Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


sábado, 26 de enero de 2013

Intentos al Cervino

Si algún alpinista "clasicorro", de los que trasteáis por aquí, necesita de alguien que le asegure una retirada... algo digna... de la cara norte del Cervino... ése soy yo.
Sin duda alguna.


Poseo casi todas las posibilidades... verano e invierno... sin comenzar y a punto de hacerlo - desde el camino al refugio y también el refugio - desde el glaciar de entrada y los primeros metros del planchón inicial... también desde lo alto del planchón y algo más allá.
Sin olvidar desde el diedro y algo más arriba.

Total... menos completar la escalada... conozco la forma de bajarse de allí... sin pasar por cumbre.

La cara norte del Cervino y yo... buen título a lo Juan Ramón Jiménez... tenemos una relación, cuanto menos "interesante".

A veces... sueño que me toca el último largo... me trinco a la cruz que corona éste montón de escombros tan bien colocado... y grito al compañero... ¡cumbreeee!.

... ¿otra vez de retirada?... machote...

Todo empezó allá por el 79... un verano haciendo cola en la taquilla del teleférico, en Zermatt, a punto de que la operadora tecleara que dos españolitos querían subir a la estación superior de Schwarzsee... ¡zas!... las enormes nubes negras que se sostenían sobre nuestras cabezas... descargaron un trallazo y se cortó la luz; seguro que fue un presagio... y salimos  de allí escopeteados... directos al bar.

En años posteriores siempre sería el invierno la estación elegida... ya no eran las cosas como antes y aquella "escombrera maravillosa" solo ofrecía ciertas garantías cuando todo estaba sujeto por los hielos invernales.

... preparando viaje con algunos amigos que tuve la fortuna de conocer...

A finales de los 80 tuvimos dos intentos... uno abortado en la rimaya, aquello era un paquetón de azúcar... y otro, al contrario, tras superar el planchón en un hielo vítreo que nos hizo pensar en que se avecinaban vivaques a destajo.

Salimos de allí con un magnífico día.





A principios de los 90 hubo más oportunidades; la primera se convirtió en una odisea... cuando nos alcanzó una tormenta, en compañía de unos checos que decidieron huir hacia la arista que lleva al refugio Solvay... y nosotros, tranquilamente y dominando la situación, empezamos a rapelar por la cara norte.


Utilizamos todo lo aprendido... clavos y puentes de roca... "abalakov" y tornillos... incluyendo setas de nieve al final.



Todo fue perfecto hasta que, envueltos en la ventisca, traspasamos lo que creíamos era la rimaya... y empezamos a destrepar una pala de nieve que intuíamos nos llevaría dulcemente al glaciar.
Pero no fue así... la montaña es aprendizaje continuo y no todo es lo que parece.

Resultó que la vertical de las cuerdas nos llevó bastante más a la derecha de la entrada que iniciáramos en la madrugada... y ocurrió que nos encontramos con dos rimayas más... que no vimos ni se nos ocurrió pensar existieran; desde arriba no se mira igual... y se hace necesario escuchar las señales.


Todos atados... todos destrepando la pala de nieve, cara a la pared, y ¡zas!... de repente coloqué un pie en el aire justo para ver... con el subidón de adrenalina y ya volando... la bóveda azul celeste que se abría ante mí.
Un tirón... un parón... y otro tirón que me llevó al suelo.

Luego... llegaron los compañeros... que se estrellaban a mi lado, envueltos entre las cuerdas y espolvoreados de blanco.
El último, claro está, recorrió más metros... y jamás le preguntamos que sintió... solo que salió perjudicado y hubo que empezar a navegar... ya en noche cerrada, ventisca y cuerpos acorazados de hielo... para encontrar el regreso al refugio Hornli.

Tanteando grietas escondidas... uno cargado con la mochila del compañero y otro adivinando un camino imposible... ayudándole a mantenerse en pie; con calma justa... logramos, muchas horas después y casi al amanecer... colocarle junto a la estufa de leña del refugio.


Algo indicaba que quizá tuviera un pulmón perforado por alguna costilla... y la tormenta seguía.

Allí... en la cocina... había un teléfono, así pues... descolgué y marqué un número de alguien que anunciaba, en un panel de corcho, algo que se me antojó traducir como "vuelos panorámicos en avioneta"... ¡zas!... siempre hay gente dispuesta a cualquier hora; parloteo en inglés que tenemos un problema y estamos en el refugio Hornli... me contestan algo que no entiendo... y cuelgan.



Pocos minutos después casi nos rompe el corazón un fantástico sonido... ¡riiiingggg!... ¡joder!... el servicio de rescate suizo me pasa con un doctor, de perfecto inglés, que me hace preguntas... que debo repetir al herido... y así... quedamos en esperar un tiempo para que el helicóptero pueda volar, siempre y cuando no veamos empeorar la cosa y entonces... entonces, sea cual fueren las condiciones, saldrá un grupo desde Zermatt a pie... me dice que le calculan unas ocho horas llegar hasta nosotros.
Me dan un número para que avise de cualquier problema... en cualquier momento y con cualquier cambio.
Así me gustan a mí los tíos.

Un par de días más tarde nos despierta ése sonido que alegra el corazón y apenas asomados a la ventana... nos llegan los "fabulosos" olores a keroseno.





Al año siguiente... y quizá la mejor oportunidad que tuve para completar la norte del Cervino... repetí con éste compañero... y volvimos a encontrarnos con los checos, tan perseverantes como nosotros, alegres y de material escaso... gente dura como el acero.

Pero no pudo ser y de nuevo rapelamos por el ya conocido itinerario del año anterior... eso sí... traspasamos las tres rimayas sin contratiempos.

Y de nuevo... a mediados de los noventa... tuvimos dos intentos más, abortado uno en el camino de acceso al refugio, donde hubo que cavar una cueva y aguantar un temporal violento ¡joder... en un camino!;  y otro en el mismo refugio... donde pasamos tres días a la espera de mejoría del tiempo... ¡ah!... y sin estufa de leña: dos dedos de hielo en las paredes de la cocina... sin saco y aplastados por el peso de todas las mantas que por allí encontramos.

Pero cumplimos una promesa... lanzar a los vientos del Cervino las cenizas de un amigo desaparecido... Gaspar Muñoz, por expreso deseo de su compañera.


Cosas del destino... ésa misma semana hubiéramos salido hacia Zermatt... dispuestos a ganar la batalla... y yo seguro de triunfar con tan magnífico ejemplar.

Gaspar navega libre por las montañas que siempre amó... y yo estoy seguro que volveré, aunque solo sea por sentirle más cerca.



domingo, 20 de enero de 2013

Circo de Gredos... años 80

"El folio en blanco y la pared virgen causan el mismo vértigo"... así detallaba Alfredo Íñiguez, gran escalador y magnífico autor de relatos de montaña, el desasosiego que supone rellenar una cuartilla con las palabras adecuadas.

Ya no está entre nosotros pero las escaladas por sus queridas tierras de Picos de Europa... y su maestría con la pluma... nos acompañarán siempre con el legado que nos dejó.

Algo así siento yo, en éste momento, cuando me propongo relatar recuerdos "gredenses"... de una época en que todo era diferente, ni mejor ni peor, simplemente diferente... porque la mirada "ve" cosas con tonos cambiantes según transcurre el tiempo que nos toca.

... refugio Elola...

Recuerdo los años 80 por el Circo de Gredos como la exploración continua. Tras un parón de nuevas actividades tras el heroico periodo de los años 40/70... donde gentes valientes y duras como el acero... ascendieron y escalaron las grandes clásicas, parece que el tiempo se detuvo por alguna década a la espera de nueva sangre que oxigenara el corazón de aquellas tierras.

... veranos...

Tras la expedición Chacraraju... en el 78... Miguel Ángel Vidal decidió enfocar su vida a la "guardería" del refugio Elola en la laguna grande del circo de Gredos... y un par de años más tarde, cosas del destino, retomamos una amistad que por un tiempo quedó varada en una playa desierta.

Por aquel entonces y con apenas 24 años cumplidos... la pasión no conocía límite, igual que ahora... pero más pausada.
... explorando...

Así pues juntamos esfuerzos y Miguel me ofreció la posibilidad de acompañarle en éste nuevo viaje... el sueño de vivir en la montaña... y ganarse la vida con ello... acompañados por amigos que siempre fueron bien recibidos.

... siempre compañía...

Tardamos poco en organizar lo que sería la primera compañía de guías en Gredos - por aquel entonces no existía en España organismo alguno que reconociera oficialmente ésa posibilidad... y todo quedaba en un oficio no reconocido - la llamamos CIGAM (Compañía Internacional de Guías de Alta Montaña)... ¡total nada!... ya puestos pues a por todas.


Lo cierto es que tuvimos clientes con los que ascendimos a los picos más emblemáticos, así como escaladas a las vías clásicas... también cursos de iniciación, perfeccionamiento y técnicas invernales; incluso un campamento organizado por un Ayuntamiento madrileño... con chavales entre 10 y 15 años, algo inaudito en un paraje similar y que ahora se me antoja atrevido en exceso, eso sí, siempre con un seguro de accidentes obligatorio... poco más podíamos hacer.

... cliente entusiasta... norteamericana de 75 años... un encanto de mujer...

Pero éste no sería el único trabajo... el refugio permanecía abierto durante los meses de verano y los fines de semana en invierno... cualesquiera fueran las condiciones... y esto requería esfuerzos adicionales.

Abastecer aquel lugar de encuentro en el circo de Gredos suponía, igual que en la actualidad, un trasiego constante de caballerías... en muchas ocasiones dos viajes diarios... siempre aprovechando las subidas para agarrarnos a la cola de los potentes percherones montañeses - Careto y Lazano - que tiraban de nosotros y la carga sin esfuerzo aparente... aunque precio había que pagar con las ventosidades que nos obsequiaban.

Pero primero, tras un invierno en libertad por los prados de la plataforma del circo de Gredos, hasta más allá de las laderas del cerro Pelucas... había que encontrar a Careto y Lazano, libres como el viento durante meses, y que ahora les llegaba el turno de trabajar.
Aquello siempre fue una odisea en la que, en alguna ocasión nos costó dos días localizar su rastro y luego... luego "domarlos" de nuevo para la temporada... arrinconándolos entre piedras hasta conseguir colocarles la cabezada, muy a su pesar, y empezar la temporada de trabajo.

De aquellos años recuerdo vivamente las extrañas cargas que tuvimos que acomodar en los animales, siempre mirando extrañados aquellos bultos raros... cocina industrial, neveras, mobiliario... y sobretodo... dos tandas de mangueras - de a casi 100 metros cada una - que nos llevó siete horas de trasiego depositar en la laguna... mientras los caballos emprendían carreras para deshacerse de aquel engendro.

... canalizando aguas...

A nuestras chicas, que decidieron acompañarnos en ésta etapa, las dejamos el trabajo de la cocina... entre enormes perolas de macarrones, despacho de bocadillos y bebidas a los turistas de verano.

Sin olvidar lo que por aquel entonces se convertía en una actividad en auge en la temporada invernal... el esquí de travesía... siempre organizado por Clubes y Federaciones... algo que conseguía un trasiego constante por aquellos parajes nevados.
De esto también se encargaban las chicas... devanándose la cabeza en ofrecer un menú de tres platos ¡hasta con tres elecciones por cada uno!... tremendo.

Luego... llegaba el día en que nos sentábamos a la terraza del refugio... con un buen cafetito... mientras las "ordas" se retiraban Barrerones arriba... ése placer jamás tuvo contrario.

... café y cigarrito...

Pero nosotros seguíamos allí... viviendo de fijo, durante meses, inmersos en un entorno a veces solitario y otras abarrotado... y que los chicos aprovechábamos cuando, en tardes plácidas de verano, nos dedicábamos a abrir vías por el Circo de Gredos... mientras la vida se acomodaba en las praderas de la laguna... tardes de luces cálidas y serenas que todavía me ofrecen paz infinita.

Pero también había periodos de incertidumbre... cuando Gredos decidía mandar tormentas que no permitían salir del refugio durante días... y las aguas de la laguna rodeaban el refugio hasta las escaleras... mientras rugían violentas y furiosas... sin permitir "pegar ojo" durante la noche.

... placidez...

Había trabajo por hacer... extender tuberías y protegerlas de las heladas hasta la "presa" que abasteciera el refugio... acondicionar una ducha solar donde desprenderse de miserias... acondicionar empedrado que facilitara el paso de caballerías... reparar el paso del cable que, en el último tramo de la laguna, permitía un paso elevado cuando las aguas superaban el cauce normal... y, claro está que a ratos libres, blocar en los pedruscos cercanos... ni se os ocurra pensar que eso del "boulder" es nuevo.

... blocando...

Y también intentábamos "pasos imposibles" con cuerda por arriba... lo que se llama "top rope"...

... top rope...

Nos llevó meses resolver el "paso del agua"... un cascote justo detrás del refugio y con arroyo a sus pies... que primero consiguió Miguel... y que a mí me costó algo más... pero siempre perseverando; una espléndida mañana de agosto... me levanté temprano antes de comenzar la jornada de transportes... bebí un trago directamente del arroyo, limpio y puro por aquellos años... y ¡zas!... me coloqué en todo lo alto de aquel pedrusco.
El cascote sigue allí... por si alguien quiere reconocerlo.

... "paso del agua"...

De aquellos años quedaron rutas en roca como "Los Abulenses", "Los Ajos", "Chogori"... en las paredes enfrente del refugio... y claro está... las invernales de "Alta Tensión", "Espada de Damocles", "Fantasmas"... y cientos de repeticiones de otras que, en temporadas posteriores, tardaron años en formarse... porque, es que antes nevaba más y ahora la cosa queda más dispersa.

... entrando a "Alta Tensión"... en condiciones justitas...

Invierno o verano... recorríamos parajes olvidados... el Gutre, Hoya de las Berzas, Cinco Lagunas, el Callejón de los Lobos, El Picorucho, los Riscos del Francés o el Durazno... nombres tan lejanos como el esfuerzo para alcanzarlos.

Tan lejanas fueron algunas escaladas... que solo recuerdo momentos y cumbres... algún sudor frío por pasos expuestos y difícilmente trazados a seguir. Solo quedará el testigo de los volúmenes del libro de refugio, donde anotábamos vivencias y dibujos de rápido trazo.

... apertura "Alta Tensión"..

... intento fallido a "Elegía"...

... el Escudo... hacia el "Último Tercio"...

... cascada de "Último tercio"...

De aquellos años guardo recuerdos imborrables... momentos sublimes y otros tristes, cuando los rescates de alpinistas accidentados se convertían en odiseas de vida o muerte... cuando solo el esfuerzo de los presentes representaba una oportunidad para el herido... solos y decidiendo que hacer, si realizar un traslado en plena ventisca nocturna o esperar al amanecer, quizá para morir en una mesa del comedor cercana a la estufa de serrín o durante un transporte desesperado... y cambiando de hombros una camilla de barras de acero... hora tras hora... enterrados hasta la cintura en nieves profundas hasta llegar a una plataforma desolada y batida por vientos.

A veces... llegaban hasta nosotros un esforzado grupo de guardias civiles, ante nuestra desesperada llamada por la emisora... en plena noche, con capa y mosquete, dispuestos a lo que hiciera falta... ¡joder!... como cambia la vida.

Desde aquí... un homenaje a las viejas y nuevas generaciones de entusiastas guardias civiles de montaña... ahora más dotadas y preparadas... en los que podréis confiar... gente que siempre acompañó a los montañeros en momentos difíciles... sin rechistar.

Pero... no os pongáis tristes... la vida sigue y siempre es bella... solo será necesario aprender y mejorar... jamás dejarse llevar por la ignorancia.


lunes, 14 de enero de 2013

Pique Longue (Vignemale)

Fue un verano tormentoso... un mes de julio a principios de los 70.

Llevábamos un tiempo algo revueltos y ya "envenenados" por la montaña... nos rondaba la idea de conocer un glaciar. Bueno... pisar un glaciar en aquellos años, para unos muchachos que solo lo vieron en fotografías... podría compararse con el primer beso furtivo que mariposea el estómago; esto puede sonar "cursi" ahora... pero en su momento sería un impensable 7A bien puesto, con seguros lejanos.

Así pues... conseguimos unos días para perdernos por el Pirineo... montañas de verdad con las que soñábamos constantemente.

No podía ser de otra manera... tren a Zaragoza y cambio al "canfranero" hasta Sabiñáñigo... luego, horas de espera al borde de la carretera suplicando un conductor que nos acercara a Torla, pero siempre hubo gente dispuesta y, por fin, alcanzamos el corazón del Pirineo... ya estábamos en marcha.

Sentados en el bordillo de una acera de la plaza... aparecen un grupo de colegialas francesas, faldas tableadas, camisa y calcetines blancos... zapatos cerrados de medio tacón... espléndidamente espléndidas. Dominicano "Canito"... mi colega de ésta aventura... se olvida de mi presencia y se lanza al grupo de muchachas a entablar conversación... con un francés que no domina... ni falta que le hace.

Apenas recorre dos pasos cuando, con gesto decidido pero cortés, una monja en hábito negro y amplio tocado de blancas alas anchas... manos fuertes, empuñando un bastón inquietante a un lado... y al otro... un montón de rosquillas ensartadas en un junco... le ataja el camino emprendido.
-¡Con la Iglesia hemos topado!- masculla Canito.
Las muchachas cuchichean entre ellas... lozanas, sonrientes y lanzando miradas a los españolitos... mientras la monja reconduce el rebaño a lugar seguro.

A las afueras de Torla encontramos un buen lugar para pasar la noche... mañana tendremos camino que recorrer, largo y en ascenso infinito.

Amanece fresco y despejado... suficiente para emprender la marcha con unas galletas en el estómago... se avecinan días de hambre, bueno... lo normal.


Apenas llegados al puente de los Navarros... de basta sillería, rodado... románico y romántico, nos da el alto la patrulla de frontera.

-Documentación.- exige un guardia civil de gesto duro y mirada franca.
-Yo tengo permiso de mis padres.- me apresuro a mostrar una autorización.

Ni se os ocurra pensar que por aquel entonces era fácil traspasar fronteras para un menor de edad.

El guardia civil, con tricornio negro y brillante... echa mano a un pequeño morral de cuero; lleva la capa doblada sobre un hombro y de allí cuelga un mosquete de cerrojo.

Su compañero, a medio sentar en la escasa baranda  del puente... anda liándose un cigarrillo mientras nos mira algo extrañado y sonriente.

-Vamos a escalar al Vignemale... ¿queda mucho para Francia?.- apostilla "Canito".
El guardia civil alzó la vista... le miró... y se volvió hacia su compañero.
-¿Has oído?... dice el chaval que si queda mucho para Francia.- sonrió y anotó algo en una pequeña libreta.
-¿Por cuantos días?.- preguntó sin alzar la vista de los papeles.
-Cinco o seis días.- respondí yo, algo más relajado.- Volveremos por el mismo camino.
-Espero que volváis.- contestó con autoridad.- Que no tengamos que buscaros.

Nos devolvió los papeles e hizo gesto de que continuáramos el camino.
-¡Dad recuerdos a la República!.- gritó, alzando la mano a modo de saludo.

Atravesamos la pequeña aldea de Bujaruelo... entre ruinas de alguna ermita y algo parecido a lo que fue un refugio de peregrinos... mientras el valle se abre, serpenteando siempre hacia arriba... lentamente y sin fin cercano.
Aquel valle, antiguo paso de contrabandistas y gentes huidas... pastores y algún que otro viajero, se mantenía sin vida aparente... como siempre... aunque seguramente no continuaría así décadas después.

Seis horas de marcha nos colocaron en el paso de Mulets... un collado desde el que ya entramos en el circo norte del Vignemale... con su refugio de las Oulettes presidiendo un espectáculo que se nos antoja estremecedor.


De nuevo... apenas amanecido... emprendemos camino al objetivo... la norte clásica de la Pique Longue, una ruta histórica y que será nuestro bautismo de fuego en la alta montaña... la reseña se presenta amable, pero una cosa es ver un gigante y otra, bien diferente... ponerse a sus pies.

Entramos en un reino nuevo... un pequeño glaciar en retroceso, negro y sucio... como una seta luchando por sobresalir entre un pasto seco y caído; pero sería el primer glaciar de nuestra vida... entre los cientos de glaciares que conoceríamos años después... entre los cientos de glaciares donde dejaríamos nuestra huella y nuestro esfuerzo... pero éste, éste era especial.

Buscamos nuestro camino entre grietas abiertas y profundas... un laberinto que resolvemos sin contratiempos.

... formaciones "imposibles" en el glaciar...


El peso de la historia nos aplasta sin piedad... y bajo el couloir de Gaube localizamos la entrada... un filón de ofita verde, espléndido y bien definido.

Resuenan ecos de piedras golpeando piedras... hielos milenarios que desgarran sonidos inquietantes y un constante halo frío que proviene de las tripas del glaciar... ufff... o mantenemos el tipo o salimos corriendo.

Media docena de clavos, un par de tacos de madera y cordinos en bandolera serán nuestros anclajes a la tierra... con dos cuerdas de 40 metros... y pasión a espuertas.


Escalamos durante horas hasta que alcanzamos la travesía de los esquistos rojos... eso, al menos, dice la pequeña guia Vallot de "Canito"... y entonces... una inmensa nube algodonosa se desprende de la cumbre... nos arrasa y comienza una granizada de espanto... ¡joder!... pero si ésta vía la abrieron en 1933... unos tales R. Belloq y H. Barrio... en cuatro horitas y sin clavos... según esto deberíamos estar ya de vuelta con los guardias civiles, allá por el puente de los Navarros.


Nos alcanza la noche y la tormenta arrecia... "Canito" tiene una caída a mitad de la travesía... se queda colgando de un clavo que colocó; apenas puedo verle tras la cortina de granizo que resbala por la pared como en un tejado de pizarra... mientras le paro "a la española" y sin reunión segura... me da por pensar que no salimos de aquí.

Las chaquetillas de loneta no pueden absorber más agua... al igual que los bávaros de pana, encargados de traspasar sobrante a las medias y de ahí... directo a las botas que rebosan por la caña.

Pero salimos... a la arista de Gaube... mientras los rayos y el granizo nos asedian constantemente. Por supuesto desistimos de llegar a cumbre y empezamos a destrepar... sin linterna... buscando el filo de la arista siempre hacia abajo.

En una de éstas... "Canito" desaparece vertiente norte... mientras le espero a ver si encuentra un paso que nos permita seguir... ¡joder!... pasa un tiempo hasta que intuyo unas manazas que se agarran al filo de la roca donde me encuentro... sinceramente pensé que se despeñó.
Iluminados por rayos violentos y golpeados por granizos que hieren... tratamos de tranquilizarnos unos minutos antes de continuar.

Por fin encontramos trazos de paso... entre destrepes, algún corto rápel y pequeñas veredas que nos llevan hasta el collado de Mulets... y de ahí al refugio de Oulettes.

Sangramos como cochinos... manos, cara y piernas... que el granizo y los golpes a oscuras se han encargado de marcar unos cuerpos agotados.

Abrimos la puerta del refugio... de sopetón... y los allí presentes callan de golpe la charla que se traen... el guarda nos mira y comenta que ya estaba dispuesto a llamar al helicóptero tan pronto amaneciera... nos ofrece sopa y una litera apartada del resto.

Unos franceses se ofrecen a limpiar heridas... y a todos se les enfría la cena... siempre hubo gente dispuesta.

Dormiremos hasta más allá del mediodía.


Al día siguiente deshacemos el camino andado... y llegamos a Bujaruelo a última hora de la tarde. En la primera casa donde cuelga un cartel que reza "Fonda"... entramos y nos recibe una mujer.. con delantal casero, poderosas manos y limpios ojos azules.

-¿Será posible comer algo?.- preguntamos.
-Lo que tengo en casa... algo de carne, huevos, chorizo...- nos responde.
-Pues eso.
-Voy a la cocina.

Mientras vaciamos la jarra de vino que nos dejó en la mesa... comienzan los magníficos sonidos de una cocina de leña... avivar el fuego, sartenes de hierro, cucharones de palo y aceites hirviendo.
Un chuletón, un huevo, un chorizo y patatas fritas en cantidad importante después... volvemos a llamar a la mujer que acude solícita y algo preocupada...

-¿Quizá es poca ración para mozos montañeros?. 
-No, señora... es que llevamos días sin comer bien. ¿Es posible que nos prepare lo mismo?.

Dicho y hecho... así da gusto... ésta mujer vale un potosí.
Ya con el aceite caliente... aquello es rápido... y la vemos venir sonriente y satisfecha .. con una bandeja donde todo es el doble de lo anterior...

-Voy a por el otro plato.-

¿Otro plato?... bueno... nos educaron para no hacer feos en casa ajena... y así... tranquilamente pero sin pausa nos apretamos la ración correspondiente, con el resto de la hogaza de pan y otra jarra de vino.

Pagamos y nos despedimos, algo mareados... no sin antes aquella mujer que debió cogernos cariño... nos plantara dos besos sonoros y un ¡Cuidaros!... que nos supo a gloria.

La vida es bella.


jueves, 10 de enero de 2013

Droites

Las Droites forman parte de un impresionante espinazo que parece delimitar perfectamente los dos grandes ríos helados que recorren... al Norte y Sur... ésta fantástica muralla. Por un lado... el glaciar de Argentière y al otro la Mer de Glace.

Todas las grandes paredes que se levantan... más intimidantes en su orientación norte, tienen entidad propia... aunque en la lejanía pudiera parecernos que pertenecen a la misma cresta que se inicia en la Aig. Verte, Droites, Courtes y Triolet... cerrando el circo glaciar por la vertiente de Argentière y las Grandes Jorasses por la Mer de Glace.


Las Droites tienen dos cumbres bien diferenciadas por una cresta que, en su punto medio, quedan separadas por una brecha de menor altitud (3.944m.)... por cierto... actividad ésta poco frecuentada pero de un ambiente alpino inigualable.

La cumbre Este (4.000m.) fue ascendida, por su vertiente Sur, el 7 de agosto de 1876... H. Cordier, J. Oakley Maund, A. Maurer, Johann Jaun y Thomas Middlemore.
Actualmente es uno de los itinerarios de descenso más seguros y utilizados por los que llegan a dicha cima.

La cumbre Oeste (3.984m.) y el itinerario actual de "ruta normal"... también en la vertiente Sur... fue curiosamente inaugurado durante el descenso de la travesía entre cumbres... el 15 de agosto de 1905 por E. Fontaine, L. Tournier y Jean Ravanel. 
Sin embargo ya se realizó el 17 de agosto de 1904 la travesía de las cumbres de Este a Oeste... a cargo de L Distel y H. Pfaunn.

El primer descenso desde la "Brecha" de las Droites (3.944m.) hubo de esperar a 1928 y corrió a cargo de Marcel Bozon y R. Jonquière.

La "cara norte" de las Droites debería aguardar turno hasta mediados de los años 50... no en vano fue una pared "esperada y deseada"... siempre a la vista y siempre a la espera de valientes.
Entre los días 5 y 10 de setiembre de 1955... Pierre Cornuau y Maurice Davaille, utilizando técnica pesada, resolvieron uno de los sueños que quedaban pendientes en los Alpes... una cara norte que abrió la puerta a las nuevas oleadas de alpinistas europeos.


Si existe en los Alpes una pared de hielo con más continuidad, verticalidad y longitud (1.000m.)... ésa sería las Droites... basta con sentarse tras los ventanales panorámicos del refugio de Argentière, un día de invierno despejado y frío... mientras sostenemos un caldo hirviendo entre las manos... dejandonos llevar por la imaginación para descifrar cuantos pasos y golpes de piolet serán necesarios para colocarnos en todo lo alto.

La ruta que ahora nos ocupa es moderna y, al igual que ocurre en las montañas de hielo... nunca perderá su identidad y mantendrá el aspecto sobrio que la caracteriza.
Conocida como "la Ginat"... fue inaugurada el 24 de julio de 1978 por Jean Ginat, J,Marc Troussier, Gilles Modica y J.P. Simon.


Una joya alpina que bien merece visita.

APROXIMACIÓN.

En invierno la aproximación más corta y rápida pasa por Grands Montets... cuando el glaciar que se estrella contra las paredes tiene las grietas tapadas y permite una marcha cómoda a media ladera hasta el islote rocoso que se encuentra frente a la cara norte.

Sin embargo es terreno peligroso... y se hace necesario agilizar, mucho, el paso... sobre todo bajo la temible barrera de seracs de la Aig. Verte.


El uso de esquis facilita un paso veloz, aunque tampoco conviene menospreciar la posibilidad de encontrar grietas peligrosas... así pues, quedará a consideración personal si se decide éste camino o se prefiere, también desde Grands Montets... bajar directos al glaciar de Argentière aunque esto supone olvidarse de la media ladera y tener que volver a subir en dirección al refugio o el islote rocoso (caso de optar por vivaqueo).
Suele mantenerse una buena traza de esquiadores en ambas posibilidades.

DESCENSO.

En buenas condiciones... la bajada más rápida sería desde la "Brecha" de las Droites... y justo ahí es donde terminaremos la vía Ginat.
Algo más de media docena de rápeles en terreno caótico y siempre atentos a los desprendimientos... tratando de "pegarnos" al margen orográfico izquierdo... incluso más allá de donde se abre el glaciar.



Si se desea alcanzar la cumbre tendremos un trabajo extra y nada facilón... que nos llevará, unas veces por la vertiente Norte y otras por la Sur... superar los escasos 60 metros que nos separan de la cima Este... de la que podremos descender por el itinerario considerado la "ruta normal"... la de 1876.

Graduado como AD... necesitará destrepes y algún rápel para evitar resaltes... pero es ruta segura.



En ambos casos nos llevará unas tres horas alcanzar el refugio de Couvercle... habiendo bordeado el "jardín del glaciar de Talèfre".
Luego habrá que "intuir" por donde andan ésas escaleras que nos depositen en el glaciar... aunque en caso de pérdida siempre encontraremos algún lugar para un par de rápeles.

En invierno suele estar libre el viejo refugio... protegido por una enorme lancha de granito y con ése toque antiguo que vimos en tantos libros... acogedor, pequeño y rodeado de maderas que destilan historia.

... el nuevo y el de siempre... en invierno...

¡magnífica imagen de un verano lejano!

LOGÍSTICA.

Ya hemos mencionado las dos posibilidades de acceso a la pared, por lo que el hecho de vivaquear o dormir en el refugio quedará al gusto personal... al igual que llevar esquis (esto nos obligará a escalar con ellos, al igual que con el equipo de vivac)... a cambio ganaremos mucho tiempo en la bajada desde el refugio Couvercle hasta Chamonix.

Si se desea ligereza... la opción de partir desde el refugio de Argèntiere será recomendable y nos permitirá, si no tenemos contratiempos, hacer cumbre y llegar al refugio Couvercle.
No obstante existen buenas repisas en las inmediaciones de la "brecha" de las Droites... noche toledana asegurada. Eso sí... las vistas a recordar ¡ah!... y el sol llega temprano.

MATERIAL.

*10/12 Tornillos hielo (cortos y medios... un par de ellos largos para Abalakov).
*10/12 Anillos+mosquetones.
*2/3 Clavos roca.
*Cordinos para Abalakov.
*Funda vivac.
*Infiernillo.

PELIGROS OBJETIVOS Y CONSIDERACIONES SOBRE LA RUTA.

Las mejores condiciones para "la Ginat" pasarían por el invierno... quedan lejos aquellos años en que abundaba el hielo en verano.

... veranos secos...

Personalmente sugiero esperar el momento adecuado para la escalada... en buenas condiciones el disfrute será inmenso y no soltaremos las herramientas en momento alguno.

Los peligros objetivos son mínimos y el emplazamiento de tornillos al gusto... insisto... si hemos esperado la oportunidad adecuada.

Mil metros... justos... graduados en AIV. Escalada seria... de resistencia... y puro ambiente "norteño".

Los horarios "normales" podrían estar entre las 10/17 horas... rimaya/cumbre.

Podemos dividir la pared en tres zonas bien diferenciadas... primero, el escudo inicial de unos 600 metros... en torno a los 60º.

... se acaba el escudo... y ya nos encordamos...

... tirada de transición...

Aquí es importante "ensamblar" (cuerda con seguros) o, aún mejor, escalar en paralelo al compañero (sin cuerda).
Resulta evidente que si se tiene intención de acometer ésta ruta... se tiene capacidad para "aguantar" el tipo ante una plancha de nieve dura (si está en hielo vivo... no es el día) que nos llevará en torno a tres horas superar... y que se nos antojará un tobogán excesivo... pero así es la cosa.

Ya estaremos bajo los siguientes 400 metros... aquí empieza la escalada...


Luego llegan un par de tiradas iniciales de cierta consideración... en torno a 85º... que nos pillarán en frío, esto unido a que lo suyo sería llegar aquí al amanecer tras escalar el escudo con frontal.



El terreno suaviza algo cuando empezamos a realizar una travesía ascendente a derechas durante varios largos... 75/80º... a la búsqueda del fantástico hilo blanco que cae de la "brecha".



Y... por fín... la cascada final... dos tiradas a 60 metros entre los 80 y 90º... de continuidad y con los gemelos bien calientes.

... cascada final...

... ¡ven... ven... verás!...



Éste sector sería la "joya de la corona"... una línea perfecta y encajonada entre dos torreones rocosos que parecen guardar la puerta que traspasamos.

... último largo...

Ya solo nos quedarán unos 100 metros en torno a 50/55º que nos depositan directamente en la "brecha".

Entre las "nortes alpinas" que he tenido la suerte de recorrer... ésta de las Droites se lleva la palma por el viento a favor que constantemente ayudó a los navegantes... meteo perfecta, condiciones perfectas y actitud perfecta.
No recuerdo haber disfrutado tanto... desde principio a fin... en escalada alguna de dimensiones similares.

... amanecer de marzo a -27º...

... Grandes Jorasses desde las Droites...