Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


viernes, 30 de noviembre de 2012

Cerro de los Huertos

Aún siendo una mole de cierta consideración... el Cerro de los Huertos se encuentra algo eclipsado por sus vecinos más famosos... Almanzor, Galana, Morezón, etc. ... y además... le denominaron "cerro"... ¡claro.. así no se puede triunfar ante tanto "risco"!.

Mantiene una altitud importante (2.478m.) que le coloca entre los primeros puestos del circo de Gredos... y supera a otros en cuanto a vistas... sobre todo cuando se recorre la arista cimera en su totalidad.

Al igual que el Almanzor cuenta con su "cuerno" vigía... el Cerro de los Huertos dispone del propio... Punta Esperanza... una aguja bífida adosada al Oeste, con "curriculum" de rutas históricas... ni qué decir de los nombres por los que la conocieron cabreros en tiempos lejanos... Puntas Gemelas, Amealito, etc.

... Ameal de Pablo... Risco Moreno y Cerro de los Huertos...

La que podríamos considerar ruta normal, al Este... recorre la canal de la Pluma y luego una interminable pendiente hasta un rellano cercano a la arista... desde donde se admiten variantes a la cumbre. Es una actividad agradecida y con toque alpino, que necesitará de una cierta preparación si se desea trepar a los puntos más altos... en invierno la cosa no es coser y cantar.

También es posible llegar al rellano bajo la arista bordeando las Agujas Rojas... esto quedará al gusto personal.
En cualquier caso es importante reseñar que éstas laderas son propicias para deslizamientos de placas cuando se dan las condiciones apropiadas... ya que se encuentran entre 30/40º de gradiente y pendiente uniforme.


Queda la ascensión por la brecha contraria... la separata del Risco Moreno, situada al Oeste y más complicada.
Allí se encuentra una ruta histórica... "Navacerrada"... inaugurada en junio de 1974 por Julio Armesto, Laureano Sanz y Cruz Fernández ... D máx. IV  70m. ... ¡ojito que son grados "setenteros".

Más o menos por éste itinerario existen un par de rápeles viejos que nos permitirían bajar de la arista... si es que hemos decidido recorrerla hasta aquí y no apetece volver sobre los pasos.

Desde éste punto también es posible coronar Punta Esperanza... pero será necesario escalar y la empresa tendrá más consideración que una ascensión sencilla.

Esta ruta fue inaugurada en 1955 por P. Gómez, S. Rivas, P. Acuña y A. Faus... cuyos últimos 20 metros desde la horcada que la separa del contrafuerte del Cerro de los Huertos, alcanzan la punta Norte en un curioso y corto recorrido espiral.... AD máx. IV.

... la "bífida" Punta Esperanza... desde Risco Moreno...

La canal central que rompe la arista también es otra "normal" aunque menos recorrida... pero muy recomendable para entrar en otro espacio... un paso más allá de lo convencional por un canalón directo desde la hoya.


Por la configuración del Cerro de los Huertos... vertiente Laguna Grande... es posible que se realizaran ascensiones por lugares distintos pero no queda registro... aunque se intuyen las posibilidades; al hilo de ésto os cuento lo que nos aconteció allá por 1978...

"... Joaquín, el guarda del Elola... abre la puerta ante los insistentes golpes. Tiene enfrente a una docena de tipos que han logrado llegar a pesar del tormentón y ya en noche cerrada... cualquiera sabe lo que pensará.
Estamos "entrenando" para la expedición "Chacraraju 78"... y solo unos cuantos amigos que nos acompañan deciden quedarse a dormir en el refugio... el resto seguimos hacia no se sabe donde... sin quejas ni lamentos... suponemos que esto no es nada comparado con lo que nos espera por tierras andinas.
Horas después llegamos... aún envueltos en la noche, ventisca y niebla... a través de estrechos corredores y pendientes nevadas... a una brecha donde, en una roca, alguien cinceló una iniciales que no recuerdo.
Creo que estamos en el Cerro de los Huertos... pero solo lo creo...".

Durante el fantástico invierno de la temporada 2010 se inauguraron unos cuantos itinerarios en la vertiente Sur, Sureste... algo increíble puesto que nunca fue fácil encontrar condiciones al sol... pero así es la montaña cuando se deja querer.

Fue un asedio que se llevó a cabo en los meses de enero y marzo... aprovechando las condiciones para inaugurar las líneas por pares al día... no quisimos perder oportunidad.


Vamos a detallar ésta vertiente con el muro central al que nos hemos permitido llamar "Barra del Bar"... esperando que buenos inviernos ofrezcan nuevas posibilidades de escaladas... y consiguientes celebraciones, con el codo bien asentado... y sujetando la mano ésa jarra de cerveza con la misma seguridad que el piolet.

COPACABANA.
J. Valle, A. Sepúlveda y C. Gallego. 5 enero 2010. 150m.
Un solo resalte en torno a 40 metros con salida a mixto amable... AI3+... luego terreno de ascensión.

... aproximación a "Copacabana"... desde la "canal clásica"...

... el mejor y único largo...

... cercanos a cumbre...

CANAL CLÁSICA.
Sin datos de apertura. Ascensión evidente de poca dificultad hasta el collado... luego exigirá cierta concentración para los últimos 50 metros... a elegir entre tirar a uno u otro lado de la arista. PD 150m. (canalón final).
Este itinerario ha sido el utilizado para, tras alguna escalada, volver a bajar a la zona central y continuar escalando en el sector.

El descenso desde la arista, a la que llega "Copacabana", hasta el collado... se destrepa fácilmente... pero recomendamos utilizar la cuerda como seguro si las condiciones así lo requieren.

Para el resto de rutas que alcanzan la otra zona de la cresta... existe un rápel de cintas, cordinos y clavos peculiares... que nos dejará algo más abajo del collado divisorio.

... rápel hacia la "canal clásica"...

MIAMI GULLY.
J. Valle, A. Sepúlveda y C. Gallego. 5 enero 2010. 220m.
Tres resaltes cortos unidos por pendientes de nieve... en alguno de los cuales encontraremos mixto. AI4.

... resaltes cortos...

... pendientes de nieve entre resaltes...

SIN NOMBRE.
A. Sepúlveda y R. Lora. 1 marzo 2010. 250m.
Al igual que sus líneas vecinas... tres resaltes cortos entre pendientes de nieve. AI3+.


FURTIVOS AL SOL.
A. Sepúlveda y R. Lora. 1 marzo 2010. 270m.
El itinerario más técnico abierto hasta la fecha en éste sector... que incluye mixto duro para superar el muro rocoso con más entidad. AI4 M5.


Es de justicia mencionar al menos una ruta en Punta Esperanza... aquella que también se desarrolla por el paño que nos ocupa y que... en caso de interesar, también podría continuar hacia el Cerro de los Huertos, por el itinerario que ya hemos mencionado anteriormente... vía "Navacerrada"... o incluso aportar nuevo camino.

PUNTA ESPERANZA (Punta Sur).
Jordi Bardía y Jacinto Rúa. 5 junio 1958. 100m.
Aunque no se tienen noticias documentadas sobre posibles ascensiones en invierno... lo cierto es que durante la temporada 2010... hemos visto alpinistas ascender al menos el canalón de entrada.

Estaría muy bien conocer algo sobre la escalada y ofrecer un nuevo grado invernal... puesto que la ruta se abrió en verano y así hago constar el grado... AD máx. IV... para la punta Norte (la más cercana al Cerro de los Huertos)... y con algunos pasos en artificial para superar el pequeño muro oculto a la vista... para la punta Sur.


Material.
3/4 tornillos cortos.
1 Jgo. Friends.
1 Jgo. fisureros.
2/3 clavos de roca.
6/7 anillos+mosquetones.

Solo queda desear que las temporadas venideras sean propicias y el Cerro de los Huertos, que contiene  itinerarios para todos los niveles... vuelva a cubrirse de blanco... blanco del duro.

Ya hemos hablado de ello... pero insistiremos en la magnífica actividad que supone la travesía completa de la cresta... que nos obligará tanto a caminar por un filo alpino como cambiar de vertiente en ocasiones... con vertiginosas vistas hacia el Gargantón o la Laguna.

... arista cimera hacia la "canal clásica"... segundo plano para el Morezón ... y al fondo la Mira...


martes, 27 de noviembre de 2012

Chorrera del Horco

La temporada 2012 fue algo dispersa en condiciones de hielo... aún así nos adaptamos a lo que venga, no conviene rendirse nunca... que eso no da rédito.

El "Gredense Mayor del Reino de las Tierras Altas Castellanas"... Ángel Rituerto... echó mano de su libreta donde anota lugares olvidados... y que descubre cuando, paraguas en mano, el tiempo solo permite pasear.
Dicho y hecho... tocaba madrugar, de nuevo, pero así es siempre que hablamos de hielo por Gredos.

Nos amanece subiendo al Puerto de Serranillos... carretera nevada que obliga a meter reductora y andarse con ojo... sobretodo cuando, llegados al alto, emprendemos bajada hacia la otra vertiente donde, en una de las curvas, nos desviamos hacia un camino de "herradura"... definición antigua para lo que ya conocemos como pista forestal.


El terreno que ahora toca recorrer también está nevado... pero los escasos 90CV del pequeño Suzuki hacen su trabajo brillantemente... y así... llegamos a las chorreras del Horco, un lugar apacible con la aproximación más cómoda que jamás realicé.

Si por alguna razón nos entra curiosidad... o simplemente interesa cambiar el camino de vuelta, ésta misma pista tiene continuidad hasta el Puerto del Pico... un trecho más largo y tortuoso que el recomendado por aquí... y que nos dejará a pocos metros del alto del puerto.


La chorrera se alimenta del arroyo Boquerón y aprovecha un estrechamiento para deslizarse sobre lanchas de granito... apenas 30 metros de altura y situada en torno a los 1.400m. de altitud.
Será necesaria una bajada drástica de temperatura para que el hielo pueda con el empuje del agua... por lo que no será fácil encontrarla en condiciones.


Aunque el día es frío... el agua hace aparición en su estado líquido... principalmente en aquellas zonas donde el flujo es mayor, pero la zona central está "gordita" y tiene buen anclaje; así pues no lo dudamos y empieza el ritual de vestirse de alpinista.


Ahí va la secuencia...





En un arbolillo que encontró su lugar para vivir... hacemos reunión y de ahí bajamos... dejando una cinta que seguramente se llevarán las aguas de primavera.


Disfrutamos de la compañía de Abel... que se dedica al reportaje y nos prepara café en cantidad importante; el día es frío y la escalada corta; decidimos repetir el mismo muro por sitios diferentes... buscando la mayor vertical... poca en cualquier caso.


Por si el futuro no depara otra ocasión... nos fotografiamos con la Chorrera del Horco... por cierto... bautizamos la escalada como "Las Serranas"... con una graduación muy amable WI2+.
Hasta donde es posible saber... solo cuenta con una repetición, algunos días después, a cargo de Miguel Ángel Gamero y Jesús Gálvez... ¡sí... sí... "el Gálvez"!.

Una rareza "gredense" que no quisimos perdernos... por aquello de recorrer cualquier cosa que se hiele por éste "Gredos infinito"... magnífica definición acuñada por otro incansable buscador de líneas... Carlos Cabeza.


Aquí tenéis un mapa de situación... que no incluye las plegarias necesarias para que se repitan inviernos gélidos... eso ya es cosa que no nos pertenece.


Por aquí un reportaje de los primeros repetidores... Hielo, nieve y roca.

jueves, 22 de noviembre de 2012

La geoda

Recorremos el glaciar de Argentière a última hora de una tarde que se empeña en teñir de rojo las cumbres circundantes mientras, más abajo... a nuestros pies, empieza a escasear la luz.
El soniquete del pinchar de los crampones, siempre agradable y algo mágico, resuena en la cabeza y parece limpiar la mente con la misma intensidad que el aire frío entumece la cara.

Entre dos luces distinguimos el refugio y unas cuantas sombras que ya se asoman a la terraza... gentes que ésa misma noche, como nosotros, cumplirán el ritual de romper con el desasosiego que supone encender la frontal y acercarse a una pared que... mil metros más arriba... esperará, sin prisas, a unos cuerpos cansados pero felices.


Al igual que otros alpinistas, no disponemos de dinero bastante para pagarnos unas horas de descanso decente, así pues solo quedará deambular por el exterior y buscar la oportunidad en la que, una vez se haga el silencio tras la ruidosa cena, nos hagamos un hueco en la entrada donde se amontonan mochilas, botas, cuerdas y toda la parafernalia que no está permitida en el interior.

Allí... en un suelo de cemento con charcos a medio congelar, amasando un barro untuoso milenario y morrénico... que transportaron cientos de suelas "Vibram"... pasaremos las horas que restan hasta la medianoche.

Entretanto charlamos con algún inglés, checo o japonés sonriente, porque... los japoneses siempre sonríen... desconozco la razón.
Nos invitamos a té, tabaco, chocolate y un guiso de "aportaciones"... nos entendemos bien... sin conocer el idioma ajeno pero bastarán gestos grandilocuentes para saber a que pared nos enfrentaremos cada uno.

Algo tienen las noches alpinas que alborotan el estómago... mientras la vista recorre, sin ver, un paredón negro a la sombra de la luna... el lugar en el que viviremos las próximas horas... millones de estrellas como techo que siempre brillan furiosamente cuando aparece el frío.


Nosotros ya tenemos plan... un escocés pelirrojo y rechoncho que fuma como un carretero... dice que también... pero va solo. Un par de polacos valientes, algo harapientos... a las Droites. Tres nipones impecablemente vestidos... todos idénticos y cinta al pelo con serigrafía del sol naciente... al Triolet.
También unos italianos que, aunque parezca que discuten... no es así... simplemente lo parece, van a la Aiguille Verte. Algunos "chamoniardos" hablan de las Courtes... en su grupo... que los franceses, no todos, siempre fueron muy suyos.

Es de suponer que entre los que duermen dentro del refugio, unos cuantos tengan planes parecidos... así que, aprovechando que los del exterior estamos más cercanos a la puerta... tomaremos ventaja y saldremos los primeros a marcar territorio.

Uno de los polacos... que dice llamarse Mekla... o algo así, me ofrece un cigarrillo sin filtro de una cajetilla roja que reza Petra... tabaco fuerte y de humo espeso, pero me lo aprieto en los pulmones gustosamente... mientras se me cierran los ojos y reclino la cabeza sobre un  montón de botas malolientes.

La alarma del reloj es implacable y a medianoche en punto... nos sobresalta con su impertinente sonido... pi.pi.pi.piii... pi.pi.pi.piii... indicando que llegó la hora de salir a recorrer un glaciar iluminado por la luna y en el que solo utilizaremos la linterna frontal cuando la vista reciba señales de peligro.


Puesto que estamos vestidos, solo habrá que calzarse los crampones, colocarse el arnés, la cuerda y salir de allí... rumiando las galletas que guardamos en los bolsillos.

Curiosas éstas horas en las que tanto dan unos macarrones con bien de atún, un bocadillo de mortadela, una cerveza con tortilla, un vino con ibéricos, un cocido completo, un café con bizcochos o crepes con mermelada... incluso tarta al whisky.

De nuevo, el soniquete de los crampones mordiendo el hielo se convierte en un momento especial... mientras tratamos de adivinar por donde sortear las grietas abiertas y profundas... sin perder de vista la mole oscura que tenemos enfrente.

Echamos la vista atrás y ya adivinamos movimiento en el refugio... luces que apuntan a uno y otro sitio... extrañamente lejanas a pesar no estarlo tanto.

El terreno se empina y ya distinguimos la rimaya... un inmenso corte que separa la pared del glaciar... como si aquella se hubiera roto y éste caído al suelo.
La rimaya siempre da miedo... a veces deja al descubierto un enorme espacio negro insondable, que será necesario atravesar por algún puente de encuentro o quizá de una larga zancada... mientras del hueco entre las piernas se eleva un aliento helador que proviene de las entrañas de la Tierra.
Allí siempre hace frío.


Esta vez no opone mucha resistencia pero, aún así, exigirá atención y luego subir unos metros por un muro vertical hasta alcanzar la pendiente inicial que da acceso a la pared.

Subimos en ensamble una buena tanda de metros hasta llegar al primer resalte más vertical... serán dos tiradas en hielo duro y estalladizo... en la última de las cuales nos alcanza el escocés solitario... concentrado y respirando acompasadamente... ¡good luck!... nos grita sin dejar de moverse... ¡good luck!... respondemos mi compañero y yo al unísono... palabras que se traga la noche con un eco limpio y seco... mientras vemos alejarse su luz velozmente... o al menos así nos lo parece, aunque para él todo será diferente.

Ya vemos puntos diminutos y brillantes atravesando el glaciar... otros cerca de la rimaya... y el refugio lanzando luz a través de los cristales... los más retrasados estarán desayunando a conciencia, seguro que un buen colacao con galletas y pan tostado, cereales, mantequilla, mermelada, zumo, huevos revueltos, algo de queso, yogur y fruta... y nosotros aquí... con tres galletas masticadas a toda prisa.

Pasado el resalte tenemos de nuevo una tanda de metros en ensamble que nos dejan en otro tramo más serio y que sobrepasamos sin contratiempos, aunque también asegurando el terreno que, de nuevo, vuelve a ser hielo frágil. Vemos luces trabajando a varios cientos de metros de nosotros... así que apretamos el paso y nos dedicamos a compaginar un buen ritmo de subida que nos asegure tener por delante únicamente al escocés errante... al que por cierto ya perdimos de vista.


Amanece casi sin darnos cuenta y el sol ya ilumina la cumbre, aunque a nosotros todavía nos rodea cierta oscuridad... solo quedarán unos cientos de metros en terreno amable y podremos sentarnos a terminar lo que reste de las galletas que andarán desmenuzadas por los bolsillos.

De repente nos entra una pereza mortal... el ascenso es monótono y aburrido. Estamos a la altura de un espolón rocoso que parece emerger de la tediosa pendiente de nieve... y decidimos pasarnos a él y trepar por la roca... será más entretenido.

Y entonces ocurre.

A punto de apagar la linterna, mientras sobrepaso unos bloques apilados... percibo un destello entre ellos... y me da por investigar.
Abro y cierro los ojos para cerciorarme que no es un sueño... no lo es... allí... una geoda que se empeña en devolver la luz de la frontal, con más intensidad de la recibida y tiñendo colores imposibles... me permite meter la cabeza dentro, a través de un desconchón de buen tamaño.
¡Joder!... descubro cristales que solo vi en algún museo... grandes y bien formados... de color sangre y oro.
Al compañero se le descuelga la mandíbula al mismo tiempo que abre unos ojos como platos... lo que le impide articular palabra hasta pasado un buen rato.

No me atrevo a romper algún cristal grande, así que me llevo unos cuantos pequeños que encuentro por el suelo de la geoda.
Alcanzamos la cumbre sin apenas hablarnos... abandonando el lugar... con el pulso acelerado y una sonrisilla tonta que no nos abandonará hasta mucho más allá de la Mer de Glace, ya en el descenso, largo y cansino, hasta Chamonix.


Tampoco tenemos dinero para subirnos al tren de Montenvers... eso sí... podríamos ser algo más ricos solo con desvelar donde se encuentra ésa maravilla... pero a cambio... hurgo en los bolsillos y encuentro trozos de galleta que comparto con mi compañero y que nos saben a gloria... eso sí que es riqueza.

Nos despegamos de la vertiente de bajada... y recorremos el glaciar sin prisas, sabiendo que todavía tocará andar por ése camino que zigzaguea entre bosques y desemboca en la "capital" de los Alpes.


Aún hoy... es suficiente que me lleguen olores a "Chiquilin" para revivir aquel encuentro... una madrugada de verano, a punto de amanecer... de un año lento y largo... en un espolón que nos guiñó un ojo.

Podríamos ser algo más ricos... pero no ejercimos.



miércoles, 21 de noviembre de 2012

Entre cero y ocho mil metros

Este libro... ¿libro?... también pudiera ser un Nuevo Testamento, aún sin terminar, del siglo XX.
Vio la luz en 1975, de la mano de una leyenda viva del alpinismo... Kurt Diemberger, un superviviente que, ya en el siglo XXI, todavía nos cuenta historias de vida y muerte... con una crudeza en absoluto hiriente.
Posee una narrativa directa, apoyada en frases cortas y, al igual que todas las obras maestras de la literatura de montaña... muestra la lucha de la vida cotidiana y el fragor de las batallas alpinas.


Entre los capítulos dedicados a sus primeras escaladas por el mundo... prioriza las relaciones humanas, tanto en el día a día como en el sentimiento hacia el compañero de cordada; no podía ser de otra manera viniendo de la vieja escuela.

Nos cuenta sus aventuras en la norte del Eiger, el Gran Zebrú... coronado por un inquietante merengue de azúcar o la tormenta eléctrica soportada en la arista de Peuterey.
También sus expediciones al Broad Peak (8.047m.) y Dhaulagiri (8.222m.)... cumbres vírgenes hasta ése momento. Incluye otras escaladas en el Tirich Mir (7.708m.) y la tremenda pérdida de su amigo Hermann Buhl en el Chogolisa (7.654m.)... "el desgarro de la cornisa... la sacudida"... un capítulo estremecedor y emotivo.

Nacido en Austria en 1932, descubre la montaña de la mano de su padre... buscador de cristales, al que dedica un magnífico capítulo a la búsqueda de la gran gema soñada.
Profesor de matemáticas, aritmética comercial y contabilidad... nos mantiene en vilo constante, con pensamientos cruzados buscando respuestas a la existencia del ser humano y su relación con la montaña.
Un libro de culto... y mesilla de noche.

No me puedo resistir a incluir en ésta entrada lo que Kurt titula como inicio del libro... "página cero".


"Los libros suelen tener un principio y un fin. Éste no, y tal página podría encontrarse en cualquier sitio y, por descontado, fuera del libro.
Mi vida continua, no conozco su principio ni tampoco su conclusión.
En un ángulo de mi cuarto, pendiente de un tenue cordón, cuelga el "mundo". Podemos mirar a su través, ya que consta de dos simples anillos de paja. Algún que otro recorte en forma de estrella recuerda la Navidad, pero esto a penas tiene importancia. Es más, una de las cuatro estrellas se ha caído con el transcurso de los años. La esfera, sin embargo, no para de girar ora a un lado, ora al otro. Solo raras veces está quieta.
He llamado a estos aros de paja "el mundo".
Porque un cero no es nada; pero un cero que ha comenzado a girar debe forzosamente ser algo...".

Y... puesto que hasta la última línea de éste libro contiene enjundia bastante... elijo un párrafo al azar...

"Las montañas, la roca, el hielo. El maravilloso y centelleante hielo. Quien ama los montes, debe ir a los montes, de otro modo no es ya un hombre, ni siquiera para los demás; y pierde la alegría de vivir. Pero no son la única cosa en el mundo: a mi lado un estudiante prepara cangrejos para su colección.
(Muchas veces callejeo con mi máquina de escribir, para grabar enseguida las impresiones; la llevo hasta en el coche).
Viéndole se me ocurre pensar que dentro de unos pocos diez milenios el sol se hinchará y la tierra morirá.
¿Qué objeto tiene, pues, cada cosa?.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Vídeo El Sombrerito

En uno de ésos paseos "gredenses"... días de llúvia, viento y nieblas agarradas al terreno, que no permiten escalar pero sí explorar rincones, ya vimos hace mucho tiempo un risco que prometía.

El cascote en cuestión tiene entidad propia y diferente desnivel según la orientación... por un lado, cercano al camino que sube al Torozo Norte, se alcanza la cumbre andando tranquilamente... y por otro, el más interesante, se descuelga hacia la garganta desde el que llaman collado del Risco.

Nos llamó poderosamente la atención un diedro blanco que cae directo de la cumbre... ése seria el objetivo inicial para un risco tan olvidado y solitario como el Sombrerito.


El camino más cómodo pasa por el Puerto del Pico en dirección a la cumbre del Torozo Norte... un buen recorrido con vistas... algo largo pero amable y que nos dejará en el collado en hora y media de buena senda.

... vistas hacia el Puerto del Pico...

Una vez superado el primer repecho... el sendero serpentea plácidamente y nos obsequia con agua fresca de la fuente de las Belesas... y más adelante con el refugio de Cervunales... un pequeño chozo bien cubierto... que incluye otro manantial generoso que da nombre al lugar... y hasta buenos bancos y mesa de cantería donde apretarse el bocadillo.

... tras zigzagueo... ahora toca  media ladera hacia el chozo...

Un lugar perfecto a poca distancia del Sombrerito... y que permite excelente cobijo en caso de tormenta.

... unifamiliar... con jardín y vistas...

Desde el cordal de Corralillos - justo al lado contrario - tendremos una perspectiva muy diferente a lo que realmente nos espera en éste risco "gredense"; pero sirva la imagen para ubicarnos con detalle...

... Torozo Norte... Sombrerito... y más abajo el Torozo o Espolón de la Hora...

Unos pocos metros más arriba del collado del Risco tendremos que localizar una ligera brecha... adornada con un rústico hito "gredense"... y ahí empieza la aventura.

Por cierto... Uge se apuntó sin pestañear, tiene corazón alpino y seguramente intuía que algo de musgo habitaría sectores de la ruta...y eso... eso se le hace difícil de rehuir.

... brecha de acceso...

Una de las peculiaridades del Sombrerito es aquella por la que su escalada tendrá un toque aventurero poco habitual... la aproximación a la entrada de la pared requiere un pequeño rápel hasta una vira que prácticamente la bordea entera a media altura... estrechándose según avanzamos.
En tan solo unos metros nos encontraremos con que el suelo se alejó... y ya disponemos de "patio" a los pies... de hecho estaremos situados a mitad de pared.

En la vertical de un pequeño diedro a derechas empieza la escalada... un tramo musgoso en el que Uge disfruta y no deja de mirar hacia arriba... tratando de adivinar si nos espera gozar o sufrir.

... vista desde abajo...

... y vista desde arriba...

Nos acompañó un día de buenísima temperatura... eso sí... con nieblas que subían por la garganta y lamían el Sombrerito con cierta persistencia... dando al lugar un aspecto muy alpino... siempre vigilados por los Riscos del Manantial, así los bautizamos hace años, situados en la ladera de enfrente y de los que surge un pequeño regato... que jamás vimos seco en estación alguna.

La segunda tirada nos ofreció un granito blanco de disfrutar... y solo hubo que limpiar algún sector para colocar "cacharritos" y avanzar con seguridad... quedaba claro que la ruta tendría calidad "clasicorra".

... entrando...

... apretando...

Y por fin... tenemos a la vista el diedro que nos encandiló en exploraciones anteriores. Comprobamos que el granito sigue siendo excelente y que el techo que lo tapona ofrece posibilidades para una escalada lo más limpia posible.

... sin palabras...

Aquí tenemos unas vistas desde arriba... que dan una idea de la calidad de la roca... y una estética fantástica.

... a mitad de recorrido...

... asomando por el techo...

Una pequeña trepada nos deja en una cumbre tranquila y con buenas vistas... así es como lo vivimos... y así lo cuento.

El nombre... "Camino de Salvación"... una referencia a todo lo que la montaña nos ofrece.


Ahí va el croquis de viaclasica... actualizado recientemente puesto que la ruta ya ha sido repetida y se reajustaron las graduaciones...


Y también el vídeo... que no ganará un Oscar... pero se hizo con la intención de arrancar sonrisas...