludo a todos.
Ignacio